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A favor del voto electrónico
No voy a quedarme yo sin terciar en la discusión entre Daniel y Fernando sobre el voto electrónico.
De hecho, ya escribí un post en 2005 sobre un artículo de Daniel en el que comentaba la experiencia de voto electrónico en el referéndum de la Constitución Europea, que puede servir para tener algo de background en este tema. Un apunte: ahora es HP el principal partner de Scytel, y le está ayudando a vender su tecnología fuera de nuestras fronteras.
Los contrarios al voto electrónico ofrecen dos argumentos: facilita el fraude (Daniel) y fomenta los votos “irracionales” (Albert).
El primer argumento es fácil de rebatir. Copio de mi post anterior:
la aplicación de Scytel utiliza una infraestructura de PKI, de manera que cualquier ciudadano “firma” digitalmente su voto, de igual manera que lo hace en papel. De hecho, la plataforma permite voto simultáneo en papel, por móvil y por Internet, todos seguros y certificados. Pero además el ciudadano al votar obtiene un código que identifica a su voto de manera unívoca, y le permite comprobar posteriormente que éste ha sido contabilizado y que no se ha alterado su sentido.
Es decir, el voto electrónico es aún más seguro que el papel, porque una vez introducido éste en la urna ya desconocemos lo que pasa con él.
El segundo argumento tiene más enjundia: ¿facilitar el voto aumenta los votos irreflexivos?
Cualquier afirmación sería aventurada, pero me atrevo a decir que no. Puede aumentar tal vez los votos de los indecisos y poco motivados (vota más gente cuando no llueve pero no hace tan buen tiempo como para salir de fin de semana). Pero está por demostrar que estos indecisos sean menos racionales. Tal vez se produjera el efecto de disminuir el porcentaje de votos “fanáticos”, que pueden ser aún más irracionales.
¿Hay argumentos a favor? Los que aporta Fernando no son pocos: el coste es inferior (para el Estado y para cada uno de los ciudadanos), el escrutinio es más rápido, es más cómodo.
Pero es más importante, en una democracia tercermundista como la nuestra, en la que ser candidato de determinados partidos supone jugarte la vida, es garantizar el secreto del voto. Daniel argumenta que debería ser obligatorio el uso de cabinas. Pues sí, pero nunca lo será.
El problema en muchos pueblos del País Vasco no es que no vean qué papeleta metes en el sobre. El problema es que si te ven votar, ya saben lo que has votado, porque todo el mundo sabe de qué pie cojea cada uno.
Familiares que viven allí me contaron que en las últimas elecciones a las que se presentó Batasuna, en las que había cierta desafección entre sus votantes, los proetarras les llamaban por teléfono para decirles “¿qué pasa, que todavía no has venido a votar?”. No solo votar al PP es difícil, también lo es dejar de votar a Batasuna.
La ventaja de poder votar en libertad en el País Vasco supera sin duda a la desventaja de los irreflexivos que votan porque es fácil.
Por último: el voto electrónico puede aumentar la implicación de los ciudadanos en la vida política. Montar la infraestructura no es barato pero, una vez que la tienes, es más fácil hacer consultas electrónicas que en papel. Un gobierno que creyera en la democracia podría organizar fácilmente consultas sobre temas controvertidos ¿cadena perpetua? ¿modificación de la ley del aborto? ¿hacemos esta carretera? ¿trasvase del Ebro?
El problema es la escasísima participación de los ciudadanos en temas políticos, que puede dejar estas consultas en manos de los grupos con opiniones más radicales, pero esto ya sería tema de otro post.
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Orgullo
Hace muchos, muchos años, cuando yo era un niño, era normal avergonzarse de ser español. Sabíamos que éramos más pobres que los europeos, que muchos tenían que emigrar para sobrevivir. Sabíamos que no teníamos libertad ni democracia como en Europa (muchos pensaban que éramos incapaces de vivir en democracia sin matarnos los unos a los otros). Sabíamos que pocos españoles eran ejemplo de nada a nivel mundial, y los que lo eran habían muerto hacía muchos años. Si un deportista destacaba, lo hacía como héroe solitario, contra todas las probabilidades. No era un modelo para nosotros, los niños de entonces, sino un ser extraño dotado de superpoderes, inimitable.
El españolismo era cutre, feo y ridículo. Pretendía que estuviéramos orgullosos del sol, la paella y los toros. Y se promovían eslóganes que sólo los más zafios podían asumir. Nadie se creía que los españolitos bajos, feos y sentimentales ligaran con las suecas en Benidorm. Así que nos limitábamos a envidiar a esos seres altos y rubios que venían a nuestras playas en verano. Los más pudientes o los más osados cruzaban la frontera para ver películas guarras (los más), comprar libros prohibidos (los menos) y comprobar de primera mano qué era eso de la libertad.
Pero, aunque entonces no lo supiéramos, esa España de los 60 y 70 era un país del que podíamos estar orgullosos. Una España que consiguió, en poco más de una década, pasar de África a Europa. Pasar de ser un país de campesinos analfabetos a ser un país industrializado y de servicios. A eso se dedicaron los españolitos bajitos y acomplejados de entonces: a mejorar nuestro nivel de vida de golpe y para mucho tiempo.
Después hubo otro motivo de orgullo, y nosotros apenas empezamos a ser conscientes de ello: conseguimos salir de una dictadura con muy poca sangre, y en ese proceso superamos un enfrentamiento de décadas.
Los gobiernos siguientes, los de González y los de Aznar, consiguieron el milagro de hacernos europeos no solo geográficamente, sino también políticamente. A trancas y barrancas, con luces y sombras, consiguieron que fuera normal para los que ya nos incorporábamos a la vida laboral participar en reuniones con franceses, alemanes o italianos. Las nórdicas ya no venían a España solo a tostarse: venían a hacer negocios con nosotros, y nosotros íbamos con ellas a Bruselas a aburrirnos en comités europeos de estandarización del etiquetado de las conservas de pescado.
Nos creímos que podíamos hacer las cosas tan bien como los extranjeros, y lo hicimos. La Moda de España, la cocina de España, hasta los deportistas de España: empezamos a ganar medallas olímpicas, y por fin un deportista español podía ser campeón del mundo a base de técnica y trabajo, y no de heroísmo.
González nos metió en la OTAN, y nuestro ejército dejó de dedicarse a vigilarnos y preparar golpes de estado. Puso a nuestros soldados a las órdenes de generales americanos, británicos o franceses y se fueron a pegar tiros, en maniobras o contra enemigos reales. Aznar dio un paso más, y colocó a España como aliado preferente de los Estados Unidos y como modelo de eficacia económica ante nuestros colegas europeos. Algo inimaginable cuando éramos niños.
