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La hipocresía del funcionario liberal
Por alusiones.
Albert Esplugas plantea en su blog la siguiente pregunta:
¿Qué diferencia hay entre un comunista rico y un funcionario liberal?
Ésta es la pregunta de la semana y las posibles respuestas:
- Ninguna
- El comunista rico es más hipócrita
- El funcionario liberal es más hipócrita
Yo, que soy funcionario y liberal, respondo. Primero, decir que además de ser funcionario, vivo en una casa de protección oficial. Y aprovecho las subvenciones para libros de texto a las que tengo derecho. Y cualquier otra cosa del “estado de bienestar” que me beneficie.
Y no tengo ningún remordimiento de conciencia. ¿Por qué? Porque no puedo hacer otra cosa. No puedo elegir si pago o no impuestos, ni puedo evitar que una gran parte de ellos no vaya destinada a corregir supuestos fallos de mercado o ayudar a los más desfavorecidos, sino que se dediquen al juego de “a ver quién pilla más”.
A ese juego, al que me obligan a jugar, no quiero perder. Otros están encantados de pagar impuestos y vivir en un “estado de bienestar”. A esos, pues, no les importará pagar mi sueldo. El día que una mayoría decida que ya está bien y que vamos a reducir el tamaño del monstruo estatal, estaré encantado de dejar de jugar al juego (aunque sea uno de los ganadores).
Porque si a eso vamos, al juego de beneficiarnos del Estado jugamos todos ¿Es menos hipócrita el liberal que acude a ser atendido por la sanidad pública? ¿el que lleva a sus hijos a un colegio público, o estudia en una universidad pública? ¿el que cobra el subsidio de desempleo? La única diferencia entre el liberal funcionario y el liberal que usa los servicios proporcionados por el Estado es de grado. Pero insisto: si me obligan a jugar, no tengo por qué perder a propósito, cuando puedo ganar.
¿Cuál es la diferencia con el comunista rico? Que a él nadie le obliga a acumular riqueza. Puede repartirla con los parias de la tierra sin que nadie le afee la conducta, le multe o le meta en la cárcel, como me sucedería a mi si dejo de pagar impuestos o decido que no voy a cumplir las normas que atentan contra mi libertad como la obligatoriedad de ponerme el cinturón de seguridad cuando voy en el coche.
El comunista rico podría dejar de serlo y mejorar la vida de unos cuantos de sus semejantes, que tanto le preocupan, pero prefiere esperar a que llegue la revolución del proletariado para que todos estén obligados a hacer lo que él cree que es correcto.
Yo, como funcionario liberal, no quiero imponer a nadie nada. Me parece estupendo que haya mucha gente que crea en el estado de bienestar y quiera aportar casi el 50% de sus ingresos para recibir los beneficios que el estado aporta. No quiero obligarles a que hagan otra cosa. Me bastaría con que me dejaran “desapuntarme” a mí: que pudiera no ser funcionario, no tener vivienda de protección oficial, ni subvenciones, ni sanidad pública ni nada.
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Carne o pescado
Supongamos que quedas a cenar con tres amigos. Cuando os sentáis, Jose Luis coge la carta, mientras Marta y Javier charlan alegremente de lo divino y de lo humano. “¿Pedimos algo de picar y luego un segundo cada uno?” dices, siempre original. Todos de acuerdo. Javier sugiere unos huevos rotos con patatas y jamón, y tú propones los chopitos. Se te va haciendo la boca agua pensando en el chuletón con patatas que pedirás de segundo. Javier se inclina por el cochinillo y Marta, que es de menos comer, se conforma con unas chuletitas de cordero.
Cuando llega el camarero, Jose Luis le pide una ensalada de espinacas para compartir, y merluza con guarnición de verduras de segundo. Para todos. Marta y Javier, que siguen charlando, no se han enterado muy bien, pero tú intentas pedir tu chuletón, los chopitos y los huevos.
“¿Estás loco?”, dice Jose Luis. “Los huevos tienen colesterol, y los chopitos están fritos con grasas que se fijarán a tus arterias para siempre. Y no me hagas hablar del chuletón con patatas, o del cochinillo y el cordero. El pescado y la verdura son mucho mejores para vosotros.”
Así que al final se cena pescado y verdura, y para colmo cuando llega la cuenta, que por causa de la merluza es más elevada de lo habitual, Jose Luis os pide que le paguéis la cena entre los tres, porque él no tiene dinero.
¿Resulta inverosímil que alguien se comporte así?
Pues no es muy diferente lo que hace el Estado. No solo nos dice lo que podemos y no podemos hacer, porque él sabe lo que es mejor para nosotros, sino que además nos quita nuestro dinero para pagar la cuenta.
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Gaychistas y homófobos
No pensaba yo que tendría que escribir sobre los homosexuales y el liberalismo, a estas alturas del siglo diecinue… quiero decir, veintiuno. Pero luego uno lee cosas como esta y se queda de piedra. Para muestra un botón:
Dios no ha diseñado el ano para la introducción sino para la expulsión.
No caben más errores en menos palabras. Y es que si uno cree que Dios ha diseñado todas y cada una de las partes de nuestro cuerpo, y el de los otros seres vivos, tiene que llegar a la conclusión de que Dios es un chapuzas de campeonato. Gasta mucho, se estropea con facilidad, y además caduca.
Por otro lado, lo de los usos para los que Dios diseñó el cuerpo también daría para un post entero. ¿Dios diseñó las tetas para dar de mamar o para hacerlas atractivas a los varones? Es que para lo primero están mejor diseñadas las de las hembras chimpancés, sin ir más lejos, y para lo segundo Dios debería haberlas eximido de acatar la ley de la gravedad.
Pero me lío. Yo no quería hablar de tetas de chimpancés, sino de homosexuales. No voy a entrar a discutir el largo post de nuestro amigo protestante, pero sí quiero aprovechar para decir unas cosillas, y aque el tema parece estar de moda en Red Liberal.
- El matrimonio debería ser un asunto privado, no del Estado. Autorizar el matrimonio de dos amigos del mismo sexo, y conceder con ello el derecho a una pensión al más longevo, supone una discriminación para los hermanos que cohabitan durante años, caso frecuente entre los ancianos.
- Las parejas homosexuales no deberían poder adoptar niños que no fueran hijos de uno de los dos miembros de la pareja, porque debería primar el derecho de los niños a tener padre y madre sobre el “derecho” de los homosexuales a satisfacer su instinto de procreación.
- Ser homosexual es anormal (es salirse de la norma). Lo que no quiere decir que sea bueno ni malo. Tanto si la homosexualidad tiene un componente genético, como si es un comportamiento aprendido, mientras se practique entre adultos que consienten no supone ningún problema para nadie más. Lo que cada uno haga con su cuerpo es asunto suyo y solo suyo.
- Si no hay motivo para aborrecer o despreciar a los homosexuales, tampoco hay motivo para estar orgulloso de serlo, y menos para hacer de ello una forma de vida o un arma para atacar al que discrepa. Leed el artículo de M. Molares sobre los gaychistas.
