Diarios de las Estrellas

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Víctimas del Terrorismo

Muchas víctimas del terrorismo etarra se manifestaron el sábado en Madrid.

Estaban las víctimas como Irene Villa, a la que ETA le arrebató las piernas, y otros a los que arrancó un brazo, o sólo un dedo.

Además estaban las víctimas como Mikel Buesa, a las que la bestia les ha quitado a un ser querido: un hijo, un padre, un hermano, un amigo.

Estaban las víctimas como Gregorio Ordóñez, a las que los pistoleros les han robado la vida, estaban en la memoria y en el corazón de muchos de los que allí andábamos.

Y también estaban las víctimas como Gotzone Mora, a las que ETA les roba la libertad. Y estos también son víctimas cada día, cada minuto de su vida.

Pero no estaban las otras víctimas.

No estaba Peces Barba, experto sexador de asociaciones, disquisidor entre buenos y malos, perfecto conocedor de su papel como miembro del Gobierno. No estaba Pilar Manjón, émula de Linneo en la clasificación de víctimas y dolores.

No estaban los que son capaces de ver en Felipe Alcaraz a una marioneta “mediática” del PP, en lugar de ver al hombre bueno y sencillo que no sabe hablar en público, y que hubiera pasado el sábado haciendo una barbacoa con su hermano y sus sobrinas asesinadas, si no hubiera sido por los salvajes de ETA.

No estaban los columnistas del País ni los comentaristas de la SER, siempre prestos a la denuncia del peligro fascista y de la manipulación derechista, pero siempre dispuestos también a no condenar más que de manera genérica y sólo cuando se hace imprescindible cualquier barbaridad que hagan los batasunos.

No estaban los socialistas, siempre comprometidos y solidarios con los que están lejos, siempre dispuestos a analizar y comprender las razones de los terroristas, siempre dispuestos al diálogo con el comunista equivocado.

No estaban los nacionalistas, ni en su variante esquerrorrepublicana, los que distinguen entre causas y métodos, los que hablan del conflicto, los que negocian, y se congratulan de ello, la impunidad para su territorio mientras contemplan impasibles el crimen en la tierra del vecino.

Y todos estos también son víctimas de ETA, porque a ellos ETA les ha quitado algo que no ha conseguido quitar a ninguna de las otras víctimas: les ha robado la dignidad.

Y lo peor es que ni siquiera lo saben.


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1 comentario

  1. Diego González 07/06/2005 8:16 am

    ¡Bravo!