Claro que había problemas. No fue agradable vivir en una dictadura. Hubo crímenes de estado, hubo muchos errores en la construcción de la democracia. Pero íbamos mejorando, y podíamos creer que los problemas se irían resolviendo, que seguiríamos construyendo un país cada día mejor.
Y toda esa historia de 40 años nos permitió por fin estar orgullosos de ser españoles. Por fin mirábamos por encima del hombro a franceses y alemanes, pobrecitos con sus problemas económicos y su anquilosamiento de países caducos.
Pero destruir un país es fácil. Lo hicieron los argentinos, que llevan décadas empeñados en hundir un país que en los años era próspero y moderno, la meca a la que emigraban los italianos y los españoles. Lo hicieron los alemanes en los años treinta.
Y lo estamos haciendo ahora con España. Zapatero, pero no solo Zapatero. Su gobierno de mediocres, incapaces y sectarios, pero no solo ellos. También los nacionalistas que juegan peligrosamente colocando un cuchillo en el cuello de su gallina de los huevos de oro. Los jueces que han aceptado someterse al poder político. Los políticos del PP cuyo primer criterio es la rentabilidad electoral. Los empresarios que aceptan que gana más el que más cerca está del poder. Los periodistas que juran obediencia ciega a las consignas de su grupo mediático y se olvidan de la verdad. Los militares que prefieren defender sus cargos a defender el honor de los que han muerto en acciones de guerra.
Y la estamos destruyendo todos nosotros que aceptamos que los políticos roben, que la justicia no sea igual para todos, que el dinero de nuestros impuestos se lo lleven los que más gritan o los más listos y no los que más lo necesitan. La estamos destruyendo los que aceptamos que haya regiones eternamente subvencionadas donde la gente trabaja “en el paro”. Los que miramos para otro lado cuando sabemos que hay compatriotas que viven amenazados de muerte por sus ideas, y callamos cuando los gobiernos que deberían protegerles les acusan de crispar. Los que aceptamos que se intente censurar al que hace o dice algo que nos parece moral o políticamente improcedente.
La sentencia del 11-M es sólo una muestra más de esa mentalidad acomodaticia, cobarde e interesada. Dicen los jueces: aparentemos que todo está bien, aunque tengamos que decir una cosa y la contraria, demos una mano de cal para que todo reluzca aunque por dentro esté podrido. Dicen los políticos: veamos cómo podemos aprovechar esto para ganar votos o al menos no perderlos. Y no hay diferencia entre partidos: es indigno nuestro gobierno y es indigna nuestra oposición.
No es probable que yo vaya a vivir a Australia o a Estados Unidos. Soy ya demasiado viejo. Pero salvo que seamos, como nuestros padres, capaces de cambiar la tendencia y hacer algo de lo que nos podamos sentir orgullosos, temo que llegará el día en que tendré que ver como mis hijos emigran a un país en el que libertad o justicia no sean conceptos discutidos y discutibles, meros señuelos del poder para mantener domesticados a sus súbditos.
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Dia de la patria
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.
Salíme al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
Patriotismo inverso, patriotismo por necesidad. La patria decadente, menguante, pero último refugio frente a los totalitarios. La bandera rojigualda, tantos años desprecida y vergonzante, como arma. Aciertan Blanco y De la Vega: quiero utilizar la bandera contra otros.
Quiero utilizar la bandera de mi patria contra los que usan otras banderas para arrebatarnos nuestra libertad. Quiero usar la bandera, y la patria, contra los que llevan cien años usando banderas rojas para vivir de aquellos a los que dicen defender. Usar una bandera roja y gualda contra los que usan la bandera de su tribu para expulsar al diferente. Usar la bandera que hace treinta años utilizamos para inventar un país de todos contra lo que esgrimen banderas tricolores para resucitar unos muertos y una guerra.
La patria es instrumento. Hoy y aquí es lo que garantiza la poca o mucha libertad que tengo. Pero no es eterna: se puede joder un país. Se jodió Perú, se jodió Argentina, se jodió Alemania, se jode Venezuela. La libertad no se gana para siempre. Para siempre solo es la lucha por la libertad, porque siempre habrá totalitarios.
No es la patria paella, flamenco, toros y olé. Es una patria de locos que fueron al fin del mundo y crearon un imperio en un continente que no existía. La patria de locos que se enfrentaron con palos, piedras y guadañas al ejército de Napoleón. La patria de locos que creyeron que derrotado el francés podían crear un país libre. La patria de miles de locos que prefirieron el martirio antes que la apostasía.
No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimiento de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?
Asturianos de braveza.
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la manera,
señores de la labranza.
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada. a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habréis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Defendamos la bandera. Defendamos la patria. Defendamos la libertad.
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Be bold
¿Alguno de vosotros conocía a Gabriele Pauli hace una semana? Para los despistados, Pauli es la política alemana que ha hecho la propuesta de matrimonios con fecha de caducidad.
Independientemente de si la idea es buena o “irresponsable, estúpida y completamente absurda”, como dicen sus propios compañeros de partido, lo cierto es que es notable. Es decir, es una propuesta que exige comentarios, que convierte unas declaraciones de una política local en noticia global. Es, como diría Seth Godin, una vaca púrpura.
Al PP, tan moderadito y tan centradito, no le vendría mal tener una señora Pauli que hiciera propuestas radicales de las que hablara todo el mundo. Si realmente quiere Rajoy ganar las siguientes elecciones, debería echar a la calle a todo el rebaño de asesores que pastan por Génova recomendando moderación y templanza, y contratar a alguien capaz de generar ideas notables. Ideas que hagan hablar a la gente, que nos polaricen, que sean el motivo de conversación con nuestros compañeros de trabajo a la hora del café. Ideas que hagan enfadar a mucha gente, pero que consigan otros defensores entusiastas. “Nunca mais”, “no a la guerra”, “decretazo”, “talante”… algo podrían aprender de los maestros del PSOE.
Rajoy y sus asesores pretenden ganar las elecciones como esos ciclistas que se suben al podio a base de estar colocados en todas las etapas sin hacer nada destacable en ninguna. Pero esa estrategia de evitar el riesgo es la menos segura, porque cualquier insensato que se lance a una escapada exitosa te puede arrancar de golpe todos los minutos que has ido acumulando etapa tras etapa.
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Una mujer en el armario
¿Qué debes hacer cuando descubres que tu pareja te es infiel? Puedes hacer como la amiga de Rafaela Carrá y hacer lo mismo a partir de ese momento. Puedes pedir el divorcio. O puedes perdonarle y creerle cuando te dice “jamás lo volveré a hacer”.
Hace cuarenta años, si una mujer descubría que su marido era infiel y consultaba con su confesor o con su madre, lo normal es que recibiera el consejo de perdonarle. Había que considerar el bienestar de los hijos y la indisolubilidad del sacramento matrimonial. Incluso aunque su marido llegara a casa oliendo a perfume y con manchas de carmín en la camisa, ella debía sacrificarse en aras a este bien superior, hacer como que no veía nada y seguir adelante cuidando del hogar y los hijos como una buena esposa y madre.
