Pena de muerte
Uno de los valores absolutos que hay en nuestra sociedad es el rechazo a la pena de muerte. Es un tabú, intocable bajo pena de ser un facha.
Pero dado que al asociar mi bitácora a Red Liberal ya soy un facha, pues no me cuesta nada decirlo: estoy a favor de la pena de muerte.
El rechazo a la pena de muerte proviene del buenismo de la izquierda post-segunda guerra mundial. Los impulsores de la contracultura, del make love not war y de las utopías comunitarias de regreso a la naturaleza creían en un roussoniano hombre bueno que vivía en paz con la naturaleza hasta que el capitalismo lo corrompió.
Antes, la ejecución de los enemigos del pueblo (legal si se tenía el poder, ilegal si no era así), era perfectamente válida. Y por supuesto era habitual en los países comunistas en los 60, 70 y 80, y lo sigue siendo en los que aún resisten.
Cuando a estos utopistas de izquierdas se unen los democristianos y afines de derechas, que también creen en la conversión de los malvados, se crea un ambiente general de rechazo a una medida de castigo irreversible.
Así que entre unos y otros nos contaron un cuento en el que no existían los malos, sólo las víctimas de la sociedad. Y lo mejor para evitar nuevos crímenes no era quitar de enmedio a los delincuentes, y de paso dar ejemplo a los que pudieran tener tentaciones, sino reeducar a los inadaptados, para que pudieran reintegrarse en la sociedad.
Pero después de varias décadas, nos encontramos conque sí existen los malos. Aunque muchos prefieren meter la cabeza debajo de la almohada y pensar que así les exorcizan, sí existen los monstruos entre nosotros. Y estos monstruos no se convierten en laboriosos enanitos simplemente pasando una temporadita más o menos larga encerrados, alimentados, entretenidos y vestidos con los impuestos de sus víctimas pasadas y futuras. Cuando salen de la cárcel, los monstruos siguen siendo monstruos, y vuelven a cometer atrocidades.
Por supuesto, no estoy hablando de una persona que comete un error y roba o estafa dinero, ni del jovenzuelo al que le deslumbran con la promesa de dinero fácil, ni del drogadicto que apenas es consciente de sus actos. Estos podrían ser recuperables en un sistema penitenciario decente, que les mostrara lo inadecuado de su conducta y les ofreciera alternativas.
Pero existen los asesinos violadores de niños. A mí no me gusta que los haya, pero existen. Y está demostrado que en un porcentaje importante de casos, reinciden si se les da la oportunidad de salir. Y existen terroristas para los que su causa es más importante que la vida del vecino, y que volverán a matar si pueden hasta conseguir sus objetivos.
La cuestión es qué hacemos con ellos. Qué hacemos con los monstruos que según nuestro Código Penal tienen derecho a salir a la calle pasados unos años, independientemente de que sigan siendo peligrosos o no.
La respuesta de nuestros gobiernos y nuestros parlamentos ha sido priorizar la posibilidad de redención de algunos de estos criminales, asumiendo el riesgo de que otros vuelvan a atacar a otra víctima.
Aquí el problema es que las víctimas han cedido toda su capacidad de violencia y venganza al Estado que debería protegerles. Por tanto, nada puede hacer el hijo de un militar asesinado por un etarra o la madre de una niña violada y asesinada por un sádico cuando estos salen de la cárcel.
Peor aún, nada pueden hacer las futuras víctimas para protegerse de los monstruos, porque el Estado nos ha quitado la posibilidad de defendernos con armas.
En Estados Unidos, donde es legal llevar y utilizar armas en defensa propia, donde incluso en algún estado no es punible matar a alguien que ha entrado sin permiso en tu casa, aunque no haya intentado atacarte, ven más justificada la pena capital. Posiblemente porque el Estado debe ser más duro para evitar que las víctimas se tomen la justicia por su mano.
Desde muchos medios se compara la pena de muerte en Estados Unidos con la de países como China o Irán, obviando la diferencia fundamental: Estados Unidos es un Estado de Derecho, donde el criminal puede defenderse legalmente.
