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Miedo a una encuesta
Leyendo esta entrada de Carmelo Jordá, he recordado algo que me sucedió de pequeño. En 1977 yo estudiaba feliz cuarto o quinto de EGB (ahora Primaria) en mi colegio, en un pueblo de la periferia de Barcelona.
Llegaban las primeras elecciones, y a mi profesor (un tipo de los de entonces, que nos cantaba con su guitarra en clase Blowing in the wind en catalán) se le ocurrió que hiciéramos un trabajo para sociales: nos organizamos en grupos de tres o cuatro y nos fuimos a hacer una encuesta por la calle, preparada por nosotros.
Una de las primeras personas a las que nos acercamos fue una señora de mediana edad. Cuando le preguntamos por sus ideas políticas, puso una cara de auténtico pánico y huyó asustada. Recuerdo que me impresionó, porque pensé “¿De qué tiene miedo, si solo somos unos niños?”. No lo he olvidado. Es de las pocas experiencias directas que he tenido de lo que significaba la represión en la dictadura: el terror a unos niños que preguntan sobre política armados con un lápiz y una libreta.
En el País Vasco no han salido de ese estado de miedo. Solo han pasado de tener terror al confidente de la policía a tener terror al confidente de ETA.
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La libertad de expresión incluye mentir e insultar
Argumentan los defensores de las sentencias contra Federico Jiménez Losantos que la libertad de expresión no debe usarse para mentir o insultar. No es lo mismo una cosa que otra, pero si queremos tener libertad de expresión debemos admitir ambas.
La libertad de expresión debe amparar la mentira
Verdad o mentira no son absolutos. Lo que hoy es algo comúnmente aceptado mañana puede ser unánimemente rechazado. ¿Qué pasaría si dentro de cinco o diez años se prueba que el calentamiento global no se está produciendo, o no se debe al CO2? ¿Deberían todos los medios que lo defienden hoy ser multados? ¿Debe ser multado hoy un medio que hace veinte años publicara un artículo defendiendo la necesidad de pactar con la URSS porque el comunismo era imposible de derrotar?
Habrá quien sostenga que los medios que publican según la creencia general no mienten, aunque se equivoquen. Pero eso supone que solo es sospechoso el que discrepa. Si seguir la corriente de pensamiento dominante sale gratis, ¿quién se va a atrever a la heterodoxia?
¿Y el que miente impúdicamente, consciente de hacerlo, por su propio interés? ¿el que niega el Holocausto, por ejemplo? Pues debe permitírsele hacerlo. Otra cuestión será el crédito moral que merezca tal persona. Y será tarea de los honestos explicar la verdad, para evitar que la propaganda tenga éxito.
Ese es el juego de la libertad de expresión.
La libertad de expresión debe amparar los insultos
El concepto de insulto también es resbaladizo. ¿Es “bobo solemne” un insulto? ¿Lo es “tahúr del Mississippi”? ¿Podemos decir que tal político es lerdo pero no decir que es tonto del culo? ¿Se puede decir que un periodista es lenguaraz pero no se le puede llamar hijoputa? ¿Es lícito decir que esa actriz es fea pero no lo es decir que es una zorra?
Salvo que la RAE, o el CGPJ elaboren una lista de epítetos admisibles, lo lógico es admitir cualquier cosa. Los más duchos en el arte del insulto serán capaces de irritar a sus contrarios, y los más torpes se tendrán que conformar con las palabras gruesas que por genéricas no hacen tanto daño.
La peor manera de herir a una persona con la palabra no es insultándola, sino acusándola de delitos o actos moralmente reprobables. Para estos casos debería quedar reservado el “derecho al honor”, no para impedir que alguien llame a otro lameculos o mamporrero.
Porque es imposible para un juez decidir objetivamente sobre algo tan subjetivo como la capacidad lesiva para el honor de epítetos como “carcalejos”, “facha” o “talibán de sacristía”, de modo que en esa tesitura otra vez acaba perdiendo el más débil, el que va contra corriente, el que más necesita la protección de la libertad de expresión.
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Libertad Económica y Social
En Cine y Política recopila Santiago frases lúcidas, entre ellas esta con la que no estoy de acuerdo:
No se puede abrir la economía y no abrir la sociedad
Matizo: a largo plazo, la apertura económica termina por imponer la apertura social. Pero a corto no tiene por qué ser así. Tres ejemplos:
- España en los años 60. La prosperidad que crearon los tecnócratas sin duda tuvo mucho que ver con las ansias de democracia de los años 70, pero tuvo que pasar una década (y el cadáver de un dictador) para que la libertad social alcanzara a la económica.
- El Chile de Pinochet. Los Chicago Boys enderezaron una economía destrozada por el socialismo de Allende, pero lo hicieron en medio de una dictadura que no escondía su crueldad. Quince años pasaron desde que se inició el camino de la libertad económica hasta que se alcanzó la libertad social.
- La China de hoy. Hablaba hace unos meses con un chino que me decía que su vía para alcanzar el capitalismo era mucho mejor que la rusa. China ha liberado la economía, pero sigue siendo una dictadura paternalista, parecida a la franquista hasta en la mojigatería respeto a lo sexual. Alcanzar la libertad social en China llevará más tiempo, porque costará mucho más que se desarrolle una clase media suficientemente numerosa, pero antes o después será inevitable. De momento, los chinos en general siguen como los españoles de los 60, encantados de no morirse de hambre, de tener televisión en casa y de que no haya follones (algún tibetano va a la carcél de vez en cuando, como iban los de Comisiones, pero en general la gente vive sin problemas políticos).
