Scott Adams se supera
El blog de Dilbert es una de mis lecturas diarias (entre otras cosas, porque Scott Adams es como un reloj y solo deja de escribir su post por causas de fueza mayor). El de hoy es uno de los más divertidos que he leído en mucho tiempo, así que lo traduzco aquí, para vuestro disfrute durante el fin de semana (puente, si sois madrileños).
Soy una persona de mañanas
El otro día la alarma de mi BlackBerry sonó a las 5AM, como de costumbre. Por algún motivo estaba extrañamente cansado, así que permanecí en la cama otra hora. A las 6 AM salté de la cama, crucé la calle hasta mi oficina y me puse a trabajar. Después de una hora de trabajo feliz, noté que el sol no había salido a su hora. Podía pensar en dos explicaciones posibles:
1. La Tierra había dejado de rotar y yo no vivía en el lado afortunado del planeta.
2. Había olvidado resetear la hora en mi BlackBerry después de mi viaje a la Costa Este.
Naturalmente decidí comprobar primero el efecto de la rotación en la Tierra.
Así que vacié una cisterna para ver si había algún cambio en el efecto de Coriolis. Desgraciadamente, no tenía un váter de control en una planeta que supiera que estaba rotando, así que el experimento no fue concluyente.Pasé al plan B y comprobé la hora. Esto fue más fácil. Todo lo que requirió fue mirar en la esquina inferior derecha de la pantalla de mi ordenador.
Vaya. Había ido a trabajar a las 3 AM.
Afortunadamente, soy una persona de mañanas. Así que simplemente seguí trabajando. No fue un problema. Pero ese no es el tema. Lo que quiero decir es esto: si has pensado que mi broma sobre el efecto Coriolis era divertida, predigo que nadie ha querido tener sexo contigo en la última semana, Y la seman que viene tampoco se presenta bien para tí.
Y si has leído este post y has pensado para tí mismo, “Seguro que no tenía instrumentos con la sensibilidad suficiente como para medir el efecto de Coriolis”, predigo que no has tenido sexo al menos en un mes. Y el próximo mes tampoco se presenta bien para tí.
¿Es cierta mi predicción?
Saludos a todos los frikis aludidos.
11 comentariosAnalisis, hipotesis y teorias
Las objeciones a mi último post corresponden mayoritariamente a estos tipos:
1- No tiene sentido lo que usted plantea, porque los componentes de un explosivo se transforman en la explosión, y por tanto no son los mismo que encontramos en los trenes.
2- Usted aplica el método científico sólo a una pequeña parte de lo que sabemos de los explosivos. No tiene en cuenta los hechos A, B, C… G.
3- Su argumento es falaz.
No puedo hacer nada con la objeción 3 si el que la plantea no explica por qué es falaz. O qué entiende él por falaz, porque a lo mejor cree que falaz es “brillante, incontrovertible, genial”. Lo dejaremos de momento.
La objeción 1 es, por decirlo de alguna manera, pobre. Primero, porque en una explosión quedan restos de explosivo que no han reaccionado, y que pueden ser detectados. Segundo, porque la explosión es una reacción química que transforma algunas sustancias, pero podemos conocer el producto de esa reacción y en función de él conocer algo sobre la sustancia reactiva.
Yo, hasta hace un año, lo desconocía casi todo sobre los explosivos, su composición y su comportamiento. Pero mi inteligencia alcanza para comprender que si en los laboratorios de las policías científicas se realizan análisis de determinación de explosivos, es porque es posible determinarlos. Por tanto, no puedo aceptar la objeción 1.
Queda la objeción 2. La lista de hechos de Usi en el post anterior, o las referencias de Areán a las estrellas y la teoría heliocéntrica. Me temo que voy a volver a hacer algo de didáctica antes de responder.
El mundo es complejo. Es muy complejo. Miren cualquier cosa que tengan alrededor y será compleja. Miren su mano derecha, por ejemplo. A simple vista, podrán ver una superficie que contiene irregularidades, estructuras capilares (vulgo pelos) o queratinosas (uñas), Dentro, hay huesos, músculos, venas, arterias, tendones, nervios.. Si la miramos con un microscopio, podremos ver que en la piel hay glándulas sudoríparas, o podemos ver que los venas y arterias están conectadas por una red de capilares. A mayor aumento, podemos distinguir que cada tejido está compuesto por células distintas: óseas, musculares, neuronas, epiteliales… Con un microscopio electrónico, distinguiríamos orgánulos dentro de estas células. Orgánulos que a su vez están compuesto por moléculas, que están compuestas por átomos, que están compuestos por partículas subatómicas, que tal vez sean cuerdas vibrando en 11 dimensiones.
Al físico que estudia la estructura de las partículas subatómicas, sólo le interesan las propiedades de éstas. No verá una mano, sino que verá cuerdas vibrando, protones, quarks, o muones. Un fisiólogo querrá conocer todo acerca de cómo los músculos mueven con tanta precisión los dedos. Y no le preocupará lo más mínimo la física cuántica.
¿Son reduccionistas? ¿Son poco rigurosos? Nada de eso. Lo que sucede es que, dada la complejidad del mundo que nos rodea, es imprescindible a la hora de abordar un problema algo llamado análisis. Esto es, reducir algo complejo a elementos más simples, de manera que puedan ser estudiados por separado.