Dicho de otra manera: si el Estado no se inmiscuyera no cabrían los gaychistas, nadie se enfrentaría por el matrimonio homosexual, y solo seguirían dando la paliza (son irreductibles) los que creen que deben decirles a los demás lo que tienen que meter o sacar de sus orificios corporales.
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Libertad para elegir
En Red Liberal se ha defendido el derecho al aborto sosteniendo que la madre tiene derecho a elegir. Jeff Jacoby plantea en este artículo una pregunta interesante: ¿qué pasa cuando el aborto se utiliza para seleccionar el sexo del bebé?
Por lo que cuenta, hay estudios que muestran que no solo en China o India se usa el aborto para eliminar a las niñas, sino que esta selección sexual se está dando ya en Estados Unidos. Es fácil y barato hacer una ecografía que muestra el sexo del hijo por nacer, y no hay problemas legales para abortar si se comprueba que es una niña y la familia quiere un niño.
¿Es liberal admitir el derecho a seleccionar el sexo de tu hijo por el expeditivo procedimiento de matar al feto con sexo inadecuado?
Se criticó a James Watson por decir que si una mujer debería tener derecho a abortar si puede saber si el hijo que lleva en el vientre es homosexual.
¿Es liberal admitir el derecho de la madre a decidir en libertad si quiere tener un hijo homosexual?
Si habéis respondido que no, pregunto ¿es liberal defender el derecho de la madre a abortar un hijo porque su pareja le abandonaría si lo tuviera? ¿es liberal defender el derecho de la madre a abortar porque tener un bebé perjudicaría su carrera profesional? ¿es liberal defender el derecho de la madre a abortar porque el niño tiene un defecto genético?
El problema de admitir el aborto como un derecho de la madre, es que las madres pueden utilizarlo con sus propios criterios, que no tienen por qué ser políticamente correctos. Pueden usar ese derecho para eliminar homosexuales o niñas, por ejemplo.
El problema, por supuesto, es admitir que se puede eliminar a otro ser humano porque es molesto. Porque a partir de ahí, la definición de “molesto” puede ser muy diferente a la nuestra.
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Ser liberal
Se va uno a la pérfida Albión unos días y a la vuelta se encuentra con que un niñato pedante ha conseguido avanzar en su propósito de que RedLiberal gire en torno a su ombligo. Yo, que ni quiero ni puedo escribir muy a menudo, me voy a tomar la libertad de fusilar lo que ha escrito el comentarista brunelli en el blog de Federico:
Ser liberal, o sea, de derechas es:
Anteponer individuo a grupo
Defender lo bien gestionado frente a lo mal gestionado, esto es, lo privado ante lo público.
Reconocer que la riqueza se crea, no se reparte.
Que hay que ganarse la vida, no vivir a costa de la de otros.
Y que quien crea riqueza no es un apestado al que hay que desvalijar, sino el motor de nuestro mundo.
Que el libre mercado, con garantías y seguridad jurídica, es la única forma de relación entre individuos que no desemboca en esclavitud.
Que la mejor forma de distribuir la riqueza es dejar actuar al mercado libre.
Que los ciudadanos son capaces de tomar sus decisiones, y afrontar ellos mismos las consecuencias tanto cuando aciertan como cuando se equivocan.
Es negar que la sociedad sea la culpable de los desmanes que cometen sus individuos.
Es asumir que el dinero donde mejor está es en el bolsillo del que lo ha ganado que es su DUEÑO. Y que nadie mejor que él sabe como y en que gastarlo. Si lo hace bien, mejor para él, y si no, es SU problema.
Es no poner un impuesto a la hormiga para mantener a la cigarra.
Es NO preferir libros usados gratis en los colegios, a asumir el gasto como padre.
Es NO preferir un mal dentista gratis para los niños, a pagarlo de mi bolsillo como padre.
Es NO preferir ir a un médico gratuito cuyo criterio para prescribir un fármaco o una prueba diagnóstica sea el de los políticos que le pagan.
Es saber que médico, colegio, libros y dentista públicos NO son gratuitos, sino muy muy caros. No que los paga otro por mí, sino que los pago yo OBLIGADO.
Es dejar que tus RESPONSABILIDADES como padre las asuma otro, tanto en los pagos como en la formación de tus hijos.
Es tener claro que no hay nada gratis.
Es preferir la voluntariedad a la obligación.
Es libertad de elección frente a imposición.
Es responsabilidad frente a subsidiariedad.
Es esfuerzo-recompensa, no esfuerzo-castigo.
Es valor-premio, no necesidad-premio.
Es tener principios frente a ser relativista.
Es querer un estado limitado que deje vivir a los ciudadanos.
Es no discriminar a la gente en función de la pertenencia a un grupo.
Es pensar que una mujer es igual, en derechos y obligaciones, a un hombre.
Es estar en contra de la discriminación positiva.
Es que el mérito para obtener un trabajo sea tu esfuerzo y tu formación, y no la renta de tu familia o tu posición social.
Es premiar la capacidad frente a la necesidad o la indolencia.
Y ahora ya, el que quiera que siga discutiendo con el plasta ese sobre la taxonomía de los liberales. Pero advierto: Iracundo pasará, como han pasado otros ¿alguien se acuerda de una hamburguesa que también repartía carnets de liberal desde sus ideas socialdemócratas?
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Mileuristas estafados
El principal motivo por el que el Estado nos quita nuestro dinero en forma de impuestos es poder devolvernos después una parte de él en forma de dádiva. El político se asegura así el agradecimiento del súbdito desinformado.
La realidad es muy otra. Podemos hacer, como ejemplo, el cálculo del dinero que ingresaría un mileurista si no pagara impuestos:
Los impuestos
En la actualidad, el sueldo bruto de un mileurista es de 17.000 euros. De ahí paga 1.088 euros a la Seguridad Social y 2.044 a Hacienda. Así le quedan 990 euros netos para vivir al mes.
En realidad, el mileurista no es consciente de que su empresa paga a la seguridad social otros 5.440 euros. Si la empresa, en lugar de dar el dinero a la SS se lo diera a él, nuestro mileurista ganaría 22.440 euros. Y si no pagara impuestos, esto significaría que cada mes se embolsaría 1.602 euros. ¿Algo más que esos 990, no?
Pero aún hay más. El mileurista no ha terminado de pagar cuando recibe sus 990 euros. Aún tiene que pagar el IVA y otros impuestos. Dependiendo de a qué dedique ese dinero pagará más o menos: si fuma, bebe y tiene coche será mucho más, si solo compra alimentos mucho menos. Supongamos que una buena aproximación es que paga un 15% de impuestos. Esto quiere decir que en realidad tiene 842 euros disponibles cada mes. Es decir, poco más de la mitad de lo que ingresaría si no pagara impuestos. Repetimos: nuestro pobre mileurista, perceptor de un sueldo que muchos consideran ínfimo, entrega al Estado casi la mitad de sus ingresos.
