Diarios de las Estrellas

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Archivo para 09/2007

Todos los tiranos

se abrazan como hermanos.

Tiranos del siglo XXI, tiranos 2.0, que han aprendido que en el nuevo orden mundial las elecciones son un requisito para mantenerse en el poder. Elecciones tan amañadas como las que se celebraban en los países del telón de acero, pero peinadas y vestidas para hacerlas más presentables.

Pero tiranos al fin y al cabo, que no dudan ni un segundo antes de ahorcar a un homosexual o disparar a unos manifestantes. Tiranos que trabajan duro para suministrar dosis diarias de demagogia a unas masas dispuestas a encontrar enemigos que huelen a azufre y son culpables de todos sus males. Tiranos que garantizan que su pueblo será lo suficientemente pobre e inculto como para disfrutar de una masa crítica de apoyo incondicionales.

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Mileuristas estafados

El principal motivo por el que el Estado nos quita nuestro dinero en forma de impuestos es poder devolvernos después una parte de él en forma de dádiva. El político se asegura así el agradecimiento del súbdito desinformado.

La realidad es muy otra. Podemos hacer, como ejemplo, el cálculo del dinero que ingresaría un mileurista si no pagara impuestos:

Los impuestos

En la actualidad, el sueldo bruto de un mileurista es de 17.000 euros. De ahí paga 1.088 euros a la Seguridad Social y 2.044 a Hacienda. Así le quedan 990 euros netos para vivir al mes.

En realidad, el mileurista no es consciente de que su empresa paga a la seguridad social otros 5.440 euros. Si la empresa, en lugar de dar el dinero a la SS se lo diera a él, nuestro mileurista ganaría 22.440 euros. Y si no pagara impuestos, esto significaría que cada mes se embolsaría 1.602 euros. ¿Algo más que esos 990, no?

Pero aún hay más. El mileurista no ha terminado de pagar cuando recibe sus 990 euros. Aún tiene que pagar el IVA y otros impuestos. Dependiendo de a qué dedique ese dinero pagará más o menos: si fuma, bebe y tiene coche será mucho más, si solo compra alimentos mucho menos. Supongamos que una buena aproximación es que paga un 15% de impuestos. Esto quiere decir que en realidad tiene 842 euros disponibles cada mes. Es decir, poco más de la mitad de lo que ingresaría si no pagara impuestos. Repetimos: nuestro pobre mileurista, perceptor de un sueldo que muchos consideran ínfimo, entrega al Estado casi la mitad de sus ingresos.

Al menos el Estado, siempre atento a sus necesidades y dispuesto a proteger a los débiles, le da a cambio de ese dinero protección contra el desempleo, asistencia sanitaria, una pensión de jubilación, seguridad, justicia, infraestructuras… Realmente es una suerte que los ricos y las empresas paguen más impuestos, para que él, aun con su mísero sueldo, pueda disfrutar de tantas ayudas. ¿O no es así?

Seguros privados

Vamos por partes. Supongamos que nuestro mileurista es una mileurista, ya que las mujeres pagan algo más caros los seguros sanitarios. ¿Qué podría conseguir por sí misma con esos 1.602 euros?

Sanidad: en Adeslas podría contratar, por 60 euros al mes, una póliza que le cubra todos sus gastos médicos. Si fuera hipocondríaca, podría contratar seguros más caros. Y si, dado que es joven y con salud, quisiera un seguro con una franquicia de 200 euros/año, pagaría menos de 25 euros.

Seguro de desempleo. En España no existe, ya que el Estado impide que surja una oferta privada, pero en Inglaterra puedes contratar, por 40 euros al mes, un seguro que te cubra el 60% de tus ingresos durante un año. Es decir, nuestra mileurista, pagando 40 euros al mes, recibiría 1.122 euros durante un año. Para comparar, su prestación por desempleo actual sería de 800 euros durante seis meses.

Jubilación. Una mileurista de 25 años, si invierte 150 euros al mes durante 40 años y obtiene un 7% anual por ellos, se encontraría a los 65 años con 393.700 euros. Si a partir de ese momento retirara cada año un 7%, tendría una renta mensual de 2.296 euros. Una cifra claramente superior a los 750 euros de media de las pensiones actuales. Y tendría además un capitalito que dejar a sus herederos.

