Diarios de las Estrellas

Política, ciencia, tecnología, la vida, el universo y todo lo demás.

Nadie es tan listo como todos

El otro día mi hija pequeña me estaba pidiendo algo insistentemente (ya sabéis: “papá, papá, papá, papá”) y, en broma, le dije: “yo no soy papá”. Ella respondió rápida “sí eres”, pero yo repliqué “¿y cómo lo sabes?”. Se quedó pensando un poco y me dijo muy seria: “tienes que ser, porque todos lo dicen.”

Me he acordado de esta anécdota, que demuestra que mi hija no tiene un pelo de tonta, leyendo este post de Carlos López. Su tesis es que las masas se equivocan, y que aceptar acríticamente lo que dice la mayoría es propio de perezosos intelectuales.

Efectivamente, como dice Carlos, si salimos a la calle y preguntamos a la primera persona con la que nos crucemos su opinión sobre el cambio climático, probablemente nos dirá que es un peligro real y que debemos actuar para evitarlo. Lo cual, en mi opinión, está terriblemente equivocado. Y se justifica solo porque es complicado tener una cultura suficiente con respecto a la ciencia.

Para aprender lo mínimo que necesitas saber sobre pintura antes de ir al Museo del Prado basta con encerrarse un par de tardes con algunos libros. Uno descubre quiénes fueron Goya y Velázquez, aprende por qué pintaban lo que pintaban y por qué lo pintaban como lo pintaban, y puede disfrutar de una tarde muy agradable entre cuadros. Por supuesto, si tienes algo más de cultura, disfrutas mucho más. Recuerdo que una vez le estaba explicando a mi hijo mayor, delante de un cuadro, que las tres “brujas” que Goya había pintado eran las parcas que él había visto en la película Hercules de Walt Disney. Un señor argentino me oyó, se acercó y estuvimos hablando un ratillo de las parcas, de Serrat y de mitología griega. Pero, por supuesto, puedes ver el cuadro sin saber lo que hacían esas tres señoras con los hilos de las vidas de los griegos.

Con el tema de la ciencia ya es más complicado. Hace ya casi tres años, escribí que no se puede entender el mundo en el que vivimos sin conocer al menos algunos conceptos básicos en ciencia y las matemáticas mínimas para manejarlos. Desgraciadamente, eso implica un esfuerzo mayor, y mucha gente, incluso muchos que se consideran a sí mismos personas cultas, no están dispuestos a realizarlo. Con lo cual, si yo fuera el director de investigación de una multinacional no preguntaría en una encuesta si debo dedicar más recursos a la nanotecnología, por ejemplo.

Pero ¿y las decisiones que tienen que ver con el sentido común? ¿qué pasaría si sometiéramos a votación pública y abierta cuestiones como la ampliación de una carretera, o la construcción de más escuelas o más hospitales, o la presión fiscal, o las medidas para reducir el consumo de tabaco?

Dicho de otra forma ¿quién tomaría mejores decisiones en estos campos: el político asesorado por expertos (que es quien las toma ahora) o la gente común?

Pues, aunque parezca sorprendente, lo cierto es que probablemente en cada uno de esos casos la solución propuesta por “la masa” sería mejor que la elegida por el político.

La explicación está en un fenómeno que ya observó Francis Galton en el siglo XIX: la sabiduría de los grupos. Contrariamente a lo que cree Carlos, las respuestas del público en “¿Quiere ser millonario?” son mejores que las de los expertos. Lo explica James Surowiecki en su libro The Wisdom of Crowds.

¿Por qué se produce esto? Pues no he visto ninguna explicación, así que propongo la mía: la realidad es compleja, y cada uno de nosotros está entrenado para analizar unas pocas señales de todas las que nos llegan cada segundo de dentro y fuera de nuestro cuerpo. En general, esto se nos da bien (más que nada porque los que no aprenden a hacerlo tienden a morir jóvenes), pero inevitablemente despreciamos mucha información interesante que percibimos pero que no llegamos a procesar.

