La invasión de los ladrones de cuerpos
Hace 30 años, en el País Vasco, nadie, salvo algún trastornado, hubiera admitido como “lucha legítima contra el opresor” quemar un cajero automático o un autobús, y mucho menos poner una bomba en un lugar público como una casa cuartel en la que hay niños o en un centro comercial. Quien se atreviera a hacer algo así hubiera sido calificado de loco asesino, y nunca de gudari.
Pero pocos años más tarde la izquierda radical del País Vasco (LCR, ORT y gente así) se unió a los partidos políticos nacionalistas de izquierda, que habían formado la coalición Herri Batasuna. Fueron los primeros en convertirse en ellos. Dejaron de ser revolucionarios internacionalistas que justificaban la lucha armada contra policías y militares para pasar a ser nacionalistas que justificaban el asesinato de inocentes.
A finales de los 90 fueron los nacionalistas de derechas (PNV y EA) los que se convirtieron en ellos. Dejaron de enfrentarse a los etarras, pactaron con ellos, y desde entonces siempre que han tenido que elegir entre la legalidad y los asesinos, han optado por estos últimos. Apoyo a Batasuna, beneficios para los etarras presos y sus familias, subvenciones a las organizaciones satélites… A cambio, ni un sólo nacionalista ha vuelto a ser asesinado por ETA.
Ahora le ha ocurrido al PSE. Han aprobado que todos los vascos financien a una de las organizaciones de control de presos etarras. Se han negado a condenar los homenajes a etarras. Están cansados del conflicto, y han conseguido que termine: ya son ellos.
Ya sólo queda el PP. Todavía resiste, y es la esperanza de los hombres y mujeres vascos que todavía son hombres y mujeres, que todavía no son ellos.
Pero hoy he imaginado una escena terrible: un hombre se acerca a María San Gil buscando consuelo. María San Gil abre la boca y profiere un grito atroz.
Temas: batasuna, ETA, maría san gil, PNV, PP, PSOE
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