Descontando estos costes, nuestra amiga tendría cada mes 1.352 euros, frente a los 842 que le deja ahora el Estado. 500 euros más al mes.

Otros servicios

El Estado da otros servicios, dirán algunos. Seguridad, justicia, infraestructuras, solidaridad… La pregunta, algo más difícil de responder que en el caso de los seguros, es cuánto costarían estos servicios si pudiéramos contratarlos a empresas privadas.

La seguridad, incluyendo alarmas y vigilancia presencial y en vehículos, no supondría más de 50 euros al mes, basándonos en lo que sucede en las urbanizaciones privadas que cuentan con este tipo de servicios de seguridad.

Las infraestructuras, en su mayor parte, serían sufragadas por empresas o grupos de empresas que o bien obtendrían beneficios de su explotación, o bien tendrían interés en pagarlas porque su uso les resultaría rentable. Pensad, por ejemplo, que las infraestructuras de telecomunicaciones no las despliega el Estado, sino las operadoras, que cobran por ellas a sus usuarios.

¿La justicia? Legalitas cobra menos de 8 euros al mes por tener asesoría jurídica (un servicio que ahora no presta el Estado) y los jueces podrían ser profesionales independientes (como los médicos o los arquitectos), elegidos (y pagados) por las partes para resolver un conflicto puntual. Sería sin duda más eficaz que la lentísima justicia actual, y sólo la pagarían los que hicieran uso de ella.

¿La defensa de nuestros derechos como consumidores frente a las empresas? A la hora de la verdad, poco garantiza el Estado. Una Asociación de Usuarios y Consumidores tiene un coste anual de entre 25 y 50 euros, y es mucho más eficaz identificando, denunciando y evitando malas prácticas que el Estado.

¿La solidaridad? Nuestra mileurista puede pagar la cantidad que desee a cualquier ONG que atienda a las personas necesitadas que ella considera más merecedoras de su ayuda.

¿Cultura? No faltarían particulares o empresas dispuestas a sufragar los gastos de un museo. sobre todo si ellos tampoco tienen que pagar impuestos. Ahora ya hay numerosas instituciones privadas que mantienen bibliotecas. Tal vez nuestros artistas tuvieran alguna dificultad para seguir haciendo cine español, pero no creo que esto fuera malo en ningún sentido.

Conclusión

Podemos hacer otros cálculos con otro tipo de perfiles (el matrimonio con hijos que tendría que pagar la educación privada, por ejemplo). Prácticamente siempre que el ciudadano en cuestión tenga un trabajo y no dependa en exclusiva del Estado resultaría beneficiado por la desaparición de los impuestos.

De todas maneras, no pretendo ser radical. Admito que puede haber funciones que obliguen a la existencia de un Estado (diplomacia, defensa), y que éste requiera cobrar algún impuesto para su sostenimiento. Pero allí donde el Estado se dedica a procurar nuestro bienestar, siempre acabamos pagando una factura más cara para obtener peores servicios.

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Be bold

¿Alguno de vosotros conocía a Gabriele Pauli hace una semana? Para los despistados, Pauli es la política alemana que ha hecho la propuesta de matrimonios con fecha de caducidad.

Independientemente de si la idea es buena o “irresponsable, estúpida y completamente absurda”, como dicen sus propios compañeros de partido, lo cierto es que es notable. Es decir, es una propuesta que exige comentarios, que convierte unas declaraciones de una política local en noticia global. Es, como diría Seth Godin, una vaca púrpura.

Al PP, tan moderadito y tan centradito, no le vendría mal tener una señora Pauli que hiciera propuestas radicales de las que hablara todo el mundo. Si realmente quiere Rajoy ganar las siguientes elecciones, debería echar a la calle a todo el rebaño de asesores que pastan por Génova recomendando moderación y templanza, y contratar a alguien capaz de generar ideas notables. Ideas que hagan hablar a la gente, que nos polaricen, que sean el motivo de conversación con nuestros compañeros de trabajo a la hora del café. Ideas que hagan enfadar a mucha gente, pero que consigan otros defensores entusiastas. “Nunca mais”, “no a la guerra”, “decretazo”, “talante”… algo podrían aprender de los maestros del PSOE.