Evidentemente, al hacer esto perdemos información. En los sistemas complejos suelen aparecer lo que se llama “propiedades emergentes”. Es decir, propiedades que no aparecen cuando los componentes del sistema se encuentran disgregados. Nosotros somos, a cierto nivel, un montón de átomos de oxígeno, hidrógeno, carbono, nitrógeno y algunos otros elementos. Pero si ponemos en un matraz esos elementos, incluso en las proporciones exactas, no obtenemos un ser humano.
¿Es inútil entonces estudiar la biología a nivel molecular? Todo lo contrario. El estudio de la biología molecular es lo que ha permitido los grandes avances de la medicina en el último cuarto de siglo.
Cuanto menos sepamos de un problema y más complejo sea, más necesario es ir por partes, e ir comprendiendo aspectos muy puntuales del mismo, para luego ir combinándolos en una especie de puzzle. Cuando tenemos varias hipótesis verificadas experimentalmente y compatibles entre sí, podemos elaborar una teoría.
Por este motivo es por lo que yo proponía centrar el asunto en algo que puede determinarse en un laboratorio: si lo que explotó en los trenes es Goma 2 ECO. Esa es una prueba que se puede hacer, y que puede ser concluyente.
¿Y qué hacemos con la lista de hechos de Usi? Un problema de esa lista es que no es completa. Otros comentaristas aportaron otros hechos, y Usi aceptó alguno que encajaba en su idea de lo sucedido. Es decir, el primer problema es seleccionar qué elementos forman parte del fenómeno a analizar. Si nos quedamos cortos, perderemos información. Si nos pasamos, no llegaremos a obtener ninguna conclusión.
Pero hay un problema más de fondo. Yo puedo plantear un experimento que sirva para determinar qué explotó en los trenes, pero no puedo plantear un experimento que sirva para saber qué pasó en el 11-M. Lo único que puedo hacer es ir obteniendo pedacitos de verdad, y esperar que sean suficientes como para tener una visión completa.
De aquí venía el planteamiento de mi post anterior: sepamos simplemente si explotó Goma 2 ECO en los trenes. Y el resultado, innegable, es que no explotó Goma 2 ECO. Usi lo reconoce, por ejemplo, cuando dice: “explotó la Goma 2 ECO de Trashorras”. Dicho de otra manera: “no explotó la Goma 2 ECO de UEE”.
Ahora, una vez aclarado esto, podemos dar un paso más allá y averiguar qué explotó. Pudo haber explotado la “Goma 2 ECO de Trashorras”, pero este explosivo tiene la extraña propiedad de ser cambiante en su composición. En un principio, la propia fiscal del caso afirmó, harta ya de sospechas conspiranoicas, “¡En los trenes estalló Goma 2 ECO, y ya vale!”.
Durante un tiempo se dijo que la Goma 2 ECO, así en general, estaba contaminada con DNT porque salía así de fábrica. Se nos habló de tolvas mal lavadas, incluso. Lo cual es increíblemente absurdo, como podemos comprobar con unos sencillos cálculos.
Supongamos que en UEE se fabrican 100 kg de dinamita cada vez. Y supongamos que solo se fabrica una partida cada mes. Supongamos que el resto que quedaba en la tolva, después de sacar la última partida de Goma 2 EC, era diez kg. Y supongamos, para facilitar los cálculos, que todo ello era DNT.
Si esto es así, la primera partida de Goma 2 ECO tendría nada menos que un 10% de DNT. Bien. ¿Y la del segundo mes? Si quedan 10 Kg de la primera, la concentración de DNT pasa a ser de un 1%. El tercer mes, ya es de un 0,1%. ¿sabéis cual sería la concentración de DNT al cabo de un año? Una parte entre un billón, es decir, un 0,0000000001%. Es decir, incluso si los de la UEE incumplieran sus procedimientos de calidad (certificados por AENOR) en apenas diez o doce ciclos de producción no quedaría rastro de DNT en la Goma 2 ECO. No es posible la contaminación por DNT en la fábrica unos meses después de parar la producción de Goma 2 EC.
Una vez aceptada la imposibilidad de la contaminación en fábrica, ahora resulta que la “Goma 2 ECO de Trashorras” está compuesta en realidad por Goma 2 ECO y Goma 2 EC mezcladas. Los terroristas, nos dicen, eran descuidados, cogieron lo que encontraron tirado por Mina Conchita y para hacer las bombas amasaron los explosivos mezclando al azar las dos dinamitas. Por eso la contaminación se detecta en unas muestras sí y en otras no.
Aceptémoslo como hipótesis. Ahora bien, me gustaría que los partidarios de esta hipótesis me respondieran a un par de preguntas:
- ¿Por qué no aparecen cartuchos de Goma 2 EC en Leganés?
- ¿Por qué aparecen cartuchos de Goma 2 ECO nuevecitos (llegados a Mina Conchita a principios de 2004) en Leganés?
Por lo que hemos podido aprender de la dinamita, esta se degrada con el tiempo. EN la ficha de fabricación pone que su tiempo de uso óptimo es de un año. Y la degradación es evidente, con exudaciones y pérdida de material. Vamos, que hasta un terrorista lerdo puede distinguir un cartucho nuevecito de uno degradado.