Igual que ahora. Lo importante, nos dicen, es que los demócratas estemos unidos ante el terrorismo. Ese es el bien superior a proteger. Y para ello, hay que olvidar que Zapatero ha seguido negociando con ETA después de los asesinatos de Barajas, cuando nos aseguró que el “proceso” quedaba interrumpido. Hay que hacer como que no oímos lo de “los vascos decidirán su futuro”, hacer como que no vemos las manchas de carmín.
Nos lo pide el rey, igual que se lo pedía el confesor, o la familia, a las mujeres engañadas. Aguantemos que ETA vuelva a los ayuntamientos, porque hay que pensar en los hijos. No le preguntes a tu marido de dónde viene a esas horas, porque la democracia requiere unidad ante el terror.
Rajoy acepta el sacrificio, piensa en sus hijos y en el qué dirán y perdona otra vez al marido infiel. Sabe que le volverá a engañar, que le sigue engañando, pero se consuela pensando que está cumpliendo con su deber. Y al fin y al cabo, tampoco Zapatero es tan mal esposo. Apenas le pega (aunque le grita casi todos los días), le da cada día el dinero para hacer la compra y en verano Rajoy es feliz. Va con los niños a Alicante tres meses mientras Zapatero se queda de “rodríguez” en Madrid. En verano Rajoy no tiene que hacer como que no ve los cabellos largos de ETA en la solapa de Zapatero.
El bien superior. El consenso. El sacramento matrimonial. La unidad. Resignación. Altura de miras. Aceptar lo que Dios te envía.
Indignidad, ahora y antes.
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No es Rajoy
Si algo ha quedado claro en estos cinco días, es que Rajoy no es el líder que la derecha necesita para evitar que el PSOE gane las próximas elecciones generales. Es más, lo que ha quedado claro es que Rajoy no es un líder. Puede ser un buen gestor (lo dudo) o un buen político (que tampoco), pero es innegable que no es un líder. Veamos:
1. A un líder no se le sube a las barbas un ambiciosillo como Gallardón.
A Esperanza Aguirre Gallardón le duró un telediario. El martes decía el Alcalde que “hay pocas cosas en política que me haya propuesto y no haya conseguido”. Una de ellas fue arrebatarle la presidencia del PP de Madrid a Esperanza Aguirre: Gallardón perdió por 98-2. Y ahora Aguirre tiene personas de su máxima confianza en los plenos municipales, mientras los Gallardonitas ni huelen la Comunidad.
Ahora Gallardón insiste, postulándose descaradamente como sucesor de Rajoy. Y todo lo que Rajoy tiene que decir es que el PP “tiene muchas personas y muy brillantes” que “también podrían ser un buen número dos”. Con un tipo como Gallardón, lo único sensato que puedes hacer es apartarle de cualquier cargo. Aznar, que sí era un líder, empezó por limpiar el partido de gente “valiosa” pero capaz de vender a su propia madre por un plato de lentejas. A partir de ese momento se hizo respetar, y en muchos años a nadie se le ocurrió cuestionar su liderazgo.
Rajoy, dando alas (o no cortándoselas) a Gallardón, lo único que consigue es alentar sus ambiciones y las de otros.
2. Un líder tiene unos valores claros, y los defiende sin hacer cálculos cortoplacistas
La “derecha extrema”, lo “peor del PP” representado por Esperanza Aguirre, ha conseguido resultados espectaculares en la Comunidad de Madrid, en ciudades que hasta ahora habían votado a la izquierda. En lugares donde el PP es un partido centrado y moderado, como Andalucía o Cataluña, los votantes del PP prefieren quedarse en casa.
Sarkozy era un peligroso fascista represor de los multiculturales borrokos magrebíes parisienses. En eso estaban de acuerdo todos los medios de comunicación a ambos lados de los Pirineos. Igual que estaban de acuerdo en que Royal era más guapa, más simpática y más “zapatera”. Pero ha ganado las elecciones en Francia. Tony Blair era un peligroso belicista lameculos de Bush. Pero ganó por mayoría absoluta las elecciones en Inglaterra. Bush era un peligroso cowboy fascista y genocida. Pero ganó al educado e indeciso Kerry con más ventaja que a Gore.
Y es que mucha gente agradece que le hablen claro, y que le digan que no habrá componendas en cuestiones de principios. Rajoy procura no molestar. Y consigue no apasionar.
3. Un líder lidera
Sí, es una obviedad. Pero lo cierto es que el PP, con todo lo que ha llovido en los últimos tres años, se ha limitado a hacer una oposición a trompicones. Hoy una manifestación, el mes siguiente una pregunta parlamentaria, otro día una recogida de firmas… pero nunca se ha adelantado al PSOE ni en lo más previsible. No ha previsto lo que iba a suceder con el “proceso de paz”, ni siquiera lo que iba a suceder con Navarra hasta que lo han tenido a dos palmos de la nariz. No ha hecho que sus presidentes autonómicos actúen coordinadamente, por ejemplo, con la Ley de Educación. Ha dado vaivenes con los estatutos, oponiéndose al catalán para a renglón seguido apoyar el andaluz, aprobando reformas estatutarias en Valencia o Baleares en lugar de bloquear cualquier reforma mientras persistiera el pacto del PSOE con los independentistas.
El mensaje de Rajoy se reduce a “lo que hace Zapatero es inaceptable”. Lo cual es sin duda cierto, pero no suficiente. No sabemos, por ejemplo, si Rajoy endurecerá las penas a los etarras si llega al poder. No sabemos qué piensa hacer (si es que piensa hacer algo) para evitar que la justicia sea un poder dependiente del ejecutivo. No sabemos si tiene alguna propuesta política para reforzar la cohesión de España. No sabemos qué piensa hacer con la educación para evitar el adoctrinamiento de nuestros hijos.
Si Rajoy pretende ser un líder, que diga dónde quiere llevar a España en los próximos 10 años. No basta con decir “lo haré mejor que Zapatero”.
4.Un líder no obedece a sus seguidores.
Es sólo una anécdota, pero me resultó bochornoso el espectáculo de los políticos dando saltitos cada vez que el público gritaba “que bote fulanito”. ¿Alguien se imagina a Churchill dando saltitos en un balcón solo porque unos tipos están abajo gritando “Jump Winston!”?
Un verdadero líder, alguien como Churchill, es capaz de hacer un discurso y conseguir que los que lo oyen actúen en consecuencia. Es capaz de inspirar a sus seguidores. Los entusiastas de Rajoy que celebraban la victoria en Génova preferían entretenerse con jueguecitos de adolescentes a escuchar lo que tenía que decir su líder.