Al menos el Estado, siempre atento a sus necesidades y dispuesto a proteger a los débiles, le da a cambio de ese dinero protección contra el desempleo, asistencia sanitaria, una pensión de jubilación, seguridad, justicia, infraestructuras… Realmente es una suerte que los ricos y las empresas paguen más impuestos, para que él, aun con su mísero sueldo, pueda disfrutar de tantas ayudas. ¿O no es así?
Seguros privados
Vamos por partes. Supongamos que nuestro mileurista es una mileurista, ya que las mujeres pagan algo más caros los seguros sanitarios. ¿Qué podría conseguir por sí misma con esos 1.602 euros?
Sanidad: en Adeslas podría contratar, por 60 euros al mes, una póliza que le cubra todos sus gastos médicos. Si fuera hipocondríaca, podría contratar seguros más caros. Y si, dado que es joven y con salud, quisiera un seguro con una franquicia de 200 euros/año, pagaría menos de 25 euros.
Seguro de desempleo. En España no existe, ya que el Estado impide que surja una oferta privada, pero en Inglaterra puedes contratar, por 40 euros al mes, un seguro que te cubra el 60% de tus ingresos durante un año. Es decir, nuestra mileurista, pagando 40 euros al mes, recibiría 1.122 euros durante un año. Para comparar, su prestación por desempleo actual sería de 800 euros durante seis meses.
Jubilación. Una mileurista de 25 años, si invierte 150 euros al mes durante 40 años y obtiene un 7% anual por ellos, se encontraría a los 65 años con 393.700 euros. Si a partir de ese momento retirara cada año un 7%, tendría una renta mensual de 2.296 euros. Una cifra claramente superior a los 750 euros de media de las pensiones actuales. Y tendría además un capitalito que dejar a sus herederos.
Descontando estos costes, nuestra amiga tendría cada mes 1.352 euros, frente a los 842 que le deja ahora el Estado. 500 euros más al mes.
Otros servicios
El Estado da otros servicios, dirán algunos. Seguridad, justicia, infraestructuras, solidaridad… La pregunta, algo más difícil de responder que en el caso de los seguros, es cuánto costarían estos servicios si pudiéramos contratarlos a empresas privadas.
La seguridad, incluyendo alarmas y vigilancia presencial y en vehículos, no supondría más de 50 euros al mes, basándonos en lo que sucede en las urbanizaciones privadas que cuentan con este tipo de servicios de seguridad.
Las infraestructuras, en su mayor parte, serían sufragadas por empresas o grupos de empresas que o bien obtendrían beneficios de su explotación, o bien tendrían interés en pagarlas porque su uso les resultaría rentable. Pensad, por ejemplo, que las infraestructuras de telecomunicaciones no las despliega el Estado, sino las operadoras, que cobran por ellas a sus usuarios.
¿La justicia? Legalitas cobra menos de 8 euros al mes por tener asesoría jurídica (un servicio que ahora no presta el Estado) y los jueces podrían ser profesionales independientes (como los médicos o los arquitectos), elegidos (y pagados) por las partes para resolver un conflicto puntual. Sería sin duda más eficaz que la lentísima justicia actual, y sólo la pagarían los que hicieran uso de ella.
¿La defensa de nuestros derechos como consumidores frente a las empresas? A la hora de la verdad, poco garantiza el Estado. Una Asociación de Usuarios y Consumidores tiene un coste anual de entre 25 y 50 euros, y es mucho más eficaz identificando, denunciando y evitando malas prácticas que el Estado.
¿La solidaridad? Nuestra mileurista puede pagar la cantidad que desee a cualquier ONG que atienda a las personas necesitadas que ella considera más merecedoras de su ayuda.
¿Cultura? No faltarían particulares o empresas dispuestas a sufragar los gastos de un museo. sobre todo si ellos tampoco tienen que pagar impuestos. Ahora ya hay numerosas instituciones privadas que mantienen bibliotecas. Tal vez nuestros artistas tuvieran alguna dificultad para seguir haciendo cine español, pero no creo que esto fuera malo en ningún sentido.
Conclusión
Podemos hacer otros cálculos con otro tipo de perfiles (el matrimonio con hijos que tendría que pagar la educación privada, por ejemplo). Prácticamente siempre que el ciudadano en cuestión tenga un trabajo y no dependa en exclusiva del Estado resultaría beneficiado por la desaparición de los impuestos.
De todas maneras, no pretendo ser radical. Admito que puede haber funciones que obliguen a la existencia de un Estado (diplomacia, defensa), y que éste requiera cobrar algún impuesto para su sostenimiento. Pero allí donde el Estado se dedica a procurar nuestro bienestar, siempre acabamos pagando una factura más cara para obtener peores servicios.
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Principes apareandose
¿Han visto ya la imagen de los príncipes holgando?. Debo advertir, para quien todavía no la haya visto, que es una caricatura. Nadie, ni siquiera el juez del Olmo, podría confundir la viñeta con una imagen robada a los príncipes con un teleobjetivo.
Lo cual tiene su importancia. Una fotografía de los príncipes habiendo ayuntamiento es una reprobable invasión a su intimidad (siempre que no se haya tomado en un lugar público). Una caricatura, por grosera que sea, es indistinguible a estos efectos del editorial del periódico más respetable.
Cuando se casaron el príncipe Carlos y Lady Di, hubo una campaña de antimonárquicos en la que representaban a dos osos panda copulando con el lema “See Cha-Cha and Di-Di breeding freely at the zoo”. O sea, “Vean a Cha-Cha y Di-Di apareándose libremente en el zoo”. ¿Era esto una intromisión en el honor de los príncipes de Gales o una acertada denuncia de la frivolidad y el exhibicionismo de una boda real? ¿Es la caricatura de El Jueves una profunda crítica a los privilegios medievales de la monarquía o una burda grosería?
En cualquier caso, sea lo que sea, yo preferiría vivir en un país en el que El Jueves puede publicar caricaturas de los príncipes copulando, igual que publican otras de obispos rijosos, políticos corruptos (si son de derechas) o militares fascistas. Nunca he comprado la revista en cuestión, ya que me ha bastado ojearla un par de veces para saber que no tengo interés en hacerlo. Pero si tiene público, a mí me parece estupendo que publiquen lo que puedan vender.
Sucede lo mismo con los programas del corazón. Yo no los veo, pero si hay gente dispuesta a pasar horas delante del televisor viendo cómo exhiben el comportamiento sexual o las adicciones de individuos más o menos famosos, es normal que haya quien dé satisfacción a ese deseo.
Es más, creo que debe permitirse que se cocine un cristo en televisión, o que se utilicen imágenes religiosas para promocionar un equipo de fútbol. Igual que debe estar permitido hacer caricaturas de Mahoma, por supuesto. Y debe estar permitido, en contrapartida, atacar (verbalmente) a quien hace estas cosas, o hacer contracampañas invitando, por ejemplo, a boicotear al club de fútbol que se anuncia con imágenes que a alguien resultan ofensivas.
