Archivo para 04/2007
Los que quieren saber
Hace ya mucho tiempo escribí un post sobre el 11-M, en el que prometía tratar el comportamiento de los implicados en los atentados en tres entregas:
I.- Terroristas con sangre fría
II.- Torrente, Grissom y otros afamados investigadores
III.- Los que quieren saber
Escribí los dos primeros, y hoy por fin dedicaré un poco de atención a los que quieren saber. Que no son los mismos que querían saber. Porque los que tenían tanto afán de conocimiento que se lanzaron a las calles en plena jornada de reflexión, ya saben todo lo que querían. Capitaneados por Zapatero, que en la Comisión de Investigación declaró que sobre el 11-M ya estaba todo claro, ninguno de ellos quiere saber, por ejemplo, quién puso las bombas en los trenes.
Algo tan simple como eso: quién puso qué bomba en qué tren. En el juicio, ha habido tres testigos que han reconocido a Zougham… en tres trenes distintos. ¿Puso Zougham tres bombas? ¿Puso tres bombas cada uno de los terroristas? Eso implicaría cinco terroristas (hubo trece bombas, nos dicen) ¿pero no eran los siete muertos de Leganés los autores materiales junto a Zougham y algún otro? ¿Hubo tres que no pusieron bombas? ¿Zougham era más fuerte y cargaba con más bombas? ¿Por qué nadie ha reconocido a ningún otro terrorista en ningún otro vagón? Ni siquiera en los vagones cuyas bombas no explotaron, donde decenas de personas tuvieron que ver a alguien que dejó una mochila.
No hay respuestas para estas preguntas. No ya para las que plantean del Pino, Múgica o García Abadillo, que pueden ser más abstrusas. Por ejemplo, ¿qué relación tuvo el sirio ex-terrorista de la OLP, experto en explosivos y ex-policía Kalaji con la venta de tarjetas? ¿fue casualidad que estuviera por ahí? O, ¿porqué los terroristas dejaron huellas en todos los objetos movibles que nos dicen que se han encontrado en escenarios como Leganés, la Kangoo o el Skoda y ni una en las bombas?
Los que querían saber ya no quieren saber nada más. Fueron los islamistas como venganza por la guerra de Irak. Vuestra guerra, nuestros muertos. Aznar asesino. Sólo necesitan consignas, no hechos.
Pero hay más gente que no quiere saber. Por ejemplo, muchos periodistas. Gente que debería ser de natural curiosa, y que debería plantearse al menos alguna duda cuando lee, por ejemplo, que la furgoneta Kangoo estuvo perdida una hora desde que salió de Alcalá y hasta que se recepcionó oficialmente en Canillas. Pero no. Esos periodistas no se preguntan qué pasó conla furgoneta. En este caso, como sucedió cuando en El Mundo investigaban el GAL o los latrocinios del PSOE en pleno, lo que hacen es una o más de estas cosas:
- Insultar al que investiga. Ayer eran el “Sindicato del Crimen”. Hoy son los “Conspiranoicos”. La última es que Múgica colaboró al inicio de su carrera con el “ufólogo” Benítez. Por supuesto, es irrelevante lo que sean los investigadores. Podrían ser hasta caníbales asesinos de niños, y eso no alteraría en nada la verdad sobre los hechos investigados.
- Utilizar argumentos del tipo “cada vez que alguien acusa a un policía muere un hada”. Apelar al honor y la profesionalidad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en un país que tiene a toda una cúpula del Ministerio del Interior condenada en sentencia firme por secuestro, tortura y asesinato y por organizar una banda armada que cometía actos terroristas, es un argumento cuando menos endeble.
- Afirmar que las tesis contrarias son inverosímiles. “Es imposible que decenas de policías estuvieran confabulados para manipular pruebas y colaborar en los atentados”, dicen. Lo cual es falso, porque ni tuvieron que estar confabulados decenas de policías, ni es imposible que lo estuvieran. Ante esto, solo puedo decir lo mismo que Conan Doyle: “Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad”. Y lo que sí es imposible, por ejemplo, es que la Goma 2 ECO contenga nitroglicerina y DNT.
El hecho, con unos argumentos o con otros, es que muchos periodistas tampoco quieren saber.