5. Un líder toma decisiones
Rajoy huye de ellas como un gato del agua. El PP pierde cada vez más votos en Cataluña. No es capaz de acercarse al PSOE en Andalucía. No se recupera en Galicia. Pero ahí siguen Piqué, Arenas y Feijoo, dando lecciones de moderación y centrismo. ¿Que un tipo como Matas suma a su candidatura a una impresentable que abochorna a sus votantes y desprecia a los dirigentes del partido? Rajoy mira para otro lado, y aquí no ha pasado nada.
Ahí siguen estos politiquillos enquistados en sus terruños, incapaces de hacer ganar votos al PP ni contra un Gobierno tan manifiestamente odioso para sus votantes como éste. ¿No debería Rajoy tomar alguna decisión con respecto a ellos? ¿O, tal vez, por el contrario, hacer caso a los moderados y librarse de Acebes y Zaplana, esos que “representan a la derecha más extrema”?
Rajoy, como el príncipe Vassili de Les Luthiers, duda y duda hasta que, decididamente, rechaza el desafío.
No sé si Zapatero perderá las próximas elecciones. Lo que sí sé es que, o Rajoy cambia mucho, o no las ganará el PP. Es posible que tenga más votos si continúa el desastre y la iniquidad de este gobierno. Pero hay una diferencia entre ganar las elecciones y que las pierda el contrario. Rajoy, hasta el momento, no ha demostrado ser ese líder capaz de convencer y vencer.
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Comandos incontrolados
Hace muchos, muchos años, en un país en el que empezaban a aparecer señales de libertad en el horizonte, Forges dibujaba esto:

En aquel tiempo, no era la extrema izquierda sino la extrema derecha la que agredía impunemente a los que pensaban diferente. No era la juventud alegre y combativa la que quemaba librerías, sino los jóvenes de familias bien de toda la vida. Hubo incluso algún escándalo cuando pillaron en plena faena al hijo de un ministro, creo recordar.
El caso es que, en aquélla época, no solo Forges pensaba que esos comandos “incontrolados” estaban perfectamente controlados por un gobierno que se resistía al cambio de régimen. Y probablemente no les faltaba razón a los que pensaban así.
Ahora volvemos a tener “grupos incontrolados” que atacan a los que piensan diferente.
Y yo no puedo evitar pensar que en algún despacho de algún ministerio, un alto cargo tal vez esté diciendo algo así como “Que no; menos botellón y más peperos”.
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Una democracia ejemplar
Eso decía Zapatero a los pocos días de ser elegido: “Haré una democracia ejemplar“.
No cabe duda de que ha cumplido su palabra.
Hace tres años teníamos una democracia en la que hombres y mujeres, sin importar su sexo, podían presentarse libremente a las elecciones. Hoy tenemos una democracia en la que a las mujeres se les impide ser candidatas a concejal, simplemente por tener dos cromosomas X.
Hace tres años teníamos una democracia en la que los terroristas no podían presentarse a las elecciones, y que respondía con firmeza a sus intentos de burlar la ley. Hoy tenemos una democracia en la que Gobierno, fiscales y jueces ayudan a los terroristas a presentar sus candidaturas en todas las localidades que les interesan.
Hace tres años teníamos una democracia en la que algunos energúmenos atacaban sedes del partido del Gobierno y agredían a sus militantes. Hoy tenemos una democracia en la que eso se sigue haciendo, y el presidente del Gobierno ni lo condena ni lo lamenta.
Hace tres años teníamos una democracia en la que el partido que forma parte de ETA tenía muy mermada su capacidad de actuar: tenía sus sedes precintadas, sus dirigentes no podían realizar declaraciones públicas, no podían manifestarse. Hoy tenemos una democracia en la que el principal partido de la oposición tiene muy mermada su capacidad de actuar en determinadas zonas de España: sus sedes son atacadas regularmente, sus candidatos viven en continua amenaza de muerte, muchos militantes se ven forzados a elegir entre abandonar su lugar de residencia o dejar la política…
Hace tres años teníamos un Gobierno formado por personas honestas que nos hicieron perder la costumbre de conocer cada semana un caso de corrupción en una institución del Estado. Hoy tenemos otra vez un Gobierno y un partido que estimulan la corrupción, que manipulan empresas que cotizan en bolsa, que utilizan dossieres para torcer voluntades, que espían a los dirigentes de empresas privadas…
Sí, no cabe duda de que Zapatero lo ha conseguido: vivimos ne una democracia ejemplar. Y todavía le queda un año, por lo menos, para seguir creando ejemplos.
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De Juana a la carcel
La Asociación de Víctimas de Terrorismo ha lanzado una campaña para intentar que el asesino De Juana Chaos vuelva a la cárcel de la que nunca debió salir. Entre las iniciativas interesantes, proponer a tu alcalde que se debata una moción en el Ayuntamiento de rechazo a la excarcelación de De Juana. Puede ser una excelente oportunidad para saber si el próximo 27 de Mayo votarás a una persona digna o a un canalla que apoya la concesión de privilegios a uno de los peores asesinos que hay en España.
Espero que el PP, al menos por esta vez, sea ágil y mañana mismo presente mociones de este tipo en todos los ayuntamientos en los que está representado. Pero si no lo hace, nosotros se lo recordaremos.
Tenéis toda la información sobre la campaña aquí.
Una última cosa: me he hecho un banner para enlazar a la página de la AVT (está arriba a la derecha). Si a alguien le viene bien, puede copiarlo.
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De Juana se va a casa
De Juana Chaos ya ha salido del hospital camino de un centro sanitario del País Vasco. En cuanto se le reconozca, podrá irse a casa. Un terrorista sin arrepentir, asesino múltiple de 25 personas, que ha amenazado por escrito a funcionarios de prisiones y jueces, puede irse a casa porque Zapatero considera que es un hombre de paz.
Para despistados: el gobierno no tiene ninguna obligación de soltarle, o de atenuarle la pena. De Juana no está en “riesgo inminente de muerte”. Nadie que esté en riesgo inminente de muerte tiene ganas de tirarse a su novia, y puede protestar violentamente cuando le interrumpen la coyunda. El Gobierno le suelta porque Zapatero quiere. Porque el proceso de paz, con los dos muertos y los que vengan sigue adelante. Porque a Zapatero no le importa que De Juana sea homenajeado (y lo será, no lo dudéis) públicamente como un héroe por haber vencido en el pulso a nuestro estado de derecho. Porque a este Gobierno no le importa que la falsa huelga de hambre de De Juana siente precedente, y que la semana que viene tengamos a veinte o a doscientos etarras en huelga de hambre para salir a la calle.
Todavía ayer había quien decía que este Gobierno no ha cedido en nada a ETA en el “proceso de paz”. Ahora ya sabemos que ha entregado nada menos que la dignidad de todos los españoles.
