Los ecologistas son responsables de la muerte de este niño
Ayer el post de Iowahawk no fue divertido, como acostumbra. Su familia apadrinaba a Bakouma desde que tenía 9 años, y cada año recibía por navidad una carta con una foto (una de ellas, la de arriba). Pero este año no fue así: Bakouma murió en diciembre de malaria. Tenía 14 años.
El método más eficaz y barato para luchar contra la malaria es rocíar las paredes de las viviendas con DDT. Pero a los ecologistas no les gusta el DDT, porque un estudio realizado hace 50 años sugería que podía dañar los huevos de rapaces. Así que muchos países han prohibido el uso de DDT.
En sudáfrica, se prohibió el DDT en 1996, por la presión de los grupos ecologistas. La epidemia de malaria que se provocó como resultado de esta prohibición superó los 60.000 casos en el año 2000. Cuando en 2001 se volvió a autorizar el rociado de paredes con DDT, las infecciones descendieron un 80% solo en un año. Togo, el país de Bakouma, es uno de los que mantienen la prohibición sobre el DDT.
Los ecologistas saben perfectamente todo esto. Saben que han muerto casi 100.000 (equivocado: son 100 millones) personas, la mayoría de ellas pobres, por la prohibición de usar el DDT. Y se empeñan en mantenerla, porque reconocer que todo obedece a una maniobra de manipulación de la opinión pública puede llevar a mucha gente a cuestionarse qué otras causas ecologistas son falsas.
Abortos y huevos de tortuga
Uno de los argumentos para fomentar el aborto es que el feto no es un ser humano, y por lo tanto solo es asunto de la madre lo que quiera hacer con él. El famoso nosotras parimos, nosotras decidimos.
Por supuesto, nadie cree que un feto sea solo una excrecencia que puede extirparse como quien se quita un poco de grasa que le sobra de las caderas. Aunque lo digan. Es falso que crean que “un feto no es lo mismo que un ser humano, porque no se parece”.
Vean si no esta noticia, aparecida en 20 minutos:
Muere medio millar de huevos de tortuga traídos de Cabo Verde
¿Mueren los huevos de tortuga? ¿Y no mueren los fetos?
Lo cierto es que ahora mismo un huevo de tortuga, o de un ave protegida, tiene más protección legal que un feto humano. Según el artículo 334 del código penal, (reformado por la ley orgánica 15/2003), quien, como estos individuos, roba o trafica con huevos de halcones abejeros o de garcillas bueyeras se enfrenta a penas de cárcel de cuatro meses a dos años, o multa de ocho a 24 meses.
Por el contrario, quien aborta a un feto humano en un acto de “maternidad responsable” (de la Vega dixit), es merecedora de apoyo y comprensión por parte de la sociedad.
¿Un huevo de tortuga o de halcón es un ser vivo que merece protección pero un feto humano no lo es? Puedo matar a un feto porque no me viene bien ser madre, porque mi pareja no quiere hijos ahora, porque perjudica mi carrera, porque no quiero tener un hijo de un ligue de una noche o por cualquier otra razón. No pasa nada. Es mi derecho.
Pero no puedo destruir los huevos de un animal, porque entonces sí soy un delincuente despreciable y merezco ser detenido y encarcelado.
Y no vale decir: es que el feto es mío, y hago con él lo que quiero, pero el huevo es de todos. Aquí de lo que se trata es de si ambos son seres vivos o no. Si son seres vivos, dado que el feto pertenece inequívocamente a la especie Homo sapiens, admitir que puede ser propiedad de alguien es admitir la esclavitud. Si ninguno de los dos es un ser vivo, ¿por qué hay que proteger un huevo?
De modo que si alguien cree que se puede sostener al mismo tiempo que un huevo merece protección pero un feto no, espero ansioso sus argumentos.
9 comentariosCuando el Estado te impide compartir el coche para ahorrar gasolina
Con el petróleo por las nubes se hace cada vez más atractivo compartir el coche para ir de casa al trabajo. Sobre todo si, como pasa habitualmente en norteamérica, vives lejos del “downtown” y tienes un horario fijo. Detectando una necesidad en el mercado, unos emprendedores crearon en Canadá la web PickupPal.com, en la que facilitan el encuentro entre los que quieren compartir coche.
