Diarios de las Estrellas

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Comandos incontrolados

Hace muchos, muchos años, en un país en el que empezaban a aparecer señales de libertad en el horizonte, Forges dibujaba esto:

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En aquel tiempo, no era la extrema izquierda sino la extrema derecha la que agredía impunemente a los que pensaban diferente. No era la juventud alegre y combativa la que quemaba librerías, sino los jóvenes de familias bien de toda la vida. Hubo incluso algún escándalo cuando pillaron en plena faena al hijo de un ministro, creo recordar.

El caso es que, en aquélla época, no solo Forges pensaba que esos comandos “incontrolados” estaban perfectamente controlados por un gobierno que se resistía al cambio de régimen. Y probablemente no les faltaba razón a los que pensaban así.

Ahora volvemos a tener “grupos incontrolados” que atacan a los que piensan diferente.

Y yo no puedo evitar pensar que en algún despacho de algún ministerio, un alto cargo tal vez esté diciendo algo así como “Que no; menos botellón y más peperos”.

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Vientos del pueblo

Tiene razón López Garrido: ayer los manifestantes nos apropiamos de un himno. Sólo que no era el himno nacional. Sobre las cuatro y media, cuando cruzaba el Retiro en dirección a la puerta de Alcalá, me sorprendió oír “Para la Libertad”, de Joan Manuel Serrat. Después le siguió “Libertad sin ira”, “Mi querida España” y “Vientos del Pueblo”.

Oír “Vientos del Pueblo”, en ese contexto, me emocionó (yo es que en el fondo soy un sentimental). No cantaba esa canción desde hace 20 años. Desde los tiempos en que alternábamos cantar “Vientos del Pueblo”, o el “Himno a la Libertad” de Labordeta, o tantas canciones de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés (”Vivo en un país libre”, ¡qué ironía!) con las manifestaciones contra las bases americanas, por el Sandinismo y contra Reagan. Desde los tiempos en los que, pobre de mí, creía que la libertad llegaba con las revoluciones.

Hace viente años que no oía esa canción, ni tantas otras canciones “urgentes y necesarias”. El padre del progre se quejaba hace poco más de un año de eso mismo:

A Hernández parece que se le ha pasado aquel momento de gloria de los años setenta y ochenta, al que le encumbraron las canciones de Paco Ibáñez y de Joan Manuel Serrat y sobre todo los vientos del pueblo del final del franquismo y de los primeros años de la transición. Ahora creo que se le lee poco y se le edita menos, que nadie le pone música y que los vientos del pueblo están no diré en calma sino totalmente apagados.

¡Alégrate, Arsenio! Ayer resucitó Miguel Hernández. Ayer volvieron a soplar los vientos del pueblo. Y es que, al final, va a resultar que Miguel Hernández tenía razón:

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

Desgraciadamente, hay demasiados bueyes en España. Pero ayer estuvimos los leones, las águilas y los toros para decir “si me muero, que me muera con la cabeza bien alta”. Y que, si hace falta, esperaremos cantando a la muerte, pero no aceptaremos un yugo. Ortega Lara, ese toro con garras de león, decía el otro día en la entrevista que le hizo Sánchez Dragó: “le dije a Aznar que entendía que no hubiera cedido al chantaje”. Contra hombres así, ¿qué pueden las serpientes etarras y los bueyes socialistas?

No, ayer no les arrebatamos el himno nacional, como afirmaba quejoso López Garrido. ¿Cómo vamos a quitarles el himno si nunca lo han querido? ¿Si hoy mismo mentía burdamente afirmando que la ley prohíbe interpretarlo salvo en situaciones perfectamente tasadas? Ellos son los que durante décadas han conseguido quitarnos el himno, y la bandera, a todos. Ellos los que todos estos años han llamado facha a cualquiera que llevara los colores rojo y amarillo. ¿Y ahora se quejan cuando los ciudadanos decentes empezamos a asociar el himno y la bandera con los valores constitucionales y con la defensa de la libertad?

Diego, traidor contumaz, buey subyugado, ayer no sólo perdisteis la bandera nacional, sino también la causa de la libertad y la dignidad. Ayer quedó claro que ya no podéis cantar “Vientos del Pueblo” como cuando erais jóvenes. Se os ahogaría la voz al tener que recordar que son españoles los catalanes de firmeza o los vascos de piedra blindada, al reconocer que ya sois incapaces de despreciar a la muerte cantando como ruiseñores.

