El ecologismo es cosa de ricos
Curioso que entre las medidas que tomará el gobierno para paliar la crisis está “agilizar” las declaraciones de impacto medioambiental para las obras públicas. Parece que eso de comprobar si hay caquitas de gato o de lince antes de hacer una carretera está bien solo cuando no necesitamos desesperadamente construir carreteras para emplear a los que no encuentran trabajo construyendo casas.
Uno de los memes de los ecologistas es que la sociedad capitalista nos lleva a un consumismo desaforado e insostenible que causa daños irreparables en el medio ambiente. En realidad, lo que sucede es más bien lo contrario: el desarrollo económico que produce el capitalismo es lo que nos permite dedicarnos a cuidar el medio ambiente.
Primero, porque el desarrollo económico no nos “obliga” a usar más recursos, sino menos. Aunque parezca sorprendente, nuestros ancestros de Atapuerca necesitaban todos los recursos de la península ibérica para sostener a unas decenas de miles de individuos. La vida natural-natural, la de las tribus cazadoras-recolectoras, ese paraíso original en el que todos éramos felices antes de inventar el dinero, requiere dedicar enormes recursos para alimentar a unos pocos individuos.
Las tecnologías han hecho posible que millones de personas puedan vivir en el mismo espacio sin problemas. Pero además, cuando tienes recursos suficientes como para no dedicar el 100% de tu tiempo a sobrevivir, es cuando puedes dedicar parte de esos recursos a cuidar del medio ambiente.
Las ciudades limpias, con parques y jardines, las reservas naturales, el reciclado de desperdicios… son lujos que solo se dan en los países desarrollados. En el tercer mundo, y en los países que luchan por salir de la miseria, la riqueza que genera una fábrica compensa la contaminación.
1 comentarioLibertad Económica y Social
En Cine y Política recopila Santiago frases lúcidas, entre ellas esta con la que no estoy de acuerdo:
No se puede abrir la economía y no abrir la sociedad
Matizo: a largo plazo, la apertura económica termina por imponer la apertura social. Pero a corto no tiene por qué ser así. Tres ejemplos:
- España en los años 60. La prosperidad que crearon los tecnócratas sin duda tuvo mucho que ver con las ansias de democracia de los años 70, pero tuvo que pasar una década (y el cadáver de un dictador) para que la libertad social alcanzara a la económica.
- El Chile de Pinochet. Los Chicago Boys enderezaron una economía destrozada por el socialismo de Allende, pero lo hicieron en medio de una dictadura que no escondía su crueldad. Quince años pasaron desde que se inició el camino de la libertad económica hasta que se alcanzó la libertad social.
- La China de hoy. Hablaba hace unos meses con un chino que me decía que su vía para alcanzar el capitalismo era mucho mejor que la rusa. China ha liberado la economía, pero sigue siendo una dictadura paternalista, parecida a la franquista hasta en la mojigatería respeto a lo sexual. Alcanzar la libertad social en China llevará más tiempo, porque costará mucho más que se desarrolle una clase media suficientemente numerosa, pero antes o después será inevitable. De momento, los chinos en general siguen como los españoles de los 60, encantados de no morirse de hambre, de tener televisión en casa y de que no haya follones (algún tibetano va a la carcél de vez en cuando, como iban los de Comisiones, pero en general la gente vive sin problemas políticos).
De modo que si la historia nos enseña algo, es precisamente que debe abrirse la economía primero para que un país pueda alcanzar la apertura social sin grandes convulsiones.
Por el contrario Rusia, que pasó de la noche a la mañana de la atroz dictadura comunista a una democracia formal pero sin llegar a implantar un sistema de garantías para la actividad económica, cayó de inmediato en el capitalismo salvaje. El de verdad, ese que consiste en ganar dinero no compitiendo en el mercado, sino mediante métodos mafiosos, corrupción y favores del gobierno.