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A favor del voto electrónico
No voy a quedarme yo sin terciar en la discusión entre Daniel y Fernando sobre el voto electrónico.
De hecho, ya escribí un post en 2005 sobre un artículo de Daniel en el que comentaba la experiencia de voto electrónico en el referéndum de la Constitución Europea, que puede servir para tener algo de background en este tema. Un apunte: ahora es HP el principal partner de Scytel, y le está ayudando a vender su tecnología fuera de nuestras fronteras.
Los contrarios al voto electrónico ofrecen dos argumentos: facilita el fraude (Daniel) y fomenta los votos “irracionales” (Albert).
El primer argumento es fácil de rebatir. Copio de mi post anterior:
la aplicación de Scytel utiliza una infraestructura de PKI, de manera que cualquier ciudadano “firma” digitalmente su voto, de igual manera que lo hace en papel. De hecho, la plataforma permite voto simultáneo en papel, por móvil y por Internet, todos seguros y certificados. Pero además el ciudadano al votar obtiene un código que identifica a su voto de manera unívoca, y le permite comprobar posteriormente que éste ha sido contabilizado y que no se ha alterado su sentido.
Es decir, el voto electrónico es aún más seguro que el papel, porque una vez introducido éste en la urna ya desconocemos lo que pasa con él.
El segundo argumento tiene más enjundia: ¿facilitar el voto aumenta los votos irreflexivos?
Cualquier afirmación sería aventurada, pero me atrevo a decir que no. Puede aumentar tal vez los votos de los indecisos y poco motivados (vota más gente cuando no llueve pero no hace tan buen tiempo como para salir de fin de semana). Pero está por demostrar que estos indecisos sean menos racionales. Tal vez se produjera el efecto de disminuir el porcentaje de votos “fanáticos”, que pueden ser aún más irracionales.
¿Hay argumentos a favor? Los que aporta Fernando no son pocos: el coste es inferior (para el Estado y para cada uno de los ciudadanos), el escrutinio es más rápido, es más cómodo.
Pero es más importante, en una democracia tercermundista como la nuestra, en la que ser candidato de determinados partidos supone jugarte la vida, es garantizar el secreto del voto. Daniel argumenta que debería ser obligatorio el uso de cabinas. Pues sí, pero nunca lo será.
El problema en muchos pueblos del País Vasco no es que no vean qué papeleta metes en el sobre. El problema es que si te ven votar, ya saben lo que has votado, porque todo el mundo sabe de qué pie cojea cada uno.
Familiares que viven allí me contaron que en las últimas elecciones a las que se presentó Batasuna, en las que había cierta desafección entre sus votantes, los proetarras les llamaban por teléfono para decirles “¿qué pasa, que todavía no has venido a votar?”. No solo votar al PP es difícil, también lo es dejar de votar a Batasuna.
La ventaja de poder votar en libertad en el País Vasco supera sin duda a la desventaja de los irreflexivos que votan porque es fácil.
Por último: el voto electrónico puede aumentar la implicación de los ciudadanos en la vida política. Montar la infraestructura no es barato pero, una vez que la tienes, es más fácil hacer consultas electrónicas que en papel. Un gobierno que creyera en la democracia podría organizar fácilmente consultas sobre temas controvertidos ¿cadena perpetua? ¿modificación de la ley del aborto? ¿hacemos esta carretera? ¿trasvase del Ebro?
El problema es la escasísima participación de los ciudadanos en temas políticos, que puede dejar estas consultas en manos de los grupos con opiniones más radicales, pero esto ya sería tema de otro post.
7 comentariosOrgullo
Hace muchos, muchos años, cuando yo era un niño, era normal avergonzarse de ser español. Sabíamos que éramos más pobres que los europeos, que muchos tenían que emigrar para sobrevivir. Sabíamos que no teníamos libertad ni democracia como en Europa (muchos pensaban que éramos incapaces de vivir en democracia sin matarnos los unos a los otros). Sabíamos que pocos españoles eran ejemplo de nada a nivel mundial, y los que lo eran habían muerto hacía muchos años. Si un deportista destacaba, lo hacía como héroe solitario, contra todas las probabilidades. No era un modelo para nosotros, los niños de entonces, sino un ser extraño dotado de superpoderes, inimitable.
El españolismo era cutre, feo y ridículo. Pretendía que estuviéramos orgullosos del sol, la paella y los toros. Y se promovían eslóganes que sólo los más zafios podían asumir. Nadie se creía que los españolitos bajos, feos y sentimentales ligaran con las suecas en Benidorm. Así que nos limitábamos a envidiar a esos seres altos y rubios que venían a nuestras playas en verano. Los más pudientes o los más osados cruzaban la frontera para ver películas guarras (los más), comprar libros prohibidos (los menos) y comprobar de primera mano qué era eso de la libertad.
Pero, aunque entonces no lo supiéramos, esa España de los 60 y 70 era un país del que podíamos estar orgullosos. Una España que consiguió, en poco más de una década, pasar de África a Europa. Pasar de ser un país de campesinos analfabetos a ser un país industrializado y de servicios. A eso se dedicaron los españolitos bajitos y acomplejados de entonces: a mejorar nuestro nivel de vida de golpe y para mucho tiempo.
Después hubo otro motivo de orgullo, y nosotros apenas empezamos a ser conscientes de ello: conseguimos salir de una dictadura con muy poca sangre, y en ese proceso superamos un enfrentamiento de décadas.
Los gobiernos siguientes, los de González y los de Aznar, consiguieron el milagro de hacernos europeos no solo geográficamente, sino también políticamente. A trancas y barrancas, con luces y sombras, consiguieron que fuera normal para los que ya nos incorporábamos a la vida laboral participar en reuniones con franceses, alemanes o italianos. Las nórdicas ya no venían a España solo a tostarse: venían a hacer negocios con nosotros, y nosotros íbamos con ellas a Bruselas a aburrirnos en comités europeos de estandarización del etiquetado de las conservas de pescado.
Nos creímos que podíamos hacer las cosas tan bien como los extranjeros, y lo hicimos. La Moda de España, la cocina de España, hasta los deportistas de España: empezamos a ganar medallas olímpicas, y por fin un deportista español podía ser campeón del mundo a base de técnica y trabajo, y no de heroísmo.
González nos metió en la OTAN, y nuestro ejército dejó de dedicarse a vigilarnos y preparar golpes de estado. Puso a nuestros soldados a las órdenes de generales americanos, británicos o franceses y se fueron a pegar tiros, en maniobras o contra enemigos reales. Aznar dio un paso más, y colocó a España como aliado preferente de los Estados Unidos y como modelo de eficacia económica ante nuestros colegas europeos. Algo inimaginable cuando éramos niños.
Claro que había problemas. No fue agradable vivir en una dictadura. Hubo crímenes de estado, hubo muchos errores en la construcción de la democracia. Pero íbamos mejorando, y podíamos creer que los problemas se irían resolviendo, que seguiríamos construyendo un país cada día mejor.