De modo que si la historia nos enseña algo, es precisamente que debe abrirse la economía primero para que un país pueda alcanzar la apertura social sin grandes convulsiones.
Por el contrario Rusia, que pasó de la noche a la mañana de la atroz dictadura comunista a una democracia formal pero sin llegar a implantar un sistema de garantías para la actividad económica, cayó de inmediato en el capitalismo salvaje. El de verdad, ese que consiste en ganar dinero no compitiendo en el mercado, sino mediante métodos mafiosos, corrupción y favores del gobierno.
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Es la libertad de expresión, estúpidos
Hoy es otro día de esos en los que los ciudadanos cedemos otro paso ante los poderosos. Lo triste es que incluso supuestos liberales han dicho en Red Liberal algo así como “es que Federico Jiménez Losantos se excedió”.
A ver si nos enteramos, mentecatos: en un país libre, deberíamos tener derecho a decir lo que nos diera la gana de cualquier político. Incluso si fuera mentira. Incluso si fuera una calumnia. Incluso si se expresara en forma de insulto. El poder del Estado sobre nosotros los ciudadanos es tal que cualquier factor de contrapeso siempre será insuficiente.
A Gallardón le hemos dejado el poder sobre cientos de hombres armados, tiene el poder de entrar en nuestras cuentas bancarias para quitarnos dinero de ellas, y tiene el poder hasta de imponernos cómo y dónde podemos construir o reformar nuestra casa. Y ese tipo, con ese inmenso poder, hoy ha conseguido además limitar hasta dónde podemos llegar en nuestras críticas a su discurso político.
Critiqué la censura a la caricatura de la revista “El Jueves” , aunque no haya comprado la revista en mi vida ni comparta sus planteamientos. Porque se trata de ellos o nosotros. Se trata de si podemos admitir límites en nuestra crítica al Gobernador.
En el momento en el que admitimos que un político pueda impedir por la vía penal que un periodista le critique como mejor le parezca, nos hemos cargado la libertad de expresión. La juez, para justificar lo injustificable, afirma que la Constitución no ampara la “libertad de insulto”. Yo no lo sé, porque no soy jurista. Sí sé que otro juez ha admitido que está amparada la libertad de insulto de Rubianes, por ejemplo. Y sé que nada malo les pasa a los que insultan a los políticos dederechas llamándoles franquistas, o a los que acusaron a Zaplana de corrupto, o al hermano del ministro que escribió que a Alcaraz le había tocado la lotería cuando asesinaron a sus familiares.
Y es que, no se engañe nadie, la sentencia de hoy sentará precedente para evitar que los periodistas insulten. Seguirán insultando impunemente los que ataquen a la derecha, a los católicos, a las víctimas del terrorismo. La sentencia de hoy solo sirve de precedente para los que “se excedan” en sus críticas al poder.
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Peticion de ayuda del Foro de Ermua
Copio un mensaje del Foro de Ermua:
Estimados amigos;
Desde el Foro Ermua nos tomamos la confianza de dirigirnos, una vez más, a todos los que os interesáis y apoyáis nuestra actividad y nuestra lucha por la libertad, para transmitiros que, desde hace meses, pasamos por una situación económica de endeudamiento por la reducción significativa de las subvenciones y por el número y características de las actividades que estamos realizando.
El Gobierno Vasco nos ha concedido 2.000€ en la convocatoria que financiaba generosamente a todo tipo de organizaciones.
www.euskadi.net Boletín Oficial N.2007166-29/08/07
El Ministerio del Interior ha concedido al Foro Ermua 2.500€ en la convocatoria para subvenciones de asociaciones:
www.boe.es/boe/dias/2007/10/31/pdfs/A44580-44582.pdf
Os recordamos que tenemos pendiente las multas por concentraciones supuestamente ilegales por valor de 12.000€.
Adjuntamos los datos de una cuenta corriente en la que podéis realizar – de forma anónima o no – una aportación, para poder continuar con normalidad nuestra actividad.
Con nuestro agradecimiento, recibid un fuerte abrazo,
Junta Directiva
Foro Ermua
Titular: Foro Ermua (Banco Popular, en Madrid)
Entidad: 0075
Sucursal: 0353
D.C.: 48
Nº Cuenta: 0600389228
Actuad en conciencia: ¿podéis prescindir de una caña, de una cena o de un capricho y dedicar ese dinero a los que se juegan la vida por la libertad de todos nosotros?
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Todos los tiranos
Tiranos del siglo XXI, tiranos 2.0, que han aprendido que en el nuevo orden mundial las elecciones son un requisito para mantenerse en el poder. Elecciones tan amañadas como las que se celebraban en los países del telón de acero, pero peinadas y vestidas para hacerlas más presentables.
Pero tiranos al fin y al cabo, que no dudan ni un segundo antes de ahorcar a un homosexual o disparar a unos manifestantes. Tiranos que trabajan duro para suministrar dosis diarias de demagogia a unas masas dispuestas a encontrar enemigos que huelen a azufre y son culpables de todos sus males. Tiranos que garantizan que su pueblo será lo suficientemente pobre e inculto como para disfrutar de una masa crítica de apoyo incondicionales.
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Ley y moral
Una de las características de los progres es su visión de las leyes como canon para definir lo que es moralmente correcto. Siempre, por supuesto, que la ley haya sido aprobada por un gobierno de izquierdas.
Aviso: como voy a hablar de derecho, advierto que lo único que he estudiado de derecho es un poco de Administrativo. Pero la ignorancia de una materia nunca ha sido impedimento para que bloggers o tertulianos pontifiquen sobre ella, así que yo no voy a ser la excepción. Ya vendrá Emilio a corregirme, si es preciso.
