Asis Timermans en Debate 21
Desde hace unos días ya.com ha tenido a bien dejarme sin Internet en casa, por lo que mi habitual laxitud en el ritmo de publicación va a ser todavía más exagerada.
Pero no quiero dejar de animaros a que leáis a Asís Timermans, que prácticamente acaba de estrenarse en Debate 21.
Como otros no-periodistas-profesionales pero que han leído alguna que otra cosilla, sabe escribir con corrección. Y además, entre otras cosas que nos unen, también es lector de Lem.
Ha empezado hablando de socislamismo, de momento marcando el campo de juego. Así que ya sabeis: leedle.
2 comentariosAsis Timermans sobre Oriana Fallaci
Hasta ahora, Diarios de las Estrellas ha sido un blog individual. No por nada especial, sólo por la libertad de poder escribir lo que quiero sin pensar en cómo afectaría a unos hipotéticos coautores. Pues bien, a partir de hoy, aunque mantengo la idea de blog individual, lo abro a colaboraciones. De momento es un experimento, y además no pretendo que sean muy frecuentes, porque de lo contrario el blog se convertiría en otra cosa. Pero espero que os resulte interesante.
Y empezamos con una colaboración extraordinaria de Asís Timermans. Asís, aparte de compañero de colegio en COU (¡qué tiempos!) es, entre otras cosas, colaborador de CityFM. Os dejo con él:
Ni un segundo de silencio por Oriana Fallaci
Oriana Fallaci declaró ser una “atea cristiana”. Lo entendimos quienes compartiendo los valores del occidente cristiano no encontramos la fe que conforma al creyente. Estará en el cielo, o no estará si no hay vida después de que el cerebro deje fatalmente de ser regado. Pero no es discutible que las ideas y las palabras sobreviven si hay quien las lea, recuerde, comente.
Las de Fallaci brotaron torrencialmente en los últimos años, azuzadas por la rabia que a la autora le producía el desprecio de Occidente por sus mejores valores. O aceleradas, quizá, por la cercanía de una muerte que, de tan anunciada, nos ha cogido por sorpresa. Si alguien ha sido libre para escribir, esa fue Oriana Fallaci, y por ello fue perseguida personal y judicialmente por los enemigos de la libertad.
No hablaba de oídas: conoció y entrevistó a los poderosos. Aguantó estoica los escupitajos de Arafat, asesino al que tantos líderes occidentales han venerado. Fue herida en México, y conducida por error hacia el mundo de los muertos. Contó centenares de cadáveres en Vietnam. Relató la vulgaridad de Chirac, Schröeder y otras excrecencias políticas. Reconoció a los pocos y auténticos líderes que, como Wojtila y Jomeini, condicionaron la historia para bien o para mal. Contempló en vivo a los miles de asesinados en las Torres Gemelas sabiendo que asistía a una guerra que la Europa en retirada no se atreve a librar. Proclamó que si caen los Estados Unidos caemos todos. Constató que Europa ha olvidado sus valores y principios, y va camino de ser un enorme cadáver que el empuje islamista arrojará al vacío para instaurar la Eurabia en la que millones de musulmanes ya viven.
Oriana Fallaci atacó con fuerza el machismo. No se lo perdonarán las feministas organizadas, esos pesebres subvencionados que callan o justifican la barbarie islamista. Una mujer libre es demasiada mujer para las serviles funcionarias del feminismo oficial, las que jamás movieron un dedo por el fin de la tortura femenina en Afganistán y otras cárceles musulmanas, las que criticaron que los talibanes dinamitaran las estatuas de Buda callando ante el masivo entierro en vida de sus mujeres. Callarán también hoy.
Las palabras de Oriana Fallaci fueron incómodas. Llamó asesinos a los que asesinan. Consideró pertinente defenderse de quien nos quiere matar. Rechazó el complejo de culpa de un Occidente empeñado en suicidarse. Mientras caminaba hacia la muerte, nos gritó su desesperación, y con ello infundió en algunos la esperanza.
No descanse en paz, y tampoco nosotros. El ataque a nuestra libertad solo ha empezado. Nuestros peores enemigos no llevan turbante ni alfanje: visten corbata y hablan de paz. Y de Alianza de Civilizaciones, y de coexistencia y respeto mutuo, y de multiculturalidad y equivalencia moral. Y sonríen, sonríen mucho, sonríen tontamente.
Difundamos la voz de alerta de quien nos quiso alertar. Creamos que hay esperanza. Y no guardemos en su nombre un solo segundo de silencio: gritemos nuestra rabia y nuestro orgullo en el día de la muerte de Oriana Fallaci.
Asís Tímermans
1 comentario