1 comentarioCapitalismo salvaje
No se puede calificar de otra manera lo sucedido con Endesa. Y es que, contrariamente a lo que afirma la progresía, el capitalismo salvaje no es el que está sujeto a las leyes del mercado.
El tan denostado mercado, al fin y al cabo, no es más que la voluntad de dos personas para acordar un intercambio de bienes o servicios por dinero. Existen ineficacias, evidentemente, que pueden hacer que uno de los dos actores se vea obligado a aceptar el trato porque no tenga otra alternativa. Pero en general, en las sociedades occidentales el sistema funciona muy bien. Y funciona mucho mejor cuanto menos interviene el estado en estos tratos.
Lógicamente, este tipo de relaciones económicas no resulta del agrado de las empresas. Sí, queridos lectores: el libre mercado no perjudica a los trabajadores; perjudica a las empresas. Porque les obliga a ser eficientes, a controlar sus costes y a limitar sus precios, so pena de ser aniquiladas por otro competidor más capaz.
Para cualquier empresa, la situación ideal es el monopolio, o en su defecto el oligopolio. Si el mercado es tuyo y no pueden entrar competidores, puedes poner el precio que quieras. Y si la contrapartida al monopolio es, como sucede en muchos casos, un precio tasado, puedes ahorrar en calidad sabiendo que tus clientes están obligados a comprar cualquier bazofia que ofrezcas.
Ese es el capitalismo salvaje. El que deja a los consumidores a merced de los poderosos. El que garantiza a los niños bien de familia bien que las empresas de sus papás contarán con el favor del gobierno, que no permitirá que un arribista les haga la competencia.
Y ese capitalismo salvaje es el que padecemos en gran medida en España. Basta ver el origen de las grandes fortunas nacionales para darse cuenta de quién en España es rico sin que lo fueran sus padres o sin que mediara el favor político en forma de concesión de suelo o de cualquier otra índole.
Lo ocurrido con Endesa es otra muestra de capitalismo salvaje. Un gobierno que decide que él sabe mejor que los miles de accionistas de la compañía lo que hay que hacer con ella, y maniobra una y otra vez para impedir que los accionistas puedan actuar con libertad según las reglas del mercado. Un capitalismo que supone el concierto entre los “ricos de toda la vida” y el gobierno, entre unos políticos y otros. Un capitalismo que protege al fuerte y deja desvalido al débil. Capitalismo salvaje.
Lo peor, con todo, es que las consecuencias del capitalismo salvaje no las sufren sólo los que directamente ven impedida su capacidad de actuar libremente en el mercado. Las sufrimos todos, porque a partir de ahora, los inversores de todo el mundo saben que en España no opera el libre mercado, sino el capitalismo salvaje.
2 comentariosAgua y libertad
Al parecer, en China andan escandalizados porque los vinos baratos tienen más de agua que de vino. El precio de estos “vinos” baratos ronda los 10-20 céntimos de euro, cuando un vino medio cuesta un euro.
A mí esto me recuerda a una historia que me contaba mi madre. Mi abuela, después de la guerra civil, vendía leche para poder ingresar algo de dinero (mi abuelo perdió su negocio y estuvo a punto de perder la vida por ser socialista). El caso es que, como buena capitalista, para maximizar el beneficio le añadía agua a la leche.
Ella nunca tuvo mala conciencia. Decía: “muchas clientas quieren leche, y no hay. Así les vendo a todas, y gano más. Todas ganamos”.
Y lo cierto es que tenía razón. Por supuesto que sus clientas sabían que la leche que compraban no era como la del pueblo, pero también el café era achicoria, y el pan tenía otros ingredientes además de trigo. El caso es que, en ese momento de necesidad, la calidad pasaba a un segundo plano. Si alguien pretendiera vender hoy leche rebajada con agua, probablemente se quedaría sin clientes en muy poco tiempo.
