Diarios de las Estrellas

Política, ciencia, tecnología, la vida, el universo y todo lo demás.

Archivo para 12/2005

Diversión para Nochevieja

Si te encuentras en Nochevieja reunido con multitud de parientes en diversos estados de embriaguez y no se te ocurre qué hacer para divertirte, puedes probar la sugerencia de Scott Adams: preguntas a los adultos ¿quién es más santo, la Madre Teresa de Calcuta o Bill Gates? y mientras están ocupados denunciando que Gates es un esbirro del diablo,

busca dónde están jugando los niños. Reúne a los que tengan entre 5 y 8 años y hazles esta pregunta:
Si los Reyes Magos lucharan contra Jesús ¿quién ganaría? Diles que el abuelito dará 5 euros al que tenga la mejor respuesta.
Después sal de la casa tan rápido como te sea posible.

Feliz Año nuevo a todos.

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La invasión de los ladrones de cuerpos

Hace 30 años, en el País Vasco, nadie, salvo algún trastornado, hubiera admitido como “lucha legítima contra el opresor” quemar un cajero automático o un autobús, y mucho menos poner una bomba en un lugar público como una casa cuartel en la que hay niños o en un centro comercial. Quien se atreviera a hacer algo así hubiera sido calificado de loco asesino, y nunca de gudari.

Pero pocos años más tarde la izquierda radical del País Vasco (LCR, ORT y gente así) se unió a los partidos políticos nacionalistas de izquierda, que habían formado la coalición Herri Batasuna. Fueron los primeros en convertirse en ellos. Dejaron de ser revolucionarios internacionalistas que justificaban la lucha armada contra policías y militares para pasar a ser nacionalistas que justificaban el asesinato de inocentes.

A finales de los 90 fueron los nacionalistas de derechas (PNV y EA) los que se convirtieron en ellos. Dejaron de enfrentarse a los etarras, pactaron con ellos, y desde entonces siempre que han tenido que elegir entre la legalidad y los asesinos, han optado por estos últimos. Apoyo a Batasuna, beneficios para los etarras presos y sus familias, subvenciones a las organizaciones satélites… A cambio, ni un sólo nacionalista ha vuelto a ser asesinado por ETA.

Ahora le ha ocurrido al PSE. Han aprobado que todos los vascos financien a una de las organizaciones de control de presos etarras. Se han negado a condenar los homenajes a etarras. Están cansados del conflicto, y han conseguido que termine: ya son ellos.

Ya sólo queda el PP. Todavía resiste, y es la esperanza de los hombres y mujeres vascos que todavía son hombres y mujeres, que todavía no son ellos.

Pero hoy he imaginado una escena terrible: un hombre se acerca a María San Gil buscando consuelo. María San Gil abre la boca y profiere un grito atroz.

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Las prohibiciones tienen siempre efectos perversos

Interesante esta anotación de Jahd sobre la respuesta de los bares de Palma a la ley antitabaco: donde antes podía existir un espacio para no fumadores ahora, puestos en la tesitura de tener que elegir, el 98% decide permitir fumar. Y como la ley impide que haya bares mixtos, ya no existirán zonas para no fumadores.

Efecto buscado por el legislador: que haya más bares en lo que no se fume en absoluto.
Efecto conseguido: que en la inmensa mayoría de los bares no haya espacios para no fumadores.

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Inocentadas

Situaros por un momento en el 28 de Diciembre de 2004. Si se hubieran publicado estas noticias como inocentadas, ¿alguien se las hubiera creído?