Sin embargo, no todos despreciamos la misma información, ni tenemos el mismo marco referencial (o la misma cultura) para interpretar un nuevo dato. Así que, en conjunto, somos capaces de interpretar más datos relevantes, y de referenciarlos a más información pertinente, que lo que puede hacer un solo individuo, por muy perspicaz y culto que sea.

A esto hay que sumarle que la práctica totalidad de los fenómenos que nos interesan son fenómenos complejos y dinámicos, es decir, caóticos. Y por tanto difíciles o imposibles de predecir con exactitud.

Por tanto, reformulando la pregunta ¿quién puede tomar una decisión mejor: un político que tiene información parcial (y además sesgada) sobre un tema en el que desconoce las consecuencias futuras de su decisión, o una multitud con informaciones también parciales pero complementarias entre sí, y con más experiencia colectiva acerca del resultado de decisiones similares?

A los socialistas les gusta pensar que es el primero. Los liberales sabemos que son los segundos.

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Haciendo el memo

Me pasa Feyn Dem otra de esas cartas en cadena (versión sofisticada). No soy muy amigo de ellas, pero como vienen bien para atraer a algún incauto que esté buscando en Google a Britney Spears en bolas, pues respondo:

El último disco que has comprado: No compro discos desde el siglo pasado, pero creo recordar que fue uno de Värttina.
El último disco que has escuchado: Vespers for Christmas and Easter, de Schola Hungarica. Sólo oigo discos completos de música clásica.
El último disco que has bajado: Devil came to me, de Dover. Tengo el original, pero me cuesta menos bajarlo que ripearlo para pasarlo al iPod.
La última peli que has visto en el cine: Una de una chica que parecía un fantasma pero que en realidad estaba en coma y el chico se enamora y le salva. No recuerdo ni el título ni los actores ni el director.
La última peli que has visto en la tele: Lost in translation. Un auténtico peñazo.
La última película que has bajado: Irma la dulce. (no, no es porno)
El último libro que has leído: Tales of the unexpected, de Roald Dahl..
El último libro que has comprado: Estado de miedo, de Michael Crichton.
El último libro que has regalado: La Historiadora, de E. Kostova.
El último concierto al que has ido: Ya no me acuerdo.
El último concierto al que te hubiera gustado ir y no fuiste: El que hizo Paul MacCartney hace un par de años o tres.
La última vez que comiste en un restaurante: Como casi todos los días de diario en un restaurante.
La última vez que comiste comida basura: Si un kebab entra en la definición, el jueves.

Una vez preparada la trampa para atraer pardillos que caerán en este nido de neoconservadurismo como moscas, ya no necesito pasar el meme a nadie. Aunque el que lea esto y tenga un blog puede seguir mi ejemplo, yo ya estoy un paso por delante en mi plan para la dominación mundial.

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La sabiduría ancestral de los indígenas

Leo en un post de Hispalibertas la siguiente frase de un artículo del ABC sobre la extinción de lenguas en el mundo :

Esto afecta incluso a la transmisión de los conocimientos autóctonos de esas sociedades, que podrían ser de un valor inestimable en ámbitos como la salud y la agricultura, [...]

Vamos a ver, si los indígenas (africanos o de cualquier continente) tuvieran conocimientos en ámbitos como la salud o la agricultura, no se morirían de hambre o de enfermedades que aquí apenas nos suponen un par de días en cama.

Los que tenemos conocimientos de valor inestimable somos los occidentales, entre otras cosas porque desde hace un par de miles de años tenemos la costumbre de utilizar “lenguas francas” como el latín o el inglés. Más aún, tenemos esos conocimientos porque durante los últimos 500 años, todas las naciones-estado que han sido grandes han implantado un idioma común: España, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia, Rusia pudieron hacerse grandes y poderosas gracias a que uno de los idiomas hablado en su territorio se hizo predominante, permitiendo el intercambio de información.

