Diarios de las Estrellas

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Tarek Aziz y Buttiglione

Barcepundit se hace eco de las declaraciones de Buttiglione a favor de Tarik Aziz.

No sé a los demás, pero a mí no me sorprenden. Por si no lo sabíais, Tarik Aziz es cristiano (Católico de un rito oriental fiel a Roma).

De hecho, Tarek Aziz visitó al Papa días antes de la guerra de Irak, y su visita fue determinante en la posición del vaticano, contraria a la guerra.

Así que Buttiglione, miembro de Comunión y Liberación, no hace más que defender a alguien en quien ve a un hermano en la fe.

Lo que me llama la atención es que no vea a unos seres humanos en los centenares de miles de víctimas de Sadam Hussein y Tarek Aziz, aunque la mayoría fueran musulmanes. ¿O acaso no sabe Buttiglione que ese hombre dispuesto a explorar todas las posibilidades para evitar la guerra y evitar que su país tenga víctimas inocentes era ministro del Régimen que hizo esto?
¿Es que para él es más importante el hecho de que sea católico que el hecho de que sea cómplice de un genocidio?

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La religión de la Salud

Vía Cox and Forkum llego a esta noticia publicada en el Boston Globe.

Traduzco algunas frases de Maurizio Faggioni, teólogo del Vaticano experto en moral:

Mientras millones de personas en el mundo luchan por sobrevivir al hambre y la enfermedad, careciendo incluso de los cuidados sanitarios mínimos, en los países ricos el concepto de salud como bienestar crea expectativas no realistas sobre la posibilidad de que la medicina responda a todas las necesidades y deseos.

La medicina de los deseos, incubada por el mercado de la sanidad, incrementa la petición de servicios farmacéuticos y médico-quirúrgicos, agota los recursos públicos más allá de todo lo razonable.

Sería muy fácil criticar estas bobadas pseudosolidarias, que parecen un informe de la OMS, y lo hacen muy bien CyF en su viñeta. Pero si entre mis lectores hay algún aspirante a blogger con ganas de ir haciendo músculo, puede ejercitarse con su disección.

Más interesantes veo las declaraciones de otro experto, el psiquiatra Manfred Lutz, que pone al Papa como ejemplo de que “el sufrimiento es parte de la vida y tiene su signifcado”. Añade:

Precisamente en la incapacidad, en la enfermedad, en el dolor, en la vejez, en el morir y en la muerte uno puede percibir la verdad de la vida en una forma más clara.

De acuerdo en que el sufrimiento es parte de la vida. Incluso de acuerdo en que en situaciones extremas podemos percibir aspectos de la vida que no teníamos en cuenta. Al menos este es mi caso ahora (algún día escribiré un post sobre esto), aunque no tengo tan claro que se pueda generalizar a todos los que sufren.

Ahora, lo que no puedo compartir es que el sufrimiento tenga significado, porque esto implicaría que hay un mensaje, y por lo tanto un emisor, que sólo puede ser Dios. Luego para estos teólogos Dios es el responsable del sufrimiento y la enfermedad, que utiliza como medios de comunicación con sus criaturas.

Este tipo de pensamiento viene de antiguo. Séneca, en el diálogo Sobre la providencia, enfrentado al problema del mal que sufren los justos, llega a la conclusión de que este supuesto mal, en realidad es un bien. Así, nos presenta a un Dios que utiliza el sufrimiento para forjar caracteres. No recuerdo la cita exacta, pero dice algo así como “¿No eres tú más duro con tus hijos, y les exiges que estudien y se esfuercen, mientras dejas holgazanear a los hijos de tus esclavos?”.

El tratado insiste en esta idea y en cómo la pérdida de la salud, el exilio o incluso la muerte de un hijo o una esposa, no deben ser vistas como un mal, sino como una muestra de que Dios nos considera dignos de superar estas pruebas y de salir reforzados de las mismas. Hay una frase que a lo mejor a alguno os suena, porque ha sido muy citada: “nada malo le puede pasar al hombre bueno”.

La filosofía estoica hizo estragos entre los primeros cristianos, y ha llegado a nuestros días. Curiosamente, el Jesús de los evangelios, aunque asumió su destino y el sufrimiento que conllevaba, no le hacía ascos a ninguna fiesta, y era muy criticado por ello (recordad el episodio de la adúltera que le ungía los pies con perfumes caros, en el que hasta los apóstoles se escandalizan).

Por otro lado hay que recordar que Jesús era un hombre compasivo, que curaba a todos los enfermos que se le ponían por delante (a pesar de que en su época las enfermedades se consideraban castigos divinos). ¿Cómo hemos pasado de este “comedor y bebedor, amigo de publicanos y pecadores” que curaba a los enfermos a una Iglesia que valora el sufrimiento por encima del bienestar?

Creo que el problema es que parten del mismo punto que Séneca: dar por supuesto que todo viene de Dios. Con lo cual, o negamos como hacen Séneca y estos teólogos que el sufrimiento sea malo, o tenemos un problema.

Los razonamientos estoicos están bien cuando no tienes otra cosa. Para Séneca, seguramente fue un alivio cuando estaba exiliado y escribió “Sobre la providencia” pensar que lo que le ocurría tenía un sentido de “prueba”, y que no era simplemente el resultado de la injusticia de un emperador malvado y poderoso. Y durante mucho tiempo creer que la enfermedad y el sufrimiento en general tienen un sentido “purificador” ha podido ser un alivio para gente que no tenía manera de evitarlos.

Pero ahora la medicina ha progresado lo suficiente como para que muchas enfermedades que eran mortales se conviertan en simples molestias. Y no hace falta llegar a mi linfoma. Pensad en cuántas mujeres y niños morían sólo hace 100 años en el parto, o cuántos niños morían de sarampión o viruela en sus primeros años. Y por tanto, es lógico que muchos vean en los logros de la medicina moderna una fuente de esperanza, y confíen que resuelva cada vez más problemas.

Esto no quiere decir que no debamos aceptar los males que no podemos evitar, e integrarlos en nuestra vida de la mejor manera posible. Yo sí creo que el Papa está dando un ejemplo de fortaleza ante todos los que quieren jubilarlo desde hace años. Y prefiero mil veces la forma de enfrentar su problema de Christopher Reeves a la de Ramón Sampedro. Pero esto no significa que no debamos hacer lo posible por que nuestra vida transcurra en las mejores condiciones.

No es extraño que el mensaje “acepta tu sufrimiento” tenga menos eco que “yo te puedo ayudar a evitar el sufrimiento”. Y no creo que la solución sea cargar contra los que curan. Al fin y al cabo, esto es lo que hacían los sacerdotes y fariseos con Jesús.

Más bien, la iglesia católica debería reencontrar ese amor porla vida que tenía su fundador, y que no era incompatible con la asunción de la responsabilidad y del sufrimiento inevitable.

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