Ya que los gobiernos se dedican a martirizarnos porque usamos demasiada energía y somos unos inconscientes que nos estamos cargando el planeta, cualquiera pensaría que una iniciativa así tendrá todas las bendiciones del Estado: compartiendo coche reducimos las emisiones de CO2 y evitamos que se destruya la capa de ozono y disminuye nuestra huella ecológica y somos más verdes y…
Pues no. Resulta que una compañía de autobuses, viendo amenazado su negocio, ha demandado a la emrpesa por incumplir la normativa sobre “carpooling“, que es como llaman allí a eso de compartir el coche. Resulta que el Estado, siempre pendiente de regular hasta el último detalle de nuestras vidas, tiene también leyes sobre el carpooling en Canadá, y muy estrictas.
La gente que comparte el coche solo puede ir de casa al trabajo (y vuelta), debe ir siempre con el mismo conductor, y solo puede pagar por semanas, entre otras restricciones. Se supone que todo esto es para evitar que surjan “taxis ilegales”, que no cumplan la normativa de seguridad, que no estén asegurados, etc.
El caso es que otra vez, enfangado en sus propias restricciones, el gobierno gasta el dinero de los ciudadanos en una cosa y la contraria: en promocionar el ahorro en combustible y en combatir el carpooling. Y por supuesto, los que tienen las de ganaar son los que son capaces de organizarse y provocar conflictos para que el Estado se avenga a sus intereses: las compañías de autobuses o de taxis, los sindicatos de las mismas…
Comments are off for this postMás ideas para gastar menos energía
Sebastián es un timorato. ¿Qué es eso de promover solo la abolición de la corbata veraniega? Debería tomar ejemplo de la empresa de Dilbert, donde han decidido permitir los pantalones cortos para ahorrar en aire acondicionado:
2 comentarios- La empresa usará menos aire acondicionado para ahorrar gastos.
- Para compensar, relajaremos el código de vestimenta. Los pantalones cortos estarán permitidos.
- No voy a actualizar mi vestuario de pantalones cortos hasta que sepa que esto va a durar.
El ecologismo es cosa de ricos
Curioso que entre las medidas que tomará el gobierno para paliar la crisis está “agilizar” las declaraciones de impacto medioambiental para las obras públicas. Parece que eso de comprobar si hay caquitas de gato o de lince antes de hacer una carretera está bien solo cuando no necesitamos desesperadamente construir carreteras para emplear a los que no encuentran trabajo construyendo casas.
Uno de los memes de los ecologistas es que la sociedad capitalista nos lleva a un consumismo desaforado e insostenible que causa daños irreparables en el medio ambiente. En realidad, lo que sucede es más bien lo contrario: el desarrollo económico que produce el capitalismo es lo que nos permite dedicarnos a cuidar el medio ambiente.
Primero, porque el desarrollo económico no nos “obliga” a usar más recursos, sino menos. Aunque parezca sorprendente, nuestros ancestros de Atapuerca necesitaban todos los recursos de la península ibérica para sostener a unas decenas de miles de individuos. La vida natural-natural, la de las tribus cazadoras-recolectoras, ese paraíso original en el que todos éramos felices antes de inventar el dinero, requiere dedicar enormes recursos para alimentar a unos pocos individuos.
Las tecnologías han hecho posible que millones de personas puedan vivir en el mismo espacio sin problemas. Pero además, cuando tienes recursos suficientes como para no dedicar el 100% de tu tiempo a sobrevivir, es cuando puedes dedicar parte de esos recursos a cuidar del medio ambiente.
Las ciudades limpias, con parques y jardines, las reservas naturales, el reciclado de desperdicios… son lujos que solo se dan en los países desarrollados. En el tercer mundo, y en los países que luchan por salir de la miseria, la riqueza que genera una fábrica compensa la contaminación.