Ayer los españoles que no admitimos un yugo supimos que ese himno nacional que durante tantos años habéis querido que fuera cosa de fachas es ya un himno de libertad. Y supimos que, por españoles, si morimos moriremos con la cabeza bien alta y dejaremos los yugos rotos sobre vuestras espaldas. Y que vuestro tiempo se acaba:

Crepúsculo de los bueyes,
está despuntando el alba.

Nota: Para los despistados, aquí tenéis la letra del poema de Miguel Hernández.

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Entre democristianos y socialdemocratas

Ya han aparecido dirigentes del PP criticando a quienes les han abandonado para votar a Ciudadanos. Aparte de los argumentos de Rajoy, que son la guinda que me faltaba para confirmar mi post anterior, surge la pregunta de cómo votar a un partido de izquierdas, con un programa intervencionista en cuestiones como la educación.

Pues señores, porque no son mejores en el PP. El argumento de Arenas para justificar el CAC andaluz es defender a los niños y la libertad de expresión. Mire, señor Arenas, para defender a los niños andaluces ya están sus padres. Y la libertad de expresión se defiende quitando sus garras de encima, no con intervención política.

En el PP, junto a políticos liberales, hay multitud de conservadores y democristianos, con los que no comparto muchas ideas. Si he votado al PP no es porque me satisfaga todo su programa ni su praxis, sino por ser el mal menor.

Ahora parece que podré elegir entre socialdemócratas y democristianos. Ambos intervencionistas y amigos de aplicar sus criterios morales a toda la sociedad. Ninguno será mi opción favorita, pero podré votar a uno o a otro en función de sus candidatos y sus planteamientos concretos. Vamos, como si esto fuera una democracia anglosajona.

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La felicidad

Happiness is a warm gun, cantaba John Lennon. Yeah, watever. Yo no soy quién para contradecir a Lennon. Y es que no es fácil saber en qué consiste eso de la felicidad, ni si es lo mismo para todos. Los sabios que escribieron la constitución de los Estados Unidos proclamaron el derecho a buscar la felicidad, no el derecho a la felicidad.

Por supuesto, esto no es obstáculo para que una ONG haya creado un índice de felicidad por países. Un índice en el que Estados Unidos sale muy mal parado (150 de 175) y en los primeros puestos están Vanuatu (1º), Colombia (2º) o Cuba (6º). Para calcularlo, no les basta con preguntar a la gente si es feliz, sino que utilizan, además de la expectativa de vida y un “índice de felicidad”, algo que llaman “huella ecológica”. Combinando las tres variables es como les sale su índice.

Cualquier persona sensata, ante estos resultados, diría: “nos hemos equivocado. Nuestro índice es una gran cagada. Vamos a rehacerlo.” A ver si no cómo explicas que los cubanos huyan por millares del paraíso de felicidad en el que viven y se jueguen la vida entre tiburones para llegar al infierno estadounidense.

Aunque a lo mejor el índice no es una chapuza, sino el reflejo exacto de los prejuicios de los “economistas” que lo han elaborado. Veamos qué dice Nic Marks, uno de los autores:

El objetivo del índice era demostrar que el bienestar no tiene que estar ligado a niveles altos de consumo.

Me lo temía. Partiendo de la base de que “el dinero no da la felicidad”, han hecho un índice según el cual los habitantes de países subdesarrollados son felices por definición.

Un día de estos voy a hacer un índice de desfachatez, en el que ser miembro de una ONG tendrá un plus de 50 puntos.

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Viva San Fermín

El edil de Aralar que dará el chupinazo no gritará hoy «Viva San Fermín» porque es agnóstico.

No. Es gilipollas.

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Soy un extremista

Está bien. Lo confieso: soy un extremista. No sólo escribo por aquí panfletos impropios de una derecha europea y civilizada, sino que además actúo. Ayer estuve en la calle, con unos cuantos fachas de camisa azul y bandera de España, gritando desaforadamente contra el gobierno legítimo de este país.

Hay quien ya se ha dado cuenta del peligro que supone deslizarse por la pendiente del extremismo. Yo, que soy seguramente más primitivo e incivilizado, no puedo evitar responder visceralmente cuando el presidente del gobierno pacta con los asesinos y humilla a las víctimas.

Sí, ya sé que debería seguir el consejo de Bosé, ese que sufrió atrozmente durante la dictadura de Aznar, quien llegó a obligarle a presentar un programa en Televisión Española y a cobrar por ello con la intención de convertirle en un sucio capitalista. Pero ya ven, yo me niego a ser civilizado y moderado.