Hay algo que se conoce como “ley natural“, y que viene a ser el conjunto de normas que el ser humano debe cumplir por el hecho de serlo. No matar, no robar, no cometer incesto son ejemplos de este tipo de normas. Las personas religiosas son iusnaturalistas casi por imperativo: creen que esa “ley natural” está dictada por dios. Pero también hay quien defiende el derecho natural desde postulados basados en la razón.
Los socialistas son positivistas: para ellos no existe la ley natural. Lo que el parlamento aprueba se convierte automáticamente en patrón de conducta. Lo cual encaja perfectamente con su visión del mundo: un socialista cree que puede cambiar la sociedad desde el gobierno. Cree que una “Ley de Violencia de Género” es una solución para la violencia de género. Cree que una “Ley de Matrimonio Homosexual” genera derechos para los homosexuales.
Por eso promueven la “Educación para la Ciudadanía”, y no entienden que alguien pueda tener objeciones. Es una ley, y por tanto no sólo es correcta, sino que define lo que es correcto. Oponerse a ella, y más aún objetar, es inaceptable desde el punto de vista moral.
Las únicas excepciones son las leyes aprobadas por gobiernos de derecha, que por su origen impuro nacen faltas de legitimidad. Así, un socialista puede hablar de “decretazo” sin el respeto reverencial que sus propias leyes le imponen, o aceptar la objeción de conciencia a un servicio militar obligatorio “franquista” mientras la niega a una ley de despenalización del aborto aprobada por un gobierno socialista.
Por el contrario un liberal, sea o no creyente de cualquier religión, es iusnaturalista. Cree que el derecho a la libertad y a la vida están por encima de las leyes que pueda aprobar el parlamento, y cree que tiene el derecho e incluso la obligación de oponerse a esas leyes si menoscaban estos derechos.
El liberal sabe que no tiene todas las respuestas. Sabe que todas las empresas humanas son defectuosas, y las leyes no son una excepción. El liberal no busca, por tanto, crear una nueva realidad desde la ley, sino definir las reglas de un partido cuyos jugadores son los ciudadanos y no los gobernantes. Y sabe que las reglas tendrán que cambiar según cambie el deporte al que estén jugando los ciudadanos en cada momento.
Hay algo más profundo aún en todo esto. Hay quien se mofa de dirigentes como Bush riéndose de que que “hable con Dios para consultarle sus decisiones”. Yo no. Bush, o cualquier dirigente que crea en un ser superior, sabe que tiene un límite externo a su poder. Pero un político que cree que las leyes son las normas morales superiores, no tiene más límites que su capacidad para crear esas normas.
Y eso no da risa, sino miedo.
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Principes apareandose
¿Han visto ya la imagen de los príncipes holgando?. Debo advertir, para quien todavía no la haya visto, que es una caricatura. Nadie, ni siquiera el juez del Olmo, podría confundir la viñeta con una imagen robada a los príncipes con un teleobjetivo.
Lo cual tiene su importancia. Una fotografía de los príncipes habiendo ayuntamiento es una reprobable invasión a su intimidad (siempre que no se haya tomado en un lugar público). Una caricatura, por grosera que sea, es indistinguible a estos efectos del editorial del periódico más respetable.
Cuando se casaron el príncipe Carlos y Lady Di, hubo una campaña de antimonárquicos en la que representaban a dos osos panda copulando con el lema “See Cha-Cha and Di-Di breeding freely at the zoo”. O sea, “Vean a Cha-Cha y Di-Di apareándose libremente en el zoo”. ¿Era esto una intromisión en el honor de los príncipes de Gales o una acertada denuncia de la frivolidad y el exhibicionismo de una boda real? ¿Es la caricatura de El Jueves una profunda crítica a los privilegios medievales de la monarquía o una burda grosería?
En cualquier caso, sea lo que sea, yo preferiría vivir en un país en el que El Jueves puede publicar caricaturas de los príncipes copulando, igual que publican otras de obispos rijosos, políticos corruptos (si son de derechas) o militares fascistas. Nunca he comprado la revista en cuestión, ya que me ha bastado ojearla un par de veces para saber que no tengo interés en hacerlo. Pero si tiene público, a mí me parece estupendo que publiquen lo que puedan vender.
Sucede lo mismo con los programas del corazón. Yo no los veo, pero si hay gente dispuesta a pasar horas delante del televisor viendo cómo exhiben el comportamiento sexual o las adicciones de individuos más o menos famosos, es normal que haya quien dé satisfacción a ese deseo.
Es más, creo que debe permitirse que se cocine un cristo en televisión, o que se utilicen imágenes religiosas para promocionar un equipo de fútbol. Igual que debe estar permitido hacer caricaturas de Mahoma, por supuesto. Y debe estar permitido, en contrapartida, atacar (verbalmente) a quien hace estas cosas, o hacer contracampañas invitando, por ejemplo, a boicotear al club de fútbol que se anuncia con imágenes que a alguien resultan ofensivas.
El único límite a la libertad de expresión debe ser la seguridad o la intimidad de los demás. Cualquier otra cosa nos lleva a una dinámica en la que la libertad de expresión, al final, está determinada por el poder de presión de grupos determinados. Un día los católicos cerrarán una revista que ofende al Papa, y al día siguiente las feministas prohibirán un videojuego en el que el héroe machote conquista jovencitas voluptuosas. El lobby gay censurará los chistes de mariquitas y los agricultores impedirán que se emita un anuncio que ridiculiza la vida en el campo.