Los cartuchos de Goma 2 EC tenían al menos cuatro años en 2004, así que debían estar hechos una pena. Y sin embargo, los terroristas eligen estos cartuchos degradados para fabricar sus bombas, y dejan en Morata los cartuchos nuevecitos (después los trasladan a Leganés).
No parece una estrategia muy inteligente. Si vas a cometer el mayor atentado de la historia de España, y además es tu primer atentado, y además tienes cartuchos de sobra, lo lógico es asegurarte de que va a salir bien y usar los mejores cartuchos. Parafraseando el chiste, una cosa es ser un fanático terrorista, y otra cosa es ser idiota.
En serio, estoy dispuesto a aceptar la hipótesis de la mezcla EC+ECO. Pero solo si alguien me da una explicación convincente para este comportamiento tan estúpido. Ah, y solo si no aparecen nuevos componentes que no están en ninguna de las dos dinamitas y se explican también como “contaminación” adicional.
134 comentariosDel metodo cientifico y su aplicacion a los explosivos
Estoy abrumado por la cantidad de comentarios de mi último post sobre el 11-M. Y orgulloso, a la vez, por el nivel del debate. Salvo algún exabrupto aislado, en general la tónica ha sido aportar argumentos o datos, y no insultos.
Ya me gustaría tener tiempo para contestar a todos y seguir el debate, pero me es imposible. Entre otras cosas, porque en los comentarios se mezclan muchos asuntos. Así que lo que voy a hacer es responder en forma de posts sobre asuntos concretos. Por intentar ordenar el debate y hacerlo más productivo (si es que tal cosa es posible), os agradecería que si alguien está interesado en comentar algo, se ciña al tema que propongo. Por supuesto, sois libres de hacer lo que queráis, porque sólo borro los comentarios que contienen insultos.
Areán me decía en un comentario:
Por vida mía que no puedo entender tu apego por los Peones Negros, viniendo de una persona con formación científica. ¿Tú lees lo que escribes?
Confesaré que leo poco lo que escribo (eso es parte de las ventajas de escribir en un blog y no en un periódico. Se supone que los bloggers escribimos rápido, y siempre podemos corregir en un post posterior). Pero me interesa eso del apego por los Peones Negros y la formación científica, así que vamos con ello:
Veamos cómo funciona el método científico, de manera sencilla:
1. Una persona hace una observación o se plantea una pregunta. Por ejemplo: puede ver que sale humo blanco de la cacerola cuando cuece unos macarrones, y se pregunta ¿De dónde sale este humo?
2. Se formula una hipótesis. Ejemplo: el humo lo produce el agua al aumentar de temperatura, y no los macarrones.
3. Diseña un experimento con un resultado que debe cumplirse si su hipótesis es cierta. Ejemplo: cuece agua sola, y comprueba si sale humo. Si es así, el humo es un producto del agua, y no de los macarrones.
4. Si el resultado valida la hipótesis, esta queda confirmada (de momento). A partir de esa hipótesis, el método se puede volver a aplicar: ¿Por qué sale humo blanco al calentar agua? ¿Forma parte del agua ese humo o es una sustancia disuelta en el agua que al calentarse se separa? Diseñaríamos experimentos para probar estas hipótesis, y junto a otras hipoótesis contrastadas llegaríamos a formular una teoría. En ciencia, contrariamente al lenguaje popular, una teoría no es algo que se le ocurre a cualquiera, sino una proposición respaldada por numerosas pruebas.
Como veis, es algo muy sencillo y muy potente a la vez. Pero requiere dos condiciones: repetibilidad y falsabilidad.
Repetibilidad quiere decir que los experimentos deben ser realizables por cualquier persona, en cualquier lugar, y si se hacen en las mismas condiciones deben dar los mismos resultados. Por esto la parapsicología, o la ufología, no son ciencia. Porque no es posible diseñar experimentos repetibles con los que analizar la naturaleza de un fantasma o un OVNI.
Falsabilidad quiere decir que es posible diseñar un experimento que demuestre que la hipótesis es falsa. Una hipótesis que explica todo en realidad no sirve para nada. Ejemplo: somos el experimento de una raza superior de extraterrestres, y todo lo que nos pasa es un elemento de su experimento.
Apliquemos, pues, el método científico al asunto de los explosivos:
1. Observación: han estallado unas bombas en unos vagones de tren y han matado y herido a centenares de personas. Pregunta: ¿cuál es el explosivo utilizado?
2. Hipótesis: es Goma 2 ECO. Tengo razones para pensarlo, ya que he encontrado una bolsa de deporte cargada con 10 Kg. de este explosivo. Y he encontrado a unos traficantes de droga que también vendían esta dinamita, y que conocían a algún marroquí que estaba siendo controlado por ser sospechoso de terrorismo islámico.
3. Experimento: dado que conozco los componentes de la Goma 2 ECO, puedo hacer pruebas que determinen qué componentes tienen los explosivos utilizados en los trenes. Si los componentes de los explosivos de los trenes coinciden con los de la Goma 2 ECO, se confirma que en los trenes estalló este explosivo.
4. Resultado del experimento: la composición de los explosivos no coincide con la de la Goma2 ECO. Conclusión: en los trenes no estalló Goma 2 ECO.