Lo de ser miembro de una tribu perdida en cualquier selva, que sólo puede comunicarse con un par de centenares de personas porque usa un idioma que no habla nadie más, puede ser emocionante para el antropólogo que lo estudia. Pero dudo que la miseria, la incultura, las enfermedades y el hambre que una existencia así lleva aparejadas formen en su conjunto una experiencia vital enriquecedora.

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Diez libros

Acepto el envite de Emilio. Esta es mi lista de 10 libros fundamentales, por orden más o menos cronológico de primera lectura (algunos los he leído muchas, muchas veces…):

1. 20.000 leguas de viaje submarino. Julio Verne
Podría haber puesto Ivanhoe, El último mohicano, Miguel Strogoff o alguno de Salgari. Entre los 9 y los 13-14 años leí casi todos los clásicos de la llamada “literatura infantil y juvenil”. No he conseguido que lo haga mi hijo que ahora tiene 12 años, y no sé si lo hará el que tiene 8. Claro que yo no tenía ordenador, ni consola, sólo un canal de televisión…

2. El candor del Padre Brown. G. K. Chesterton
Cuando tenía 12 años, mis padres compraron una colección de libros que eran una recopilación de novelas y relatos de los mejores autores de novelas policiacas: A. Conan Doyle, Patricia Highsmith, Dashiel Hammet, Ellery Queen, y otros varios. Hace poco he vuelto a leer el volumen de Chesterton, (incluye El hombre que fue Jueves, que también es fantástico) y cada vez entiendo más por qué Borges le admiraba.

3. I, robot. Isaac Asimov
Fue el primer libro que leí en inglés, a los 14 años. Todavía hoy me siguen gustando los juegos de lógica que plantea Asimov en cada cuento. Y en parte gracias a él me aficioné a la ciencia-ficción, en un momento en el que las novelas de aventuras y policiacas ya no me llenaban, y las novelas “serias” me resultaban aburridas.

4. El Aleph. Jorge Luis Borges
Borges es el maestro absoluto. Domina el lenguaje con precisión de neurocirujano, y es capaz de desarrollar en un cuento de tres páginas más ideas que muchos novelistas en plomos de dos kilos. Después de leer el libro (con 14 años), volví a empezar otra vez. Y desde entonces, siempre he tenido cerca uno de esos libritos de Alianza Editorial, que ya van desencolando el lomo por llevarlos en el bolsillo del abrigo y aprovechar cualquier momento para releer uno de sus textos.

5. Asterix y los Godos. Goscinny y Uderzo
No es el mejor de los cómics de Asterix, pero sí el primero que fue mío. Mi primo los tenía todos, y aprovechaba cada visita a su casa para pasar de él y leer cualquiera de las aventuras de los galos irreductibles. Lamentablemente, la muerte de Goscinny hizo bajar la calidad de las historias. La última es sencillamente mala.

6. El Origen de las Especies. Charles Darwin
Lo leí por primera vez en BUP, para un trabajo de clase. Y es en parte responsable de que me interesara en serio por el problema del origen de la vida y de la evolución en general, y al final de que estudiara Biología. Leerlo en tercero de carrera contribuyó a que consiguiera una Matrícula de Honor en Zoología. Así que tengo motivos personales, además de su importancia objetiva, para incluirlo.
Sin embargo, reconozco que, en su afán por documentar y argumentar lo que sabía que era una idea revolucionaria, Darwin llega a ponerse un poquito pesado. Para el común de los mortales, será más apetecible (y provechoso) un libro como El pulgar del Panda, de Stephen Jay Gould.

7. El Hobbit. J. R. R. Tolkien
Lo prefiero al Señor de los Anillos sólo porque lo leí primero. En cualquier caso, creo que la obra de Tolkien tiene también la virtud del Quijote o la Guía del Autoestopista… son libros que crecen y maduran contigo. Pueden leerse como simples aventuras entretenidas (digo simples, con lo difícil que es eso), pero contienen ese insight que les hace madurar y convertirse en libros distintos cada vez que los lees.