Rajoy y sus asesores pretenden ganar las elecciones como esos ciclistas que se suben al podio a base de estar colocados en todas las etapas sin hacer nada destacable en ninguna. Pero esa estrategia de evitar el riesgo es la menos segura, porque cualquier insensato que se lance a una escapada exitosa te puede arrancar de golpe todos los minutos que has ido acumulando etapa tras etapa.

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Manual para progres 5: Como ser Moderno

Si tienes ambición y pasta o padrinos, esta es tu opción. Si te aplicas, en poco tiempo puedes estar colocado de concejal, asesor de político o si hay suerte Secretario de Estado. Requiere algo más de esfuerzo que ser un radikal, pero compensa.

Ideología
La mejor estrategia es no tener ideología. Eso te evitará muchos problemas. Así podrás ser, en función de las circunstancias, liberal partidario del tipo único o rojo defensor del altermundismo. Todo cabe, porque de lo que se trata es de pillar cargo.

Evidentemente, no puedes reconocer públicamente que tu ideología es “la que diga el jefe”. Especialmente si tienes ambiciones. Pero eso no será problema, si sigues estos consejos:

- Declárate socialdemócrata. Eres partidario del Estado del Bienestar. Tanto el capitalismo como el comunismo han fracasado. Tu referencia son los países nórdicos (es mejor no especificar, no vaya a ser que alguien te invite a concretar algún dato).

- Abraza las causas que te hacen aparecer como buena persona: el ecologismo, la solidaridad con el Tercer Mundo, el pacifismo… Ojo, “abrazar” estas causas no significa que tengas que hacer nada concreto. Todo lo que necesitas es hablar de ello cuando sea necesario. Ser consciente del gran problema que supone el cambio climático no implica renunciar a tu flamante Volvo XC90.

- Sé internacionalista sin dejar de ser nacionalista. Esto solo resulta una contradicción para mentes más simples que la tuya. Tú puedes ser a la vez partidario de la independencia de Catalunya y un europeísta convencido. Puedes defender la necesidad de dar un papel mayor a la ONU y de la cesión absoluta de competencias a las autonomías. Defender el derecho de los inmigrantes a establecerse libremente en nuestro país y exigir el blindaje de nuestros productos agrícolas frente a la salvaje competencia exterior.

- Acostúmbrate a matizar. Añadir un pero al final de una frase nunca está de más, y puede venirte bien en caso de que necesites un cambio súbito. Ejemplos:
“Nuestra Constitución es [frase laudatoria] pero no debemos sacralizarla.”
“Debemos ser flexibles y dialogar con [grupo violento] pero siempre aplicando la ley.”

Y poco más. para desarrollar tu ideología no necesitas leer nada más que El País. Incluso, si eso te supone un esfuerzo, puedes limitarte a oír la SER y ver la Cuatro. El único peligro aquí es dejarte llevar por lo facilón y acabar viendo Telecinco o la Sexta. No lo hagas. Los medios de PRISA te permiten citar autores, manejar más datos y argumentar con algo más que consignas: eso te convertirá en una autoridad entre los compañeros, y aumentará las probabilidades de éxito en tu carrera.

Recuerda también que es imprescindible estar al día. Si se lleva el cambio climático, no puedes estar dando la lata con los transgénicos. Y si el problema del momento es Darfur, no insistas con Chiapas. Esa es la diferencia entre un líder y un pringao coñazo.

Apariencia externa
Adoptar la apariencia adecuada es sencillo. Mira esta imagen:

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Como ves, lo más importante es huir de las estridencias, y dar una imagen moderna y natural. Otra cosa: aunque no lo diga el folleto del PSOE, invierte dinero en la ropa. Para ser una persona de éxito, debes aparentar que eres una persona de éxito. Una apuesta segura son las marcas españolas de calidad: Purificación García, Adolfo Domínguez, Antonio Miró, Roberto Verino… Prohibida Ágata Ruiz de la Prada, por ser la mujer de Pedro J.

