Comandos incontrolados
Hace muchos, muchos años, en un país en el que empezaban a aparecer señales de libertad en el horizonte, Forges dibujaba esto:

En aquel tiempo, no era la extrema izquierda sino la extrema derecha la que agredía impunemente a los que pensaban diferente. No era la juventud alegre y combativa la que quemaba librerías, sino los jóvenes de familias bien de toda la vida. Hubo incluso algún escándalo cuando pillaron en plena faena al hijo de un ministro, creo recordar.
El caso es que, en aquélla época, no solo Forges pensaba que esos comandos “incontrolados” estaban perfectamente controlados por un gobierno que se resistía al cambio de régimen. Y probablemente no les faltaba razón a los que pensaban así.
Ahora volvemos a tener “grupos incontrolados” que atacan a los que piensan diferente.
Y yo no puedo evitar pensar que en algún despacho de algún ministerio, un alto cargo tal vez esté diciendo algo así como “Que no; menos botellón y más peperos”.
19 comentariosLa insoportable levedad del pensamiento de izquierda
Glenn Reynolds se hace eco del último libro de Michelle Malkin, y de las revisiones de lectores que publica Amazon. Ya hace tiempo recogimos por aquí cómo se las gasta la izquierda con quien amenaza a su credo: insultos racistas y sexistas. Michelle, inasequible al desaliento, postea de nuevo sobre el racismo de los progres.
Por lo que he leído, el libro tiene sobre todo interés para los que sufren a los progres americanos. Tal vez alguien debería hacer algo así con respecto a nuestros progres nacionales.
Comments are off for this postEl juez Pedro Martín absuelve al agresor de cuatro niñas
Ya se conoce la sentencia del caso del profesor de kárate que abusó de cuatro niñas: absuelto por falta de pruebas concluyentes.
En la sentencia, el juez dice que las niñas no coincidieron en determinar el momento en que supuestamente se realizaron los abusos. ¿Acaso el señor juez Pedro Martín esperaba que unas niñas que tenían entre 7 y 11 años cuando ocurrieron los hechos pudieran determinar con precisión tres o cuatro años más tarde el momento en que se realizaron los abusos? Si hubieran declarado tranquilas y sin presión ya hubiera sido difícil, pero hay que recordar que el señor juez Pedro Martín les obligó a declarar delante de su agresor. ¿Esperaba el juez que en esas condiciones las niñas hicieran una declaración escrupulosamente exacta en los detalles?
El señor juez Pedro Martín dice que duda del testimonio de las niñas porque sus padres no se enteraron, pero cualquier imbécil con un poco de información sabe que la generalidad de los niños que sufren abusos lo oculta, porque el abusador se encarga de utilizar para ello su superioridad.
También le hace dudar al juez el hecho de que las niñas terminaran el curso sin problemas. El señor juez Pedro Martín a lo mejor no sabe que en primaria todos los niños pasan de curso automáticamente, sin problemas, aunque no hayan aduirido ni un solo conocimiento ni habilidad de los requeridos, así que es imposible que termianran el curso con problemas.
Por supuesto, el que una de las niñas sufriera una crisis nerviosa por tener que declarar ante su agresor, y que los psicólogos recomendaran que lo hiciera po videoconferencia, no significa para el señor juez Pedro Martín nada en absoluto.
Tampoco es relevante que tres de las niñas fueran a un colegio y la cuarta a otro, y que ésta no conociera a las otras. Dio la casualidad de que todas se inventaron los abusos a la vez y dio la csualidad que acusaron al mismo profesor.
Curiosamente, el que una testigo de la defensa mencione que el acusado tuvo problemas en otro caso de pederastia no le hace dudar al señor juez Pedro Martín acerca de la posibilidad de que el agresor lo fuera tambièn en este caso.
El señor juez Pedro Martín ha encotrado una explicación para la acusación de la más pequeña (la que le acusaba de delitos más graves): según dicen los psicólogos, tenía celos de su hermano pequeño. Acabáramos: las niñas que tienen celos de un hermano pequeño los externalizan acusando a sus profesores de abusos sexuales.
Dice el señor juez Pedro Martín que no hay pruebas concluyentes de los abusos. Probablemente, si el señor juez Pedro Martín hubiera visto con sus propios ojos al acusado meter mano a una de las niñas, lo hubiera interpretado como un simpático gesto cariñoso, demostrativo de la inocencia del acusado.
Como decía en mi otro post sobre el caso, el señor juez Pedro Martín empatiza con el agresor y no lo hace con las niñas agredidas. No sé si será porque no puede ponerse en el lugar de las niñas. En cualquier caso, no conoce muchas niñas de 8 o 9 años, o las que conoce son muy raritas, porque en general no están en edad de inventarse abusos sexuales.
En resumen, una injusticia de un juez notorio por dejar en libertad a un violador y homicida frustrado, por “un error informático”, y pedir después su excarcelación porque la sentencia (de 26 años) no era firme.
Eso sí, si alguno de los padres actúa como yo lo haría en ese caso, o como lo hizo esta madre, nos echaremos las manos a la cabeza.
2 comentarios