8. La Guía del Autoestopista Galáctico. Douglas Adams
Ya he hablado de ella por aquí, pero es inevitable volver a hacerlo. Adams muestra en la Guía un conocimiento de la naturaleza del ser humano que ya quisieran para sí muchos de los juntapalabras de este país. Y además lo expresa con imaginación, humor e inteligencia, tres cualidades que están ausentes de la mayoría de las novelas escritas por autores españoles de este siglo.
A partir de la Guía empecé a ignorar a los pesados autores patrios, y a disfrutar con la inteligencia y el humor de los anglosajones Sharpe, Lodge, Wolfe, Malcolm Bradbury…

9. Diarios de las Estrellas. Stanislaw Lem
¿Era inevitable, no? Se ha comparado a Lem con Jonathan Swift o con Cyrano de Bergerac. Me parece justo. Creo que tampoco es injusto comparar sus ideas y su forma de contar historias con las de Borges. Desconozco el polaco, así que no puedo juzgar su manejo del idioma.

10. El amor en los tiempos del cólera. Gabriel García Márquez
Incluyo precisamente este porque fue el primer libro de García Márquez que no terminé. A los veintipocos años había leído todo lo que había escrito este hombre hasta entonces. Leía a Vargas Llosa, a Cortázar, a Sábato…Y cuando apareció un libro nuevo de García Márquez me lancé a por él esperando encontrar algo como Crónica de una muerte anunciada, que devoré en una tarde del tirón.
Pero antes de llegar a la página 100 de El amor… me dí cuenta de que me estaba aburriendo. Y decidí dejarlo.
Después de El Aleph, esto es lo más importante que me ha sucedido en mi historia como lector, porque supuso alcanzar la madurez necesaria para ignorar lo que un alevín de intelectual como yo debía leer y apreciar. Y esto se trasladó a la música, al cine, al teatro… incluso a la política.

Como veis, otra lista, como la de la música, en la que la única coherencia es que estos autores me hacen cosquillas en algún rincón del cerebro. Y ahora que sé que soy mortal, cada vez tengo menos ganas de perder el tiempo con algo que no me haga disfrutar.

Ya por completar el cuadro, os cuento los últimos libros que he leído:

Slaughterhouse-Five, de Kurt Vonnegut.
The return of Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle.
So Long, and Thanks for all the Fish, de Douglas Adams.
La naranja mecánica, de Anthony Burgess (éste en español, en una edición de Minotauro-Edhasa que me costó 130 pesetas, hace ya muchos años).
Porterhouse Blue, de Tom Sharpe.
Gulliver Travels, de Jonathan Swift. Lo compré en mayo en Londres, y este fin de semana encontré en el trastero el volumen con las obras completas de Swift que leí hace más de veinte años y que creía perdido.

Excepto Porterhouse Blue, todos los demás ya los había leído antes.

Ah, y no paso el testigo a nadie, o lo hago a todos los lectores de este blog y los escribidores de Red Liberal. Que cada uno haga lo que quiera.

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Meme musical

Cogo el testigo que me pasa José Carlos, agradecido de tener la excusa para pensar en algo simpático y estimulante.

Aviso: voy a hacer alguna trampa. Pongo primero lo que estoy oyendo ahora (y está en mi iPod), y separado con una barra lo que oigo siempre. Algunas letras no las completo, y en otras incluyo dos o tres nombres. Ah, y no soy muy estricto con respecto a clasificar por nombre o apellido.