Yo no me sitúo a medio camino entre las víctimas y sus verdugos: estoy lo más cerca que puedo de las víctimas. No quiero entender las razones de los etarras: quiero que estén en la cárcel, cuanto más tiempo mejor. No quiero llegar a un pacto con Hitler para que los judíos vivan en guetos: quiero que se acabe el nacismo. No creo que la mejor opción entre la libertad y el socialismo sea el “estado del bienestar”.

A mí no me importa estar cerca de unos fachas en una manifestación. Mejor dicho, sí me importa, pero me importa más estar con las víctimas y mostrarles mi apoyo. No me importa si mi actitud conviene o no al PP para ganar más o menos votos. No me importa lo que opinen de mí “las gentes de la cultura” o los progres biempensantes.

Yo amo la libertad, odio a los asesinos, estoy con las víctimas. Sin condiciones. No puedo evitarlo: soy un extremista radical.

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Por qué la izquierda odia a César Vidal

¿Por qué la izquierda odia a César Vidal? Sobre eso trata este artículo en Ace of Spades. Bueno, en realidad no habla de César Vidal, sino de Jeff Goldstein, pero es de aplicación a nuestro entorno.

Unos párrafos:

La izquierda se considera a sí misma educada e ilustrada. No importa cuánta educación real haya tenido un izquierdista en concreto, o cómo sea de estúpida esa persona. Todos se consideran a sí mismos intelectuales. Si abandonaron la universidad después de un semestre, se consideran autodidactas cuyo genio no podía ser estimulado por la enseñanza osificada y burguesa de la academia. [...]

Esta presunción, normalmente totalmente inmerecida, de casi todos los izquierdistas del mundo es lo que hace al izquierdismo tan intoxicador para los intelectualmente inseguros, y lo que hace a los izquierdistas tan fácilmente dirigibles y manipulables. Es un atajo atractivo al equivalente de una educación en el MIT. Simplemente, si crees estas cosas que te decimos que creas, eres uno de Nosotros, uno de la Élite Intelectual, uno de la Vanguardia Cultural. [...]

Así que, si uno quiere concebirse a sí mismo como un intelectual, puede o convertirse de verdad en un intelectual (lo que sinceramente lleva un montón de trabajo y lectura, que suele ser terriblemente aburrida) o uno puede simplemente creer lo que Noam Chomsky le dice.

Desde un punto de vista coste-beneficio, es inmediato. Como dije: una manera fácil de “ganar” el “equivalente” a un título avanzado de CalTech o la Universidad de Chicago. Cree estas cosas, acepta este dogma, adopta estos dioses como tuyos y mantenlos sagrados, y puedes renacer santo y limpio como uno de los inteligentes.

Creo que esto es por lo que los progres se indignan tanto cuando descubren que alguien de su grupo social (a quien han considerado previamente como un ciudadano bueno, normal, universitario y noble) pueda tener puntos de vista conservadores o votar alguna vez a los republicanos. [...]

Si uno es inteligente, uno cree en el progresismo.
Si uno cree en el progresismo, uno es inteligente.

Estos son los dos supuestos que apoyan su sentido de la autoestima, y que son refutados por los ejemplos de gente inteligente que no cree en el progresismo.

Y dado que hay un montón de inversión psicológica personal en el progresismo, reaccionan intempestivamente a su rechazo. No es simplemente una reducción de impuestos lo que se debate; es su mismo sentido de la importancia lo que está siendo atacado. No es simplemente el matrimonio gay contra lo que se argumenta; es su valor como seres humanos lo que está siendo salvajemente denigrado.

Leedlo entero, porque retrata muy bien a cierta izquierda, y explica el odio furibundo que despiertan tipos como César Vidal, y porqué insisten tanto en que “no hay intelectuales de derechas”, y en que las Bardem, Almodóvar o Bosé son “la gente de la cultura”.

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Las contradicciones de la izquierda

Muy acertado Franco Alemán en su comentario sobre Montilla. Pero en realidad esto no es más que otra de las múltiples contradicciones con las que la izquierda vive alegremente. Por ejemplo:

- El partido racista en EE. UU., el único que ha tenido un diputado del Ku Klux Klan, ha sido siempre el partido Demócrata. Lo cual no les impide denunciar el racismo del partido Republicano.