El único límite a la libertad de expresión debe ser la seguridad o la intimidad de los demás. Cualquier otra cosa nos lleva a una dinámica en la que la libertad de expresión, al final, está determinada por el poder de presión de grupos determinados. Un día los católicos cerrarán una revista que ofende al Papa, y al día siguiente las feministas prohibirán un videojuego en el que el héroe machote conquista jovencitas voluptuosas. El lobby gay censurará los chistes de mariquitas y los agricultores impedirán que se emita un anuncio que ridiculiza la vida en el campo.
No me gustaría vivir en un país así.
Un momento. Tal vez ya viva en un país así.
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Derechos y deberes
Uno de los logros que destacó Zapatero en el debate sobre el Estado de la Nación es que “se han ampliado los derechos”. Lo cual es sintomático de toda una manera de pensar: el Gobierno es quien concede los derechos.
Pero si realmente creemos esto, dejamos de ser ciudadanos para convertirnos en súbditos. Es evidente: si el Gobierno puede conceder derechos, también puede denegarlos. Luego dependemos de la benevolencia o la magnanimidad del Gobierno para que nos conceda más o menos derechos en función de sus criterios. “¡Votadnos!”, pueden así proclamar, “¡nuestro partido os concederá más derechos que el otro!”.
No crean que en el partido con pulsiones liberales tienen un punto de vista muy diferente: “¡Nosotros os concederemos el derecho a recibir 3.000 euros! ¡Más que ellos!”, es su mensaje. “¡Negaremos el derecho al matrimonio homosexual!”, dicen. En el fondo, sólo difieren en el “catálogo de derechos” que tienen previsto conceder, pero no en el principio de que sean ellos, los gobernantes, los que nos concedan los derechos.
El asunto tiene más miga: ¿qué es un “derecho”? ¿el matrimonio para los homosexuales? ¿recibir 2.500 euros por copular productivamente? ¿ser educado conforme a los “valores ciudadanos y democráticos”?
En puridad, sólo existen dos derechos: el derecho a la vida y el derecho a la libertad. Todos los demás no son sino dejaciones de deberes. No existe el derecho a la educación: existe el deber de educar a los hijos. No existe el derecho a la sanidad: existe el deber de cuidar a los enfermos. No existe el derecho a una vivienda, o al subsidio de desempleo: existe el deber de ser caritativo con los que sufren.
Lo que sucede es que el Estado nos dice: “no te preocupes. No tienes por qué cargar con ese viejo que fue tu padre. No tienes por qué dedicar innumerables horas a que tu hijo aprenda. No tienes que ser generoso con ese mendigo maloliente. Déjamelos a mí. Yo me encargaré de ellos. Mira, les quitaré el dinero a los ricos para hacerlo. Tú pagarás mucho menos de lo que te voy a dar.”
Y así, felices de haber encontrado el Estado del Bienestar, abandonamos nuestras obligaciones con las manos llenas de nuevos derechos.
Pobres ingenuos, que en verdad hemos cedido uno de los dos únicos derechos que había sido genuinamente nuestro: la Libertad.
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El economista camuflado
Terminé hace poco de leer El economista camuflado, de Tim Harford, y me gustaría hacer algunos comentarios sobre él.
Antes que nada, debo aclararos que el libro me lo regaló la editorial Temas de Hoy. Han contratado a Ideup para, según me dijeron, “tratar de mejorar su relación con la blogosfera y que algunos bloggers tengan acceso a sus publicaciones”. Fueron educados, no me pidieron que hablara del libro, y me lo enviaron a pesar de que les advertí que lo comentaríaolo “si el libro resulta interesante (para bien o para mal)”,
Otra aclaración, que probablemente no sea necesaria para los que me conocéis, es que ni soy crítico de libros ni soy economista, así que no esperéis que lo que sigue se parezca en nada a lo que pueda decir el crítico de libros de cualquier periódico salmón.
De entrada, creo que el subtítulo “La economía de las pequeñas cosas” está muy mal elegido. El último capítulo, por ejemplo, habla del cambio económico en China. Y no creo que nadie considere a China “una pequeña cosa”. En mi opinión, el libro trata más bien de la economía del sentido común.
Harford es un tipo despierto, que observa cosas interesantes, llega a conclusiones interesantes y las expone con gracia y agilidad. Lástima que la traducción española no le haga justicia. Está escrita en un español correcto, pero se nota que el traductor ha sufrido al tropezarse con la alegría con la que Harford usa el inglés, y ha optado por intentar ser fiel a las palabras y no al espíritu de lo que dice.
Pero yendo al grano, creo que es un libro recomendable. Explica muy clarito, por ejemplo, por qué un café en Starbucks es más caro, cual es el precio justo para un café de comercio justo, o por qué África no sale del subdesarrollo y China lo está haciendo. Dedica un capítulo a las subastas para la concesión de licencias UMTS que es apasionante.
Y habla, por ejemplo, de David Ricardo, unos de los pioneros de la economía liberal, de tal manera que cualquiera puede entender conceptos como la ventaja comparativa o la Ley de rendimientos decrecientes.
Tiene, cómo no, ciertos fallos. Patina, como casi todo el mundo, al dar por hecho el calentamiento global. Y muestra cierta vena socialdemócrata que es además inconsecuente con observaciones que ha hecho previamente.
Pero, como os digo, es fácil de leer para cualquiera que no sea economista o no tenga ni una mínima formación en estos temas, y puede abrirle los ojos a ese familiar o ese amigo progre pero bienintencionado que sigue creyendo sinceramente en el comercio justo, el 0,7% para el Tercer Mundo, el abuso de las multinacionales y mitos de ese pelaje.
[ACTUALIZACIÓN] Me avisa Carlos de Maza que Manchego habló del libro hace tiempo. Aquí podéis leer su crítica. Sinceramente, creo que Manchego, como en otros casos, ve la vida en blanco y negro. Harford no es comunista sino, como he dicho antes inconsecuentemente socialdemócrata a ratos. Pero el conjunto del libro supone una buena dosis de sentido común administrable a personas sin conocimientos previos de economía. Lo que no es poco, en mi modesta opinión.
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Trabajar para la corporacion
Para este puente, os copio un fragmento de Hija de Marte, una novela de Robert A. Heinlein. Explica las condiciones laborales de los taxistas en el Venus del futuro:
El chófer es empleado de la Corporación, como casi todo el mundo, pero es un “empleado de empresa”, es decir que no trabaja por un sueldo fijo. Para cumplir con su cupo ha de hacer cada día una determinada cantidad de viajes cuyo valor se lo lleva la Corporación. Cunado ha cumplido ese determinado número de kilómetros que tiene fijado, se parte con la Corporación los ingresos de los demás viajes del resto del día. Así que conduce como un loco para cumplir con el cupo lo antes posible y empezar a ganar dinero para sí mismo… y luego sigue conduciendo a toda prisa porque quiere aumentar sus ganancias mientras el negocio marcha.
Para situaros, en esta novela Venus es una colonia de la Corporación, que domina absolutamente todo en el planeta, y no tiene gobierno ni leyes.
¿Es esto una visión de un futuro ancap? ¿Viviríais en un planeta así?
Os advierto que me guardo un as en la manga: el miércoles pondré la frase que continúa el texto de Heinlein.
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La hipocresía del funcionario liberal
Por alusiones.