No digo que esté de acuerdo con la aplicación de la pena de muerte en determinados estados de Norteamérica. Pero desde luego, casos extremos de asesinos de menores y asesinos en serie sólo pueden ser castigados con la muerte.
Y entre los asesinos en serie incluyo a los etarras. A los efectos del asesinado, es lo mismo que haya muerto porque su asesino quiere la independencia del país vasco o porque no le gustan los hombres bajitos con gafas.
Todo esto viene a cuento de la próxima liberación de este hijo de puta. Un tipo que es capaz de decir ante tres niños que se acaban de quedar huérfanos de padre y madre que “me encanta ver las caras desencajadas de los familiares en los funerales. Aquí, en la cárcel, sus lloros son nuestras sonrisas y acabaremos a carcajada limpia. Esta última acción de Sevilla ha sido perfecta; con ella, ya he comido para todo el mes.”
Con tipejos como este las teorías de la reeducación y la reinserción se derrumban estrepitosamente, así que sólo queda la venganza y evitar que vuelva a matar a otro. ¿O acaso es más justo que la abuela de los niños Jiménez Becerril, además de criar a sus nietos, deba con sus impuestos pagar la comida de esta bestia?
Sería mejor el mundo si este individuo no hubiera nacido. Y será mejor el mundo cuando haya muerto. Que sea cuanto antes.
Temas: de juana, estado, Justicia, pena de muerte, venganza, Víctimas
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14 Comentarios


Comparto tus argumentos. Y creo que las vìctimas del terrorismo deberìan organizarse mejor e incluso tomarse la venganza por su mano. Es lo que tendrìan que haber hecho los judìos en Alemania y no les hubiera ido como les fue. Por desgracia, a las vìctimas de ETA no sòlo les han asesinado a sus familiares sino que ahora las humillan e insultan con la suelta de sus asesinos, que se les rìen en las barbas. No veo màs que dos soluciones: hacer de judìo o tomarse la justicia por la mano. Y va a ser la primera, està claro.
Entiendo tu indignación -santa indignación- pero puedo estar de acuerdo con la pena de muerte fundamentalmente por dos razones. Primera y principal, porque un sólo inocente ejecutado me parece mal suficiente para que no compense todo el bien que podría acarrear la medida. Y, segunda, porque si yo fuese una criminal preferiría mil veces que me ajusticiaran a saber que lo que me quedase de vida tendría que pasarlo en una prisión.
Para ciertos delitos entiendo que lo más adecuado es la cadena perpetua. Cadena perpetua, además, con algo que, sin serlo, fuese parecido a los trabajos forzados: dentro de la prisión, el que no trabaje que no coma. Y así hasta el fin de sus días. Francamente, a mí me parece un horizonte mucho menos tentador que la inyección letal. Y con el trabajo que hicieran estos presos a lo mejor se podría hasta ahorrar algo en funcionarios.
Pues yo estoy con Adam, hay delitoas contra la vida y la libertad que sólo pueden ser castigados con la negación del derecho a la vida o a la libertad. Sin peros. Otra cosa es establecer un sistema garantista que minimice las posibilidades de “error”.
Independientemente de la pena de muerte o la cadena perpetua el problema es que el virus progresista no esta solo en los politicos. Esta en todas las capas de nuestra sociedad, jueces, abogados, medicos, profesores.
La liberación del terrorista este no es sino otro episodio.
Excelente momento para criticar a guantanamo.
Yo creo que si puedes matar una mosca con un trapo no utilices un martillo.
Lo que aqui esta en cuestion es con que criterio manejan los expertos los beneficios penitenciarios o con que criterio el Juez de la AN en cuestion decide que entra dentro de amenazas y que es libertad de expresion.
Me parece que los 18 años en la carcel no han tenido ningun efecto en ese sujeto y me parece que deberia existir cadena perpetua para algunos casos, es decir cumplimiento integro de la pena sin derecho a beneficios ni reduccion.