- La religión es una cosa privada, y que nunca deben tenerse en cuenta las convicciones religiosas en la vida pública. Por supuesto, la libertad de expresión es más importante que el respeto a los retrógados y fanáticos religiosos. Excepto cuando se trata de fanáticos musulmanes, a los que sí hay que respetar.

- Todas las opciones políticas son respetables, y no debe demonizarse a una organización como Batasuna, que representa a decenas de miles de votantes. Pero es legítimo firmar pactos que excluyan cualquier posibilidad de acuerdo con el Partido Popular.

- Todas las culturas son igualmente respetables, excepto la estadounidense, que no es una cultura sino una muestra de los extremos de degeneración en los que pueden caer las sociedades capitalistas.

- La paz es el valor supremo a preservar en las relaciones internacionales, y no se debe atacar a dictadores como Saddam Hussein. Pero las guerrilas sudamericanas y los terroristas palestinos deben ser apoyados, porque suponen la lucha justa de un pueblo que busca su liberación, y cualquier acción armada por su parte responde a una feroz agresión previa de los sionistas o los imperialistas yanquis.

- La propiedad privada es un robo, y en todo caso debe regularse mediante impuestos que redistribuyan la riqueza y eviten las desigualdades. Pero los socialistas con pasta participan en sociedades de inversión que gestionan sus patrimonios y evitan que paguen un euro de más en impuestos.

- Todos los votos valen lo mismo y el pueblo no se equivoca, excepto cuando unos incultos fanáticos americanos votan a Bush y no a Kerry.

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Eguibar no es un canalla

A muchos les han chocado las declaraciones de Eguibar en las que definía a ETA como una organización política. A mí no. Eguibar es consecuente: para él la patria vasca es más importante que una vida humana. Exactamente lo mismo que pasa con ETA. La única diferencia es que Eguibar no está dispuesto a matar o a morir, pero el ser un cobarde no le hace mejor ni peor que cualquier etarra.

En realidad, eso de matar por una ideología es relativamente nuevo. Hasta 1793 se mataba por poder, por dinero o por religión. Pero los revolucionarios franceses inventaron algo más que la guillotina: el Terror. Matar a inocentes, a miles de ellos, para conseguir que nadie se atreva ni siquiera a pensar diferente.

Desde entonces, a la izquierda le ha fascinado el poder del Terror, capaz de conseguir lo que no puede un argumento. Cuando lo colectivo prima sobre lo individual, la tribu sobre la persona, es fácil pensar que merece la pena que mueran miles de inocentes si al final se consigue el objetivo: la revolución, la dictadura del proletariado, la patria independiente…

Eguibar no es un canalla, como no lo es Otegui. Simplemente, hablan y actúan según una escala de valores diferente a la nuestra. Es frecuente oír a tertulianos, supuestos analistas políticos, frases como “ETA actúa sin razón”, “ETA hace lo único que sabe, matar”, “no se pueden entender los motivos de una banda de locos”… No es cierto. Cuando mata, ETA lo hace porque sabe que esa vida vale menos que la patria vasca, y que merece la pena que mueran mil y hasta diez mil personas si con eso se consigue el sueño de una Euskadi libre.

ETA mata cuando cree que obtendrá una ventaja política de ello, extorsiona cuando necesita dinero, hace una pintada cuando quiere limitar los movimientos de un concejal españolista. Ninguna acción en ellos es el resultado de la locura. Se pueden equivocar, como pasó con Hipercor o Miguel Ángel Blanco, y no prever la reacción popular. Pero rectifican la táctica y siguen con la estrategia. Del mismo modo que una empresa analiza la rentabilidad de sus líneas de producto, ETA analiza el resultado de sus atentados, potencia los que dan más beneficios y abandona los que generan saldo negativo.

Y lo que está claro es que si han invertido tanto, en muertes propias y ajenas, en años de cárcel, en redes de colaboración, en organizaciones de apoyo, no van amortizar esa inversión si ven que pueden obtener un beneficio.

No sé si todos los que defienden el diálogo con ETA han hablado no ya con un etarra, sino al menos con un batasuno. Yo sí. Yo tengo primos que han sido de Jarrai, familiares que iban a visitar a los presos en autobuses para animarles a seguir en la lucha.

Para los batasunos, igual que para Eguibar, una niña de doce años sin piernas es, en el mejor de los casos, un mal menor, irrelevante en el contexto de la lucha histórica del pueblo vasco. Para los batasunos, igual que para Eguibar, insultar, agredir, hacer la vida imposible a un concejal o a una profesora de universidad está plenamente justificado, porque su presencia activa y libre en el País Vasco es un obstáculo para el advenimiento de la patria vasca.