Además de la ropa, conviene llevar accesorios: al menos un gadget (iPod, PDA, móvil de última generación), carteras o bolsos de piel, zapatos de marca…

Tu aspecto externo será así reflejo de tu ideología: cambiante, actual y con estilo.

Estilo de vida
Debes vivir en un adosado. Si te has criado en un barrio periférico abandónalo lo antes posible, y vete a vivir a una buhardilla del centro hasta que puedas pagarte el adosado. Ser un chaval de barrio es incompatible con ser Moderno.

Debes estar al tanto de todas las tendencias actuales en decoración, moda, ocio y lo que haga falta. Afortunadamente, para eso tienes EPS (antes conocido como El País Semanal) y EP3. Ahí tienes toda la información que necesitas para estar al día. Si quieres rizar el rizo demostrando tu capacidad intelectual, puedes comprar libros y leerte la contraportada y la crítica de El País. Si prefieres no tirar el dinero, puedes leer la contraportada en Crisol y no comprar el libro.

En tus vacaciones, ni se te ocurra ir a Benidorm, o a cualquier otro sitio igualmente masificado. En función de tu presupuesto, puedes optar por el turismo rural, los viajes por Europa o los destinos exóticos. Procura que en el viaje haya un componente “etnocultural”: haz fotografías a algún monumento o a algún paisano pintoresco. Todo esto reforzará tu imagen a la vuelta.

Acostúmbrate a comer pescado crudo. Si lo mezclas con arroz y salsa de soja picante no es tan difícil. No saber distinguir un sushi de un sashimi minará tus posibilidades de éxito.

Escribe un blog. Esto es absolutamente imprescindible si quieres triunfar. No hace falta que sea original, basta con que sigas a los “top Bloggers A” de la cuerda, y escribas lo mismo que ellos con otras palabras. Ni siquiera es preciso que actualices muy a menudo. Basta con que puedas decir “tengo un blog”.

Si te gusta el deporte, las mejores opciones como aficionado son el baloncesto y el atletismo. Para practicar, el esquí. Nunca te acerques a menos de cinco metros de un palo de golf. El golf es de fachas.

Otras lecciones del Manual para Progres:
Como ser un Radikal
La apariencia
Economía II
Economia
El terrorismo

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Que aprendan creacionismo

Uno de los argumentos que se usan para defender la asignatura de Educación para la Ciudadanía es que los padres no tienen un derecho absoluto sobre la educación de sus hijos. Lo han sostenido, por ejemplo Savater o Marina.

Según ellos, permitir que los padres decidan sobre la educación de sus hijos puede llevarles a educar en “contravalores” como la violencia, el sexismo o el racismo. O puede haber, como en Estados Unidos, padres que quieran que sus hijos aprendan creacionismo en lugar de la teoría de la evolución de Darwin. El Estado, por el contrario, garantizaría una educación en la que solo se aprendieran valores auténticos y solo se enseñara ciencia verdadera.

Yo, modestamente, sostengo lo contrario: los padres (y no el Estado) tienen el deber de educar a sus hijos. Y tienen el derecho de elegir los valores que quieren transmitir a sus hijos. Incluso si eligen el creacionismo, el racismo y la homofobia. Argumentemos:

1. El Estado es ineficaz enseñando
Ejemplo: aunque en teoría en nuestros colegios se enseña la evolución darwinista, lo cierto es que la mayor parte de las personas son lamarquistas. Es decir, lo que los niños aprenden en el colegio es una explicación de la variabilidad de los seres vivos tan equivocada como el creacionismo. Así pues, ya que los niños van a aprender teorías erróneas, ¿por qué no van a poder los padres elegir qué teorías erróneas quieren que aprendan sus hijos?

2. El Estado enseña ideas acientíficas
Por ejemplo, el marxismo, que sigue (camuflado de buenismo) en muchos textos sobre economía. O un ecologismo animista. O una política que consiste en la aceptación (o la exaltación) acrítica de las estructuras de poder actuales.
Sinceramente, prefiero ser yo el que elija qué ideas indemostrables e irracionales deben aprender mis hijos.