Con los vinos chinos pasa algo parecido. Hay demanda de vinos baratos, y comerciantes que dan algo que se parece al vino, con un precio que sus clientes pueden pagar. Cuando esos clientes tengan más dinero y más educación, no aceptarán agua coloreada, del mismo modo que en España ya no queremos el vino peleón que tomaban nuestros padres.
Esos empresarios, los chinos y mi abuela, prestan un servicio a sus clientes, que pagan voluntariamente un precio que consideran justo por el producto que reciben a cambio. Cuando nadie quiere pagar barato por tener un producto de mala calidad, éste deja de fabricarse.
Entonces ¿para qué necesitamos a un Estado con una inspección de consumo que limite la libertad de los empresarios para vender productos de mala calidad y la de los cientes de comprarlos?
Jesse Jackson descubre el capitalismo
Jesse Jackson ha descubierto que la mejor vía para que las minorías salgan de la pobreza es… el capitalismo. No las subvenciones, ni los subsidios, ni las rentas vitalicias asignadas por el Estado. No, la solución es la de siempre: trabajar.
Así que, animado por el ejemplo del Nobel Muhammad Yunus, va a crear en Enero el Small Business Institute. Cito de la entrevista en BusinessWeek:
Espero construir sobre el legado histórico de las peluquerías, las ferreterías, las tintorerías, las gasolineras, los taxis. Todas estas son pequeñas empresas. Cuando sumas toda la gente empleada en un ghetto cualquiera en las iglesias, los restaurantes y los bares, todos juntos son más trabajos que cualquier gran empresa en una ciudad.
Pero no pueden crecer. No tienen acceso a capital o a tecnología. Algunos de estos restaurantes podrían convertirse en cadenas si tuvieran el conocimiento y el capital. El Instituto proporcionará formación y buscará fuentes de financiación. Muchos pequeños negocios no tienen conocimientos de contabilidad, o tienen perfiles de crédito bajos. A menudo usan sus tarjetas de crédito para financiarse. Es la economía de la desesperación.
¿Y este es el líder radical de izquierdas? Casi dan ganas de perdonarle su simpatía por Castro. Aquí ni el PP tiene este discurso. Cualquier iniciativa que se les ocurre a los políticos locales tiene que ver con la subvención: quitar dinero a unos para darlo a otros.
Y sin embargo habría mucho por hacer, por ejemplo, con la inmigración. El Ayuntamiento de Madrid publicó un estudio sobre el impacto de la inmigración en la economía de la ciudad [PDF, 3,5 MB] y hay datos sorprendentes. Por ejemplo, había en 2005 más de 14.000 autónomos extracomunitarios (ahora superarán seguramente los 15.000). Esos miles de emprendedores han llegado con una extraordinaria motivación para prosperar, y están suponiendo ya una reactivación de zonas de la ciudad que estaban agonizando. La cuestión es si seguiremos el modelo de facilitar financiación o, como siempre, optaremos por la subvención.
¿Qué hacemos con ellos? De momento, ignorarlos.
2 comentariosLa inmigración y el desarrollo de las ciudades
Por motivos estrictamente profesionales, he estado leyendo un poco sobre el impacto de la inmigración en el desarrollo de Madrid, y hay algunos datos que me han hecho pensar. Por ejemplo, que en Madrid había ya hace un año más de 20.000 inmigrantes dados de alta como autónomos, de los cuales más de 14.000 eran extracomunitarios.
Todos hemos visto las tiendas de los chinos o los restaurantes “étnicos”, pero no sé si somos conscientes de las dimensiones del fenómeno. Y de sus consecuencias, la menor de las cuales no es la revitalización de zonas deprimidas del centro de Madrid.
Hace años que los distintos gobiernos de la ciudad hacen planes para la revitalización del centro, que estaba en un proceso de degeneración que parecía abocado a convertirlo en un remedo de los downtown americanos, verdaderos núcleos de marginación en los que sólo de día hay actividad de gente “normal”.
