Trabajo infantil y explotación
Happy Butcher escribe sobre explotación infantil y posibles medidas para evitarla.
Aunque las medidas que apunta pueden tener cierta eficacia, no puedo evitar hacer la siguiente reflexión:
Mi abuela materna empezó a trabajar a los 9 años sirviendo en una casa interna. No sabía leer ni escribir. Además de darle comida y cama, no creo que le pagaran mucho más. No sabía lo que eran unas vacaciones, ni muchas otras cosas que damos por supuestas.
Mi padre y mi madre empezaron a trabajar a los 14 años, cuando terminaron el colegio. Mi madre lo dejó al casarse, como era habitual, pero mi padre pudo tener algo de formación especializada en el banco en el que trabajó, y desde un primer puesto de botones pudo llegar a niveles directivos de cierta importancia. Cuando mis padres se casaron fueron de viaje de novios a Alicante, y los fines de semana jugaban al parchís con mis tíos, porque no tenían dinero para ir al cine o a cenar.
Mis hermanas y yo hemos ido a la universidad, hemos tenido profesores particulares de inglés, hemos viajado al extranjero para completar estudios y hemos empezado a trabajar pasados los 20 años. Fui a Yugoslavia de viaje de novios, mis hijos comen o cenan en un restaurante varias veces al mes y están acostumbrados a coger un avión para ir de vacaciones a la playa.
¿Qué quiero decir con este rollo autobiográfico? pues que en mi opinión el trabajo infantil es un indicador del grado de madurez de una sociedad. Ahora nos parecería aberrante que una niña de 9 años entrara interna a servir en una casa, pero para muchas familias hace 80 años era una suerte. Gracias a esas personas que hace 80 años trabajaban como mulas en el campo o sirviendo en una casa, gracias a esas otras personas que hace 40 años trabajaban en las fábricas o en las oficinas en condiciones que ahora nos parecerían de explotación, nosotros podemos disfrutar de un nivel de vida equiparable al resto de los occidentales.
Dudo mucho que si hace 80 años alguien hubiera regalado dinero a espuertas, en España tuviéramos ahora este nivel de vida. Los países del sudeste asiático o Corea han demostrado que lo que hicimos en este país en dos generaciones se puede hacer en una, pero lo que para mí no tiene duda es que la única manera de salir de la pobreza es crear una cultura del esfuerzo y del trabajo.
Una vez que se sobrepasa el nivel de subsistencia, es cuando tiene sentido preocuparse por el trabajo infantil o por las condiciones de los obreros. Ya sé que esto suena duro, pero más duro es saber que no puedes hacer nada por salir de tu situación de miserable, y que para sobrevivir dependes de la limosna de las ONG o de los misioneros.
Temas: capitalismo, explotación infantil, ONG, subvenciones, Tercer Mundo
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La solución se llama capitalismo y creación de riqueza. Es lo que, más o menos, ha venido ocurriendo en este país y la única forma de evitar el trabajo infantil.