Ahora tenemos una observación más que se añade a las existentes, y hay que buscar una nueva hipótesis que explique todas las observaciones. Y estas son las alternativas:
A- Estalló Goma 2 ECO contaminada con otras sustancias.
B- Estalló otro explosivo, y hay que identificar qué explosivo coincide en su composición con todos los componentes especificados.
El problema de la hipótesis B es ¿qué hacemos con la bolsa de deportes y los traficantes asturianos? Mi respuesta, al menos, es: “ese es otro problema”. Puede que la bolsa no sea igual que las bombas que explotaron. En cualquier caso, habría que determinar qué explosivo coincide con los componentes encontrados en las explosiones (llamémoslo T), y después elaborar una hipótesis que explique el explosivo T, la bolsa con Goma 2 ECO y los traficantes asturianos.
¿Complicado? Sí, pero posible. Y científicamente correcto.
El problema de la hipótesis A es que incumple una de las dos condiciones de las hipótesis científicas, y es la falsabilidad. “Explosivo X contaminado con otras sustancias” explica cualquier resultado del experimento de determinación de componentes, porque cualquier cosa que encontremos y que no coincida con la composición del Explosivo X se explica por esa “contaminación”.
De modo que yo, precisamente por mi formación científica, sólo puedo aceptar la hipótesis B, esperar a tener los resultados de los análisis periciales, comprobar si los componentes encontrados coinciden con algún explosivo, y buscar después una explicación para el hecho de que apareciera una bolsa con Goma 2 ECO que llevó a la detención de unos marroquíes y unos asturianos que traficaban con droga y dinamita.
203 comentariosNorman Borlaug
No sé si muchos de mis lectores saben quién es Norman Borlaug. Premio Nobel de la Paz en 1970, es probablemente la persona que más vidas humanas ha salvado en toda la historia de la humanidad. Con toda probabilidad, es responsable de haber salvado la vida de más de mil millones de seres humanos.
Borlaug se crió en una granja de Iowa, y al final de la Segunda Guerra Mundial marchó a México, donde trabajó en la selección y mejora de variantes de trigo. Borlaug consiguió variantes de alto rendimiento y resistentes a las enfermedades. Como resultado, México se convirtió en exportador de trigo en 1963, y sus variantes se introdujeron en Pakistán e India, y después en otros países de Asia y África. Sus métodos fueron utilizados para mejorar otros cereales, creándose así lo que se ha llamado la “Revolución Verde“, que ha evitado que centenares de millones de personas en todo el mundo hayan muerto de hambre.
Borlaug es profesor en la universidad A&M de Texas. Ahora está luchando contra un cáncer, y hay un movimiento para concederle la medalla de oro del Congreso, el mayor reconocimiento civil en Estados Unidos.
Cito una frase de Borlaug:
“algunos de los ecologistas de las naciones occidentales son la sal de la tierra, pero muchos son elitistas. Nunca han experimentado la sensación física del hambre. Actúan desde cómodas oficinas en Washington o Bruselas. Si vivieran sólo un mes entre la miseria de los países en desarrollo, como lo he hecho yo durante cincuenta años, gritarían pidiendo tractores y fertilizantes y canales de irrigación y se indignarían con los elitistas que desde sus casas intentaran negarles estas cosas.”
En los años sesenta los ecologistas liderados por Paul Ehrlich profetizaban la muerte de millones de personas por inanición. Su respuesta era reducir la natalidad:
“Debemos tener control de natalidad en casa, esperemos que mediante un sistema de incentivos y castigos, pero también por obligación si los métodos voluntarios fallan”.
Después jugueteó con la idea de poner esterilizantes en el suministro de agua y racionar el antídoto para producir la población óptima. Descartó la idea, observando que todavía no era técnicamente posible.
Hoy, muchos ecologistas son absolutamente ignorantes de todo lo concerniente a la Biología en general y a la Ecología en particular, pero defienden creencias en virtud de las cuales todos los demás tenemos que cambiar nuestro modo de vida o seremos culpables de catástrofes indescriptibles. Mientras, científicos desconocidos para el gran público como Borlaug investigan, descubren cómo funcionan las cosas y desarrollan tecnologías que salvan cada día la vida de millones de personas en todo el mundo.
7 comentariosComplejidad y liberalismo
Una de las claves del éxito de las sociedades que aplican el principio liberal de minimizar la intervención del Estado, es la naturaleza caótica (en el sentido científico del término) inherente a la complejidad de las sociedades humanas.
Desde los últimos treinta años, sabemos que el comportamiento de un sistema complejo es imposible de predecir. Un sistema complejo es el clima, por ejemplo, y por eso no seremos nunca capaces de saber la temperatura o las precipitaciones del mes siguiente con exactitud. Pero también son complejos sistemas aparentemente simples como el goteo de un grifo o los latidos del corazón.
Las sociedades humanas son extraordinariamente más complejas que los sistemas más complejos que los científicos son capaces de modelizar. Incluso si nos limitamos a las interacciones económicas, la multitud de actores con intereses propios y la variedad de decisiones que pueden tomar, que influyen además en cadena en las reacciones de terceros hace imposible un conocimiento preciso de estos sistemas.