Pues resulta que el centro de Madrid lo están regenerando los homosexuales en un barrio concreto (Chueca) y los inmigrantes en el resto. Cuando un chino o un ecuatoriano abre un comercio, en principio busca atender a su comunidad, pero si el servicio es bueno, acaba atendiendo a toda la población de la zona. Y así los viejos comercios que languidecían en manos de ancianos sin capacidad de innovar, al ser adquiridos por estos emprendedores se convierten en pequeños focos de creación de riqueza, que van dando pie a que otros negocios puedan establecerse. Los inmigrantes son jóvenes, tienen niños y están repoblando barrios que iban quedando casi desiertos en pleno centro de la ciudad.
Los planes de desarrollo de la Administración, como siempre, acaban siendo inutilizados por la fuerza de la realidad. Cuánto mejor sería que en lugar de tirar el dinero en planificaciones a largo plazo, que ni siquiera eran válidas en regímenes estatalizados como los comunistas, lo dedicaran a facilitarles la vida a los emprendedores que de verdad pueden hacer crecer la economía y el bienestar de sus convecinos.
O mejor aún, que en lugar de quitarles el dinero a los inmigrantes, se lo dejen en el bolsillo para que éstos puedan dedicarlo a mejorar sus negocios.
Por cierto, el miércoles hay una jornada sobre Inmigración y Sociedad de la Información que organiza Fundetec y en la que colabora el Ayuntamiento de Madrid. Por si a alguno le interesan estos temas, la entrada es libre, basta con que os inscribáis aquí.
4 comentariosVivienda digna
Muy bueno el artículo sobre la vivienda y la especulación inmobiliaria que ha escrito Daniel Herrera para el Juan de Mariana. Una frase me ha hecho gracia:
Los precios no son nunca una causa de nada, sino un síntoma de una realidad subyacente; pretender “curarlos” directamente es como luchar contra la fiebre cuando éste no es más que la indicación de que el paciente padece una pulmonía.
Leedlo entero, como dijo el clásico.
6 comentariosEl problema de la inmigración africana
Quedó pendiente de mi post sobre la pobreza en África tratar sobre el problema de la inmigración, así que allá vamos.
Lo primero es constatar que el problema tiene dos caras: por un lado está el punto de vista de los países exportadores de mano de obra, y por otro el nuestro como “acogedores” de estas personas. Evidentemente, lo que sea bueno para unos no tiene por qué serlo para otros.
Para los países que exportan jóvenes, la emigración es un problema. Aunque tenga beneficios económicos a corto plazo, por la entrada de las divisas que envían los emigrados, el hecho es que los que se van son los que tienen más capacidad de iniciativa. Alguien que es capaz de jugarse la vida y de arriesgar todo para alcanzar una vida mejor sería mucho más útil creando empresas en su país de origen. Pero, por lo que explicamos el otro día, mientras en el país no se den las condiciones para prosperar los mejores jóvenes continuarán marchándose.
Para nosotros, la inmigración es un bien a corto plazo, pero también puede ser un problema a futuro. De entrada, tenemos mano de obra más o menos formada, que han criado otros a su coste, y que está directamente disponible para trabajar. Todo lo cual está muy bien en un contexto como el actual, de casi pleno empleo. Pero el problema será cuando aparezcan problemas de paro, y tengamos miles de personas con escasa capacidad de competir en el mercado de trabajo y además con problemas de integración.
Y habrá problemas de integración. Con los inmigrantes hispanoamericanos tenemos la ventaja del idioma y unas ciertas bases culturales comunes, entre ellas la religión, que como modeladora de patrones de comportamiento y criterios morales no es poca cosa. Pero con los inmigrantes africanos habrá necesariamente problemas, porque sus patrones culturales y éticos son muy diferentes a los nuestros. Algo de esto está pasando ya en los países europeos con más porcentaje de inmigrantes.