A: Aretha Franklin / Albinoni (Tomaso)
B: Belle & Sebastian / Beatles, Bach, Bowie, Byrds
C: Carla Bruni / Clannad, Clash
D: Divine Comedy, Dover / Dylan, Dire Straits, Doors, Dead Kennedys, Dvorak
E: Eileen Ivers / Edith Piaf, Enya
F: Fresones Rebeldes / Fairport Convention, Franco Battiato
G: Glutamato Yeyé / Grieg, Gabriel (Peter), Gardel (Carlos)
H: - / Haendel (Georg Friedrich)
J: Jeff Buckley / Janis Joplin, Jethro Tull
K: Kikí d’Akí / King Crimson, Kinks, Kepa Junquera
L: La Mode / Led Zeppelin, Leao (Rodrigo)
M: Madness / Milanés (Pablo), Milladoiro, Monteverdi, Madredeus
N: - / Nightnoise, Núñez (Carlos)
O:
P: Penguin Cafe Orchestra / Pink Floyd, Pogues, Pallestrina
Q:
R: - / Ramones, Rodríguez (Silvio)
S: Siouxie and the Banshees, Stranglers / Simon (Paul), Supertramp, Smetana
T: - / Trasgu
U: Undershakers / -
V: Ventures / Vivaldi, Victoria (Tomás Luis de)
W:
X:
Y: - / Young (Neil), Yes
Z: - / Zombies

Seguro que me dejo a alguien, pero a lo mejor lo completo si me acuerdo.
En cuanto a pasar el meme, pensaba hacerlo a Emilio Alonso, y así hubiera podido provocar algo como:

Pero confieso que el Clasicismo, con excepciones, me aburre y el Romanticismo, en general, me espanta.

Pero como el muy impetuoso se ha adelantado, pues ya no le paso el testigo a nadie más que al proletario y solidario y revolucionario Movimiento Stalin Vive.
Y esto sólo porque espero que hagan una lista aún más incoherente que la mía.

[Actualización] Me había dejado nada menos que a Peter Gabriel y Carlos Gardel. Me damiedo pensar a quién más he olvidado…

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Bandarra Shiva

Ya se han ocupado otros de esta sarta de disparates. Pero quería aprovechar para intentar responder a la pregunta que se hacían algunos: ¿porqué El Mundo publica esto?

Si yo publicara un artículo en el que defendiera que Picasso fue uno de los mejores pintores del siglo XVIII, y Los fusilamientos del 6 de Mayo un claro exponente de su etapa puntillista, probablemente El Mundo no consideraría su publicación.

De acuerdo, esto es una completa gilipollez, pero es que el artículo de Shiva no lo es menos. Lo que ocurre es que una mayoría de la gente, y entre ellos una enorme mayoría de periodistas, considera que no conocer datos básicos sobre Picasso, Goya o Velázquez es una muestra de incultura, pero que desconocer qué es la tectónica de placas no tiene la menor importancia. Por eso, uno no puede publicar en un periódico español memeces sobre Picasso, pero sí sobre la tectónica de placas. Lo primero es una burrada, lo segundo un punto de vista libre y alternativo.

Asunto aparte son las cualificaciones de la señora Shiva para escribir el artículo: “escritora india y militante internacional en campañas por los derechos de la mujer y por el medioambiente”. Vamos a ver, si yo soy por ejemplo “químico y militante internacional en campañas por los derechos de los niños y por la exploración del espacio”, ¿ya puedo escribir sobre Picasso? ¿Por qué si alguien es escritor, o cineasta, o músico puede escribir sobre cualquier cosa y si es científico no?

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Libros recomendados

Como regalo para mis lectores, aquí dejo unas recomendaciones de libros que merecen la pena. En principio, no cumplen con los estándares de libros para regalar en estas fechas (no son novedad, ni vistosos, ni caros), pero a lo mejor a vosotros mismos os interesan.

Nice work, de David Lodge. Está traducido al español commo “¡Buen Trabajo!” y publicado por Anagrama, pero no he leído la traducción. Es una novela divertida, que cuenta la colisión entre una profesora universitaria feminista, ecologista y deconstructivista y el conservador director general de una empresa metalúrgica. Ya dije en otro post que David Lodge es uno de mis escritores favoritos. Es divertido y profundamente inteligente, y cualquiera de sus libros es recomendable.