Y toda esa historia de 40 años nos permitió por fin estar orgullosos de ser españoles. Por fin mirábamos por encima del hombro a franceses y alemanes, pobrecitos con sus problemas económicos y su anquilosamiento de países caducos.
Pero destruir un país es fácil. Lo hicieron los argentinos, que llevan décadas empeñados en hundir un país que en los años era próspero y moderno, la meca a la que emigraban los italianos y los españoles. Lo hicieron los alemanes en los años treinta.
Y lo estamos haciendo ahora con España. Zapatero, pero no solo Zapatero. Su gobierno de mediocres, incapaces y sectarios, pero no solo ellos. También los nacionalistas que juegan peligrosamente colocando un cuchillo en el cuello de su gallina de los huevos de oro. Los jueces que han aceptado someterse al poder político. Los políticos del PP cuyo primer criterio es la rentabilidad electoral. Los empresarios que aceptan que gana más el que más cerca está del poder. Los periodistas que juran obediencia ciega a las consignas de su grupo mediático y se olvidan de la verdad. Los militares que prefieren defender sus cargos a defender el honor de los que han muerto en acciones de guerra.
Y la estamos destruyendo todos nosotros que aceptamos que los políticos roben, que la justicia no sea igual para todos, que el dinero de nuestros impuestos se lo lleven los que más gritan o los más listos y no los que más lo necesitan. La estamos destruyendo los que aceptamos que haya regiones eternamente subvencionadas donde la gente trabaja “en el paro”. Los que miramos para otro lado cuando sabemos que hay compatriotas que viven amenazados de muerte por sus ideas, y callamos cuando los gobiernos que deberían protegerles les acusan de crispar. Los que aceptamos que se intente censurar al que hace o dice algo que nos parece moral o políticamente improcedente.
La sentencia del 11-M es sólo una muestra más de esa mentalidad acomodaticia, cobarde e interesada. Dicen los jueces: aparentemos que todo está bien, aunque tengamos que decir una cosa y la contraria, demos una mano de cal para que todo reluzca aunque por dentro esté podrido. Dicen los políticos: veamos cómo podemos aprovechar esto para ganar votos o al menos no perderlos. Y no hay diferencia entre partidos: es indigno nuestro gobierno y es indigna nuestra oposición.
No es probable que yo vaya a vivir a Australia o a Estados Unidos. Soy ya demasiado viejo. Pero salvo que seamos, como nuestros padres, capaces de cambiar la tendencia y hacer algo de lo que nos podamos sentir orgullosos, temo que llegará el día en que tendré que ver como mis hijos emigran a un país en el que libertad o justicia no sean conceptos discutidos y discutibles, meros señuelos del poder para mantener domesticados a sus súbditos.
16 comentariosDia de la patria
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.
Salíme al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
Patriotismo inverso, patriotismo por necesidad. La patria decadente, menguante, pero último refugio frente a los totalitarios. La bandera rojigualda, tantos años desprecida y vergonzante, como arma. Aciertan Blanco y De la Vega: quiero utilizar la bandera contra otros.
Quiero utilizar la bandera de mi patria contra los que usan otras banderas para arrebatarnos nuestra libertad. Quiero usar la bandera, y la patria, contra los que llevan cien años usando banderas rojas para vivir de aquellos a los que dicen defender. Usar una bandera roja y gualda contra los que usan la bandera de su tribu para expulsar al diferente. Usar la bandera que hace treinta años utilizamos para inventar un país de todos contra lo que esgrimen banderas tricolores para resucitar unos muertos y una guerra.
La patria es instrumento. Hoy y aquí es lo que garantiza la poca o mucha libertad que tengo. Pero no es eterna: se puede joder un país. Se jodió Perú, se jodió Argentina, se jodió Alemania, se jode Venezuela. La libertad no se gana para siempre. Para siempre solo es la lucha por la libertad, porque siempre habrá totalitarios.
No es la patria paella, flamenco, toros y olé. Es una patria de locos que fueron al fin del mundo y crearon un imperio en un continente que no existía. La patria de locos que se enfrentaron con palos, piedras y guadañas al ejército de Napoleón. La patria de locos que creyeron que derrotado el francés podían crear un país libre. La patria de miles de locos que prefirieron el martirio antes que la apostasía.
No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimiento de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?
Asturianos de braveza.
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la manera,
señores de la labranza.
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada. a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habréis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Defendamos la bandera. Defendamos la patria. Defendamos la libertad.
3 comentariosBe bold
¿Alguno de vosotros conocía a Gabriele Pauli hace una semana? Para los despistados, Pauli es la política alemana que ha hecho la propuesta de matrimonios con fecha de caducidad.
Independientemente de si la idea es buena o “irresponsable, estúpida y completamente absurda”, como dicen sus propios compañeros de partido, lo cierto es que es notable. Es decir, es una propuesta que exige comentarios, que convierte unas declaraciones de una política local en noticia global. Es, como diría Seth Godin, una vaca púrpura.
Al PP, tan moderadito y tan centradito, no le vendría mal tener una señora Pauli que hiciera propuestas radicales de las que hablara todo el mundo. Si realmente quiere Rajoy ganar las siguientes elecciones, debería echar a la calle a todo el rebaño de asesores que pastan por Génova recomendando moderación y templanza, y contratar a alguien capaz de generar ideas notables. Ideas que hagan hablar a la gente, que nos polaricen, que sean el motivo de conversación con nuestros compañeros de trabajo a la hora del café. Ideas que hagan enfadar a mucha gente, pero que consigan otros defensores entusiastas. “Nunca mais”, “no a la guerra”, “decretazo”, “talante”… algo podrían aprender de los maestros del PSOE.
Rajoy y sus asesores pretenden ganar las elecciones como esos ciclistas que se suben al podio a base de estar colocados en todas las etapas sin hacer nada destacable en ninguna. Pero esa estrategia de evitar el riesgo es la menos segura, porque cualquier insensato que se lance a una escapada exitosa te puede arrancar de golpe todos los minutos que has ido acumulando etapa tras etapa.
5 comentariosUna mujer en el armario
¿Qué debes hacer cuando descubres que tu pareja te es infiel? Puedes hacer como la amiga de Rafaela Carrá y hacer lo mismo a partir de ese momento. Puedes pedir el divorcio. O puedes perdonarle y creerle cuando te dice “jamás lo volveré a hacer”.
Hace cuarenta años, si una mujer descubría que su marido era infiel y consultaba con su confesor o con su madre, lo normal es que recibiera el consejo de perdonarle. Había que considerar el bienestar de los hijos y la indisolubilidad del sacramento matrimonial. Incluso aunque su marido llegara a casa oliendo a perfume y con manchas de carmín en la camisa, ella debía sacrificarse en aras a este bien superior, hacer como que no veía nada y seguir adelante cuidando del hogar y los hijos como una buena esposa y madre.