Conclusión: para todos, es mejor evitar en lo posible la inmigración desde África. Y esto significa no dar esperanzas de legalización a los que vienen sin papeles (porque el “efecto llamada” existe) y devolver a los países de origen, o a otros con los que haya establecido acuerdos, a los inmigrantes que sean interceptados.
El consenso, sin embargo, parece ser que lo mejor que podemos hacer con los inmigrantes es acoger a tantos como vengan, y aún facilitarles el viaje desde Canarias a la península.
Es posible que yo esté equivocado, y que tengan razón los que legalizan inmigrantes a tutiplén y les traen en avión a Madrid. Lo malo es que no hay forma de experimentar con esto en un laboratorio, y los resultados de las políticas de inmigración de este gobierno (y del anterior, que no eran muy diferentes) los sufrirán (o disfrutarán) los que anden por aquí dentro de quince o veinte años.
1 comentarioAfrica
Me decía el otro día un amable lector:
Ya sé que este comentario esta fuera de lugar en relación el tema que has tratado. Pero, por favor, escribe algo sobre la emigración desde África a España y Europa, tan dramática, y sobre el despegue económico de los países africanos. Es “cabreante”, ¿se dice así?, lo que vengo leyendo sobre el tema. Abre tu blog a quienes deseamos discutir y reflexionar sobre un asunto tan importante y decisivo para la sociedad actual y futura en un mundo globalizado.
Me parece muy interesante lo que plantea, así que no puedo negarme. Aquí va mi reflexión sobre África, la emigración y la situación económica.
Lo primero que es imprescindible comprender es que el estado natural del ser humano es la miseria. Lo natural es morirse a los veintitantos años, después de haber tenido diez hijos de los que apenas han sobrevivido uno o dos más allá de los cinco años. Lo natural es morirse por una herida infectada, o devorado por un depredador o simplemente de hambre. El buen salvaje roussoniano vivía en realidad en el infierno.
Y no sólo los salvajes: incluso en los imperios más refinados y poderosos, únicamente una pequeña élite vivía en unas condiciones significativamente mejores. Sólo un pequeñísimo porcentaje de la población se podía permitir lujos como dedicarse al estudio, o comer caliente varias veces al día, o no trabajar de sol a sol todos y cada uno de los días de su vida.
Todo esto empezó a cambiar hace quinientos años en Europa por dos causas relacionadas entre sí: se desarrollaron la ciencia y el comercio. No voy a entrar aquí a explicar esto, pero el hecho es que la revolución industrial, y todo lo que vino después, fue un producto inevitable de unas sociedades en las que por primera vez se recompensó al innovador.
Incluso la democracia acaba siendo una consecuencia inevitable de la necesidad de estimular el pensamiento libre para desarrollar nuevas vías para crear riqueza. Hasta ahora, sólo se han encontrado dos fórmulas para escapar de la miseria: sociedades jerárquicas y autoritarias, como los reinos medievales o la Unión Soviética, en los que una élite vive muy bien a costa de la miseria del resto, o sociedades libres en las que el bienestar alcanza a la inmensa mayoría de los ciudadanos.
En África, la situación de miseria se debe a que ni tienen comercio libre, ni tienen democracia, ni tienen libertad para pensar y discutir ideas nuevas. No al supuesto “empobrecimiento” por parte de los imperialistas occidentales.
¿Qué pueden hacer los países ricos de Occidente para acabar con la miseria en África?
Pues me temo que nada, o muy poco. Los países occidentales pueden facilitar el comercio con África, en lugar de imponer aranceles, y pueden fomentar el comercio, pero poco más. El que África salga de la miseria depende sólo de que los africanos cambien la sociedad en la que viven. Lo han hecho en Asia países como Corea del Sur, Singapur, Indonesia o incluso Vietnam. Cierto que todavía no son democracias perfectas, pero el cambio es imparable, sopena de retroceder en su espectacular progreso económico.