The Hitchhicker’s guide to the Galaxy, de Douglas Adams. Adams era otro genio, con una inteligencia fuera de lo común y un talento para las metáforas sólo equiparable al del primero que comparó los labios de su amada con una rosa. La Guía del Autoestopista Galáctico es una trilogía de 5 libros que tratan sobre las aventuras por el espacio-tiempo de Arthur Dent, uno de los dos terrícolas que queda vivo después de que el planeta haya sido demolido para dejar paso a una autopista galáctica. En Mayo estrenan la película, así que cuando vayáis a verla (porque iréis) recordad que yo os hablé de ella y del libro primero. Bueno, a lo mejor no he sido el primero, pero si no lo habéis leído todavía, hacedme caso y no os lo perdáis.

The Moon Is a Harsh Mistress, de Robert A. Heinlein.. Heinlein es uno de los maestros de la ciencia ficción del siglo XX. Muchos conoceréis su obra Starship Troopers, aunque sea por la película. Alguno a lo mejor hasta se fijó en las curiosas ideas políticas que aparecían en el film (sólo los soldados pueden ser ciudadanos).
Bueno, para recomendaros a Heinlein, mirar lo que dice éste:

lo más pernicioso de tal sujeto no me parece su ideología, de por sí hedionda -a pesar de que no fuera un fascista, sino una especie de ultraliberal autocrático, un verdadero y convencido darwinista contemporáneo de esos a los que tanto gusta la estratificación social basada en el coeficiente intelectual: un republicanote, vamos [...]

Además de una historia entretenida, de fácil lectura, esta novela es una utopía anarcocapitalista, que plantea situaciones como juicios sin juez nombrado por el estado.

Amalur: del átomo a la mente, de J. L. Arsuaga e Ignacio Martínez. Los libros sobre la evolución humana de Arsuaga están muy bien escritos, están actualizados y son extraordinariamente didácticos, pero he querido destacar éste porque hace un repaso de varios conceptos científicos que son absolutamente fundamentales para entender el mundo que nos rodea. Para el que sea de letras y no haya vuelto a saber nada de ciencia desde el colegio le puede venir muy bien, y a los de ciencias les resultará entretenido. El enlace lo he puesto a la edición barata, hay otra en cartoné (que es la que yo tengo) que puede ser mejor si quereis conservar el libro algún tiempo.

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Monos en erección y creacionistas

En Slashdot, un post acerca de un macaco que como consecuencia de una enfermedad ha comenzado a desplazarse exclusivamente sobre las dos patas traseras ha generado un debate que puede ser curioso para los que quieran conocer los argumentos de los creacionistas.

Aunque me he divertido un rato leyendo, no puedo evitar pensar que si entre gente con un nivel de formación relativamente alto, como son los lectores de Slashdot, hay tantos creacionistas, cómo tiene que ser en otros círculos.

Y lo que es peor, abundan más todavía los lamarckianos. Claro que esto a lo mejor explica el miedo a los transgénicos: si un macaco que echa a andar sobre dos patas puede transmitir esta característica a sus descendientes, comer maíz genéticamente modificado puede convertirnos en mutantes de tres cabezas.

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El dinosaurio de Komodo

Copio un fragmento de uno de los “diálogos en libertad” de Libertad Digital con César Vidal:

P: Teniéndole como le tengo por alguien riguroso en sus planteamientos, me sorprendió su afirmación en un chat anterior de que no hay pruebas de la macroevolución. Antes de avanzar en mi valoración, acláreme un par de cosas: en su opinión ¿el hombre coexistió con los dinosaurios? En caso afirmativo ¿cuánto tiempo aproximadamente hace de ello?

R: El hombre coexiste con los dinosaurios o ¿cómo calificaría al dragón de Comodo?