Albert Esplugas plantea en su blog la siguiente pregunta:
¿Qué diferencia hay entre un comunista rico y un funcionario liberal?
Ésta es la pregunta de la semana y las posibles respuestas:
- Ninguna
- El comunista rico es más hipócrita
- El funcionario liberal es más hipócrita
Yo, que soy funcionario y liberal, respondo. Primero, decir que además de ser funcionario, vivo en una casa de protección oficial. Y aprovecho las subvenciones para libros de texto a las que tengo derecho. Y cualquier otra cosa del “estado de bienestar” que me beneficie.
Y no tengo ningún remordimiento de conciencia. ¿Por qué? Porque no puedo hacer otra cosa. No puedo elegir si pago o no impuestos, ni puedo evitar que una gran parte de ellos no vaya destinada a corregir supuestos fallos de mercado o ayudar a los más desfavorecidos, sino que se dediquen al juego de “a ver quién pilla más”.
A ese juego, al que me obligan a jugar, no quiero perder. Otros están encantados de pagar impuestos y vivir en un “estado de bienestar”. A esos, pues, no les importará pagar mi sueldo. El día que una mayoría decida que ya está bien y que vamos a reducir el tamaño del monstruo estatal, estaré encantado de dejar de jugar al juego (aunque sea uno de los ganadores).
Porque si a eso vamos, al juego de beneficiarnos del Estado jugamos todos ¿Es menos hipócrita el liberal que acude a ser atendido por la sanidad pública? ¿el que lleva a sus hijos a un colegio público, o estudia en una universidad pública? ¿el que cobra el subsidio de desempleo? La única diferencia entre el liberal funcionario y el liberal que usa los servicios proporcionados por el Estado es de grado. Pero insisto: si me obligan a jugar, no tengo por qué perder a propósito, cuando puedo ganar.
¿Cuál es la diferencia con el comunista rico? Que a él nadie le obliga a acumular riqueza. Puede repartirla con los parias de la tierra sin que nadie le afee la conducta, le multe o le meta en la cárcel, como me sucedería a mi si dejo de pagar impuestos o decido que no voy a cumplir las normas que atentan contra mi libertad como la obligatoriedad de ponerme el cinturón de seguridad cuando voy en el coche.
El comunista rico podría dejar de serlo y mejorar la vida de unos cuantos de sus semejantes, que tanto le preocupan, pero prefiere esperar a que llegue la revolución del proletariado para que todos estén obligados a hacer lo que él cree que es correcto.
Yo, como funcionario liberal, no quiero imponer a nadie nada. Me parece estupendo que haya mucha gente que crea en el estado de bienestar y quiera aportar casi el 50% de sus ingresos para recibir los beneficios que el estado aporta. No quiero obligarles a que hagan otra cosa. Me bastaría con que me dejaran “desapuntarme” a mí: que pudiera no ser funcionario, no tener vivienda de protección oficial, ni subvenciones, ni sanidad pública ni nada.
41 comentariosCarne o pescado
Supongamos que quedas a cenar con tres amigos. Cuando os sentáis, Jose Luis coge la carta, mientras Marta y Javier charlan alegremente de lo divino y de lo humano. “¿Pedimos algo de picar y luego un segundo cada uno?” dices, siempre original. Todos de acuerdo. Javier sugiere unos huevos rotos con patatas y jamón, y tú propones los chopitos. Se te va haciendo la boca agua pensando en el chuletón con patatas que pedirás de segundo. Javier se inclina por el cochinillo y Marta, que es de menos comer, se conforma con unas chuletitas de cordero.
Cuando llega el camarero, Jose Luis le pide una ensalada de espinacas para compartir, y merluza con guarnición de verduras de segundo. Para todos. Marta y Javier, que siguen charlando, no se han enterado muy bien, pero tú intentas pedir tu chuletón, los chopitos y los huevos.
“¿Estás loco?”, dice Jose Luis. “Los huevos tienen colesterol, y los chopitos están fritos con grasas que se fijarán a tus arterias para siempre. Y no me hagas hablar del chuletón con patatas, o del cochinillo y el cordero. El pescado y la verdura son mucho mejores para vosotros.”
Así que al final se cena pescado y verdura, y para colmo cuando llega la cuenta, que por causa de la merluza es más elevada de lo habitual, Jose Luis os pide que le paguéis la cena entre los tres, porque él no tiene dinero.
¿Resulta inverosímil que alguien se comporte así?
Pues no es muy diferente lo que hace el Estado. No solo nos dice lo que podemos y no podemos hacer, porque él sabe lo que es mejor para nosotros, sino que además nos quita nuestro dinero para pagar la cuenta.
2 comentariosGaychistas y homófobos
No pensaba yo que tendría que escribir sobre los homosexuales y el liberalismo, a estas alturas del siglo diecinue… quiero decir, veintiuno. Pero luego uno lee cosas como esta y se queda de piedra. Para muestra un botón:
Dios no ha diseñado el ano para la introducción sino para la expulsión.
No caben más errores en menos palabras. Y es que si uno cree que Dios ha diseñado todas y cada una de las partes de nuestro cuerpo, y el de los otros seres vivos, tiene que llegar a la conclusión de que Dios es un chapuzas de campeonato. Gasta mucho, se estropea con facilidad, y además caduca.
Por otro lado, lo de los usos para los que Dios diseñó el cuerpo también daría para un post entero. ¿Dios diseñó las tetas para dar de mamar o para hacerlas atractivas a los varones? Es que para lo primero están mejor diseñadas las de las hembras chimpancés, sin ir más lejos, y para lo segundo Dios debería haberlas eximido de acatar la ley de la gravedad.
Pero me lío. Yo no quería hablar de tetas de chimpancés, sino de homosexuales. No voy a entrar a discutir el largo post de nuestro amigo protestante, pero sí quiero aprovechar para decir unas cosillas, y aque el tema parece estar de moda en Red Liberal.
- El matrimonio debería ser un asunto privado, no del Estado. Autorizar el matrimonio de dos amigos del mismo sexo, y conceder con ello el derecho a una pensión al más longevo, supone una discriminación para los hermanos que cohabitan durante años, caso frecuente entre los ancianos.
- Las parejas homosexuales no deberían poder adoptar niños que no fueran hijos de uno de los dos miembros de la pareja, porque debería primar el derecho de los niños a tener padre y madre sobre el “derecho” de los homosexuales a satisfacer su instinto de procreación.
- Ser homosexual es anormal (es salirse de la norma). Lo que no quiere decir que sea bueno ni malo. Tanto si la homosexualidad tiene un componente genético, como si es un comportamiento aprendido, mientras se practique entre adultos que consienten no supone ningún problema para nadie más. Lo que cada uno haga con su cuerpo es asunto suyo y solo suyo.
- Si no hay motivo para aborrecer o despreciar a los homosexuales, tampoco hay motivo para estar orgulloso de serlo, y menos para hacer de ello una forma de vida o un arma para atacar al que discrepa. Leed el artículo de M. Molares sobre los gaychistas.