Por este motivo, a lo más que pueden llegar los economistas es a observar los sistemas, y describir su comportamiento a posteriori. De ahí la frase de “un economista es alguien capaz de explicar por qué no ha sucedido lo que él mismo había dicho que sucedería”.
Esta reflexión repele a muchos, porque estamos entrenados para identificar causas y efectos y para actuar en función de modelos hipersimplificados de la realidad. Y así la mayor parte de los políticos cree que su misión es recopilar datos y, aplicando su ideología a esos datos, decretar la aplicación de medidas que mejoren la situación.
El último ejemplo es el candidato a alcalde de Madrid, Miguel Sebastián, que dijo ayer que en España caben 200.000 inmigrantes más cada año. ¿Por qué 200.000 y no 150.000 o 250.000? Pues porque el señor Sebastián cree que tiene la información y los modelos y se cree capaz de conocer de antemano el impacto de esos 200.000, 0 250.000, o 150.000 inmigrantes.
La realidad es que nadie predijo hace 10 años la tasa de inmigración que iba a tener España, y nadie es capaz de pronosticar qué ocurrirá dentro de 10 años. Ante esta realidad, prácticamente todas las políticas intervencionistas son malas. Si dejamos a los ciudadanos que actúen libremente, cada uno buscando su propio beneficio, la situación resultante será la menos mala para cada uno de ellos, y por tanto para el conjunto. Si aplicamos medidas que favorezcan a un colectivo necesariamente debemos perjudicar a otras personas, y con un resultado imposible de pronosticar.
Un ejemplo significativo es la gestión del parque Yellowstone. Michael Crichton la explica en esta charla, en la que habla también de sistemas complejos y explica la génesis de “Estado de miedo”.
Si en la gestión de algo relativamente simple como un parque natural suceden desastres como los que describe Crichton, ¿qué pasa cuando tratamos con personas en lugar de alces y osos?. Pues que las ineficacias son también inevitables. Siempre aparecen actores que “aprovechan” la situación y obtienen recursos no por su contribución a la sociedad, sino por su capacidad de influir en el gobierno. Recursos que son arrebatados a otras personas, lo que provoca otros conflictos.
Y por supuesto la situación que originó la primera intervención sigue sin resolverse, lo que anima al político a pensar que sus medidas no se han aplicado con la diligencia suficiente, y que debe “destinar más recursos” a resolver el problema. Pero ahora han surgido nuevos problemas, con lo que también hay que dedicar más recursos a resolver estos nuevos problemas.
Es una situación ideal para el político, que tiene más recursos que gestionar, más poder y más capacidad de intervención en la sociedad, pero poco recomendable para el administrado, cuya capacidad de iniciativa y de gestión de sus propios recursos se ve mermada por decisiones arbitrarias que no puede predecir ni controlar.
Por este motivo intervenir poco siempre es mejor que intervenir demasiado. Y por eso las sociedades más liberales (menos intervencionistas) tienen más éxito que las sociedades dirigidas con mano de hierro.
1 comentarioDe la evolución
Publicó Juan Manuel de Prada un artículo en el que afirmaba que es imprescindible introducir “el misterio” para explicar el paso del mono al hombre. No voy a rebatirlo, porque aquí lo hacen bastante bien.
Prefiero aprovechar el tema para criticar el último libro que he leído de Juan Luis Arsuaga: El enigma de la esfinge. Aquí tenéis una reseña muy completa y fiel al contenido. Básicamente, Arsuaga hace una historia de las teorías evolutivas, incluyendo las variantes del darwinismo moderno, para aplicarlas a la evolución humana y concluir que no está claro que el neodarwinismo explique todo lo que sabemos a partir de los fósiles.
El problema es lo que Arsuaga (y otros muchos paleontólogos) entienden por Neodarwinismo, es decir, la síntesis entre la evolución por selección natural de Darwin y la genética mendeliana. Arsuaga construye un hombre de paja, afirmando que el neodarwinismo postula “cambios graduales que van modificando lentamente el acervo genético de una especie hasta transformarla en otra”. Frente a esto, hay teorías que defienden que para que se produzca la especiación (la creación de una nueva especie) es necesario el aislamiento reproductor de una población con respecto al resto de miembros de su especie. Y plantea que la evolución “a saltos” o por “deriva genética” son incompatibles con el neodarwinismo.
Aviso: es posible que yo tenga una deformación de partida por haber estudiado genética evolutiva, genética cuantitativa y genética de poblaciones, por sólo un año de zoología y otro de antropología, y que todo lo que escriba a partir de aquí esté viciado por esto, pero creo que Arsuaga confunde la historia de la evolución de las especies con el mecanismo de evolución de las especies.
En realidad, el mecanismo de la evolución se explica en estas ecuaciones. Básicamente, lo que vienen a expresar es que, para un carácter, existe un conjunto de genes que expresan varios fenotipos (variantes de ese carácter). Si conocemos la tasa de mutación para ese gen, las frecuencias iniciales de cada alelo (variante) del gen, la fitness o ventaja adaptativa que aporta cada variante y las tasas de migración, podemos calcular la proporción de alelos en la siguiente generación.