  • El Gobierno envía una fragata a participar con la Armada de los Estados Unidos en el bombardeo de Irak.
  • Moratinos espera 10 horas a que le reciba Gadafi. Después de la espera, Gadafi dice que no puede atenderle porque estaba muy ocupado con el primer ministro de… Burkina Fasso.
  • El PSE apoya unos presupuestos que incluyen financiación para las familias de etarras, pero no para las víctimas del terrorismo. El PSE se niega a condenar los homenajes a etarras. El PSE acusa al PP de sobrepasar todos los límites y hacer una política de extrema derecha.
  • El Gobierno prepara una ley por la que se crea un órgano con capacidad para impedir la emisión o incluso cerrar de inmediato un medio de comunicación, sin necesidad de abrir ni un expediente administrativo, si según criterio de dicho órgano el medio no es veraz en su información.
  • El Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo insulta al presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, y defiende la necesidad de ceder ante ETA.
  • Un incendio mata a once voluntarios que intentaban extinguirlo, destruye miles de hectáreas de bosque de alto valor ecológico que tardarán décadas en recuperarse y Zapatero viaja de inmediato… a China.
  • Zapatero llama públicamente fracasada a Angela Merkel tras ganar ésta las elecciones en Alemania y felicita a Schroeder, que abandona poco después la política tras su derrota electoral.
  • La Ministra Trujillo crea una Sociedad Pública de alquiler de viviendas, que al mes de su creación había conseguido el portentoso éxito de alquilar 2 (dos) viviendas. Meses después comparece el director de la Sociedad en el Parlamento y se niega a dar la cifra de viviendas alquiladas argumentando “que iban a utilizar este dato para manipular y criticar”.
  • ¿Qué inocentadas estarán preparando ahora para el año que viene? Se admiten apuestas…

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    Aguafiestas y moral económica

    Una de las tradiciones navideñas que últimamente se están imponiendo es la de los aguafiestas. Son esos tipos que te echan en cara que consumas langostinos en Nochebuena, o que compres regalos a tus hijos en Reyes. Es gente que no puede limitarse a cenar con la familia y pasar un buen rato charlando y devorando un corderito, sino que para ser feliz necesita sentirse mejor que tú y criticar tu consumismo.

    Si os fijáis, la coincidencia en todos ellos es denunciar “el exceso”. Celebrar las fiestas está bien, dicen, pero no hay que caer en el consumismo.

    Ahora bien, ¿quién marca el límite entre el exceso y la moderación? Naturalmente, los aficionados a meterse en la vida del prójimo. Así que el exceso se define como “todo aquel gasto que a los ascetas de temporada les parece superior a lo deseable”.

    Hace ya tiempo que observo que cuando alguien afirma que los sueldos muy elevados son inmorales, en general establece un límite para estos “sueldos elevados” de entre 3 y 5 veces su propio sueldo. Es decir, si una persona gana 10.000 euros, le parecen excesivos los sueldos de más de 50.000 euros. Pero si gana 25.000, los sueldos excesivos son los de más de 100.000 euros.

    Con el consumo Navideño ocurre lo mismo. Consumo excesivo es el jamón ibérico de bellota para el que sólo puede permitirse el serrano, y las angulas para el que cena langostinos. Consumo excesivo es ir a esquiar por Navidad para el que sólo puede permitirse una tarde en la pista de hielo de su ciudad.

    Para ser coherentes, todos los metomentodos que critican el consumismo ajeno deberían vestirse de saco y ceniza, y alimentarse de pan y agua, entregando sus bienes a los pobres hasta que nadie pasara necesidad en todo el planeta. Mientras tanto, sería mejor que dejaran en paz a sus vecinos.

    Y por cierto, a la variante católica de los aguafiestas, me gustaría recordarles que el primer milagro de Jesús consistió en aportar más vino a una fiesta que corría peligro de decaer. Y que fue acusado de ser un comilón y un bebedor (Mateo 9:10-11; 11:19). Y que sus propios discípulos le criticaron que permitiera que se derrochara el dinero en perfumes caros (Mt 26, 8). Así que probablemente están más cerca de Jesús los que celebran la Navidad lo mejor que pueden que los aguafiestas que se dedican a criticar a los demás.