Ahora bien, otra cosa es la compasión que como individuos podamos tener hacia otros seres humanos que sufren. Ahí sí que podemos, a título individual, colaborar con quien puede ir paliando las situaciones más escandalosas, o con quien puede ir creando pequeños núcleos de educación y de prosperidad. Por lo que yo sé, es preferible que la ayuda vaya dirigida a misioneros que actúan sobre el terreno, o a ONGs de las que tengamos la certeza de lo que los americanos llaman accountability. Esto es, que puedan dar razón del manejo de dinero, del porcentaje que dedican al mantenimiento de la propia organización, a marketing y a las actividades asistenciales.
La ayuda estatal, hasta que no cambie la situación, beneficiará únicamente a la clase dominante, que tendrá además un incentivo para mantener en la miseria a su población.
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Para evitar que el post quede muy largo, corto aquí. Próximamente, habrá una segunda parte dedicada específicamente a la inmigración.
Debate civilizado
No sé si tienen razón Freelance, Juan Cueto y Fernando Berlin en lo de que la blogosfera de derechas es más activa e influyente que la de izquierdas. Lo que sí sé es que es más habitual encontrar en los blogs liberales explicaciones razonadas y repletas de enlaces. En sitios como éste, por el contrario, el principal argumento es el insulto.
Es posible que los de izquierdas defiendan conceptos tan auto-evidentes que no necesiten justificarlos, y que los que sostenemos ideas menos intuitivas sepamos que única manera de defenderlas es la razón y los datos. O tal vez es que somos unos pelmazos inaguantables que disfrutamos discutiendo. En cualquier caso, agradezco comentarios como el que dejó Prometeo: razonado, correcto e incluso bien escrito.
Tanto que merece la pena subirlo a este post y comentarlo:
A ver, estimado Selene.
Eso de que los derechos secundarios necesariamente perjudican a los otros es difícil de justificar.
No lo creo. El derecho a la educación, por ejemplo, implica que alguien tiene que construir una escuela, dotarla de medios y pagar a los profesores. Es decir, para que un niño se eduque, alguien tiene que pagar. Eso se puede hacer voluntariamente (y entonces es una donación del que paga, no un derecho del alumno) o mediante impuestos, y eso implica que a alguien se le quita parte del dinero que ha ganado. Es decir, que podría tener 100, y ahora tiene 90. Lo cual es un perjuicio evidente.
Alguien podrá decir: pero es que el que todos los niños tengan una educación básica es un bien para la sociedad. Con lo cual estoy de acuerdo, pero no quita que ese bien para la sociedad se consigue a base de violentar a los individuos. Ahora bien, ¿estoy de acuerdo con que el Estado garantice la educación obligatoria para todos los niños, y que incluso sufrague su coste? Pues la verdad es que sí, aunque eso suponga una extorsión para los que pagan impuestos.
Pero creo que considerar la educación un derecho y no una concesión de los ciudadanos que pagan impuestos es un error, que además tiene consecuencias como que el alumno no valore lo que la sociedad le está dando.
Ignoro cuales son tus circustancias vitales, y realmente, no me importan demasiado. Es posible que te prejuzgue y me imagine cosas que no son así que prefiero no darle la menor importancia al hecho de que me de la impresión de que te agarras a ideas que no son propias y que careces de suficiente espíritu crítico como para poner en duda tus propias convicciones.
Pues no. Verás, hace 20 años yo votaba a Izquierda Unida porque era la opción útil, pero me parecían unos paniaguados aburguesados. Me creía lo del ecologismo, lo del compromiso de la izquierda, lo de los países ‘empobrecidos’. Me ha costado mucho darme cuenta de que el mundo no funciona como yo pensaba, y que no siempre el que más grita a favor de los pobres es el que hace algo por ellos.