Dicho de otra manera: si el Estado no se inmiscuyera no cabrían los gaychistas, nadie se enfrentaría por el matrimonio homosexual, y solo seguirían dando la paliza (son irreductibles) los que creen que deben decirles a los demás lo que tienen que meter o sacar de sus orificios corporales.
9 comentariosLibertad para elegir
En Red Liberal se ha defendido el derecho al aborto sosteniendo que la madre tiene derecho a elegir. Jeff Jacoby plantea en este artículo una pregunta interesante: ¿qué pasa cuando el aborto se utiliza para seleccionar el sexo del bebé?
Por lo que cuenta, hay estudios que muestran que no solo en China o India se usa el aborto para eliminar a las niñas, sino que esta selección sexual se está dando ya en Estados Unidos. Es fácil y barato hacer una ecografía que muestra el sexo del hijo por nacer, y no hay problemas legales para abortar si se comprueba que es una niña y la familia quiere un niño.
¿Es liberal admitir el derecho a seleccionar el sexo de tu hijo por el expeditivo procedimiento de matar al feto con sexo inadecuado?
Se criticó a James Watson por decir que si una mujer debería tener derecho a abortar si puede saber si el hijo que lleva en el vientre es homosexual.
¿Es liberal admitir el derecho de la madre a decidir en libertad si quiere tener un hijo homosexual?
Si habéis respondido que no, pregunto ¿es liberal defender el derecho de la madre a abortar un hijo porque su pareja le abandonaría si lo tuviera? ¿es liberal defender el derecho de la madre a abortar porque tener un bebé perjudicaría su carrera profesional? ¿es liberal defender el derecho de la madre a abortar porque el niño tiene un defecto genético?
El problema de admitir el aborto como un derecho de la madre, es que las madres pueden utilizarlo con sus propios criterios, que no tienen por qué ser políticamente correctos. Pueden usar ese derecho para eliminar homosexuales o niñas, por ejemplo.
El problema, por supuesto, es admitir que se puede eliminar a otro ser humano porque es molesto. Porque a partir de ahí, la definición de “molesto” puede ser muy diferente a la nuestra.
11 comentariosSer liberal
Se va uno a la pérfida Albión unos días y a la vuelta se encuentra con que un niñato pedante ha conseguido avanzar en su propósito de que RedLiberal gire en torno a su ombligo. Yo, que ni quiero ni puedo escribir muy a menudo, me voy a tomar la libertad de fusilar lo que ha escrito el comentarista brunelli en el blog de Federico:
Ser liberal, o sea, de derechas es:
Anteponer individuo a grupo
Defender lo bien gestionado frente a lo mal gestionado, esto es, lo privado ante lo público.
Reconocer que la riqueza se crea, no se reparte.
Que hay que ganarse la vida, no vivir a costa de la de otros.
Y que quien crea riqueza no es un apestado al que hay que desvalijar, sino el motor de nuestro mundo.
Que el libre mercado, con garantías y seguridad jurídica, es la única forma de relación entre individuos que no desemboca en esclavitud.
Que la mejor forma de distribuir la riqueza es dejar actuar al mercado libre.
Que los ciudadanos son capaces de tomar sus decisiones, y afrontar ellos mismos las consecuencias tanto cuando aciertan como cuando se equivocan.
Es negar que la sociedad sea la culpable de los desmanes que cometen sus individuos.
Es asumir que el dinero donde mejor está es en el bolsillo del que lo ha ganado que es su DUEÑO. Y que nadie mejor que él sabe como y en que gastarlo. Si lo hace bien, mejor para él, y si no, es SU problema.
Es no poner un impuesto a la hormiga para mantener a la cigarra.
Es NO preferir libros usados gratis en los colegios, a asumir el gasto como padre.
Es NO preferir un mal dentista gratis para los niños, a pagarlo de mi bolsillo como padre.
Es NO preferir ir a un médico gratuito cuyo criterio para prescribir un fármaco o una prueba diagnóstica sea el de los políticos que le pagan.
Es saber que médico, colegio, libros y dentista públicos NO son gratuitos, sino muy muy caros. No que los paga otro por mí, sino que los pago yo OBLIGADO.
Es dejar que tus RESPONSABILIDADES como padre las asuma otro, tanto en los pagos como en la formación de tus hijos.
Es tener claro que no hay nada gratis.
Es preferir la voluntariedad a la obligación.
Es libertad de elección frente a imposición.
Es responsabilidad frente a subsidiariedad.
Es esfuerzo-recompensa, no esfuerzo-castigo.
Es valor-premio, no necesidad-premio.
Es tener principios frente a ser relativista.
Es querer un estado limitado que deje vivir a los ciudadanos.
Es no discriminar a la gente en función de la pertenencia a un grupo.
Es pensar que una mujer es igual, en derechos y obligaciones, a un hombre.
Es estar en contra de la discriminación positiva.
Es que el mérito para obtener un trabajo sea tu esfuerzo y tu formación, y no la renta de tu familia o tu posición social.
Es premiar la capacidad frente a la necesidad o la indolencia.
Y ahora ya, el que quiera que siga discutiendo con el plasta ese sobre la taxonomía de los liberales. Pero advierto: Iracundo pasará, como han pasado otros ¿alguien se acuerda de una hamburguesa que también repartía carnets de liberal desde sus ideas socialdemócratas?
52 comentariosMileuristas estafados
El principal motivo por el que el Estado nos quita nuestro dinero en forma de impuestos es poder devolvernos después una parte de él en forma de dádiva. El político se asegura así el agradecimiento del súbdito desinformado.
La realidad es muy otra. Podemos hacer, como ejemplo, el cálculo del dinero que ingresaría un mileurista si no pagara impuestos:
Los impuestos
En la actualidad, el sueldo bruto de un mileurista es de 17.000 euros. De ahí paga 1.088 euros a la Seguridad Social y 2.044 a Hacienda. Así le quedan 990 euros netos para vivir al mes.
En realidad, el mileurista no es consciente de que su empresa paga a la seguridad social otros 5.440 euros. Si la empresa, en lugar de dar el dinero a la SS se lo diera a él, nuestro mileurista ganaría 22.440 euros. Y si no pagara impuestos, esto significaría que cada mes se embolsaría 1.602 euros. ¿Algo más que esos 990, no?
Pero aún hay más. El mileurista no ha terminado de pagar cuando recibe sus 990 euros. Aún tiene que pagar el IVA y otros impuestos. Dependiendo de a qué dedique ese dinero pagará más o menos: si fuma, bebe y tiene coche será mucho más, si solo compra alimentos mucho menos. Supongamos que una buena aproximación es que paga un 15% de impuestos. Esto quiere decir que en realidad tiene 842 euros disponibles cada mes. Es decir, poco más de la mitad de lo que ingresaría si no pagara impuestos. Repetimos: nuestro pobre mileurista, perceptor de un sueldo que muchos consideran ínfimo, entrega al Estado casi la mitad de sus ingresos.