Tampoco han querido saber los que deberían haber averiguado todo. Ni el juez que se conformó con lo que le decía la policía, por inverosímil o contradictorio que fuera. Ni la fiscal que ni siquiera se molestó en ordenar que se determinara el explosivo empleado en cada una de las bombas. Ni los policías que han testificado en el juicio, y que una y otra vez responden “no me acuerdo” a preguntas simples sobre la principal investigación que han llevado a cabo en su vida profesional, o que dicen sin inmutarse “eso lo determinaron mis subordinados, yo me limitaba a firmar”. Unos policías que se enfrentan al mayor reto profesional de sus vidas no tenían la más mínima curiosidad por nada, no querían saber.
Menos quieren saber los conspiranoicos inversos. Los Areán, Gozalbo, de Diego, Usi… que están empeñados en demostrar que el dedo que señala está sucio, y no en mirar a donde señala el dedo. Una vez asumida una versión de los hechos, cualquier nuevo dato es interpretado por estos “antiinvestigadores” de manera que encaje en esa versión. ¿Que aparece DNT en los trenes? Se confirma que es Goma 2 ECO, contaminada en la fábrica. ¿Que se demuestra que la contaminación en fábrica es imposible? No hay problema, los cartuchos de Goma 2, si se los deja a solas, son muy promiscuos y se pasan DNT entre ellos. ¿Que aparece nitroglicerina (que es soluble en acetona) en el único resto no lavado con acetona? Bueno, eso no prueba nada, es otra contaminación. Y todo así. Para ellos, lo importante es su cruzada contra los que quieren ganar dinero informando sobre el 11-M (y yo que pensaba que eso lo hacen todos los periodistas). O contra la conspiración de unos líderes mediáticos que en comandita con ciertos sectores del PP quieren utilizar el 11-M para sus fines perversos. Menos mal que están ellos para desmontar las conspiraciones de los conspiranoicos.
En fin, que son legión los que, por una cosa o por otra, no quieren saber. Pero sí hay quien quiere saber.
Entre los que quieren saber, por supuesto, están las víctimas. Muchos, lógicamente, han creído lo que les han contado acerca de los islamistas. Hay entre ellos quien tiene a los medios de PRISA por imparciales y objetivos, incluso. Y no se fían de lo que diga el facha Losantos o el amarillista Pedrojota. No seré yo quien les acuse de nada. Pero los que leen El Mundo o Libertad Digital y han accedido a otra información tienen derecho a que se les responda a sus dudas.
Quieren saber también los peones negros. Que no son un grupo de peligrosos ultraderechistas, sino gente de pelaje diverso que ha aprovechado Internet para compartir información, coordinarse y crear algo que hace apenas cinco años hubiera sido imposible. Entre los peones negros hay químicos, ingenieros, abogados, policías, informáticos, estudiantes, jubilados y gente de toda condición que aporta sus conocimientos en un ámbito específico para alcanzar una capacidad de análisis de los datos del 11-M sorprendente. ¿Que hay un cierto número de pirados entre ellos? Seguro ¿Que alguno demuestra manía persecutoria, trastornos obsesivos o algunas otras alteraciones mentales? Basta leer el blog para verlo. ¿Que hay quien tiene intereses que van más allá de la pura investigación de los atentados? No lo dudo. Pero el hecho es que hay decenas o centenares de personas que han dedicado y dedican muchas horas, de buena fe, a aportar su granito de arena para esclarecer lo que ocurrió hace tres años. Y que de ese trabajo han surgido datos que después han resultado relevantes.
Quieren saber, también, los lectores de El Mundo y Libertad Digital y los oyentes de la COPE. En mi caso, no porque tenga ninguna tesis que quiera ver confirmada, sino porque quiero creer en la profesionalidad de la policía y la justicia. Quiero creer que si un día soy víctima de un crimen, se hará todo lo posible por encontrar y procesar al culpable. Quiero creer también que la policía no acusará en falso a un inocente para colgarse una medalla o para ocultar un error. Quiero creer que si un terrorista mata para conseguir objetivos políticos, el Estado le va a perseguir hasta derrotarle, y que nadie va a ser capaz de bloquear ninguna investigación.
