Diarios de las Estrellas

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Archivo para 06/2008

Los intermediarios nos roban

Es uno de los temas recurrentes de la izquierda: el meme de que los intermediarios nos roban (a nosotros y a los agricultores), porque la fruta en la tienda es mucho más cara que en el campo. Para muestra, la viñeta de “El Roto” en El País que reza así:

En origen costaban diez, en destino ciento quince, entremedias nadie los tocó: milagro económico.

Y lo sería, si no fuera mentira. Las comparaciones entre el precio del kilo de fruta en el campo y en la tienda parten de la base de que son lo mismo. Para nada:

  • Primero, el kilo de fruta original está en el campo. El Roto podría comprarlo a diez si se tomara la molestia de ir a Lérida a comprar sus melocotones, a Huelva a comprar sus fresas y a Valencia a comprar sus naranjas. Pero aún suponiendo que El Roto tuviera tiempo entre dibujo y dibujo, probablemente el gasto en transporte superaría la diferencia de precio entre origen y destino.
  • Segundo, al agricultor no le compran kilos sueltos, sino decenas, cientos o miles de ellos. Si El Roto prueba a decir en su tienda que la semana que viene va a comprar doscientos kilos de melocotones, ya verá como no se los cobran a ciento quince.
  • Tercero, los melocotones que compra El Roto no solo están en su ciudad, sino en la tienda que a él le resulta más cómoda. Si El Roto quiere comprar su fruta a ochenta o noventa, en lugar de a ciento quince, no tiene más que levantarse a las cinco de la madrugada, ir a Mercamadrid (o equivalente) y comprarse allí su caja de fruta. Nadie se lo impide.
  • Ya en Mercamadrid, puede elegir además el precio de su caja de fruta. Los compradores lo hacen: a primera hora llegan El Corte Inglés y las fruterías “selectas”, se llevan lo mejor y lo pagan caro, porque lo venderán más caro. Poco a poco el precio y la calidad van bajando, y a última hora llegan las monjas a comprar para sus albergues y los gitanos a comprar para sus mercadillos. El Roto puede decidir si quiere fruta perfecta a ciento treinta, fruta normalita a ciento quince o fruta pequeña y un poco picada a noventa.
  • Además de los que transportan la fruta hasta la ciudad, los que la venden en mercados centrales y los que las llevan a las tiendas, también la “tocan” los fruteros. Esos que pagan un puesto en el mercado (o construyen un gran centro comercial), y pagan la luz, y el agua, y el sueldo de las personas que trabajan para ellos, y hasta los impuestos. Poner un kilo de fruta en un mostrador para que El Roto la compre también le cuesta lo suyo al frutero, aunque El Roto no sea capaz de verlo.
  • Por último: los fruteros también hacen una selección final, tiran las frutas que están dañadas e incluso a veces las empaquetan en cómodas bandejas ya pesadas y etiquetadas. Una bandeja con un kilo de melocotones no es lo mismo que un kilo de melocotones recién salido del árbol, entre otras cosas porque hace falta más de un kilo de melocotones “de árbol” para producir un kilo de melocotones “de bandeja”.

Por otro lado, si en realidad El Roto cree que hay alguien que “gana ciento cinco” por no hacer nada, él puede competir ofreciendo lo mismo por noventa y cinco. Seguro que tiene éxito, y todavía tiene un amplio margen para forrarse. Y si El Roto no quiere mancharse las manos haciendo el juego al maldito sistema capitalista, al menos debería plantearse por qué no hay algún empresario explotador y codicioso que se aproveche de ese margen abusivo para vender un poco más barato y hacerse con el mercado.

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Yihad, terrorismo y guerra

Memetic Warrior ha escrito lo mejor que he leído últimamente sobre el terrorismo, la guerra y la Yihad. No os lo perdáis. Y ya que pasáis por allí, leed también el post sobre los derechos de los anfioxos.

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Es la libertad de expresión, estúpidos

Hoy es otro día de esos en los que los ciudadanos cedemos otro paso ante los poderosos. Lo triste es que incluso supuestos liberales han dicho en Red Liberal algo así como “es que Federico Jiménez Losantos se excedió”.

A ver si nos enteramos, mentecatos: en un país libre, deberíamos tener derecho a decir lo que nos diera la gana de cualquier político. Incluso si fuera mentira. Incluso si fuera una calumnia. Incluso si se expresara en forma de insulto. El poder del Estado sobre nosotros los ciudadanos es tal que cualquier factor de contrapeso siempre será insuficiente.

A Gallardón le hemos dejado el poder sobre cientos de hombres armados, tiene el poder de entrar en nuestras cuentas bancarias para quitarnos dinero de ellas, y tiene el poder hasta de imponernos cómo y dónde podemos construir o reformar nuestra casa. Y ese tipo, con ese inmenso poder, hoy ha conseguido además limitar hasta dónde podemos llegar en nuestras críticas a su discurso político.

Critiqué la censura a la caricatura de la revista “El Jueves” , aunque no haya comprado la revista en mi vida ni comparta sus planteamientos. Porque se trata de ellos o nosotros. Se trata de si podemos admitir límites en nuestra crítica al Gobernador.

En el momento en el que admitimos que un político pueda impedir por la vía penal que un periodista le critique como mejor le parezca, nos hemos cargado la libertad de expresión. La juez, para justificar lo injustificable, afirma que la Constitución no ampara la “libertad de insulto”. Yo no lo sé, porque no soy jurista. Sí sé que otro juez ha admitido que está amparada la libertad de insulto de Rubianes, por ejemplo. Y sé que nada malo les pasa a los que insultan a los políticos dederechas llamándoles franquistas, o a los que acusaron a Zaplana de corrupto, o al hermano del ministro que escribió que a Alcaraz le había tocado la lotería cuando asesinaron a sus familiares.

Y es que, no se engañe nadie, la sentencia de hoy sentará precedente para evitar que los periodistas insulten. Seguirán insultando impunemente los que ataquen a la derecha, a los católicos, a las víctimas del terrorismo. La sentencia de hoy solo sirve de precedente para los que “se excedan” en sus críticas al poder.

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Solidaridad con el aborto

Supongamos que se crea una ONG para facilitar a las mujeres inmigrantes sin recursos el acceso al aborto.

Supongamos que esa ONG explica que como las mujeres inmigrantes tienen menos ingresos, y en la sanidad pública hay médicos hipócritas que se niengan a practicar abortos, ellos los hacen gratis o por un precio asequible para las inmigrantes.

Supongamos que la ONG hace una campaña publicitaria para conseguir donaciones, y convence a feministas, ministras de cuota, artistas comprometidas y comprometidos… Gracias a esas donaciones puede abrir más clínicas y ayudar a más mujeres inmigrantes a evitar los hijos no deseados.

¿Tendríais algo que objetar a esta ONG?

Ahora, suponed que el fundador de la ONG es un racista. Un racista tan radical, que ha decidido que una manera de luchar para que en el futuro España no sea un país de “negros, moros e indios” es fomentar los abortos de niños de inmigrantes.

Sabiendo esto, ¿vuestra respuesta a la pregunta anterior sería la misma?

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