Al menos el Estado, siempre atento a sus necesidades y dispuesto a proteger a los débiles, le da a cambio de ese dinero protección contra el desempleo, asistencia sanitaria, una pensión de jubilación, seguridad, justicia, infraestructuras… Realmente es una suerte que los ricos y las empresas paguen más impuestos, para que él, aun con su mísero sueldo, pueda disfrutar de tantas ayudas. ¿O no es así?
Seguros privados
Vamos por partes. Supongamos que nuestro mileurista es una mileurista, ya que las mujeres pagan algo más caros los seguros sanitarios. ¿Qué podría conseguir por sí misma con esos 1.602 euros?
Sanidad: en Adeslas podría contratar, por 60 euros al mes, una póliza que le cubra todos sus gastos médicos. Si fuera hipocondríaca, podría contratar seguros más caros. Y si, dado que es joven y con salud, quisiera un seguro con una franquicia de 200 euros/año, pagaría menos de 25 euros.
Seguro de desempleo. En España no existe, ya que el Estado impide que surja una oferta privada, pero en Inglaterra puedes contratar, por 40 euros al mes, un seguro que te cubra el 60% de tus ingresos durante un año. Es decir, nuestra mileurista, pagando 40 euros al mes, recibiría 1.122 euros durante un año. Para comparar, su prestación por desempleo actual sería de 800 euros durante seis meses.
Jubilación. Una mileurista de 25 años, si invierte 150 euros al mes durante 40 años y obtiene un 7% anual por ellos, se encontraría a los 65 años con 393.700 euros. Si a partir de ese momento retirara cada año un 7%, tendría una renta mensual de 2.296 euros. Una cifra claramente superior a los 750 euros de media de las pensiones actuales. Y tendría además un capitalito que dejar a sus herederos.
Descontando estos costes, nuestra amiga tendría cada mes 1.352 euros, frente a los 842 que le deja ahora el Estado. 500 euros más al mes.
Otros servicios
El Estado da otros servicios, dirán algunos. Seguridad, justicia, infraestructuras, solidaridad… La pregunta, algo más difícil de responder que en el caso de los seguros, es cuánto costarían estos servicios si pudiéramos contratarlos a empresas privadas.
La seguridad, incluyendo alarmas y vigilancia presencial y en vehículos, no supondría más de 50 euros al mes, basándonos en lo que sucede en las urbanizaciones privadas que cuentan con este tipo de servicios de seguridad.
Las infraestructuras, en su mayor parte, serían sufragadas por empresas o grupos de empresas que o bien obtendrían beneficios de su explotación, o bien tendrían interés en pagarlas porque su uso les resultaría rentable. Pensad, por ejemplo, que las infraestructuras de telecomunicaciones no las despliega el Estado, sino las operadoras, que cobran por ellas a sus usuarios.
¿La justicia? Legalitas cobra menos de 8 euros al mes por tener asesoría jurídica (un servicio que ahora no presta el Estado) y los jueces podrían ser profesionales independientes (como los médicos o los arquitectos), elegidos (y pagados) por las partes para resolver un conflicto puntual. Sería sin duda más eficaz que la lentísima justicia actual, y sólo la pagarían los que hicieran uso de ella.
¿La defensa de nuestros derechos como consumidores frente a las empresas? A la hora de la verdad, poco garantiza el Estado. Una Asociación de Usuarios y Consumidores tiene un coste anual de entre 25 y 50 euros, y es mucho más eficaz identificando, denunciando y evitando malas prácticas que el Estado.
¿La solidaridad? Nuestra mileurista puede pagar la cantidad que desee a cualquier ONG que atienda a las personas necesitadas que ella considera más merecedoras de su ayuda.
¿Cultura? No faltarían particulares o empresas dispuestas a sufragar los gastos de un museo. sobre todo si ellos tampoco tienen que pagar impuestos. Ahora ya hay numerosas instituciones privadas que mantienen bibliotecas. Tal vez nuestros artistas tuvieran alguna dificultad para seguir haciendo cine español, pero no creo que esto fuera malo en ningún sentido.
Conclusión
Podemos hacer otros cálculos con otro tipo de perfiles (el matrimonio con hijos que tendría que pagar la educación privada, por ejemplo). Prácticamente siempre que el ciudadano en cuestión tenga un trabajo y no dependa en exclusiva del Estado resultaría beneficiado por la desaparición de los impuestos.
De todas maneras, no pretendo ser radical. Admito que puede haber funciones que obliguen a la existencia de un Estado (diplomacia, defensa), y que éste requiera cobrar algún impuesto para su sostenimiento. Pero allí donde el Estado se dedica a procurar nuestro bienestar, siempre acabamos pagando una factura más cara para obtener peores servicios.
39 comentariosPrincipes apareandose
¿Han visto ya la imagen de los príncipes holgando?. Debo advertir, para quien todavía no la haya visto, que es una caricatura. Nadie, ni siquiera el juez del Olmo, podría confundir la viñeta con una imagen robada a los príncipes con un teleobjetivo.
Lo cual tiene su importancia. Una fotografía de los príncipes habiendo ayuntamiento es una reprobable invasión a su intimidad (siempre que no se haya tomado en un lugar público). Una caricatura, por grosera que sea, es indistinguible a estos efectos del editorial del periódico más respetable.
Cuando se casaron el príncipe Carlos y Lady Di, hubo una campaña de antimonárquicos en la que representaban a dos osos panda copulando con el lema “See Cha-Cha and Di-Di breeding freely at the zoo”. O sea, “Vean a Cha-Cha y Di-Di apareándose libremente en el zoo”. ¿Era esto una intromisión en el honor de los príncipes de Gales o una acertada denuncia de la frivolidad y el exhibicionismo de una boda real? ¿Es la caricatura de El Jueves una profunda crítica a los privilegios medievales de la monarquía o una burda grosería?
En cualquier caso, sea lo que sea, yo preferiría vivir en un país en el que El Jueves puede publicar caricaturas de los príncipes copulando, igual que publican otras de obispos rijosos, políticos corruptos (si son de derechas) o militares fascistas. Nunca he comprado la revista en cuestión, ya que me ha bastado ojearla un par de veces para saber que no tengo interés en hacerlo. Pero si tiene público, a mí me parece estupendo que publiquen lo que puedan vender.
Sucede lo mismo con los programas del corazón. Yo no los veo, pero si hay gente dispuesta a pasar horas delante del televisor viendo cómo exhiben el comportamiento sexual o las adicciones de individuos más o menos famosos, es normal que haya quien dé satisfacción a ese deseo.
Es más, creo que debe permitirse que se cocine un cristo en televisión, o que se utilicen imágenes religiosas para promocionar un equipo de fútbol. Igual que debe estar permitido hacer caricaturas de Mahoma, por supuesto. Y debe estar permitido, en contrapartida, atacar (verbalmente) a quien hace estas cosas, o hacer contracampañas invitando, por ejemplo, a boicotear al club de fútbol que se anuncia con imágenes que a alguien resultan ofensivas.