Hay quien comenta que, de someter al mismo escrutinio cualquier investigación policial, ninguna resistiría un marcaje como El Mundo, LD o los peones negros hacen al sumario del 11-M. Para mí eso no es un argumento para descalificar la actividad de los peones negros, o de los investigadores “periodistas”. Más bien al contrario. Probablemente, a partir de ahora, cuando un asunto sea lo suficientemente importante para un número significativo de personas, aparecerán ciberactivistas que fiscalicen y controlen a los poderes públicos, y se coordinarán de manera cada vez más eficaz con los periodistas que tienen acceso a los medios de comunicación y pueden trasladar el mensaje de manera masiva.
Y cualquier cosa que limite el poder del Estado es buena.
133 comentariosCapitalismo salvaje
No se puede calificar de otra manera lo sucedido con Endesa. Y es que, contrariamente a lo que afirma la progresía, el capitalismo salvaje no es el que está sujeto a las leyes del mercado.
El tan denostado mercado, al fin y al cabo, no es más que la voluntad de dos personas para acordar un intercambio de bienes o servicios por dinero. Existen ineficacias, evidentemente, que pueden hacer que uno de los dos actores se vea obligado a aceptar el trato porque no tenga otra alternativa. Pero en general, en las sociedades occidentales el sistema funciona muy bien. Y funciona mucho mejor cuanto menos interviene el estado en estos tratos.
Lógicamente, este tipo de relaciones económicas no resulta del agrado de las empresas. Sí, queridos lectores: el libre mercado no perjudica a los trabajadores; perjudica a las empresas. Porque les obliga a ser eficientes, a controlar sus costes y a limitar sus precios, so pena de ser aniquiladas por otro competidor más capaz.
Para cualquier empresa, la situación ideal es el monopolio, o en su defecto el oligopolio. Si el mercado es tuyo y no pueden entrar competidores, puedes poner el precio que quieras. Y si la contrapartida al monopolio es, como sucede en muchos casos, un precio tasado, puedes ahorrar en calidad sabiendo que tus clientes están obligados a comprar cualquier bazofia que ofrezcas.
Ese es el capitalismo salvaje. El que deja a los consumidores a merced de los poderosos. El que garantiza a los niños bien de familia bien que las empresas de sus papás contarán con el favor del gobierno, que no permitirá que un arribista les haga la competencia.
Y ese capitalismo salvaje es el que padecemos en gran medida en España. Basta ver el origen de las grandes fortunas nacionales para darse cuenta de quién en España es rico sin que lo fueran sus padres o sin que mediara el favor político en forma de concesión de suelo o de cualquier otra índole.
Lo ocurrido con Endesa es otra muestra de capitalismo salvaje. Un gobierno que decide que él sabe mejor que los miles de accionistas de la compañía lo que hay que hacer con ella, y maniobra una y otra vez para impedir que los accionistas puedan actuar con libertad según las reglas del mercado. Un capitalismo que supone el concierto entre los “ricos de toda la vida” y el gobierno, entre unos políticos y otros. Un capitalismo que protege al fuerte y deja desvalido al débil. Capitalismo salvaje.
Lo peor, con todo, es que las consecuencias del capitalismo salvaje no las sufren sólo los que directamente ven impedida su capacidad de actuar libremente en el mercado. Las sufrimos todos, porque a partir de ahora, los inversores de todo el mundo saben que en España no opera el libre mercado, sino el capitalismo salvaje.
2 comentariosExcusatio et vindicatio
Después de un montón de tiempo sin escribir por distintas razones voy a romper mi silencio para hacer un post ombliguista, que no interesará a nadie más que a los cuatro gatos que escriben en Red Liberal. No me gusta nada, pero me veo obligado a hacerlo por si se diera el caso de que algún lector de Emilio Alonso lo fuera también mío.
Eso sí. Escribo este post y ninguno más sobre el tema. Solventados algunos asuntillos que me han tenido alejado del blog, antes de que el gallo cante habré escrito sobre Endesa, y no creo que vuelva a ser martes antes de que publique algo sobre el 11-M.
Vamos al asunto. Les pongo en antecedentes. Resulta que un co-blogger de Red Liberal, de nombre Emilio y mote Freelance, colabora en algún programa de radio con un señor apellidado De Diego. Este señor De Diego, cuando no está ocupado inventándose plagios inverosímiles, acostumbra a vilipendiar a Federico Jiménez Losantos, César Vidal, Casimiro García Abadillo, Fernando Múgica, Pedro J. Ramírez y Luis del Pino. (Creo que no me dejo a nadie). Hasta ahí, nada fuera de lo normal.
