El ecologismo es cosa de ricos
Curioso que entre las medidas que tomará el gobierno para paliar la crisis está “agilizar” las declaraciones de impacto medioambiental para las obras públicas. Parece que eso de comprobar si hay caquitas de gato o de lince antes de hacer una carretera está bien solo cuando no necesitamos desesperadamente construir carreteras para emplear a los que no encuentran trabajo construyendo casas.
Uno de los memes de los ecologistas es que la sociedad capitalista nos lleva a un consumismo desaforado e insostenible que causa daños irreparables en el medio ambiente. En realidad, lo que sucede es más bien lo contrario: el desarrollo económico que produce el capitalismo es lo que nos permite dedicarnos a cuidar el medio ambiente.
Primero, porque el desarrollo económico no nos “obliga” a usar más recursos, sino menos. Aunque parezca sorprendente, nuestros ancestros de Atapuerca necesitaban todos los recursos de la península ibérica para sostener a unas decenas de miles de individuos. La vida natural-natural, la de las tribus cazadoras-recolectoras, ese paraíso original en el que todos éramos felices antes de inventar el dinero, requiere dedicar enormes recursos para alimentar a unos pocos individuos.
Las tecnologías han hecho posible que millones de personas puedan vivir en el mismo espacio sin problemas. Pero además, cuando tienes recursos suficientes como para no dedicar el 100% de tu tiempo a sobrevivir, es cuando puedes dedicar parte de esos recursos a cuidar del medio ambiente.
Las ciudades limpias, con parques y jardines, las reservas naturales, el reciclado de desperdicios… son lujos que solo se dan en los países desarrollados. En el tercer mundo, y en los países que luchan por salir de la miseria, la riqueza que genera una fábrica compensa la contaminación.
1 comentarioAguafiestas y moral económica
Una de las tradiciones navideñas que últimamente se están imponiendo es la de los aguafiestas. Son esos tipos que te echan en cara que consumas langostinos en Nochebuena, o que compres regalos a tus hijos en Reyes. Es gente que no puede limitarse a cenar con la familia y pasar un buen rato charlando y devorando un corderito, sino que para ser feliz necesita sentirse mejor que tú y criticar tu consumismo.
Si os fijáis, la coincidencia en todos ellos es denunciar “el exceso”. Celebrar las fiestas está bien, dicen, pero no hay que caer en el consumismo.
Ahora bien, ¿quién marca el límite entre el exceso y la moderación? Naturalmente, los aficionados a meterse en la vida del prójimo. Así que el exceso se define como “todo aquel gasto que a los ascetas de temporada les parece superior a lo deseable”.
Hace ya tiempo que observo que cuando alguien afirma que los sueldos muy elevados son inmorales, en general establece un límite para estos “sueldos elevados” de entre 3 y 5 veces su propio sueldo. Es decir, si una persona gana 10.000 euros, le parecen excesivos los sueldos de más de 50.000 euros. Pero si gana 25.000, los sueldos excesivos son los de más de 100.000 euros.
Con el consumo Navideño ocurre lo mismo. Consumo excesivo es el jamón ibérico de bellota para el que sólo puede permitirse el serrano, y las angulas para el que cena langostinos. Consumo excesivo es ir a esquiar por Navidad para el que sólo puede permitirse una tarde en la pista de hielo de su ciudad.
Para ser coherentes, todos los metomentodos que critican el consumismo ajeno deberían vestirse de saco y ceniza, y alimentarse de pan y agua, entregando sus bienes a los pobres hasta que nadie pasara necesidad en todo el planeta. Mientras tanto, sería mejor que dejaran en paz a sus vecinos.
Y por cierto, a la variante católica de los aguafiestas, me gustaría recordarles que el primer milagro de Jesús consistió en aportar más vino a una fiesta que corría peligro de decaer. Y que fue acusado de ser un comilón y un bebedor (Mateo 9:10-11; 11:19). Y que sus propios discípulos le criticaron que permitiera que se derrochara el dinero en perfumes caros (Mt 26, 8). Así que probablemente están más cerca de Jesús los que celebran la Navidad lo mejor que pueden que los aguafiestas que se dedican a criticar a los demás.
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