Zapatero, solidario con los compañeros revolucionarios
Algunos se sorprenden de los elogios de Zapatero a Otegui. Yo no. Os voy a contar una historia:
Hace muchos años, en un pueblecito de Zaragoza, celebraba la eucaristía una comunidad cristiana pastoreada por jesuitas. La homilía, en estas ceremonias, era asamblearia y los participantes compartían en ella sus vivencias. Un joven cuenta cómo un grupo celebró la Pascua con otra comunidad semejante en Burlada (junto a Pamplona). Después de relatar la profundidad de las experiencias, lo rico del encuentro con ellos, explica que el Domingo de Resurrección todos los participantes en la Pascua fueron a una manifestación convocada por Herri Batasuna. El Domingo de Resurrección, os recuerdo, es el Aberri Eguna, el día de la Patria Vasca.
En ese momento, era lo que debíamos hacer, decía este chico. Yo, alucinado, pensaba que entre los que estaban celebrando aquella eucaristía, varios tenían un padre militar. Y sus compañeros de comunidad cristiana habían ido a una manifestación con gente que apoyaba sin dudar el asesinato de militares. Antes, habían recordado la institución de la eucaristía con gente que defendía el tiro en la nuca como expresión de la acción política. Habían rezado delante del Crucificado con los que pensaban que una bomba en un cuartel era un acto de justicia. Y habían celebrado la resurrección del Salvador con los apóstoles de la muerte.
En aquel momento, yo sí fui consciente de la enorme inconsistencia de creer en un Dios que se entrega a su propia muerte y a la vez justificar la lucha armada. Pero sólo en el caso de ETA, tal vez porque tenía varios amigos cuyos padres eran militares, y además como vasco conocía de primera mano la calaña de los batasunos. Durante mucho tiempo seguí creyendo, por ejemplo, que los sandinistas eran los representantes de un pueblo que había conseguido liberarse de la tiranía, y que su lucha estaba plenamente justificada y era más acorde con el mensaje de Jesús que la intransigencia de Juan Pablo II con Ernesto Cardenal.
La última vez que fui a Zaragoza y vi a uno de los cristianos de aquella comunidad con una camiseta del Ejército Zapatista de Liberación Nacional me recordó a uno de esos portales estrechos de casa antigua, con innumerables capas de pintura desconchadas, y ese olor entre húmedo, cerrado y ligeramente putrefacto. Él no había cambiado. Yo había empezado a hacerlo.
Esta es la historia. No sé si hace falta explicar más. Zapatero pasó su juventud también en ambientes similares, en los que el compromiso pasaba por manifestarse contra las bases americanas, debatir sobre la objeción de conciencia y la autogestión, cantar canciones de Silvio Rodríguez y apoyar a los movimientos revolucionarios de América Latina. Él no ha cambiado. Sigue creyendo que el futuro de Latinoamérica pasa por la revolución, y sigue creyendo que el problema de ETA-Batasuna es de oportunidad en la táctica, pero no de legitimidad en su lucha.
Temas: batasuna, ETA, izquierda, Zapatero
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5 comentarios
5 Comentarios

Casi todos los liberales han sido en la tierna juventud de la parte izquierda tirando a extrema del mapa. Pero conforme se madura se ve que el rey está desnudo y se toma conciencia de las mentiras repetidaS mil veces por esta gentuza.
Hay gente que no madura o que tiene intereses pecuniarios en no madurar
Los jesuitas en general y el Centro Pignatelli en particular tendrán que dar muchas explicaciones algún día.
No me digais que vosotros tambien habeis tenido ración de Centro Pignatelli!
El malhadado “Piji” de donde sale lo más tonto y perverso de Zaragoza. ¿Quién no lo conoce?
Hombre, Huber, yo creo que el Pignatelli es producto de una época. Precisamente lo triste es que un montón de gente actuaba, de buena fe, de una manera radicalmente opuesta a lo que sus creencias aconsejarían.
Posiblemente el error, que fue común no sólo entre los jesuitas sino en otras órdenes, fue poner la ideología por encima de la religión.