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Alquien se va a hacer rico con los 50.000 millones

No tengo ninguna duda de que alguien se va a hacer de oro con ese dinero. Por mucho que hablen de “transparencia”, “control” y demás zarandajas.

Como es habitual en la administración, primero se decide la cantidad necesaria para un fin determinado, y luego ya se verá exactamente cómo se usa esa cantidad. Quiere esto decir que los 50.000 millones son una cifra mágica, solo indirectamente basada en datos. Yo podría llegar a creerme que se necesitan 43.250 millones, o 63.257, pero nadie con dos dedos de frente puede aceptar que una cifra tan redonda esté basada en la observación de la realidad.

Probablemente, se trata de un compromiso entre lo que el Gobierno cree que puede destinar a este fin, lo que algún experto ha escrito en un informe, lo que algunos banqueros han pedido… Quiero decir, que podrían haber sido 25.000 o 100.000 millones, y estaríamos todos diciendo exactamente las mismas cosas. Los que nos quejamos de este expolio y los que celebran que el Gobierno garantice la estabilidad.

El problema de hacer un presupuesto al revés es que una vez que tienes 50.000 millones tienes que decidir cómo te los gastas. “En préstamos para las PYMES y las familias”, dice Rajoy. Bueno, supongamos que es así, y que no van directamente a tapar agujeros en bancos y cajas, o a refinanciar deudas millonarias de constructoras e inmobiliarias.

El problema de que el Gobierno gestione esa enorme cantidad de dinero es que una pequeña ineficiencia en su aplicación puede significar una fortuna para quien esté cerca del reparto.

Veamos, querido lectos ¿sería capaz de decirme a qué destinó cada uno de los euros que gastó el mes pasado? Supongamos que usted gana 1.000, 2.000 o 3.000 euros limpios al mes. Un euro supone entre un 1 por 1.000 y un 0,33 por mil. Apenas nada. Nadie es capaz de llevar un control tan fino sobre sus finanzas.

Y ese dinero es suyo, con lo que tiene el máximo interés para usted administrarlo bien.

Ahora piense que un 1 por mil de 50.000 millones son nada menos que 50 millones de euros. ¿Alguien duda de que, por muy bien que se gestione el dinero y muy honrados que sean todos los que lo manejen, habrá una ineficiencia de al menos un 1 por 1.000? Y no me hablen de interventores, controles, procedimientos y demás. Yo he gastado algunos cientos de miles de euros de sus impuestos, amigo lector, y he visto como se gastan otros cuantos millones y firmaría ahora mismo porque solo un 1 por mil de ese dinero se perdiera. Por supuesto, cumpliendo la ley y con el beneplácito de todos los interventores que debían intervenir.

El problema de darle al Gobierno la capacidad de manejar cantidades tan ingentes de dinero, es que las ineficiencias pasan por pocas manos. Distraer esos 50 millones de euros (por lo menos) será tarea sencilla. Y no estamos hablando de corrupciones generalizadas. Un 3% aquí serían nada menos que 1.500 millones de euros, y eso tal vez se notara. O eso prefiero creer.

Si fuera el mercado el que resolviera la crisis, las decisiones de compra de activos las tomarían directivos de entidades financieras que manejan su propio dinero (no todo suyo, pero si lo suficiente como para procurar no equivocarse). Y en cualquier caso las ineficiencias (y sus efectos positivos o negativos) se repartirían entre muchos más actores.

Pero con los planes de rescate neosocialistas, solo es cuestión de tiempo saber quién se ha hecho rico gracias a los 50.000 millones que Zapatero ha tenido a bien quitarnos.

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El New York Times anunciaba la crisis hace 9 años

Vía Techcrunch llego a una noticia del New York Times en la que habla de cómo Fannie Mae iba a facilitar los préstamos a minorías con problemas. Comenta Mike Arrington que cada vez que nos encontramos en una crisis podemos señalar a una estupidez del gobierno que hizo el desastre inevitable.

Y este es el caso. En el artículo del New York Times explican como la Administración Clintón presionó a finales de los 90 a instituciones como Fannie Mae, que proporcionaban el crédito a los bancos que hacían las hipotecas, para que relajaran las condiciones para acceder a una. Esto decía el NYT en septiembre de 1999:

En Julio, el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (DVDU) propuso que para el año 2001, el 50% del portfolio de Fannie Mae y Freddie Mac estuviera compuesto de préstamos a personas de ingresos bajos y moderados. El último año, el 44% de los préstamos que Fannie Mae compró era de estos grupos.

El cambio de política llega al mismo tiempo que el DVDU investiga alegaciones de discriminación racial en los sistemas automatizados de aprobación que Fannie Mae y Freddie Mac usan para determinar si a un candidato se le puede conceder un crédito.

Es decir: el gobierno decide que las minorías raciales no obtienen el porcentaje de crédito que deberían tener, y decide actuar. Como suele ser habitual, utiliza todo el poder de coacción que tiene, acusando de discriminación racial, para conseguir que las empresas se plieguen a sus deseos. La semilla del desastre está sembrada.

Hasta ese momento, Fannie Mae y Freddie Mac prestaban según criterios racionales, a gente que podía devolver el préstamo. La gente que no podía acceder a uno de esos créditos vivía de alquiler, o pagaba intereses más altos a prestamistas que asumían más riesgo (y compensaban su mayor número de impagos con esos intereses elevados).

El gobierno interviene, los negros e hispanos pueden comprarse casas baratas, y todos felices. Clinton se va, gana Bush, y no se le ocurre levantar la presión sobre las entidades de crédito para volver a la racionalidad. Sería un suicidio político quitar las casas a los pobres. Lo que le faltaba es que le acusaran de racista.

Y es que las medidas demagógicas son muy fáciles de tomar, pero muy difíciles de rectificar. Es el mismo tipo de mecanismo perverso que funcionó con el PER cuando el PP gobernaba: ¿cómo iba a quitar el pan de la mesa a los pobres parados andaluces?

Así que Bush miró para otro lado, y las empresas de crédito siguieron actuando irracionalmente. Al fin y al cabo, si el gobierno las había metido en esto, el gobierno las sacaría del problema cuando llegara…

Poco a poco, todo el sistema financiero se corrompe. Se empieza a ver como seguro lo que antes era arriesgado. Entre los incentivos de todos los agentes, desde oficinistas de una sucursal de banco a altos ejecutivos, los préstamos a insolventes se convierten en un criterio más para alcanzar la parte variable de su sueldo, así que siguen alimentando la máquina. Los precios de las casas suben, empujados por la entrada masiva de minorías al mercado, así que el efecto perverso se contagia a personas de clase media que compran viviendas por mucho más dinero de lo que valían pocos años antes.

Hasta que, como era inevitable, llega un momento en el que todo se derrumba.

Y entonces se habla de fallos de mercado, de falta de control, de que el gobierno tiene que intervenir más y controlar más…

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Qué puede hacer el gobierno para acabar con la crisis

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