A Gallardón se le junta todo
No es solo que sea un paternalista que injuria a los hombres-anuncio, como han señalado certeramente algunos compañeros de Red Liberal. Es que además, tiene una visión elitista de la ciudad que gobierna, y pretende imponerla a sus ciudadanos, por las buenas o por las malas.
No le gusta el oso y el madroño, porque lo considera casposo, y se ha gastado centenares de miles de euros en una imagen corporativa azul y molona. No le gusta que a sus subordinados se les llame concejales, porque le hace como de pueblo, y les llama “Delegados” de “Áreas de Gobierno”. Lo de los luminosos es parte de su empeño en hacer de Madrid una ciudad “europea” y “moderna”, sea eso lo que sea.
Pero lo peor de la medida antipublicidad no es que hará que las personas que viven de ser hombre-anuncio pierdan su trabajo, o que alguna comunidad de vecinos deje de ingresar un dinerillo a cambio de tener un cartel luminoso. Lo peor es que Gallardón está usando la fuerza que le da tener el poder en Madrid para eliminar a su competencia.
Y es que el Ayuntamiento de Madrid obtiene ingresos significativos por publicidad. Eso supone que se dedica a un negocio que no tiene que ver con el gobierno de la ciudad, y en el que ni el estatista más contumaz puede defender que esté supliendo a una fallo del mercado. Pero lo más grave es que cuando llegan las vacas flacas, el gasto en publicidad decrece y la competencia se hace más feroz, saca la carta marcada de la ordenanza y se quita de un plumazo a unos cuantos rivales.
Espero que la EMT no deje de ingresar lo que Gallardón espera, porque si no ya pueden ir preparándose los taxistas. Y hagan el favor de ir ustedes a los teatros municipales, que si no sacará una ordenanza que hará temblar a cualquier teatro privado. Y… mejor no sigo repasando todos los ámbitos en los que el Ayuntamiento compite con la iniciativa privada, porque me pongo enfermo.
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