No me gustaría vivir en un país así.
Un momento. Tal vez ya viva en un país así.
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Educacion para la Ciudadania, Espias y Pioneros
Hace algo más de un año escribí esto:
En este orden de cosas, tengo muchos amigos preocupados por la asignatura de “Educación para la Ciudadanía”, y su posible influencia en la formación de nuestros hijos. A mí, sinceramente, lo que me importa es que quitará horas de otras asignaturas más útiles, pero muy poco su contenido. Es más, espero que sea furiosa, descaradamente progre. Cuanto más radical, mejor.
A mí ya no me tocó lo de la “Formación del Espíritu Nacional”, pero por lo que ví a mis amigos mayores, no parece que resultara muy efectiva. De hecho, creo que enseñar una ideología a un adolescente es la mejor manera de que la aborrezca. Si un profesor te explica lo fantástico que es ser una lesbiana emporrada con conciencia ecológica, tú te conviertes por narices en una pija consumista monógama casada por la iglesia.
Reconozco que me equivoqué. Hay una diferencia entre la Educación para la Ciudadanía y la Formación del Espíritu Nacional del tardofranquismo: la determinación de los adoctrinadores. A finales de los sesenta, pocos creían ya en eso del Imperio, los sempiternos enemigos de la patria o el nacionalcatolicismo. Ahora, los Peces Barba, las Cabrera, los Zerolo están dispuestos a aprovechar la oportunidad de inculcar sus criterios morales a nuestros hijos.
Leed este fragmento de 1984:
De pronto, tanto el niño como la niña empezaron a saltar en torno a él gritando: « ¡Traidor!» « ¡Criminal mental!», imitando la niña todos los movimientos de su hermano. Aquello producía un poco de miedo, algo así como los juegos de los cachorros de los tigres cuando pensamos que pronto se convertirán en devoradores de hombres. Había una especie de ferocidad calculadora en la mirada del pequeño, un deseo evidente de darle un buen golpe a Winston, de hacerle daño de alguna manera, una convicción de ser ya casi lo suficientemente hombre para hacerlo. [...]
Con aquellos niños, pensó Winston, la desgraciada mujer debía de llevar una vida terrorífica. Dentro de uno o dos años sus propios hijos podían descubrir en ella algún indicio de herejía. Casi todos los niños de entonces eran horribles. Lo peor de todo era que esas organizaciones, como la de los Espías, los convertían sistemáticamente en pequeños salvajes ingobernables, y, sin embargo, este salvajismo no les impulsaba a rebelarse contra la disciplina del Partido. Por el contrario, adoraban al Partido y a todo lo que se relacionaba con él. Las canciones, los desfiles, las pancartas, las excursiones colectivas, la instrucción militar infantil con fusiles de juguete, los slogans gritados por doquier, la adoración del Gran Hermano… todo ello era para los niños un estupendo juego. Toda su ferocidad revertía hacia fuera, contra los enemigos del Estado, contra los extranjeros, los traidores, saboteadores y criminales del pensamiento. Era casi normal que personas de más de treinta años les tuvieran un miedo cerval a sus hijos. Y con razón, pues apenas pasaba una semana sin que el Times publicara unas líneas describiendo cómo alguna viborilla —la denominación oficial era «heroico niño»— había denunciado a sus padres a la Policía del Pensamiento contándole a ésta lo que había oído en casa.
¿Imposible? mirad este video (desaparecido ya de Youtube):
Esa niña robot, esos niños que denuncian a sus padres, es lo que buscan los socialistas allí donde gobiernan, sea en Cuba, en Venezuela, en la Alemania de los años 30 o en España. Todo lo que dificulta la operación de adoctrinamiento debe ser, por tanto, anulado. El modelo de familia tradicional, la religión, la idea de libertad y responsabilidad individual, la disciplina en las aulas deben ser ridiculizados, denigrados y despreciados.
Mucha gente, por supuesto, no admite que a sus hijos les conviertan en Espías o en Pioneros. Y muchos niños no se dejan convertir. Muchos adolescentes y jóvenes, como yo apuntaba hace un año, desarrollan fobia a todo lo que les han intentado inculcar. Pero eso no es determinante, siempre que haya un número suficiente de niños-robot perfectamente adiestrados.
Cabrera no quiere convertir a mis hijos en pioneros. Sabe que no lo va a conseguir. Pero sabe también que si hay un número suficiente de niños y jóvenes adoctrinados, será irrelevante que algunos conserven la capacidad de pensar. Los alumnos libres tendrán que disimular, que hacer como si creyeran en la maldad de la Iglesia Católica y las maravillas del colectivismo, tendrán que abjurar de la libertad y proclamar su fe en el feminismo y la religión ecologista.
Sigo creyendo que, con el tiempo, la Educación para la Ciudadanía acabará, como la Formación para el Espíritu Nacional, creando alumnos con ideas contrarias a las que les han inculcado. Pero ahora no tengo duda de que los socialistas españoles pretenden tener el mismo éxito que Castro tiene con sus Pioneros, y van a hacer todo lo posible por conseguirlo. Vivir en un país en el que los niños son espías del Estado, como le pasaba a Winston Smith y pasa en Cuba o Venezuela, va a ser una experiencia muy desagradable.
Al menos nuestros hijos podrán huir a Francia o Portugal sin correr el riesgo de convertirse en comida para tiburones.
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El honor de Idoia Rodriguez
Acabo de volver a casa dispuesto a escribir algo sobre la soldado Idoia Rodríguez, pero veo que ya lo ha hecho Emilio antes y mejor.