El único límite a la libertad de expresión debe ser la seguridad o la intimidad de los demás. Cualquier otra cosa nos lleva a una dinámica en la que la libertad de expresión, al final, está determinada por el poder de presión de grupos determinados. Un día los católicos cerrarán una revista que ofende al Papa, y al día siguiente las feministas prohibirán un videojuego en el que el héroe machote conquista jovencitas voluptuosas. El lobby gay censurará los chistes de mariquitas y los agricultores impedirán que se emita un anuncio que ridiculiza la vida en el campo.
No me gustaría vivir en un país así.
Un momento. Tal vez ya viva en un país así.
4 comentariosDerechos y deberes
Uno de los logros que destacó Zapatero en el debate sobre el Estado de la Nación es que “se han ampliado los derechos”. Lo cual es sintomático de toda una manera de pensar: el Gobierno es quien concede los derechos.
Pero si realmente creemos esto, dejamos de ser ciudadanos para convertirnos en súbditos. Es evidente: si el Gobierno puede conceder derechos, también puede denegarlos. Luego dependemos de la benevolencia o la magnanimidad del Gobierno para que nos conceda más o menos derechos en función de sus criterios. “¡Votadnos!”, pueden así proclamar, “¡nuestro partido os concederá más derechos que el otro!”.
No crean que en el partido con pulsiones liberales tienen un punto de vista muy diferente: “¡Nosotros os concederemos el derecho a recibir 3.000 euros! ¡Más que ellos!”, es su mensaje. “¡Negaremos el derecho al matrimonio homosexual!”, dicen. En el fondo, sólo difieren en el “catálogo de derechos” que tienen previsto conceder, pero no en el principio de que sean ellos, los gobernantes, los que nos concedan los derechos.
El asunto tiene más miga: ¿qué es un “derecho”? ¿el matrimonio para los homosexuales? ¿recibir 2.500 euros por copular productivamente? ¿ser educado conforme a los “valores ciudadanos y democráticos”?
En puridad, sólo existen dos derechos: el derecho a la vida y el derecho a la libertad. Todos los demás no son sino dejaciones de deberes. No existe el derecho a la educación: existe el deber de educar a los hijos. No existe el derecho a la sanidad: existe el deber de cuidar a los enfermos. No existe el derecho a una vivienda, o al subsidio de desempleo: existe el deber de ser caritativo con los que sufren.
Lo que sucede es que el Estado nos dice: “no te preocupes. No tienes por qué cargar con ese viejo que fue tu padre. No tienes por qué dedicar innumerables horas a que tu hijo aprenda. No tienes que ser generoso con ese mendigo maloliente. Déjamelos a mí. Yo me encargaré de ellos. Mira, les quitaré el dinero a los ricos para hacerlo. Tú pagarás mucho menos de lo que te voy a dar.”
Y así, felices de haber encontrado el Estado del Bienestar, abandonamos nuestras obligaciones con las manos llenas de nuevos derechos.
Pobres ingenuos, que en verdad hemos cedido uno de los dos únicos derechos que había sido genuinamente nuestro: la Libertad.
23 comentariosEl economista camuflado
Terminé hace poco de leer El economista camuflado, de Tim Harford, y me gustaría hacer algunos comentarios sobre él.
Antes que nada, debo aclararos que el libro me lo regaló la editorial Temas de Hoy. Han contratado a Ideup para, según me dijeron, “tratar de mejorar su relación con la blogosfera y que algunos bloggers tengan acceso a sus publicaciones”. Fueron educados, no me pidieron que hablara del libro, y me lo enviaron a pesar de que les advertí que lo comentaríaolo “si el libro resulta interesante (para bien o para mal)”,
Otra aclaración, que probablemente no sea necesaria para los que me conocéis, es que ni soy crítico de libros ni soy economista, así que no esperéis que lo que sigue se parezca en nada a lo que pueda decir el crítico de libros de cualquier periódico salmón.
De entrada, creo que el subtítulo “La economía de las pequeñas cosas” está muy mal elegido. El último capítulo, por ejemplo, habla del cambio económico en China. Y no creo que nadie considere a China “una pequeña cosa”. En mi opinión, el libro trata más bien de la economía del sentido común.
Harford es un tipo despierto, que observa cosas interesantes, llega a conclusiones interesantes y las expone con gracia y agilidad. Lástima que la traducción española no le haga justicia. Está escrita en un español correcto, pero se nota que el traductor ha sufrido al tropezarse con la alegría con la que Harford usa el inglés, y ha optado por intentar ser fiel a las palabras y no al espíritu de lo que dice.
Pero yendo al grano, creo que es un libro recomendable. Explica muy clarito, por ejemplo, por qué un café en Starbucks es más caro, cual es el precio justo para un café de comercio justo, o por qué África no sale del subdesarrollo y China lo está haciendo. Dedica un capítulo a las subastas para la concesión de licencias UMTS que es apasionante.
Y habla, por ejemplo, de David Ricardo, unos de los pioneros de la economía liberal, de tal manera que cualquiera puede entender conceptos como la ventaja comparativa o la Ley de rendimientos decrecientes.
Tiene, cómo no, ciertos fallos. Patina, como casi todo el mundo, al dar por hecho el calentamiento global. Y muestra cierta vena socialdemócrata que es además inconsecuente con observaciones que ha hecho previamente.
Pero, como os digo, es fácil de leer para cualquiera que no sea economista o no tenga ni una mínima formación en estos temas, y puede abrirle los ojos a ese familiar o ese amigo progre pero bienintencionado que sigue creyendo sinceramente en el comercio justo, el 0,7% para el Tercer Mundo, el abuso de las multinacionales y mitos de ese pelaje.
[ACTUALIZACIÓN] Me avisa Carlos de Maza que Manchego habló del libro hace tiempo. Aquí podéis leer su crítica. Sinceramente, creo que Manchego, como en otros casos, ve la vida en blanco y negro. Harford no es comunista sino, como he dicho antes inconsecuentemente socialdemócrata a ratos. Pero el conjunto del libro supone una buena dosis de sentido común administrable a personas sin conocimientos previos de economía. Lo que no es poco, en mi modesta opinión.
8 comentariosTrabajar para la corporacion
Para este puente, os copio un fragmento de Hija de Marte, una novela de Robert A. Heinlein. Explica las condiciones laborales de los taxistas en el Venus del futuro:
El chófer es empleado de la Corporación, como casi todo el mundo, pero es un “empleado de empresa”, es decir que no trabaja por un sueldo fijo. Para cumplir con su cupo ha de hacer cada día una determinada cantidad de viajes cuyo valor se lo lleva la Corporación. Cunado ha cumplido ese determinado número de kilómetros que tiene fijado, se parte con la Corporación los ingresos de los demás viajes del resto del día. Así que conduce como un loco para cumplir con el cupo lo antes posible y empezar a ganar dinero para sí mismo… y luego sigue conduciendo a toda prisa porque quiere aumentar sus ganancias mientras el negocio marcha.
Para situaros, en esta novela Venus es una colonia de la Corporación, que domina absolutamente todo en el planeta, y no tiene gobierno ni leyes.
¿Es esto una visión de un futuro ancap? ¿Viviríais en un planeta así?
Os advierto que me guardo un as en la manga: el miércoles pondré la frase que continúa el texto de Heinlein.
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