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    El CAC, el CAME y el PP

    Pregunta para el Gobierno: ¿Están dispuestos a pasar una legislatura con un CAME cuyos miembros hayan sido nombrados por el PP?

    Como no es probable que ningún miembro del Gobierno conteste, hago otra pregunta para nuestros progres de cabecera: ¿Qué hubiera pasado si el 11-M el PP hubiera contado con un CAME nombrado por el gobierno de Aznar?

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    Bobo solemne

    Rajoy no ha dicho que Zapatero es un bobo solemne. En realidad, ha dicho que más peligroso que un patriota de hojalata es un bobo solemne. Todo el mundo ha entendido que era una respuesta a las declaraciones de Zapatero, y que se refería al propio Zapatero, y se han producido un montón de declaraciones airadas de altos cargos del PSOE.

    Pero esta noche Rajoy ha rematado: ha dicho que no entiende por qué todos en el PSOE han pensado en Zapatero al oír lo de bobo solemne.

    Sinceramente, creo que si a los pepiños les ha sentado tan mal es porque es absolutamente cierto. El bobo solemne es una especie particular de bobo que se caracteriza por:

  • Saber que hay otros mejores que él.
  • Hablar en tono grave, con palabras rebuscadas, y repitiendo conceptos oídos pero no entendidos a alguien a quien admira.
  • Creer que con esa estrategia puede aparentar la inteligencia o la cultura de la que carece.
  • Lo malo es que en muchas ocasiones tiene razón. Yo conocí a un bobo solemne que te explicaba muy serio, con gráficos y todo, y hasta citando normas ISO y al IEEE, por qué un hub era mejor que un switch. Lo cual era una soberana estupidez, como se deduce del hecho de que ahora prácticamente toda la electrónica de redes utiliza switches. Pero claro, entonces muchos que le oían y no tenían ni idea de informática pensaban que era un experto.

    Con Zapatero pasa lo mismo. A mucha gente le encanta oír un discurso que no entiende, pero que está lleno de palabras biensonantes, dicho por un hombretón de ojos claros. Siempre que parezca que el que lo pronuncia está hablando de algo sumamente importante. Para que sea creíble tiene que ser solemne.

    Y para atreverse a perpetrar ese tipo de discurso hay que ser bobo.

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    El peor trabajo del mundo

    ¿Te quejas de tu trabajo? ¿Estás sufriendo ya pensando en que llegará el lunes y tendrás que volver a ver a tu jefe? Mira esto, y piensa que siempre hay alguien peor que tú.

    Claro que a ver quién puede decir que tiene un trabajo mejor que éste. Os imagináis responder cuando alguien te pregunte de qué trabajas: “soy estimulador de pezones de Jennifer Lopez”.

    NOTA: No penseis que este post supone un cambio en la línea editorial del blog. Simplemente, es una tontería mientras termino la tercera entrega sobre la pena de muerte.

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    Acerca de la pena de muerte (II)

    Como me temía, algunos lectores confundieron en mi primer post sobre la pena de muerte los argumentos prácticos con los morales. Por si acaso alguien no se ha dado cuenta, en mi primer post sólo digo que la pena de muerte puede ser más eficiente que la cadena perpetua para tratar a los asesinos con elevadas posibilidades de reincidir, incluso asumiendo los posibles errores.

    No quería entrar ayer en el problema moral asociado a esto, aunque entiendo que para muchos lectores sea difícil separar el plano moral del práctico. Pero intentemos dejarlo para el siguiente post.

    Vamos con más lío: ¿es aceptable la pena de muerte desde un punto de vista político o ideológico? Quiero decir, aceptable para un liberal.