Leedlo entero, que decía el clásico.
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Miedo a una encuesta
Leyendo esta entrada de Carmelo Jordá, he recordado algo que me sucedió de pequeño. En 1977 yo estudiaba feliz cuarto o quinto de EGB (ahora Primaria) en mi colegio, en un pueblo de la periferia de Barcelona.
Llegaban las primeras elecciones, y a mi profesor (un tipo de los de entonces, que nos cantaba con su guitarra en clase Blowing in the wind en catalán) se le ocurrió que hiciéramos un trabajo para sociales: nos organizamos en grupos de tres o cuatro y nos fuimos a hacer una encuesta por la calle, preparada por nosotros.
Una de las primeras personas a las que nos acercamos fue una señora de mediana edad. Cuando le preguntamos por sus ideas políticas, puso una cara de auténtico pánico y huyó asustada. Recuerdo que me impresionó, porque pensé “¿De qué tiene miedo, si solo somos unos niños?”. No lo he olvidado. Es de las pocas experiencias directas que he tenido de lo que significaba la represión en la dictadura: el terror a unos niños que preguntan sobre política armados con un lápiz y una libreta.
En el País Vasco no han salido de ese estado de miedo. Solo han pasado de tener terror al confidente de la policía a tener terror al confidente de ETA.
Comments are off for this postLa libertad de expresión incluye mentir e insultar
Argumentan los defensores de las sentencias contra Federico Jiménez Losantos que la libertad de expresión no debe usarse para mentir o insultar. No es lo mismo una cosa que otra, pero si queremos tener libertad de expresión debemos admitir ambas.
La libertad de expresión debe amparar la mentira
Verdad o mentira no son absolutos. Lo que hoy es algo comúnmente aceptado mañana puede ser unánimemente rechazado. ¿Qué pasaría si dentro de cinco o diez años se prueba que el calentamiento global no se está produciendo, o no se debe al CO2? ¿Deberían todos los medios que lo defienden hoy ser multados? ¿Debe ser multado hoy un medio que hace veinte años publicara un artículo defendiendo la necesidad de pactar con la URSS porque el comunismo era imposible de derrotar?
Habrá quien sostenga que los medios que publican según la creencia general no mienten, aunque se equivoquen. Pero eso supone que solo es sospechoso el que discrepa. Si seguir la corriente de pensamiento dominante sale gratis, ¿quién se va a atrever a la heterodoxia?
¿Y el que miente impúdicamente, consciente de hacerlo, por su propio interés? ¿el que niega el Holocausto, por ejemplo? Pues debe permitírsele hacerlo. Otra cuestión será el crédito moral que merezca tal persona. Y será tarea de los honestos explicar la verdad, para evitar que la propaganda tenga éxito.
Ese es el juego de la libertad de expresión.
La libertad de expresión debe amparar los insultos
El concepto de insulto también es resbaladizo. ¿Es “bobo solemne” un insulto? ¿Lo es “tahúr del Mississippi”? ¿Podemos decir que tal político es lerdo pero no decir que es tonto del culo? ¿Se puede decir que un periodista es lenguaraz pero no se le puede llamar hijoputa? ¿Es lícito decir que esa actriz es fea pero no lo es decir que es una zorra?
Salvo que la RAE, o el CGPJ elaboren una lista de epítetos admisibles, lo lógico es admitir cualquier cosa. Los más duchos en el arte del insulto serán capaces de irritar a sus contrarios, y los más torpes se tendrán que conformar con las palabras gruesas que por genéricas no hacen tanto daño.
La peor manera de herir a una persona con la palabra no es insultándola, sino acusándola de delitos o actos moralmente reprobables. Para estos casos debería quedar reservado el “derecho al honor”, no para impedir que alguien llame a otro lameculos o mamporrero.
Porque es imposible para un juez decidir objetivamente sobre algo tan subjetivo como la capacidad lesiva para el honor de epítetos como “carcalejos”, “facha” o “talibán de sacristía”, de modo que en esa tesitura otra vez acaba perdiendo el más débil, el que va contra corriente, el que más necesita la protección de la libertad de expresión.
11 comentariosLibertad Económica y Social
En Cine y Política recopila Santiago frases lúcidas, entre ellas esta con la que no estoy de acuerdo:
No se puede abrir la economía y no abrir la sociedad
Matizo: a largo plazo, la apertura económica termina por imponer la apertura social. Pero a corto no tiene por qué ser así. Tres ejemplos:
- España en los años 60. La prosperidad que crearon los tecnócratas sin duda tuvo mucho que ver con las ansias de democracia de los años 70, pero tuvo que pasar una década (y el cadáver de un dictador) para que la libertad social alcanzara a la económica.
- El Chile de Pinochet. Los Chicago Boys enderezaron una economía destrozada por el socialismo de Allende, pero lo hicieron en medio de una dictadura que no escondía su crueldad. Quince años pasaron desde que se inició el camino de la libertad económica hasta que se alcanzó la libertad social.
- La China de hoy. Hablaba hace unos meses con un chino que me decía que su vía para alcanzar el capitalismo era mucho mejor que la rusa. China ha liberado la economía, pero sigue siendo una dictadura paternalista, parecida a la franquista hasta en la mojigatería respeto a lo sexual. Alcanzar la libertad social en China llevará más tiempo, porque costará mucho más que se desarrolle una clase media suficientemente numerosa, pero antes o después será inevitable. De momento, los chinos en general siguen como los españoles de los 60, encantados de no morirse de hambre, de tener televisión en casa y de que no haya follones (algún tibetano va a la carcél de vez en cuando, como iban los de Comisiones, pero en general la gente vive sin problemas políticos).