Claro que si me dejo llevar por mi propio punto de vista y sin correcion politica de ningun tipo ,me parece mas justo los trabajos forzados.Al menos asi el preso contribuiria a sus manutencion e indemnizaria a su victima.
Creo que debe legislarse para la “generalidad de los casos” y creo que hay que evitar que un inocente pueda ser ejecutado porque que un error judicial sería irreversible. Por ello estoy en contra de la pena de muerte.
Eso no es impedimento para que se implanten condenas más duras, cadena perpétua o incluso algún tipo de trabajo mediante el cuál los condenados puedan pagar su reclusión o, incluso, resarcir a sus víctimas.
Además, creo que el principio regidor de las condenas no debe ser precisamente la reinserción, sino la REPARACIÓN del daño causado a la víctima o herederos, por lo cuál si un canalla de éstos cumpliese su pena, debería prácticamente trabajar toda su vida para reparar el mal causado..
Realmente la situación actual es un cachondeo, con condenas por delitos sin víctima y, por otro lado, soltando asesinos…
Saludos
A algunos se os empieza a ir la pinza
¿Pena de muerte no pero sí cadena perpetua? curiosa es la gente, ¿acaso no le arruinas la existencia a un “inocente” si lo condenas a la pena de muerte? ¿te remordería más la conciencia si te equivocas en un caso y no en el otro?
A mí me parece que se os va la pinza sensiblera y cobardica a quienes no queréis que se mate a quien es capaz de matar a niños por ejemplo. Y no contentos con esa infamia se os ha acabado yendo la pinza con las leyes de inserción de bestias que jamás se reinsertarán, quizás por un mero problema mental.
Mi único consuelo es que las ridículas e injustas leyes progresistas, tan sensibles con los criminales y tan olvidadizas de las víctimas, acabarán siendo superadas por la reacción de la gente normal cuando los suyos caigan y el asesino salga a los 5 años porque los progresistas tipo raimundo deciden que pueden reinsertarse.
Yo hace años creía en el estado de Derecho, ahora veo que es una mierda progresista, entonces criticaba la venganza, ahora veo que es la solución.
Error: en la segunda línea quería decir cadena perpetua.
No es pena de muerte sino eutanasia procesal para crímenes horrorosos. El que considera que la muerte es “penosa” no debería asesinar y despues reirse de los muertos. Y si lo hace no merece seguir viviendo.
Fría lógica.
José María, mientras no haya ejecución del inocente, siempre cabe la revisión del caso. Una vez ejecutado, ya no tiene arreglo.
De todas formas, insisto en que me parece mucho más cruel para el criminal hacerle saber que pasará el resto de sus días limpiando retretes en la cárcel. Sin otro horizonte hasta que se pudra. De verdad que a mí me parece peor que un pinchacito y a dormir.
Y conste que a mí lo de Alberto y Ascen me tocó de cerca. Por eso me gustaría ver a este malnacido sufriendo durante años y años -cuantos más mejor-, y consciente de que ese sufrimiento es lo único que le espera.
Otra cosa es que haya que ver con más detenimiento qué plan es el que lleva este juez, por qué se pasa por el arco del triunfo la jurisprudencia del Tribunal Supremo y cómo es que se permite el lujo de despreciar así la ley vigente y, con ella, el más elemental concepto de justicia.
Me acabo de enterar de que es el mismo juez que va a emitir la sentencia del macrojuicio de Jarrai, y me he echado las manos a la cabeza. No sé si estamos en el momento procesal oportuno, pero si lo estamos, creo que habría que pedir urgentemente su recusación.
No puedo estar de acuerdo con la pena de muerte, porque siempre conlleva que haya inocentes ajusticiados. Pero evidentemente es una barbaridad que este asesin condenado a tres mil años vaya a salir en libertad a los 18. Y está claro que de elementos así la sociedad tiene todo el derecho del mundo a protegerse de por vida. ¿La solución? El cumplimiento efectivo de las penas, y punto; es decir, la cadena perpetua.
El argumento de los contrarios a la pena de muerte es muy débil, ¿por qué no es igualmente terrible meter a un inocente de por vida en la cárcel?