3. El Estado quiere menos a mis hijos que yo
No es muy difícil, porque el Estado no tiene sentimientos. Pero también tiene menos interés en su futuro que yo. Yo quiero que tengan éxito en todos los órdenes de la vida, y dedico una buena parte de mis recursos a ello. El Estado se limita a procurar que sean buenos ciudadanos, que paguen sus impuestos y no cuestionen su poder.
Por tanto: ¿quién tiene más interés en que mis hijos tengan la mejor educación posible, el Estado o yo? ¿quién es más fiable, por tanto, como controlador de la calidad de la educación que mis hijos reciben: yo que tengo un interés extremo y directo en ella o un grupo de funcionarios que cobrarán sus sueldos independientemente de lo que hagan mis hijos en el colegio?

4. El Estado educa en contravalores
¿Hay padres que educan en el racismo, el sexismo o el odio? Sin duda. De no ser así no habría antropoides nacionalistas que agredieran a los políticos del PP, por ejemplo. ¿Educar a los niños en un colegio es un antídoto ante esto? Los hechos demuestran que no es así. Es más, incluso hay casos en los que los niños aprenden en el colegio a abusar de sus compañeros, y a hacerlo con impunidad.
Los casos de padres que voluntariamente educan a sus hijos en el odio son extremadamente raros. Los casos de colegios en los que la relajación de la autoridad y la ampliación de la enseñanza obligatoria producen un ambiente en el que se fomenta la violencia son demasiado frecuentes. ¿Debemos cerrar todos los colegios porque hay casos de acoso escolar? No, pero por la misma razón tampoco debemos limitar el derecho a la educación de los padres porque haya casos de educación en contravalores.

5. El Estado es irresponsable
Savater utiliza el ejemplo de los testigos de Jehová (que no aceptan la donación de sangre) para demostrar que los padres no tienen derecho absoluto a educar a sus hijos en sus creencias, porque pueden causarles un perjuicio objetivo. Sin embargo, si la educación en unos valores determinados determina la supervivencia de un niño, el padre que le ha educado es responsable de ello, y si es preciso responderá por ello ante la justicia. Por tanto, habrá muy pocos padres cuyas creencias sean tan fuertes como para asumir un perjuicio objetivo para el niños y la responsabilidad penal aparejada.
El Estado, por el contrario, puede educar en valores que también sean perjudiciales para el niño, pero jamás será responsable de las consecuencias que esta educación tenga en el niño. Puede, por ejemplo, educar en una moral sexual que relativice el riesgo de contraer enfermedades. Puede, cosa harto frecuente, educar al niño en la dependencia de un Estado-nodriza en lugar de estimular su responsabilidad, lo cual tendrá incidencia en sus posibilidades de éxito profesional y económico. Pero jamás tendrá que responder por una gonorrea, un embarazo adolescente o un oficinista mediocre que podría haber sido un empresario de éxito.

6. La educación en lugares ad-hoc es un constructo de nuestra sociedad
Los niños han aprendido de sus padres desde que el hombre es hombre, y aun antes. Llevarlos a un lugar concreto para que unas personas concretas les transmitan conocimientos es algo que solo a partir del siglo pasado ha sido generalizado, y no en todas las sociedades. Ese derecho del Estado a educar, por tanto, sería un derecho que no habría existido hasta hace apenas cien años. Es más sería un derecho que solo disfrutarían los estados soportados por una sociedad lo suficientemente rica como para prescindir del trabajo de los niños durante años y pagar además a una categoría de profesionales dedicada a la educación. La educación existía antes que los estados, y existirá después si en el futuro las sociedades se organizan sin estados. Difícilmente puede ser, por tanto, un derecho de éstos.