De modo que si la historia nos enseña algo, es precisamente que debe abrirse la economía primero para que un país pueda alcanzar la apertura social sin grandes convulsiones.
Por el contrario Rusia, que pasó de la noche a la mañana de la atroz dictadura comunista a una democracia formal pero sin llegar a implantar un sistema de garantías para la actividad económica, cayó de inmediato en el capitalismo salvaje. El de verdad, ese que consiste en ganar dinero no compitiendo en el mercado, sino mediante métodos mafiosos, corrupción y favores del gobierno.
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Hoy es otro día de esos en los que los ciudadanos cedemos otro paso ante los poderosos. Lo triste es que incluso supuestos liberales han dicho en Red Liberal algo así como “es que Federico Jiménez Losantos se excedió”.
A ver si nos enteramos, mentecatos: en un país libre, deberíamos tener derecho a decir lo que nos diera la gana de cualquier político. Incluso si fuera mentira. Incluso si fuera una calumnia. Incluso si se expresara en forma de insulto. El poder del Estado sobre nosotros los ciudadanos es tal que cualquier factor de contrapeso siempre será insuficiente.
A Gallardón le hemos dejado el poder sobre cientos de hombres armados, tiene el poder de entrar en nuestras cuentas bancarias para quitarnos dinero de ellas, y tiene el poder hasta de imponernos cómo y dónde podemos construir o reformar nuestra casa. Y ese tipo, con ese inmenso poder, hoy ha conseguido además limitar hasta dónde podemos llegar en nuestras críticas a su discurso político.
Critiqué la censura a la caricatura de la revista “El Jueves” , aunque no haya comprado la revista en mi vida ni comparta sus planteamientos. Porque se trata de ellos o nosotros. Se trata de si podemos admitir límites en nuestra crítica al Gobernador.
En el momento en el que admitimos que un político pueda impedir por la vía penal que un periodista le critique como mejor le parezca, nos hemos cargado la libertad de expresión. La juez, para justificar lo injustificable, afirma que la Constitución no ampara la “libertad de insulto”. Yo no lo sé, porque no soy jurista. Sí sé que otro juez ha admitido que está amparada la libertad de insulto de Rubianes, por ejemplo. Y sé que nada malo les pasa a los que insultan a los políticos dederechas llamándoles franquistas, o a los que acusaron a Zaplana de corrupto, o al hermano del ministro que escribió que a Alcaraz le había tocado la lotería cuando asesinaron a sus familiares.
Y es que, no se engañe nadie, la sentencia de hoy sentará precedente para evitar que los periodistas insulten. Seguirán insultando impunemente los que ataquen a la derecha, a los católicos, a las víctimas del terrorismo. La sentencia de hoy solo sirve de precedente para los que “se excedan” en sus críticas al poder.
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Copio un mensaje del Foro de Ermua:
Estimados amigos;
Desde el Foro Ermua nos tomamos la confianza de dirigirnos, una vez más, a todos los que os interesáis y apoyáis nuestra actividad y nuestra lucha por la libertad, para transmitiros que, desde hace meses, pasamos por una situación económica de endeudamiento por la reducción significativa de las subvenciones y por el número y características de las actividades que estamos realizando.
El Gobierno Vasco nos ha concedido 2.000€ en la convocatoria que financiaba generosamente a todo tipo de organizaciones.
www.euskadi.net Boletín Oficial N.2007166-29/08/07
El Ministerio del Interior ha concedido al Foro Ermua 2.500€ en la convocatoria para subvenciones de asociaciones:
www.boe.es/boe/dias/2007/10/31/pdfs/A44580-44582.pdfOs recordamos que tenemos pendiente las multas por concentraciones supuestamente ilegales por valor de 12.000€.
Adjuntamos los datos de una cuenta corriente en la que podéis realizar – de forma anónima o no – una aportación, para poder continuar con normalidad nuestra actividad.
Con nuestro agradecimiento, recibid un fuerte abrazo,
Junta Directiva
Foro Ermua
Titular: Foro Ermua (Banco Popular, en Madrid)
Entidad: 0075
Sucursal: 0353
D.C.: 48
Nº Cuenta: 0600389228
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Tiranos del siglo XXI, tiranos 2.0, que han aprendido que en el nuevo orden mundial las elecciones son un requisito para mantenerse en el poder. Elecciones tan amañadas como las que se celebraban en los países del telón de acero, pero peinadas y vestidas para hacerlas más presentables.
Pero tiranos al fin y al cabo, que no dudan ni un segundo antes de ahorcar a un homosexual o disparar a unos manifestantes. Tiranos que trabajan duro para suministrar dosis diarias de demagogia a unas masas dispuestas a encontrar enemigos que huelen a azufre y son culpables de todos sus males. Tiranos que garantizan que su pueblo será lo suficientemente pobre e inculto como para disfrutar de una masa crítica de apoyo incondicionales.
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Una de las características de los progres es su visión de las leyes como canon para definir lo que es moralmente correcto. Siempre, por supuesto, que la ley haya sido aprobada por un gobierno de izquierdas.
Aviso: como voy a hablar de derecho, advierto que lo único que he estudiado de derecho es un poco de Administrativo. Pero la ignorancia de una materia nunca ha sido impedimento para que bloggers o tertulianos pontifiquen sobre ella, así que yo no voy a ser la excepción. Ya vendrá Emilio a corregirme, si es preciso.