Para todos ellos, nacionalistas con y sin pistola, ETA no puede acabar pidiendo perdón y entregando las armas. No lo harían ni aunque les ofrecieran la salida de todos los presos mañana mismo. Simplemente, porque para ellos la Patria Vasca es más importante que la vida humana, y más que la libertad inmediata de unos cientos de gudaris. Ya saldrán, y a hombros, cuando Euskadi sea independiente.

ETA y Batasuna lo han dicho siempre alto y claro: su objetivo es una Euskadi independiente y socialista. Y para ellos decir que esa Euskadi incluye Navarra y las provincias del Norte es una obviedad, ni siquiera discutible. Así que si alguno de estos iluminados que anuncian el fin de ETA se tomara la molestia de escuchar lo que de verdad quieren los nacionalistas como Otegui y Eguibar sabría que no hay más alternativa que la derrota policial de ETA.

Cualquier tregua, proceso de diálogo, mesa de partidos o similar servirá para dar un poco de aire a ETA, evitar un tiempo las acciones más escandalosas, arrancar algunas competencias al gobierno central y poco más. Al final llegarán a un punto en el que ETA exigirá la anexión de Navarra, o la de las provincias vascas de Francia, o la independencia total.

Y sólo un bobo de solemnidad creería que a partir de ahora ETA va a luchar por todo esto pacífica y democráticamente. ¿Por qué, si con las armas ha conseguido doblegar al estado opresor español? Tiene todos los incentivos para volver a las pistolas, en cuanto agote las concesiones que este gobierno esté dispuesto a hacer a cambio de la tregua. Se disfrazarán de escisión, como han hecho otras veces, para poder justificar que Batasuna siga en el Parlamento Vasco y en todos los ayuntamientos, y para dar una salida a los mayores, pero volverán a matar.

Porque para Eguibar y para ETA, una Euskadi independiente es más importante que la vida de un ser humano.

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ESR y los memes volk-Marxistas

No os perdais este post de ESR. Sólo un par de párrafos:

Saber que los memes suicidistas nos fueron lanzados como armas de guerra por el aparato de espionaje del más malvado despotismo de la historia humana es en sí mismo liberador. Liberador es, también, caer en la cuenta de que los Noam Chomsky y Michael Moore y Robert Fisk del mundo (y sus miles de imitadores menores en todas las facultades) no son pensadores valientes y transgresores sino patéticos memebots ejecutando el programa de un tirano muerto.

Brittingham y otros se han preocupado acerca de si el izquierdismo posmoderno puede ganar todavía. Si es así, la victoria será corta. Una de las lecciones más evidentes de los últimos tiempos [...] es que el izquierdismo posmoderno es más débil que el individualismo liberal en un aspecto importante; tiene las defensas más débiles contra el fervor absolutista. Brittingham observa que el filósofo posmoderno Richard Rorty cae en la cuenta de que cuando la cháchara de las narrativas tribales en conflicto se colapsa por agotamiento, la única cosa que queda es el deseo de poder.

[...] si el progresismo transnacional realmente tiene éxito y sofoca al individualismo liberal, su recompensa será caer ante la espada de alguna forma de jihadismo. Tanto si los eventuales ganadores son musulmanes o mormones, el futuro no va a parecerse a la difusa ecotopía multicultural de las fantasías de la izquierda moderna. La muerte de ese sueño se está escribiendo en los suburbios europeos por jóvenes musulmanes airados bajo la luz de coches incendiados.

En los suburbios y en todas partes, la presión islamista asegura que antes o después Occidente va a vomitar los memes estalinistas fuera de su cuerpo político. La peor manera será mediante un desarrollo reflejo de absolutismo occidental: chauvinismo cristiano, nativismo y militarismo mezclados en algo semejante al fascismo franquista. Los autoasustados izquierdistas que creen que ven eso en los Republicanos de hoy están cómicamente equivocados (como atestigua el hecho de que no sean sistemáticamente encarcelados y ejecutados), pero es un futuro bastante plausible para las naciones europeas envueltas en un colapso demográfico.

De verdad que es muy recomendable para ver las cosas con perspectiva. Y siempre es agradable para variar leer a alguien que dice “los Diez de Hollywood eran realmente herramientas estalinistas” y “McCarthy tenía razón”.

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