    Ya conocemos la postura de muchos socialistas: la pena de muerte es aceptable (o comprensible, o justificable) en países comunistas, a pesar de que son dictaduras en los que no hay ninguna garantía y se ejecuta por delitos como “traición” o “conducta desleal”; es inaceptable no sólo en dictaduras de derechas, sino también en países democráticos en los que el condenado disfruta de todas las garantías procesales y se ejecuta por crímenes contra la vida de las personas. Ved si no la reacción que ha producido en nuestros progres la ejecución de un asesino múltiple y el silencio ominoso de muchos cuando Castro decidió matar a tres “secuestradores” que intentaban escapar de la isla-cárcel.

    Por tanto, ¿hay una “postura liberal” acera de la pena de muerte? De entrada, los tres bloggers de Red Liberal que trataron el tema se han manifestado en contra, pero apenas han dado razones ideológicas. Jahd apunta algo en el sentido de que como sabemos que el gobierno falla, no debemos dejar en sus manos algo tan importante como nuestras vidas.

    Y esta es la pregunta que un liberal debe hacerse ¿debo ceder al Estado la posibilidad de quitar la vida a uno de sus ciudadanos? La primera respuesta, obvia, es que cuanto menos haga el Estado, mejor. Pero salvo que seamos unos ancap radicales (en cuyo caso la pregunta sobre la pena de muerte no tiene sentido), si admitimos que debe existir Estado y que tiene un papel en el mantenimiento de la seguridad hay que decidir si este papel incluye aplicar la pena capital.

    De entrada, sé que nuestra Constitución muestra con respecto al castigo del delito lo peor del buenismo socialdemócrata y democristiano de sus autores. Eso de que la función de la pena es redimir al delincuente está bien para los que no creen en la responsabilidad individual y prefieren hablar de las condicionamientos socioeconómicos o del pecado estructural.

    Yo creo en la responsabilidad de cada individuo, y creo que es básico defender esto para poder aspirar a ser ciudadanos y no súbditos. Por tanto, creo que debe existir una sanción para el que abusa de esta responsabilidad causando un mal a otro.

    En nuestra civilización cristiana, hasta los ateos miran mal la venganza. De modo que probablemente sea mejor utilizar el término castigo. Últimamente también está perdiendo crédito, pero en general más es aceptable. En cualquier caso, nos estamos refiriendo a producir consecuencias perjudiciales al criminal, de forma que el resultado neto de su acción sea negativo.

    Por otro lado, desde Hammurabi, la tasación de los castigos tiene como objeto, además de evitar la arbitrariedad del Estado responsable de aplicar el castigo, evitar la venganza individual de la víctima. Entiendo que haya liberales ancap que estén en contra de la pena de muerte porque sean partidarios de la resolución privada de cualquier problema, incluida la venganza.

    Pero la venganza individual a criterio de la víctima conduce muchas veces a la vendetta, y por eso es preferible que un tercero la administre con criterios racionales. Por tanto, creo que ceder la capacidad de venganza al Estado hace que nuestra sociedad sea menos violenta y más habitable.

    Ahora bien, el problema aparece cuando el Estado decide que esa capacidad de venganza que hemos cedido es suya, y que puede renunciar a ella, o utilizarla como le venga en gana. Por ejemplo, cuando en lugar de decir “no puedes matar al criminal que violó y mató a tu hija, porque ya lo voy a hacer yo”, el Estado nos dice “no puedes matar al criminal que violó y mató a tu hija, porque voy a rehabilitarlo unos años, y después lo soltaré. Si mata de nuevo, volveré a intentar rehabilitarlo”.

    En una tesitura semejante, muchos pueden decir: “de acuerdo, yo no quiero matar a nadie, ni aún al asesino de mi hija. Prefiero que intenten rehabilitarlo”. Y en ese caso no habría ningún problema. Pero, ¿y el que considera que el único castigo justo para un violador y asesino de menores es la muerte? ¿puede el Estado decidir que su criterio no es válido?

    En Estados Unidos hay una inmensa mayoría de la población partidaria de aplicar la pena de muerte a los asesinos. Fluctúa en función de la percepción de inseguridad, pero se mueve entre el 60% y el 80%. ¿Puede entonces el Estado privar a estos ciudadanos de su derecho al castigo que ellos consideran justo?