Igual que ahora. Lo importante, nos dicen, es que los demócratas estemos unidos ante el terrorismo. Ese es el bien superior a proteger. Y para ello, hay que olvidar que Zapatero ha seguido negociando con ETA después de los asesinatos de Barajas, cuando nos aseguró que el “proceso” quedaba interrumpido. Hay que hacer como que no oímos lo de “los vascos decidirán su futuro”, hacer como que no vemos las manchas de carmín.
Nos lo pide el rey, igual que se lo pedía el confesor, o la familia, a las mujeres engañadas. Aguantemos que ETA vuelva a los ayuntamientos, porque hay que pensar en los hijos. No le preguntes a tu marido de dónde viene a esas horas, porque la democracia requiere unidad ante el terror.
Rajoy acepta el sacrificio, piensa en sus hijos y en el qué dirán y perdona otra vez al marido infiel. Sabe que le volverá a engañar, que le sigue engañando, pero se consuela pensando que está cumpliendo con su deber. Y al fin y al cabo, tampoco Zapatero es tan mal esposo. Apenas le pega (aunque le grita casi todos los días), le da cada día el dinero para hacer la compra y en verano Rajoy es feliz. Va con los niños a Alicante tres meses mientras Zapatero se queda de “rodríguez” en Madrid. En verano Rajoy no tiene que hacer como que no ve los cabellos largos de ETA en la solapa de Zapatero.
El bien superior. El consenso. El sacramento matrimonial. La unidad. Resignación. Altura de miras. Aceptar lo que Dios te envía.
Indignidad, ahora y antes.
20 comentariosNo es Rajoy
Si algo ha quedado claro en estos cinco días, es que Rajoy no es el líder que la derecha necesita para evitar que el PSOE gane las próximas elecciones generales. Es más, lo que ha quedado claro es que Rajoy no es un líder. Puede ser un buen gestor (lo dudo) o un buen político (que tampoco), pero es innegable que no es un líder. Veamos:
1. A un líder no se le sube a las barbas un ambiciosillo como Gallardón.
A Esperanza Aguirre Gallardón le duró un telediario. El martes decía el Alcalde que “hay pocas cosas en política que me haya propuesto y no haya conseguido”. Una de ellas fue arrebatarle la presidencia del PP de Madrid a Esperanza Aguirre: Gallardón perdió por 98-2. Y ahora Aguirre tiene personas de su máxima confianza en los plenos municipales, mientras los Gallardonitas ni huelen la Comunidad.
Ahora Gallardón insiste, postulándose descaradamente como sucesor de Rajoy. Y todo lo que Rajoy tiene que decir es que el PP “tiene muchas personas y muy brillantes” que “también podrían ser un buen número dos”. Con un tipo como Gallardón, lo único sensato que puedes hacer es apartarle de cualquier cargo. Aznar, que sí era un líder, empezó por limpiar el partido de gente “valiosa” pero capaz de vender a su propia madre por un plato de lentejas. A partir de ese momento se hizo respetar, y en muchos años a nadie se le ocurrió cuestionar su liderazgo.
Rajoy, dando alas (o no cortándoselas) a Gallardón, lo único que consigue es alentar sus ambiciones y las de otros.
2. Un líder tiene unos valores claros, y los defiende sin hacer cálculos cortoplacistas
La “derecha extrema”, lo “peor del PP” representado por Esperanza Aguirre, ha conseguido resultados espectaculares en la Comunidad de Madrid, en ciudades que hasta ahora habían votado a la izquierda. En lugares donde el PP es un partido centrado y moderado, como Andalucía o Cataluña, los votantes del PP prefieren quedarse en casa.
Sarkozy era un peligroso fascista represor de los multiculturales borrokos magrebíes parisienses. En eso estaban de acuerdo todos los medios de comunicación a ambos lados de los Pirineos. Igual que estaban de acuerdo en que Royal era más guapa, más simpática y más “zapatera”. Pero ha ganado las elecciones en Francia. Tony Blair era un peligroso belicista lameculos de Bush. Pero ganó por mayoría absoluta las elecciones en Inglaterra. Bush era un peligroso cowboy fascista y genocida. Pero ganó al educado e indeciso Kerry con más ventaja que a Gore.
Y es que mucha gente agradece que le hablen claro, y que le digan que no habrá componendas en cuestiones de principios. Rajoy procura no molestar. Y consigue no apasionar.
3. Un líder lidera
Sí, es una obviedad. Pero lo cierto es que el PP, con todo lo que ha llovido en los últimos tres años, se ha limitado a hacer una oposición a trompicones. Hoy una manifestación, el mes siguiente una pregunta parlamentaria, otro día una recogida de firmas… pero nunca se ha adelantado al PSOE ni en lo más previsible. No ha previsto lo que iba a suceder con el “proceso de paz”, ni siquiera lo que iba a suceder con Navarra hasta que lo han tenido a dos palmos de la nariz. No ha hecho que sus presidentes autonómicos actúen coordinadamente, por ejemplo, con la Ley de Educación. Ha dado vaivenes con los estatutos, oponiéndose al catalán para a renglón seguido apoyar el andaluz, aprobando reformas estatutarias en Valencia o Baleares en lugar de bloquear cualquier reforma mientras persistiera el pacto del PSOE con los independentistas.
El mensaje de Rajoy se reduce a “lo que hace Zapatero es inaceptable”. Lo cual es sin duda cierto, pero no suficiente. No sabemos, por ejemplo, si Rajoy endurecerá las penas a los etarras si llega al poder. No sabemos qué piensa hacer (si es que piensa hacer algo) para evitar que la justicia sea un poder dependiente del ejecutivo. No sabemos si tiene alguna propuesta política para reforzar la cohesión de España. No sabemos qué piensa hacer con la educación para evitar el adoctrinamiento de nuestros hijos.
Si Rajoy pretende ser un líder, que diga dónde quiere llevar a España en los próximos 10 años. No basta con decir “lo haré mejor que Zapatero”.
4.Un líder no obedece a sus seguidores.
Es sólo una anécdota, pero me resultó bochornoso el espectáculo de los políticos dando saltitos cada vez que el público gritaba “que bote fulanito”. ¿Alguien se imagina a Churchill dando saltitos en un balcón solo porque unos tipos están abajo gritando “Jump Winston!”?
Un verdadero líder, alguien como Churchill, es capaz de hacer un discurso y conseguir que los que lo oyen actúen en consecuencia. Es capaz de inspirar a sus seguidores. Los entusiastas de Rajoy que celebraban la victoria en Génova preferían entretenerse con jueguecitos de adolescentes a escuchar lo que tenía que decir su líder.