Por supuesto que si consideramos poblaciones pequeñas, y tenemos en cuenta el azar, podemos obtener deriva genética, esto es, que por puro azar predominen genes con menor valor adaptativo que otros. Y cabe también que el gen que estemos tratando no sea algo simple como el color de la piel, sino un gen regulador del desarrollo embrionario cuya variante produzca un adulto radicalmente diferente (el “monstruo esperanzado”).
Es decir, tanto la deriva genética como el equilibrio puntuado caben en la teoría sintética, porque la teoría sintética, en su formulación de genética de poblaciones, no establece la selección natural como mecanismo único de cambio de frecuencias genéticas. Y no otra cosa es la evolución: cambio de frecuencias genéticas en poblaciones. El que estos cambios, con el tiempo, acaben produciendo tipos completamente nuevos de seres vivos es una cuestión histórica y limitada a lo que ha sucedido en nuestro planeta.
Pero la teoría sintética, como no podría ser de otra manera, es universal. Esto es, aplicable en cualquier lugar del universo en el que existan seres con información “genética” y sujetos a presión evolutiva. Por eso funcionan los algoritmos genéticos, que se han demostrado muy eficaces para resolver problemas de gran complejidad: porque la selección natural funciona también aplicada a poblaciones de “soluciones a problemas”.
En resumen: que Arsuaga está observando los efectos de la evolución, e intentando deducir a partir de los mismos, cuando tiene a su disposición la herramienta matemática para explicar el mecanismo fundamental de la evolución.
3 comentariosSimios con derechos humanos
Viendo esto, se me ocurre…
¿Podrá una pareja de gays adoptar a un chimpancé si no consigue un niño?
¿Podrá una pareja de orangutanes adoptar a un gay? ¿Siempre o sólo con la condición de que sea un oso?
Si un gorila hembra maltrata a su marido humano ¿se le aplica la ley de violencia de género?
¿Se legalizará la poligamia para los chimpancés y gorilas o sólo para los musulmanes?
Como entiendo que puede haber alguien que crea que esta iniciativa tiene algún sentido, voy a intentar razonar mi postura.
Compartir un porcentaje de genes con otra especie es un criterio arbitrario para incluirla en el grupo de “seres protegidos por derechos humanos”. Ahora consideran que son los grandes simios, con los que compartimos más del 95%, pero ¿por qué no extenderlo a todos los animales con los que compartimos más del 90%? ¿o aquéllos con los que compartimos más del 85%, o el 75%?
El único criterio con base biológica que diferencia entre grupos de animales con características similares es el de especie. Una especie sí es definible en términos biológicos (los miembros de una especie pueden reproducirse entre sí y generar descendencia fértil), pero no así ni los grupos inferiores (raza o variedad) ni los superiores (género, familia, orden…). Términos como antropoides, primates, simios, mamíferos… definen categorías arbitrarias, que son útiles a los científicos, pero que son un constructo y pueden variar si otro modelo de la realidad resulta más adecuado.
Por tanto, aplicar una medida de protección especial a los “grandes simios” es completamente arbitrario. Podría aplicarse, con los mismos criterios, a los primates, o a los mamíferos. O podría también utilzarse este criterio de “porcentaje de código genético compartido” para definir derechos en sentido restrictivo, justificando así el racismo.
Así que, en mi opinión, el único criterio válido para definir derechos es el de especie. Todos los pertenecientes a la especie Homo sapiens tenemos derechos humanos. El resto de seres vivos, no. Punto.
13 comentariosLa teoría del Diseño Inteligente no es ciencia
Vía Instapundit, leo en Tech Central Station un artículo acerca de por qué la Teoría del Diseño Inteligente no es ciencia. Y, de propina, explica también por qué el marxismo y la psicología freudiana tampoco son ciencia.
Además, es breve y muy fácil de leer, así que no os lo perdáis.
Comments are off for this postEntropía, monos, Shakespeare y liberalismo
El post de Curioso pero Inútil sobre el millón de monos que escriben las obras de Shakespeare, y que se ha comentado por aquí, tiene su interés aunque esté equivocado en su planteamiento matemático, en el que no tiene en cuenta el factor tiempo.
En esta entrada de Wikipedia (magnífica) tenéis toda la información sobre el teorema de los monos infinitos, en el que se basa la cita que ha motivado el post de CPI. Como veis, el problema en sí tiene su miga.
Recuerdo haberlo visto utilizado para criticar la posibilidad de la evolución por selección natural. No puedo deciros dónde, porque esto debió ser en el año 95, cuando yo empezaba a moverme por Internet. Básicamente, el argumento es que la posibilidad de que la evolución haya creado por simple azar una secuencia de nucleótidos tan compleja como nuestro código genético es tan remota como la posibilidad de que un mono (inmortal) tecleando letras al azar creara en tres mil millones de años las obras completas de Shakespeare.
Un comentario al post de Diego González plantea que la entropía hace inviable que los monos lleguen alguna vez a escribir Hamlet. No es cierto, y la prueba es el mismo autor del comentario.
Me explico. Es cierto que según la segunda ley de la termodinámica la entropía siempre crece en un sistema aislado. De manera gruesa podemos decir que la entropía es equivalente al “desorden”, lo que corresponde con nuestra observación del entorno.