    Por otro lado, si en la capacidad de castigo que le hemos cedido al Estado incluimos la posibilidad de matar, ¿no estamos dando excesivo poder a una entidad que siempre tiende a crecer y a desarrollar sus propias estructuras y funciones que sólo le sirven a sí mismo?

    Esta objeción sin duda tiene peso por sí misma. Pero es que además en la mayoría de los países de Europa hemos vivido en el siglo pasado en diversas dictaduras que utilizaban el poder de quitar la vida para limitar la libertad de sus súbditos. Así que es lógico que los estadounidenses (que han vivido más de 200 años en democracia) se fíen más de su Estado a la hora de administrar el castigo capital que los europeos.

    Como veis, la pregunta “¿debo ceder al Estado la capacidad de quitar la vida a uno de sus ciudadanos?” no es tan sencilla de responder. Existe el riesgo de que el Estado utilice esta capacidad para desarrollar funciones represoras, pero también existe el riesgo de que al ceder la capacidad de castigo al Estado la perdamos como individuos.

    En cualquier caso, creo que aun teniendo en cuenta estos peligros es preferible ceder la capacidad de castigo al Estado que tener que asumir personalmente la venganza y por tanto correr el riesgo de provocar vendettas que pueden extenderse por varias generaciones.

    Y creo que, aun teniendo en cuenta lo peligroso que es dar al Estado la capacidad de matar, si la mayoría de los ciudadanos de un país decide que la cadena perpetua, o la pena de muerte, son un castigo justo, el Estado no puede arrogarse la capacidad de decidir lo contrario.

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    Acerca de la pena de muerte (I)

    Antes que nada, debo agradecer los comentarios positivos acerca de mi post anterior. Yo pensaba que había hecho otros posts más merecedores de elogios, pero pasaron sin pena ni gloria. Una de las ventajas de la blogosfera, supongo, es que te permite conocer de primera mano y casi al instante lo que opinan tus lectores de cada uno de tus textos. Lo difícil es tener la humildad suficiente como para hacerles caso.

    Vamos con el tema de hoy: la pena de muerte. En el post anterior no entraba en el asunto, sólo en la hagiografía que hacía El Mundo de quien fue en realidad un feroz asesino. Pero ya que Santiago, Daniel y Jahd han planteado el debate, vamos a ello. Dada la extensión, lo haré en tres entregas, distinguiendo los motivos morales, ideológicos y prácticos para estar a favor o en contra.

    Y, por limitar el debate a lo que puede ser más interesante, dejaremos fuera la aplicación de la pena de muerte que es inaceptable para cualquier persona civilizada, como por ejemplo la destinada a castigar ideas o actividades políticas, conductas sexuales, o en general crímenes distintos del asesinato.

    Empecemos por los prácticos:

    ¿Disuade la pena de muerte a los asesinos potenciales? Parece que no. Ahora bien, tampoco está claro que la cadena perpetua, o una pena inferior, sea disuasoria. Probablemente, y esto es opinión mía, cuando alguien decide que tiene motivos para matar a otro ser humano, las posibles consecuencias sobre su persona tienen menos importancia que estos motivos.

    ¿Evita otras muertes a manos de asesinos convictos? Es decir, ¿podemos salvar vidas matando a asesinos evitando así que vuelvan a actuar? Hay ciertos tipos de asesinos que, si tienen oportunidad de repetir el crimen, lo hacen. Principalmente los que matan por motivos ideológicos, los que obtienen satisfacción del propio acto de asesinar y los que actúan con violencia extrema en crímenes cuya motivación principal es económica.

    Las medidas de reeducación con estos delincuentes no siempre funcionan, de manera que siguiendo un criterio estrictamente práctico, para garantizar que un sociópata no pueda volver a matar es preferible la pena de muerte.