5. Un líder toma decisiones
Rajoy huye de ellas como un gato del agua. El PP pierde cada vez más votos en Cataluña. No es capaz de acercarse al PSOE en Andalucía. No se recupera en Galicia. Pero ahí siguen Piqué, Arenas y Feijoo, dando lecciones de moderación y centrismo. ¿Que un tipo como Matas suma a su candidatura a una impresentable que abochorna a sus votantes y desprecia a los dirigentes del partido? Rajoy mira para otro lado, y aquí no ha pasado nada.
Ahí siguen estos politiquillos enquistados en sus terruños, incapaces de hacer ganar votos al PP ni contra un Gobierno tan manifiestamente odioso para sus votantes como éste. ¿No debería Rajoy tomar alguna decisión con respecto a ellos? ¿O, tal vez, por el contrario, hacer caso a los moderados y librarse de Acebes y Zaplana, esos que “representan a la derecha más extrema”?
Rajoy, como el príncipe Vassili de Les Luthiers, duda y duda hasta que, decididamente, rechaza el desafío.
No sé si Zapatero perderá las próximas elecciones. Lo que sí sé es que, o Rajoy cambia mucho, o no las ganará el PP. Es posible que tenga más votos si continúa el desastre y la iniquidad de este gobierno. Pero hay una diferencia entre ganar las elecciones y que las pierda el contrario. Rajoy, hasta el momento, no ha demostrado ser ese líder capaz de convencer y vencer.
32 comentariosComandos incontrolados
Hace muchos, muchos años, en un país en el que empezaban a aparecer señales de libertad en el horizonte, Forges dibujaba esto:

En aquel tiempo, no era la extrema izquierda sino la extrema derecha la que agredía impunemente a los que pensaban diferente. No era la juventud alegre y combativa la que quemaba librerías, sino los jóvenes de familias bien de toda la vida. Hubo incluso algún escándalo cuando pillaron en plena faena al hijo de un ministro, creo recordar.
El caso es que, en aquélla época, no solo Forges pensaba que esos comandos “incontrolados” estaban perfectamente controlados por un gobierno que se resistía al cambio de régimen. Y probablemente no les faltaba razón a los que pensaban así.
Ahora volvemos a tener “grupos incontrolados” que atacan a los que piensan diferente.
Y yo no puedo evitar pensar que en algún despacho de algún ministerio, un alto cargo tal vez esté diciendo algo así como “Que no; menos botellón y más peperos”.
19 comentariosUna democracia ejemplar
Eso decía Zapatero a los pocos días de ser elegido: “Haré una democracia ejemplar“.
No cabe duda de que ha cumplido su palabra.
Hace tres años teníamos una democracia en la que hombres y mujeres, sin importar su sexo, podían presentarse libremente a las elecciones. Hoy tenemos una democracia en la que a las mujeres se les impide ser candidatas a concejal, simplemente por tener dos cromosomas X.
Hace tres años teníamos una democracia en la que los terroristas no podían presentarse a las elecciones, y que respondía con firmeza a sus intentos de burlar la ley. Hoy tenemos una democracia en la que Gobierno, fiscales y jueces ayudan a los terroristas a presentar sus candidaturas en todas las localidades que les interesan.
Hace tres años teníamos una democracia en la que algunos energúmenos atacaban sedes del partido del Gobierno y agredían a sus militantes. Hoy tenemos una democracia en la que eso se sigue haciendo, y el presidente del Gobierno ni lo condena ni lo lamenta.
Hace tres años teníamos una democracia en la que el partido que forma parte de ETA tenía muy mermada su capacidad de actuar: tenía sus sedes precintadas, sus dirigentes no podían realizar declaraciones públicas, no podían manifestarse. Hoy tenemos una democracia en la que el principal partido de la oposición tiene muy mermada su capacidad de actuar en determinadas zonas de España: sus sedes son atacadas regularmente, sus candidatos viven en continua amenaza de muerte, muchos militantes se ven forzados a elegir entre abandonar su lugar de residencia o dejar la política…
Hace tres años teníamos un Gobierno formado por personas honestas que nos hicieron perder la costumbre de conocer cada semana un caso de corrupción en una institución del Estado. Hoy tenemos otra vez un Gobierno y un partido que estimulan la corrupción, que manipulan empresas que cotizan en bolsa, que utilizan dossieres para torcer voluntades, que espían a los dirigentes de empresas privadas…
Sí, no cabe duda de que Zapatero lo ha conseguido: vivimos ne una democracia ejemplar. Y todavía le queda un año, por lo menos, para seguir creando ejemplos.
3 comentariosDe Juana a la carcel
La Asociación de Víctimas de Terrorismo ha lanzado una campaña para intentar que el asesino De Juana Chaos vuelva a la cárcel de la que nunca debió salir. Entre las iniciativas interesantes, proponer a tu alcalde que se debata una moción en el Ayuntamiento de rechazo a la excarcelación de De Juana. Puede ser una excelente oportunidad para saber si el próximo 27 de Mayo votarás a una persona digna o a un canalla que apoya la concesión de privilegios a uno de los peores asesinos que hay en España.
Espero que el PP, al menos por esta vez, sea ágil y mañana mismo presente mociones de este tipo en todos los ayuntamientos en los que está representado. Pero si no lo hace, nosotros se lo recordaremos.
Tenéis toda la información sobre la campaña aquí.
Una última cosa: me he hecho un banner para enlazar a la página de la AVT (está arriba a la derecha). Si a alguien le viene bien, puede copiarlo.
6 comentariosDe Juana se va a casa
De Juana Chaos ya ha salido del hospital camino de un centro sanitario del País Vasco. En cuanto se le reconozca, podrá irse a casa. Un terrorista sin arrepentir, asesino múltiple de 25 personas, que ha amenazado por escrito a funcionarios de prisiones y jueces, puede irse a casa porque Zapatero considera que es un hombre de paz.
Para despistados: el gobierno no tiene ninguna obligación de soltarle, o de atenuarle la pena. De Juana no está en “riesgo inminente de muerte”. Nadie que esté en riesgo inminente de muerte tiene ganas de tirarse a su novia, y puede protestar violentamente cuando le interrumpen la coyunda. El Gobierno le suelta porque Zapatero quiere. Porque el proceso de paz, con los dos muertos y los que vengan sigue adelante. Porque a Zapatero no le importa que De Juana sea homenajeado (y lo será, no lo dudéis) públicamente como un héroe por haber vencido en el pulso a nuestro estado de derecho. Porque a este Gobierno no le importa que la falsa huelga de hambre de De Juana siente precedente, y que la semana que viene tengamos a veinte o a doscientos etarras en huelga de hambre para salir a la calle.
Todavía ayer había quien decía que este Gobierno no ha cedido en nada a ETA en el “proceso de paz”. Ahora ya sabemos que ha entregado nada menos que la dignidad de todos los españoles.
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