La libertad de expresión incluye mentir e insultar
Argumentan los defensores de las sentencias contra Federico Jiménez Losantos que la libertad de expresión no debe usarse para mentir o insultar. No es lo mismo una cosa que otra, pero si queremos tener libertad de expresión debemos admitir ambas.
La libertad de expresión debe amparar la mentira
Verdad o mentira no son absolutos. Lo que hoy es algo comúnmente aceptado mañana puede ser unánimemente rechazado. ¿Qué pasaría si dentro de cinco o diez años se prueba que el calentamiento global no se está produciendo, o no se debe al CO2? ¿Deberían todos los medios que lo defienden hoy ser multados? ¿Debe ser multado hoy un medio que hace veinte años publicara un artículo defendiendo la necesidad de pactar con la URSS porque el comunismo era imposible de derrotar?
Habrá quien sostenga que los medios que publican según la creencia general no mienten, aunque se equivoquen. Pero eso supone que solo es sospechoso el que discrepa. Si seguir la corriente de pensamiento dominante sale gratis, ¿quién se va a atrever a la heterodoxia?
¿Y el que miente impúdicamente, consciente de hacerlo, por su propio interés? ¿el que niega el Holocausto, por ejemplo? Pues debe permitírsele hacerlo. Otra cuestión será el crédito moral que merezca tal persona. Y será tarea de los honestos explicar la verdad, para evitar que la propaganda tenga éxito.
Ese es el juego de la libertad de expresión.
La libertad de expresión debe amparar los insultos
El concepto de insulto también es resbaladizo. ¿Es “bobo solemne” un insulto? ¿Lo es “tahúr del Mississippi”? ¿Podemos decir que tal político es lerdo pero no decir que es tonto del culo? ¿Se puede decir que un periodista es lenguaraz pero no se le puede llamar hijoputa? ¿Es lícito decir que esa actriz es fea pero no lo es decir que es una zorra?
Salvo que la RAE, o el CGPJ elaboren una lista de epítetos admisibles, lo lógico es admitir cualquier cosa. Los más duchos en el arte del insulto serán capaces de irritar a sus contrarios, y los más torpes se tendrán que conformar con las palabras gruesas que por genéricas no hacen tanto daño.
La peor manera de herir a una persona con la palabra no es insultándola, sino acusándola de delitos o actos moralmente reprobables. Para estos casos debería quedar reservado el “derecho al honor”, no para impedir que alguien llame a otro lameculos o mamporrero.
Porque es imposible para un juez decidir objetivamente sobre algo tan subjetivo como la capacidad lesiva para el honor de epítetos como “carcalejos”, “facha” o “talibán de sacristía”, de modo que en esa tesitura otra vez acaba perdiendo el más débil, el que va contra corriente, el que más necesita la protección de la libertad de expresión.
Temas: jimenez losantos, Justicia, libertad, sentencia
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11 comentarios
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No, la libertad de expresión no puede usarse para mentir. La Constituión circunscribe el derecho a la información a la veracidad. Como puedes observar, la Constitución no dice “verdad”, porque es consciente de que verdad/mentira no son absolutos. Pero ello no implica que se pueda decir públicamente cualquier cosa con “temerario desprecio por la verdad” (como dice el Código Penal). Además ten en cuenta que una difamación afecta al derecho al honor del agredido pero, aunque éste no existiese, podría vulnerar su derecho a la integridad moral.
En cuanto a los insultos, podría estar de acuerdo contigo, pero como el Código Penal sólo castiga los insultos graves y emitidos con publicidad suficiente para ocasionar un daño, pues casi que me quedo con la regulación del CP.
A añadir a lo que doctamente puntualiza Mario: mentir se puede. Eres libre de mentir todo lo que quieras. Lo que no tiene pase legal es mentir para perjudicar a una persona en concreto, con nombres y apellidos.
En cuanto a los insultos, sirve también lo que dice Mario.
Ah, y una cosa más: no sé por qué os centráis tanto en el “Carcalejos”. La ristra de insultos de Losantos hacia Zarzalejos era enorme.
La lección es clara. Los progres pueden insultar, los demás tendrán que vérselas con la ley si se les ocurre protestar. Lo ha dicho Bemejo. El pravda se harta de insultar a todo el que se mueve con lo peor y no con latiguillos sobre la escasa capacidad lectora. Y no pasa nada.
Llevarle la contraria a los progres es peligroso. Mejor dicho y parafraseando a Losantos, lo que les molesta a los progres y les saca todo lo fascista que llevan dentro no es que haya contestones, es que la gente los escuche.