    Santiago defiende la cadena perpetua como solución para estos sociópatas. Pero tenemos el problema del coste. El presupuesto de Instituciones Penitenciarias para el año 2006 será de 896 millones de euros, para atender a una población reclusa que a fines de 2004 era de poco más de 59.000 personas. Es decir, cada preso nos cuesta al año unos 15.000 euros.

    Si un asesino es condenado con 30 años, y la esperanza de vida está en 80 años, mantener a ese individuo en cadena perpetua nos cuesta 750.000 euros.

    Luego la alternativa para evitar nuevos crímenes de asesinos con riesgo de reincidencia es la pena de muerte o un gasto importante de todos los ciudadanos, incluidos los familiares de las víctimas del asesino. Podríamos entonces optar por la pena de muerte, atendiendo puramente a un criterio de orden práctico (para un mismo resultado -evitar nuevas víctimas- una de las opciones tiene un coste muy superior), si no fuera por la cuestión que plantea Jahd, esto es, la irreversibilidad de la pena de muerte.

    Esto quiere decir que si hay un error, y se ejecuta a un inocente, no hay manera de devolverle a la vida si posteriormente se demuestra su inocencia. Por tanto, sería preferible una condena de cárcel, en la que siempre se puede liberar al condenado injustamente.

    Ante esta cuestión, por un lado, basta con limitar el castigo capital para aquellos criminales que hayan sido condenados con pruebas incontrovertibles: los que han confesado, los que han sido capturados cometiendo el delito, los que han dejado una huella inequívoca en el cuerpo de la víctima (ADN, por ejemplo), los que han sido acusados por varios testigos fiables o aquéllos en los que concurren varias o todas estas circunstancias. Y se puede permitir además al condenado a muerte que utilice absolutamente todos los medios de revisión de su caso que no sean completamente disparatados.

    Que es lo que hacen, por cierto, en la mayoría de los Estados norteamericanos en los que existe pena de muerte, y la razón de que Tookie se pasara 26 años en la cárcel antes de ser ejecutado.

    Pero además, la preferencia por la cadena perpetua sin mirar el coste, se basa en un principio emocional más que racional. Supongamos que la tasa de inocentes condenados es del 1%. Esto quiere decir que si optamos por la cadena perpetua, estaríamos gastando 750.000 x 99 = 74.250.000 euros para salvar la vida de una persona inocente.

    Ahora muchos estaréis pensando “pues la vida de una persona vale más de 74 millones de euros…”. Falso.

    A todos nos gusta creer eso, pero nadie lo piensa de verdad. Si fuera así, habría helicópteros-UVI en cada pueblo situado a más de media hora en coche de un hospital. Es más, habría hospitales con los últimos adelantos y los equipos más caros en cada aldea. Pondríamos no un escolta, sino un batallón de GEOS para proteger a cada amenazado por ETA. Habría un policía (o un coche patrulla) en cada esquina de cada calle. Pagaríamos mucho más por nuestras casas, porque las medidas de seguridad para evitar cualquier accidente laboral incrementarían desproporcionadamente el coste. Habría autopistas o autovías a cada pueblo, que son más seguras que las carreteras de un único carril por sentido.

    La realidad es que la vida humana no tiene un valor económico infinito. De hecho, cambia según las culturas e incluso cambia en el tiempo. Por ejemplo, ahora estamos mucho más dispuestos que hace 30 años a pagar más dinero por nuestras casas a cambio de que los obreros que las construyen tengan arneses, cascos y redes de seguridad.

    Así que, desde un punto de vista racional, sería preferible dedicar el millón y medio de euros que nos cuesta cada año de vida del inocente condenado injustamente a inversiones en equipamiento sanitario que permitieran salvar un número mucho mayor de vidas, por ejemplo.

    Otro cosa es el punto de vista ético de este asunto, pero eso lo trataremos en la tercera entrega.

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