La única manera de mantener un subsistema en estado de orden es proporcionándole energía adicional. Es por eso que tenemos que hacer un esfuerzo para mantener los papeles de nuestra mesa de trabajo ordenados, y es por eso que si se rompe el vaso que la contiene se derrama la leche.
Y es por eso que necesitamos comer para vivir. Los seres vivos somos una enorme anomalía según la segunda ley de la termodinámica, porque continuamente nos autoordenamos, y ordenamos nuestro entorno. En una primera aproximación, esto parece contradecir la segunda ley de la termodinámica, en el sentido de que somos sistemas en los que la entropía decrece. En realidad, nuestro “orden” lo conseguimos haciendo que todo el entorno esté más “desordenado”. Y es así porque el único sistema aislado que conocemos es el propio Universo, que sí queda más desordenado en su conjunto por la actividad de estos subsistemas peculiares que somos los seres vivos.
De modo que sí, los ecologistas tienen razón: simplemente por estar vivos nos estamos cargando no sólo el mundo sino todo el universo. Claro que hasta que terminemos con él a base de aumentar la entropía quedan unos cuantos miles de billones de años, y por otro lado la única alternativa es suicidarnos, exterminando además a todos los animales y plantas.
En resumen, que de momento la segunda ley de la termodinámica no es problema: mientras el universo pueda aportarles más energía que la que consumen, nuestros monos mecanógrafos pueden seguir tecleando sin violar la ley, y nuestros organismos pueden seguir auto-organizándose.
Si después de llegar hasta aquí seguís con fuerza, vamos entonces con la cuestión de los monos, el azar y la creación. ¿Es equivalente el mono que teclea al azar hasta escribir Hamlet con los mecanismos evolutivos que partiendo de una ameba producen a William Shakespeare?
Si fuera así, tendríamos que tener en cuenta que ni el pool de genes sobre el que actúa la evolución es infinito (aunque sea numerosísimo) ni el tiempo que ha tenido la evolución para producir a Shakespeare ha sido infinito (sólo 3.000 millones de añitos).
Es decir, para que el teorema de los monos infinitos sea aplicable debe ser infinito el número de monos o el tiempo que dedican a escribir. Como en la evolución ninguno de los dos parámetros es infinito, cabe cuestionarse si ambos han sido suficientemente amplios como para que la diversidad de seres vivos actuales pueda deberse únicamente a mecanismos evolutivos, o se ha necesitado “una ayudita” de un ser superior.
Por supuesto, los creacionistas, incluidos los partidarios del “diseño inteligente”, sostienen esto último. La formulación es en términos fenotípicos, que son más fáciles de entender por el común de los mortales: “¿cómo se puede haber creado algo tan complejo como el ojo de un águila sólo por azar?. Una estructura tan complicada requiere un ingeniero que la diseñe.”
En realidad, lo que ocurre es que la evolución “tiene truco”. La evolución no actúa simplemente combinando al azar nucleótidos hasta obtener el genoma de William Shakespeare, como el mono combina caracteres hasta obtener Hamlet. Si fuera así, ni siquiera creo que hubiera sido capaz de producir la más simple de las bacterias.
La evolución construye a partir de materiales existentes. Lo que la hace eficaz para obtener nuevos seres más complejos, no son los procesos de mutación (los que producen variabilidad) sino la reproducción, que en un entorno con recursos finitos es necesariamente selectiva.
De hecho, la mutación (esto es, el cambio aleatorio y espontáneo en un gen) es un fenómeno relativamente raro, e incluso los seres vivos tienen mecanismos para protegerse de él, ya que la inmensa mayoría de las mutaciones son perjudiciales.
Pero gracias a la selección natural, un cambio que se traduce en una mejor capacidad del individuo para reproducirse con éxito necesariamente acaba extendiéndose. Y esos organismos “mejorados” son los que utiliza la evolución para producir nuevos organismos con nuevas “mejoras”.
Para muchos, esta idea es contraintuitiva. Siempre será más eficaz lo que planifique un ingeniero que el resultado de multitud de ensayos en los que se despilfarran millones de prototipos, piensan.
Pues resulta que no es así. De hecho, hay un procedimiento de resolución de problemas que se conoce como “algoritmo genético”, y que consiste en utilizar una “población de soluciones” a la que se aplican los procesos de mutación, recombinación y selección (según su aproximación al resultado que se quiere obtener). Estos algoritmos son extraordinariamente eficaces para encontrar soluciones a problemas complejos.
Así que, señores creacionistas, me temo que la propia diversidad de la vida sobre la Tierra demuestra que la evolución por selección natural es un mecanismo suficientemente potente, y que la comparación con el puro azar es un truco para justificar la necesidad del “Gran Ingeniero”.
Y por cierto, es por todo esto que soy liberal. La ciencia de los últimos cincuenta años nos ha enseñado que los procesos de autoorganización espontánea son más poderosos y tienen más capacidad de creación y de producción de soluciones exitosas que cualquier proceso planificado.
Pretender que un comité de sabios, o de políticos, o de técnicos es capaz de conocer los problemas de la sociedad y qué soluciones deben darles es simplemente absurdo. Cualquier gobierno que pretenda dirigir a la sociedad sólo conseguirá dificultar los procesos naturales de autoorganización que son los que acaban encontrando soluciones a cualquier problema.