Personalmente considero que simplificas enormemente para llegar a las conclusiones que deseas. En estado unidos las casas que comentas de 300m2 responde a un modelo urbanístico basado en la disponibilidad de terreno, sin nucleor urbanos como los nuestros, basados en el uso extensivo del automovil, con un precio del combustible más barato, con menos restricciones medioambientales, peores materiales de construcción (en casas de clase media), y un modelo de sociedad muy diferente al nuestro.
Totalmente de acuerdo (excepto en lo de los materiales de construcción, pero no voy a entrar en eso). La cuestión es que ese modelo de sociedad al final produce una clase media que tiene un nivel de vida muy superior al 90% de la población de los países “de nuestro entorno” europeo. Aquí estamos rizando el rizo de conseguir ‘suburbs’ tan alejados del ‘downtown’ como en Estados Unidos, con ‘malls’ como en Estados Unidos, pero con casas, coches y gasolina muchos más caros que en Estados Unidos.
Para tí será todo gracias a que cualquiera puede construir. Pues mira, ni tanto ni tan pardo. La sociedad ultraliberal que pareces anhelar es muy muy buena, pero sólo para unos pocos, los que están arriba y se pueden permitir la educación, la sanidad, la vivienda y los caprichos que quieran. El problema es que en con ese modelo se produce una concentración del capital que repercute en un empobrecimiento de las capas inferiores.
No, gracias a que cualquiera puede construir no. Gracias a que el sistema no impone un sobrecoste en el suelo que al final se convierte en el 50% del precio de la vivienda. Gracias a que el sistema fomenta la competencia, y eso obliga a ofrecer mejores precios.
Y en la sociedad liberal (no ultra) que yo anhelo lo que se produce es creación de riqueza, que beneficia a todos. Las mayores concentraciones de capital no se producen en las sociedades con mayor índice de libertad económica, sino en las dictaduras socialistas (véase Cuba o Corea del Norte, donde una sola persona es en la práctica el dueño absoluto del país).
Y si quieres datos sólo necesitas consultar los cambios que han habido en España en los últimos veinte años. Los ricos son más ricos y los pobres son más y más pobres. Recuerda que ahora más del 20% de la población española está por debajo del umbral de la pobreza.
Pero claro, eso desde el punto de vista del empresario es culpa de los trabajadores, de la competencia y de las normas que no le dejan contratar a trabajadores por menos, para hacer el mismo trabajo o más.
Pues me temo que estás equivocado. Por ejemplo, ahora la tasa de paro es del 8,5%, y en 1985 más del 20%. Sólo ese dato ya es significativo, pero si quieres más puedes mirar aquí. O simplemente pensar en por qué somos un país que recibe inmigrantes ahora y no lo éramos hace 20 años.
En cuanto a lo del umbral de la pobreza, es una falacia. Para calcular el umbral de la pobreza, se cuenta el porcentaje de población que tiene ingresos inferiores al 50% de la media. Es decir, que es una medida relativa, de manera que si la distribución de riqueza sigue una campana de Gauss (esto no lo sé, pero es bastante probable) siempre habrá un porcentaje significativo de pobres. Aunque el PIB per cápita pase de 2.000 dólares a 20.000 (y por tanto seamos diez veces más ricos de media) si no cambia la distribución de la riqueza seguirá apareciendo el mismo porcentaje de pobres.
Dicho de otra manera: lo que mide el llamado umbral de la pobreza no es la pobreza, sino la distribución de la riqueza.
Hacerse infinitamente rico es inmoral, pero claro, depende de que moral tengas. Desde el punto de vista cristiano es difícil de justificar. Los liberales de nuestro país que además se presentan como cristianso son por lo tanto unos hipócritas y muestran actitudes inmorales, ya que no protegen al indefenso, sino que en el mejor de los casos les dejan a su suerte, cuando no les aprietan las tuercas.
