Diarios de las Estrellas

Política, ciencia, tecnología, la vida, el universo y todo lo demás.


La batalla de París

Creo que las dos preguntas más interesantes que podemos hacernos con respecto a la guerra que mantienen los jóvenes magrebíes contra el Estado Francés son ¿por qué? y ¿cómo lo paramos?. En realidad, para responder a la segunda pregunta es necesario responder previamente a la primera.

Y en España nos interesa más, porque todavía estamos a tiempo de evitar que suceda algo parecido. Así que vamos a intentar averiguar por qué ocurre esto, y cómo podemos evitar que pase algo así.

De entrada, la multitud de explicaciones que leemos estos días se resume en dos:

- estamos ante un episodio más de la guerra del Islam contra Occidente, en el que jóvenes islamistas pretenden imponer la sharia en una parte del Estado francés (sus ghettos).

- se trata de una revuelta de carácter socio-económico, motivada por la pobreza y la marginación y en el que el factor raza/religión es accesorio.

Yo me atrevo a decir que ninguna de estas explicaciones es la correcta. Probablemente la primera tiene una base real, pero no explica por qué han decidido actuar con tanta violencia en un momento concreto.

En cuanto a la segunda, nunca la marginación y la pobreza bastan para iniciar una revuelta. Los humillados, si de verdad lo son, ni siquiera piensan en revolverse contra sus opresores. En realidad, sucede lo contrario: la ola de crímenes de finales de los 90 en Nueva York no se debió a que los jóvenes negros estaban más humillados que en los años 50, sino a que se había creado una subcultura racista en la que los negros se sentían superiores, y con derecho a atacar, robar y violar a los blancos.

La kale borroka nació y creció en los 90, en un País Vasco con policía propia. No cuando había presencia real en las calles de una Guardia Civil que disparaba a matar en las manifestaciones, sino cuando los jarraichus tenían enfrente a una policía que se dejaba quemar viva sin disparar un solo tiro. Los cachorros de Jarrai se sentían con derecho a quemar cajeros y autobuses, a insultar y pegar a los españoles, no porque estuvieran marginados y humillados, sino precisamente porque se sentían superiores a los que atacaban.

Una ocupación como la de Jun de estos días se produce ahora que a los gitanos se les garantiza el derecho a la educación de sus hijos, que se les atiende en los hospitales, que se les otorgan viviendas sociales. Nunca hubiera sucedido en la España de los años 60, donde se trataba a los gitanos como delincuentes por principio, no había programas sociales y a nadie se le ocurría ayudarles ni a que se hicieran la chabola.

Los jóvenes magrebíes en Francia no son humillados y despreciados, sino que humillan y desprecian a los franceses. Primero a los judíos, luego a las mujeres y después a todos en general. Han nacido y han vivido en un país que les otorga derechos sociales sólo por existir: un país en el que les han atendido médicos gratis, en el que viven en casas pagadas por el Estado, en el que han ido al colegio sin pagar. Pero además viven en un país en el que sus profesores no hacían nada cuando insultaban y atacaban a sus compañeros judíos, en el que la policía no hacía nada cuando violaban en grupo a una chica por ir vestida con un estilo demasiado “occidental”. Un país en el que la policía no se atreve a entrar en su barrio, en el que ellos imponen su ley.

De modo que, a la primera pregunta, ¿por qué pasa esto? mi respuesta es: porque hay un grupo de personas a las que se les ha permitido creer que son distintos, que la ley no se les aplica, que tienen derecho a todo y obligación de nada.

Y ahora la pregunta del millón: ¿cómo se para esto? La única respuesta es ver lo que ha funcionado en otras circunstancias parecidas, y lo que nunca lo ha hecho.

Hay dos soluciones que no han funcionado nunca, y que tampoco lo harán en este caso: el diálogo y las “medidas sociales”. Es más, insistir en esto sólo conseguirá reforzar las motivaciones y las actitudes de los violentos.

¿Qué se hizo en Nueva York para conseguir que la gente pudiera volver a viajar en el metro sin jugarse la vida? Aplicar una política de tolerancia cero. No sólo para los delitos, sino también para faltas como los graffitti o colarse sin billete. Cuando los delincuentes de poca monta, y los jovenzuelos que aspiraban a imitarlos, comprobaron que la policía iba en serio, y que se pasaban una noche en la cárcel sólo por colarse en el metro sin billete, ya ni se les podía pasar por la cabeza intentar nada más grave.

¿Qué se hizo en España para terminar con la kale borroka? Aplicar una política dura en la forma y en el fondo, que trataba a los borrokas como terroristas, les negaba toda legitimidad, les castigaba con penas graves de cárcel y responsabilizaba económicamente a los padres de los destrozos causados por sus hijos menores.

Desgraciadamente, ha bastado una sentencia escandalosamente benigna con un grupo de jarraichus y un gobierno que muestra voluntad de diálogo para que el terrorismo callejero se reavive.

Así que, si Francia quiere salir del desastre, en lugar de más diálogo y más subvenciones a los violentos, debería aplicar la ley escrupulosamente en cada uno de los barrios musulmanes que han crecido como setas. Aunque eso implique tener durante un tiempo un despliegue del ejército en su propio suelo como el que tenía Gran Bretaña en Irlanda del Norte.

Desgraciadamente, creo que aquí viviremos algo parecido, y dentro de no mucho tiempo. Un país donde los grafiteros son los que dan palizas a los vigilantes del metro, está abocado a sufrir el asalto de cualquier minoría violenta.


Temas: , ,

Si te ha gustado lo que has leído, te interesará leer también esto:


1 comentario

  1. narpo 07/11/2005 7:32 pm

    Interesantes observaciones. Cuando se es incapaz de diferenciar justicia de represión pasan estas cosas. En España tenemos además un grave complejo dictatorial que limita aún más la acción de la justicia, no me sorprendería que se reprodujeran aquí sucesos similares.