Hay algo que se conoce como “ley natural“, y que viene a ser el conjunto de normas que el ser humano debe cumplir por el hecho de serlo. No matar, no robar, no cometer incesto son ejemplos de este tipo de normas. Las personas religiosas son iusnaturalistas casi por imperativo: creen que esa “ley natural” está dictada por dios. Pero también hay quien defiende el derecho natural desde postulados basados en la razón.
Los socialistas son positivistas: para ellos no existe la ley natural. Lo que el parlamento aprueba se convierte automáticamente en patrón de conducta. Lo cual encaja perfectamente con su visión del mundo: un socialista cree que puede cambiar la sociedad desde el gobierno. Cree que una “Ley de Violencia de Género” es una solución para la violencia de género. Cree que una “Ley de Matrimonio Homosexual” genera derechos para los homosexuales.
Por eso promueven la “Educación para la Ciudadanía”, y no entienden que alguien pueda tener objeciones. Es una ley, y por tanto no sólo es correcta, sino que define lo que es correcto. Oponerse a ella, y más aún objetar, es inaceptable desde el punto de vista moral.
Las únicas excepciones son las leyes aprobadas por gobiernos de derecha, que por su origen impuro nacen faltas de legitimidad. Así, un socialista puede hablar de “decretazo” sin el respeto reverencial que sus propias leyes le imponen, o aceptar la objeción de conciencia a un servicio militar obligatorio “franquista” mientras la niega a una ley de despenalización del aborto aprobada por un gobierno socialista.
Por el contrario un liberal, sea o no creyente de cualquier religión, es iusnaturalista. Cree que el derecho a la libertad y a la vida están por encima de las leyes que pueda aprobar el parlamento, y cree que tiene el derecho e incluso la obligación de oponerse a esas leyes si menoscaban estos derechos.
El liberal sabe que no tiene todas las respuestas. Sabe que todas las empresas humanas son defectuosas, y las leyes no son una excepción. El liberal no busca, por tanto, crear una nueva realidad desde la ley, sino definir las reglas de un partido cuyos jugadores son los ciudadanos y no los gobernantes. Y sabe que las reglas tendrán que cambiar según cambie el deporte al que estén jugando los ciudadanos en cada momento.
Hay algo más profundo aún en todo esto. Hay quien se mofa de dirigentes como Bush riéndose de que que “hable con Dios para consultarle sus decisiones”. Yo no. Bush, o cualquier dirigente que crea en un ser superior, sabe que tiene un límite externo a su poder. Pero un político que cree que las leyes son las normas morales superiores, no tiene más límites que su capacidad para crear esas normas.
Y eso no da risa, sino miedo.
45 comentariosPrincipes apareandose
¿Han visto ya la imagen de los príncipes holgando?. Debo advertir, para quien todavía no la haya visto, que es una caricatura. Nadie, ni siquiera el juez del Olmo, podría confundir la viñeta con una imagen robada a los príncipes con un teleobjetivo.
Lo cual tiene su importancia. Una fotografía de los príncipes habiendo ayuntamiento es una reprobable invasión a su intimidad (siempre que no se haya tomado en un lugar público). Una caricatura, por grosera que sea, es indistinguible a estos efectos del editorial del periódico más respetable.
Cuando se casaron el príncipe Carlos y Lady Di, hubo una campaña de antimonárquicos en la que representaban a dos osos panda copulando con el lema “See Cha-Cha and Di-Di breeding freely at the zoo”. O sea, “Vean a Cha-Cha y Di-Di apareándose libremente en el zoo”. ¿Era esto una intromisión en el honor de los príncipes de Gales o una acertada denuncia de la frivolidad y el exhibicionismo de una boda real? ¿Es la caricatura de El Jueves una profunda crítica a los privilegios medievales de la monarquía o una burda grosería?
En cualquier caso, sea lo que sea, yo preferiría vivir en un país en el que El Jueves puede publicar caricaturas de los príncipes copulando, igual que publican otras de obispos rijosos, políticos corruptos (si son de derechas) o militares fascistas. Nunca he comprado la revista en cuestión, ya que me ha bastado ojearla un par de veces para saber que no tengo interés en hacerlo. Pero si tiene público, a mí me parece estupendo que publiquen lo que puedan vender.
Sucede lo mismo con los programas del corazón. Yo no los veo, pero si hay gente dispuesta a pasar horas delante del televisor viendo cómo exhiben el comportamiento sexual o las adicciones de individuos más o menos famosos, es normal que haya quien dé satisfacción a ese deseo.
Es más, creo que debe permitirse que se cocine un cristo en televisión, o que se utilicen imágenes religiosas para promocionar un equipo de fútbol. Igual que debe estar permitido hacer caricaturas de Mahoma, por supuesto. Y debe estar permitido, en contrapartida, atacar (verbalmente) a quien hace estas cosas, o hacer contracampañas invitando, por ejemplo, a boicotear al club de fútbol que se anuncia con imágenes que a alguien resultan ofensivas.
El único límite a la libertad de expresión debe ser la seguridad o la intimidad de los demás. Cualquier otra cosa nos lleva a una dinámica en la que la libertad de expresión, al final, está determinada por el poder de presión de grupos determinados. Un día los católicos cerrarán una revista que ofende al Papa, y al día siguiente las feministas prohibirán un videojuego en el que el héroe machote conquista jovencitas voluptuosas. El lobby gay censurará los chistes de mariquitas y los agricultores impedirán que se emita un anuncio que ridiculiza la vida en el campo.
No me gustaría vivir en un país así.
Un momento. Tal vez ya viva en un país así.