7. Ceder la educación al Estado la hace peor
Educar, en realidad, es algo tan natural como el comer. El niño es educado en casa, sean o no los padres conscientes de ello, lo quieran o no. Pero si creen que el Estado es el que educa a sus hijos, la calidad de la educación que se recibe en casa será sin duda peor.
Si creo que el Estado es el que transmite la cultura a mis hijos, jamás les llevaré a un museo. Si creo que el Estado es el que enseña valores, no me molestaré en explicarles lo que está bien o está mal. Si creo que el Estado es el responsable de transmitirles conocimientos, no me molestaré en comprobar que saben multiplicar, escribir o leer. Sin embargo, también en ese caso los niños aprenderán de nosotros, pero aprenderán contravalores como los que tanto temen Marina y Savater.
Saber que esos pequeñajos nos tienen como modelo nos obliga a comportarnos mejor y a ser mejores para que ellos también lo sean. Pero atribuir la responsabilidad al Estado nos permite relajarnos. Y nuestros hijos aprenderán a “descansar” viendo telebasura, a procurar el mínimo esfuerzo, a evitar responsabilidades…

En resumen, si un padre quiere educar a sus hijos en ideas absurdas como que la Tierra se queja por nuestro mal comportamiento, que en África son pobres porque nosotros somos ricos, o que las estrellas influyen en nuestro destino, tiene todo el derecho a hacerlo (y el deber de asumir las consecuencias). El que no tiene derecho a educar a mis hijos en esas ideas, ni en ninguna otra que yo no apruebe, es el Estado.

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Ley y moral

Una de las características de los progres es su visión de las leyes como canon para definir lo que es moralmente correcto. Siempre, por supuesto, que la ley haya sido aprobada por un gobierno de izquierdas.

Aviso: como voy a hablar de derecho, advierto que lo único que he estudiado de derecho es un poco de Administrativo. Pero la ignorancia de una materia nunca ha sido impedimento para que bloggers o tertulianos pontifiquen sobre ella, así que yo no voy a ser la excepción. Ya vendrá Emilio a corregirme, si es preciso.

Hay algo que se conoce como “ley natural“, y que viene a ser el conjunto de normas que el ser humano debe cumplir por el hecho de serlo. No matar, no robar, no cometer incesto son ejemplos de este tipo de normas. Las personas religiosas son iusnaturalistas casi por imperativo: creen que esa “ley natural” está dictada por dios. Pero también hay quien defiende el derecho natural desde postulados basados en la razón.

Los socialistas son positivistas: para ellos no existe la ley natural. Lo que el parlamento aprueba se convierte automáticamente en patrón de conducta. Lo cual encaja perfectamente con su visión del mundo: un socialista cree que puede cambiar la sociedad desde el gobierno. Cree que una “Ley de Violencia de Género” es una solución para la violencia de género. Cree que una “Ley de Matrimonio Homosexual” genera derechos para los homosexuales.

Por eso promueven la “Educación para la Ciudadanía”, y no entienden que alguien pueda tener objeciones. Es una ley, y por tanto no sólo es correcta, sino que define lo que es correcto. Oponerse a ella, y más aún objetar, es inaceptable desde el punto de vista moral.

Las únicas excepciones son las leyes aprobadas por gobiernos de derecha, que por su origen impuro nacen faltas de legitimidad. Así, un socialista puede hablar de “decretazo” sin el respeto reverencial que sus propias leyes le imponen, o aceptar la objeción de conciencia a un servicio militar obligatorio “franquista” mientras la niega a una ley de despenalización del aborto aprobada por un gobierno socialista.

Por el contrario un liberal, sea o no creyente de cualquier religión, es iusnaturalista. Cree que el derecho a la libertad y a la vida están por encima de las leyes que pueda aprobar el parlamento, y cree que tiene el derecho e incluso la obligación de oponerse a esas leyes si menoscaban estos derechos.

El liberal sabe que no tiene todas las respuestas. Sabe que todas las empresas humanas son defectuosas, y las leyes no son una excepción. El liberal no busca, por tanto, crear una nueva realidad desde la ley, sino definir las reglas de un partido cuyos jugadores son los ciudadanos y no los gobernantes. Y sabe que las reglas tendrán que cambiar según cambie el deporte al que estén jugando los ciudadanos en cada momento.

Hay algo más profundo aún en todo esto. Hay quien se mofa de dirigentes como Bush riéndose de que que “hable con Dios para consultarle sus decisiones”. Yo no. Bush, o cualquier dirigente que crea en un ser superior, sabe que tiene un límite externo a su poder. Pero un político que cree que las leyes son las normas morales superiores, no tiene más límites que su capacidad para crear esas normas.

Y eso no da risa, sino miedo.

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