A Carcalejos no lo insultaba, se mofaba de él. La derecha cuando ataca de manera efectiva lo hace provocando risa. La izquierda provocando odio.
Mario, te agradezco la precisión, pero yo no hablo de lo que es legal, sino de lo que debería ser. Ya se que tanto la Constitución como las leyes no son como a mí me gustaría que fueran.
Por ejemplo, citas que el CP habla de “temerario desprecio”. ¿Quién decide si hay desprecio por la verdad? ¿y quién decide si es temerario?
Pongo un ejemplo: en un programa de “La Noria”, un señor de pelo blanco y cejas negras acusó a Jiménez Losantos de preguntar a Soraya si se acostaba con su pareja. Los tertulianos presentes reaccionaron indignados por tamaña intromisión en la intimidad de la joven política.
Lo cierto es que lo que le preguntó Jiménez Losantos es “si se había reproducido ya”. Es decir, si tenía hijos. Lo cual tal vez no es una manera de preguntar muy elegante, pero no es lo que se dijo en “La Noria”.
¿Puede FJL demandar a “La Noria” por su “temerario desprecio a la verdad”? ¿Le causó daño a FJL que le acusaran en televisión de decir algo que no dijo?
Nuestro lenguaje es tan rico que permite afirmar que ni verdad ni mentira son absolutas. Tan rico que permite declarar culpable al ex-presidente Aznar de la actual crisis económica. Tan rico que el que miente, según el caso, es loado o como poco perdonado tan fácilmente como el que se pone o quita un sombrero.
El caso es que al final la mentira hasta se acepta, se da por sentada entre la clase política (por ejemplo), se asume como parte de la filosofía de la vida, etc. Y la verdad, que habitualmente no gusta, es la castigada. De hecho, se pueden citar más casos de beneficiados por mentir que por justo lo contrario.
Pero el problema es ese precisamente: si yo llamo mentiroso al presidente Rodríguez (motivos no faltan, que quede claro), podría ser castigado. Si digo que es el mejor Presidente del Gobierno que nunca hemos tenido, además de mentir y quedar impune tanto moral como penalmente, puede que hasta me regalen una concejalía por ahí…..
Y, por favor, las relatividades… para el tiempo.
Saludos.
Y mientras tanto,el inconstitucional estatuto de cataluña,esperando como sopla el viento,para sacarlo adelante.Directos a la destruccion con buena cara.
Di que si, todos somos Rubianes.
Libertad de expresion ya! Me cago en Espanya!
Nuestra legislación no castiga la mentira, sino que el periodista publique una falsedad sobre alguien sin haberla contrastado antes -o sea, sin cumplir el requisito de “veracidad”-.
Saludos.
PS: me parece hilarante eso de considerar a Losantos como el “débil”. Llega a ser el “fuerte” y los insultados, difamados y calumniados por este señor no lo cuentan…
Me parece que fue Johann Peter Hebel quién en su tiempo contó la siguiente anécdota:
Un vecino, harto del daño que le causaba constantemente un vago, conocido por hurtar, y por estafar a las personas (si bien nunca nadie pudo probar algo en concreto contra el mismo), lo acusa públicamente (había tomado algunos tragos por demás) de ser estafador. Por lo que el vago ofendido lo lleva ante los tribunales, acusándolo de calumnia. El juez,luego de escuchar los argumentos de las partes, condena al acusado a que pida disculpas al ofendido, y le pague un táler de indemnización. El condenado, ante tal situación pregunta al juez, si sería un insulto, llamar a un estafador de “hombre honesto”; a lo que el Juez responde que no; por lo que pide disculpas al ofendido, diciéndole: Discúlpame, “hombre honesto”, por haberte dicho estafador, “hombre honesto.
Por lo que resulta evidente que no son las palabras que representan el insulto, sino el contexto en que son dichas; explico mejor: el término de “hijo de puta”, puede ser considerado:
*Hecho verdadero: cuando el afectado es hijo de una prostituta.
*Injurioso: cuando sin importar el contenido de las palabras, fueron dichas al sólo efecto de insultar.
*Elogio: cuando referidos por ejemplo de un jugador de fútbol, que marcó tres goles en un partido, y un aficionado afirma: “como corre este hijo de puta”.
En todo caso no se puede olvidar que la ofensa puede causar más daño que un hurto, o un robo; en casos extremos, el daño moral e económico llega a tal punto que hace preferible la muerte. Por lo que, quién defiende el derecho a mentir para dañar a otro, debería ser castigado con ofensas públicas, continuadas, por todos los medios de comunicación, a ver si le gusta.