4 comentariosEducacion para la Ciudadania, Espias y Pioneros
Hace algo más de un año escribí esto:
En este orden de cosas, tengo muchos amigos preocupados por la asignatura de “Educación para la Ciudadanía”, y su posible influencia en la formación de nuestros hijos. A mí, sinceramente, lo que me importa es que quitará horas de otras asignaturas más útiles, pero muy poco su contenido. Es más, espero que sea furiosa, descaradamente progre. Cuanto más radical, mejor.
A mí ya no me tocó lo de la “Formación del Espíritu Nacional”, pero por lo que ví a mis amigos mayores, no parece que resultara muy efectiva. De hecho, creo que enseñar una ideología a un adolescente es la mejor manera de que la aborrezca. Si un profesor te explica lo fantástico que es ser una lesbiana emporrada con conciencia ecológica, tú te conviertes por narices en una pija consumista monógama casada por la iglesia.
Reconozco que me equivoqué. Hay una diferencia entre la Educación para la Ciudadanía y la Formación del Espíritu Nacional del tardofranquismo: la determinación de los adoctrinadores. A finales de los sesenta, pocos creían ya en eso del Imperio, los sempiternos enemigos de la patria o el nacionalcatolicismo. Ahora, los Peces Barba, las Cabrera, los Zerolo están dispuestos a aprovechar la oportunidad de inculcar sus criterios morales a nuestros hijos.
Leed este fragmento de 1984:
De pronto, tanto el niño como la niña empezaron a saltar en torno a él gritando: « ¡Traidor!» « ¡Criminal mental!», imitando la niña todos los movimientos de su hermano. Aquello producía un poco de miedo, algo así como los juegos de los cachorros de los tigres cuando pensamos que pronto se convertirán en devoradores de hombres. Había una especie de ferocidad calculadora en la mirada del pequeño, un deseo evidente de darle un buen golpe a Winston, de hacerle daño de alguna manera, una convicción de ser ya casi lo suficientemente hombre para hacerlo. [...]
Con aquellos niños, pensó Winston, la desgraciada mujer debía de llevar una vida terrorífica. Dentro de uno o dos años sus propios hijos podían descubrir en ella algún indicio de herejía. Casi todos los niños de entonces eran horribles. Lo peor de todo era que esas organizaciones, como la de los Espías, los convertían sistemáticamente en pequeños salvajes ingobernables, y, sin embargo, este salvajismo no les impulsaba a rebelarse contra la disciplina del Partido. Por el contrario, adoraban al Partido y a todo lo que se relacionaba con él. Las canciones, los desfiles, las pancartas, las excursiones colectivas, la instrucción militar infantil con fusiles de juguete, los slogans gritados por doquier, la adoración del Gran Hermano… todo ello era para los niños un estupendo juego. Toda su ferocidad revertía hacia fuera, contra los enemigos del Estado, contra los extranjeros, los traidores, saboteadores y criminales del pensamiento. Era casi normal que personas de más de treinta años les tuvieran un miedo cerval a sus hijos. Y con razón, pues apenas pasaba una semana sin que el Times publicara unas líneas describiendo cómo alguna viborilla —la denominación oficial era «heroico niño»— había denunciado a sus padres a la Policía del Pensamiento contándole a ésta lo que había oído en casa.
¿Imposible? mirad este video (desaparecido ya de Youtube):
Esa niña robot, esos niños que denuncian a sus padres, es lo que buscan los socialistas allí donde gobiernan, sea en Cuba, en Venezuela, en la Alemania de los años 30 o en España. Todo lo que dificulta la operación de adoctrinamiento debe ser, por tanto, anulado. El modelo de familia tradicional, la religión, la idea de libertad y responsabilidad individual, la disciplina en las aulas deben ser ridiculizados, denigrados y despreciados.
Mucha gente, por supuesto, no admite que a sus hijos les conviertan en Espías o en Pioneros. Y muchos niños no se dejan convertir. Muchos adolescentes y jóvenes, como yo apuntaba hace un año, desarrollan fobia a todo lo que les han intentado inculcar. Pero eso no es determinante, siempre que haya un número suficiente de niños-robot perfectamente adiestrados.
Cabrera no quiere convertir a mis hijos en pioneros. Sabe que no lo va a conseguir. Pero sabe también que si hay un número suficiente de niños y jóvenes adoctrinados, será irrelevante que algunos conserven la capacidad de pensar. Los alumnos libres tendrán que disimular, que hacer como si creyeran en la maldad de la Iglesia Católica y las maravillas del colectivismo, tendrán que abjurar de la libertad y proclamar su fe en el feminismo y la religión ecologista.
Sigo creyendo que, con el tiempo, la Educación para la Ciudadanía acabará, como la Formación para el Espíritu Nacional, creando alumnos con ideas contrarias a las que les han inculcado. Pero ahora no tengo duda de que los socialistas españoles pretenden tener el mismo éxito que Castro tiene con sus Pioneros, y van a hacer todo lo posible por conseguirlo. Vivir en un país en el que los niños son espías del Estado, como le pasaba a Winston Smith y pasa en Cuba o Venezuela, va a ser una experiencia muy desagradable.
Al menos nuestros hijos podrán huir a Francia o Portugal sin correr el riesgo de convertirse en comida para tiburones.
28 comentariosEl honor de Idoia Rodriguez
Acabo de volver a casa dispuesto a escribir algo sobre la soldado Idoia Rodríguez, pero veo que ya lo ha hecho Emilio antes y mejor.
Leedlo entero, que decía el clásico.
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