Amigo César: el dragón de Comodo es un lagarto. Grande, pero un lagarto. Sí coexistimos con los dinosaurios, sin embargo: las aves son dinosaurios con ciertas modificaciones. Sí, aunque sea difícil de creer, un tiranosaurio se parecía más a un gorrión que a un cocodrilo.

Pero no quería profundizar en esto, sino en otro detalle. ¿Cómo es posible que una persona culta, que domina varios idiomas, escribe libros, sabe mucho de historia, teología, literatura, filosofía, etc. no sepa ni una palabra de Biología?
En este caso concreto hay evidentemente un problema de confusión entre fe religiosa y conocimiento científico, pero el problema es más general. En este país (no sé si en otros) es habitual que un supuesto sabio (de letras) presuma de no saber nada de ciencia o tecnología, y que siga pasando por alguien cuyas opiniones debemos respetar.

La definición de cultura que más me gusta dice que cultura es el conjunto de conocimientos que nos permite enfrentarnos con éxito al entorno.

Utilziando esta definición, es evidente que una parte importante de la cultura es el conocimiento de los otros seres humanos, de sus comportamientos y de sus relaciones. La ciencia blanda (economía, psicología, sociología…) nos proporciona alguna herramienta para mejorar nuestra cultura en este sentido, aunque nada riguroso ni universal.

Las artes también son cultura en este sentido: una novela o un cuadro pueden ampliar nuestra comprensión acerca de la naturaleza humana. Pero en este campo habitualmente influye más lo que tradicionalmente conocemos como “cultura”. Lo que nos han enseñado nuestros padres y la gente con la que vivimos: los refranes, ir a la playa en verano, invitar a cenar a la persona que te gusta… son manifestaciones de esta cultura, que nos permite movernos entre el grupo de seres humanos con el que nos ha tocado vivir.

Pero la utilidad de esta cultura, que para algunos es toda la cultura, es relativa: la cultura local sólo sirve para desenvolverse en la sociedad local, como bien sabe cualquiera que haya viajado al Japón. Y cualquiera puede entender perfectamente la sociedad en la que vive sin haber leído a Shakespeare, Cervantes, Balzac o Tolstoi. (Aunque posiblemente no sin haber leído a NINGUNO de ellos).

Pero la ciencia dura es otra cosa, porque es universal, atemporal y sobre todo porque vivimos en una sociedad cda vez más dependiente de la ciencia y la tecnología.

No se puede entender el mundo en el que vivimos sin conocer al menos:
- la teoría del caos.
- los principios básicos de la física tradicional.
- la estructura del átomo.
- qué es una molécula y cómo se relaciona con otras.
- la teoría del Big Bang.
- la estructura del universo (qué son las galaxias, estrellas y planetas)
- la tectónica de placas.
- la historia de la tierra
- la teoría de la evolución.
- la estructura de la célula.
- la estructura y función del genoma.
- la clasificación de los seres vivos (los cinco reinos y los principales órdenes)

Seguro que me dejo algo fundamental, pero todo lo anterior es imprescindible. Por supuesto, las habilidades matemáticas están implícitas en casi todos los puntos.

El problema es que tenemos sobreabundancia de “líderes de opinión” que pontifican sobre temas como el cambio climático, los transgénicos, los incendios forestales, el Plan Hidrológico Nacional y multitud de otros asuntos no sólo sin tener ningún conocimiento sobre estos temas, sino ni siquiera las herramientas básicas para leer algo e integrarlo.

Uno puede no saber nada sobre la historia de Oriente Medio en la primera mitad del siglo XX, lo cual puede ser básico para entender el conflicto entre israelíes y palestinos, pero si tiene interés, se documenta, consulta varias fuentes y no hay mayor problema.

Ahora, si alguien no sabe lo que es el ADN y cómo se traduce en proteínas, ya puede leer lo que sea sobre transgénicos, que será imposible que se forme una opinión fundada sobre ellos.

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