Desde el punto de vista cristiano lo inmoral no es hacerse infinitamente rico, sino no compadecerse de los pobres. ¿Quién es más inmoral, Bill Gates (que es lo más parecido que conozco a ‘infinitamente rico’) que dona miles de millones de dólares al año, y que financia programas de salud en el Tercer Mundo que mejoran la vida de miles de personas, o Juan Pérez, que gana tres mil euros al mes pero no da ni un céntimo a nadie?
Si tu moralidad escapa de los principios cristianos y eres un ateo (o agnóstico) convencido, sólo juras fidelidad a las leyes de mercado y reniegas de los derechos humanos,entonces felicidades, porque en ese caso eres coherente contigo mismo.
Es que verás, jurar fidelidad a las leyes del mercado es como jurar fidelidad a la ley de la gravedad: irrelevante. Se cumplen independientemente de lo que cualquiera opine de ellas. Y oponerse a las leyes del mercado tiene el mismo efecto que oponerse a la ley de la gravedad: el batacazo.
Y por supuesto que no reniego de los derechos humanos: valoro sobre todas las cosas el derecho a la vida y a la libertad, que son los dos derechos fundamentales.
Cuando dices:”Lo puedes hacer con impuestos, como tú propones, o robando. Cuando un empresario se forra indefinida e ilimitadamente en una sociedad libre, lo hace porque satisface a millones de consumidores, que voluntariamente le entregan su dinero a cambio de lo que él ofrece.” Porqué obvias la posibilidad de que se forre sin satisfacer a los consumidores? Es que tú no tienes en cuenta que hablamos de cosas que son necesarias de la misma manera que vender agua en el desierto a precio de oro discutible (cual es la frontera entre robar, la inmoralidad, y el abuso?).
Obvio la posibilidad de que se forre sin satisfacer a los consumidores precisamente porque esa es una de las leyes del mercado: sólo puedes ganar dinero si das a la gente algo que quiere comprar. La excepción son los monopolios, pero los monopolios implican precisamente una ruptura de las leyes del mercado.
Vender agua a precio de oro en el desierto no es discutible: es lo único que puede garantizar que puedas tener agua en el desierto. Piensa un poco en por qué en Cuba, con cartillas de racionamiento, la gente pasa hambre y en España, donde no se garantiza el ‘derecho a recibir alimentos’ y su precio es libre tenemos abundancia.
Tu menosprecio a quién piensa diferente que tú raya lo insultante, y lo que es peor, parece que lo sabes y que te gusta. Supongo que es porque en sus reacciones viscerales y tan poco razonadas tú te sientes reafirmado.
Reconozco que había un cierto tonillo provocador en el post que comentas. Pero no creo que enlazar a alguien y comentar lo que dice sea menospreciarlo, sino todo lo contrario. Leo muchas cosas con las que no estoy de acuerdo, y simplemente las ignoro. Pero es que la idea del salario máximo me hace gracia, porque es un disparate absoluto, y de ahí mi post.
En cuanto a las reacciones viscerales, ya ves que me ha gustado mucho más la tuya que las de los que me llaman facha, tanto como para responderte.
Y por cambiar de tema.
Porqué confías en el software libre? Acaso no tienen derecho los que cobran a hacerse ricos? o es que es una muestra más de que la competencia incentiva el mercado? Si tú crearas un programa usando herramientas libres revertirías tu beneficio en los desarrolladores solidarios de alguna forma? Es moral lucrarse con el trabajo voluntario de otros? Te parecerá bien que pirateen tu programa propietario o preferirás entregarlo libremente a la comunidad?
Uy, esto requiere un post entero en sí mismo. Tal vez lo haga en Futuro Linux.
No pretenden ser preguntas capciosas, simplemente plantean las mismas dudas que los temas anteriores.
Un saludo
Y ya ves que no las he tomado como tales, sino dignas de respeto y de respuesta. Es más, te agradezco mucho el comentario, porque el debate nos enriquece a todos.
Ya verás, si sigues pensando por tu cuenta, acabarás en las redes del liberalismo….
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