El caso es que en uno de sus últimos programas, y según cuentan en Batiburrillo, de Diego acusó a los bloggers de Red Liberal de estar a sueldo de Libertad Digital. Tampoco hubiera reaccionado a esto, pero Emilio, que es blogger de Red Liberal y no está a sueldo (supongo) de Libertad Digital, remata la jugada de De Diego con un post en el que afirma:
Otros, sin embargo, parecen haber visto en todo esto la oportunidad para significarse y para obtener, a través de una defensa rayana en la obsecuencia de la línea editorial de Libertad Digital, un empleo en alguno de los medios que lo conforman.[...]en todo caso, vista de ese modo, la afirmación de Enrique de Diego ya no está tan carente de razones. Refinada y reconstruida, podría quedar en que algunas personas que escriben en Red Liberal aspiran a obtener un sueldo de Libertad Digital a través de la militancia acrítica en su línea editorial, y que dicha estrategia funciona. Dicho así, yo también lo creo.
Y esto no lo puedo dejar pasar, por venir de quien viene. De modo que aquí va la excusatio:
- Mi sueldo me lo pagan Enrique De Diego, Emilio Alonso y muchos más. Incluidos los trabajadores y los propietarios de Libertad Digital. Es lo que tiene ser funcionario.
- Cobro un sueldo decente. Menos de lo que me merezco, of course, pero suficiente para dar de comer a mis hijos, pagarles el colegio y vestirles con decencia. No necesito, para completarlo, hacer nada que no me apetezca.
- Colaboro (menos de lo que debería) en Libertad Digital, escribiendo sobre software libre. El dinero que he ganado con esas colaboraciones es menos que el ingresado por Adsense en mis bitácoras.
- Por si no ha quedado claro lo anterior: escribo lo que quiero, cuando quiero, y porque quiero. Nadie me paga por ello. Y nadie me ha dicho nunca, ni en Red Liberal ni en Libertad Digital, qué debo decir con respecto a ningún asunto.
- Por si acaso esto importa: de todos los anteriores, solo conozco personalmente a Emilio Alonso, con quien coincidí blogueando en la convención del PP. Tengo, eso sí, un cuñado que estudió con Luis del Pino y que habla con él de vez en cuando. Ignoro si eso me hace sospechoso de algo.
Y la vindicatio:
- Federico Jiménez Losantos y César Vidal son humanos, y como tales cometen errores. Pero cualquiera que pretenda negar lo que han hecho y hacen por extender la idea de libertad entre los españoles o es un ignorante o tiene motivos ulteriores.
- RedLiberal ha sido y es para mí una fuente constante de referencias, información, debate e ilustración. Claro que hay mucha paja entre el grano (sin ir mas lejos, este mismo post), pero no pasa un día sin que se pueda leer algo interesante.
- Agradezco públicamente a Daniel Rodríguez Herrera tanto la oportunidad de sindicar Diarios de las Estrellas como la generosidad al alojarlo. Sin Daniel, esto no sería lo que es.
- Agradezco también a Daniel su esfuerzo generoso y desinteresado por crear vías de comunicación tecnológicas entre los liberales hispanos. Blogs, redes, foros, listas de correo… temo el día en que se le ocurra tener descendencia y su tiempo se vea limitado.
- Es justo reconocer el respeto que Daniel ha tenido siempre por los bloggers alojados en RedLiberal y por su libertad de expresión. Y también se debe reconocer su resistencia a participar en peleas en el barro. Probablemente el éxito de RedLiberal y el fracaso de otras iniciativas se deba a que es preciso ser primero generoso para después recibir alguna recompensa.
- Libertad Digital es uno de los medios que leo todos los días, más por las opiniones de sus colaboradores que por su información, y defiendo mi derecho a citarlo todas las veces que me de la gana. Es más, aunque la contribución que pueda hacer desde esta humilde bitácora a su posicionamiento sea infinitesimal, prefiero que esa contribución vaya a LD y no a cualquier medio políticamente correcto.
Eso es todo. A partir de ahora, ignoraré cualquier otro comentario de cualquier individuo que no sea capaz de mostrar los cheques recibidos por escribir al dictado, y seguiré despreciando a los cicateros que envidian los éxitos ajenos.
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