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Vía Desde el Exilio, llego a un post del MSV sobre el calentamiento global. Parece una broma, pero en realidad tiene exactamente la misma base científica que el protocolo de Kioto.
Recordemos el meme que ahora está más extendido: la humanidad, al generar CO2, que es un gas que produce un efecto invernadero, está provocando un cambio en el clima a nivel mundial, que produce todos los fenómenos anormales que observamos en los últimos tiempos (aumento de la temperatura, sequías, huracanes, incluso tsunamis para los más ignorantes). Si no le ponemos remedio controlando la emisión de CO2, el aumento será irreversible y la humanidad vivirá un infierno catastrófico. Sólo los propagandistas a sueldo de las multinacionales se oponen a esto.
Vayamos por partes, que diría Jack el Destripador:
Cierto. Pero también el vapor de agua produce efecto invernadero, y en mucha mayor medida que el CO2. De hecho, esta es una experiencia que todos tendréis: en invierno, los días sin nubes son más fríos que los nublados, porque las nubes, al reflejar de vuelta a la tierra la luz del sol provocan un aumento de la temperatura en la superficie. También el metano, que se libera a la atmósfera en gran cantidad debido a los procesos intestinales de los grandes herbívoros, produce efecto invernadero. De modo que no sabemos si sería más eficaz matar a todas las vacas que cerrar las fábricas para reducir el efecto invernadero.
Por otro lado, el efecto invernadero es el que permite que en la Tierra haya agua líquida, y por tanto vida. En Marte casi no hay efecto invernadero, porque no hay apenas atmósfera, y cuando no le da el sol directamente hace un frío que pela. Cierto que en Venus el efecto invernadero produce unas temperaturas poco recomendables, pero en general en la Tierra nos ha venido muy bien en los últimos 3.000 millones de años.
Y por si alguien lo ignora, el CO2 es menos venenoso que el oxígeno. Usted, querido lector, está liberando ahora mismo CO2 simplemente por el hecho de respirar. Y este CO2 le viene muy bien a esa plantita que tiene en el alféizar de la ventana, que lo utiliza para sintetizar alimentos, liberando de paso el oxígeno que usted respira.
De hecho, en esta página de la NASA en la que se explican las medidas de temperaturas estratosféricas y troposféricas obtenidas a través de satélites (que son más fiables que los observatorios locales, que entre otras cosas sólo miden la temperatura local) se explica que por los registros que tienen desde 1979 hasta la fecha, no se puede decir que exista calentamiento global. Es más, el aumento más significativo se produce en 1998, debido al efecto de la corriente de El Niño.
Pero supongamos que sea cierto que se ha producido un aumento de las temperaturas en el siglo XX. Aún así, habría que demostrar que se debe al incremento de CO2, y no a la muerte de Stalin. Y aquí tampoco vale la intuición. El que dos fenómenos estén correlacionados no implica que uno sea causa del otro. También podríamos decir que el incremento en las temperaturas está produciendo una mayor concentración de CO2 en la atmósfera. Si no hay una explicación científica para la causa, la simple correlación no sirve.
De modo que cualquier referencia a estos fenómenos hay que ponerla en cuarentena, al menos hasta que tengamos evidencias sólidas en que fundamentar nuestras hipótesis.
Aquí nos adentramos ya en la adivinación del futuro, que es uno de mis temas favoritos. Resulta que no sabemos qué parte del efecto invernadero se debe al CO2. Resulta que no sabemos hasta qué punto los sumideros de CO2 pueden absorber el exceso de CO2 producido. Resulta que no tenemos un modelo capaz de predecir con precisión la temperatura media dentro de un año.
Pero hay científicos capaces de pronosticar la temperatura media en el 2100. Claro que no a todos les sale lo mismo. Unos dicen que el calentamiento será de 3-4º, y otros que de 11º.
Teniendo en cuenta que la temperatura media de la Tierra es de 17º, esto significa una variación de entre un 17% y un 64% con respecto a la temperatura actual. Lo que traducido a un lenguaje normal significa: “esto se va a calentar mogollón, pero no tenemos ni idea de cuánto exactamente”.
Y es que predecir el futuro tiene sus ventajas, porque dentro de cien años ninguno de nosotros podremos recordarles a estos científicos que sus predicciones no se han cumplido. Al menos, algo han aprendido desde 1970, cuando predecían un descenso de 11 grados para el año 2000 que llevaría directamente a una glaciación. Ahora las predicciones las hacen a 95 años, y así nadie les podrá llevar la contraria hasta después de muertos.
El IPCC, que se fundó para evaluar los riesgos de los cambios climáticos inducidos por los seres humanos, atribuye la mayor parte del calentamiento reciente a las actividades humanas
Es decir, un organismo cuyos miembros perderían su trabajo si encontraran que no hay relación entre la actividad humana y el cambio climático, encuentra que la mayor parte del cambio climático se debe a la actividad humana. Pero éstos seguro que son objetivos, y que si hubieran encontrado que la actividad humana no tiene nada que ver, se hubieran ido a casa tranquilamente.
En resumen: estoy tan dispuesto a creer que la muerte de Stalin es la causa del calentamiento global como que se debe a la contaminación por CO2, porque tengo la misma evidencia científica para las dos hipótesis: ninguna.