1 comentarioQue es el efecto invernadero
¿Qué es el efecto invernadero?
Fácil: es el que se produce en los invernaderos, o en sistemas similares.
Es decir: en un sistema sin aire ni otros filtros en el que incide una radiación, parte de los rayos que llegan a la superficie la calientan, pero otra parte “rebota” y escapa al exterior. En un invernadero los cristales no son totalmente transparentes a la energía, por lo que reflejan parte de los rayos solares (que no llegan al interior). De la energía que llega al interior del invernadero, una parte “rebota”, pero es reflejada por los cristales hacia el interior, por lo que vuelve a calentar la superficie, en lugar de escapar. Por esto, en los invernaderos (y en los coches aparcados al sol) hay más temperatura que en el exterior.
Algunos gases tienen un efecto similar al de un invernadero: “reflejan” parte de la energía del Sol, pero “capturan” parte de la que refleja la Tierra. Aunque con otro fundamento físico, porque las moléculas de gas no actúan sobre la radiación como las moléculas de un cristal o un vidrio, el efecto es similar: el planeta que tiene una atmósfera con gases de efecto invernadero se calienta.
Lo cual en principio es estupendo: si no tuviéramos una atmósfera que nos hiciera de “invernadero” nuestro planeta sería muy parecido a Marte: tan frío que sería muy difícil o imposible encontrar agua líquida. Claro que el otro extremo también es malo: Venus tiene una atmósfera más densa, con más gases de efecto invernadero, y allí las temperaturas alcanzan los 500ºC.
A los seres vivos del planeta Tierra, que dependemos del agua líquida, nos encanta vivir en un planeta que la tiene en abundancia y que tiene además unas temperaturas tan adecuadas para que la química orgánica funcione de maravilla.
El problema que se plantea, por tanto, no es si el efecto invernadero es malo (que no lo es) sino si la emisión artificial de gases de efecto invernadero puede hacer aumentar las temperaturas hasta el punto de hacerlas inadecuadas para toda la vida, o al menos para la vida de los seres humanos, o siquiera para la vida de los seres humanos tal como la disfrutamos en occidente.
1 comentarioEl calentamiento global produciria desertizacion
¿El calentamiento global produciría desertización?
Si hacemos caso a Greenpeace, está claro que sí. En El Mundo son más radicales, y directamente pintan a un planeta entero achicharrado.
En realidad, nadie puede asegurar que sabe cómo se comportarán los ecosistemas en el caso de un aumento de las temperaturas. Predecir el futuro de un sistema complejo alejado del equilibrio no es ciencia, sino adivinación. No se puede hacer de manera fiable, por muchos ordenadores y muchos modelos que se tengan.
Lo que sí podemos saber es qué sucedió en el pasado, cuando los niveles de CO2 eran muy superiores a los de ahora. Podemos saberlo porque hay registros fósiles de plantas y animales, y la paleontología puede ayudarnos a conocer en qué medio vivían aquellos seres.
Y lo que sabemos es que las épocas de gran concentración de CO2 y más temperatura no coinciden con climas desérticos, sino con el desarrollo de una vegetación exuberante. Y es que el desierto no tiene nada que ver con el calor, sino con la falta de agua. A las plantas el calor y el CO2 les sientan fenomenal. Por eso se han inventado los invernaderos.
Por tanto, lo único que podemos decir (que tenga alguna base científica) con respecto al calentamiento global y la desertización es que, si nos basamos en la experiencia, un aumento del CO2 y la temperatura no produciría desertización, sino todo lo contrario.
3 comentariosQue cantidad de CO2 emitimos los seres humanos
¿Qué cantidad de CO2 emitimos los humanos?
No es fácil saberlo. Es cierto que hay un aumento de CO2 al menos desde los años 60, pero no es trivial determianr qué parte de ese aumento es responsabilidad de los seres humanos, porque las emisiones de CO2 tienen distintos orígenes.
Las contribución por la respiración de los seres humanos es fácilmente calculable: cada persona emite al año 0,37 toneladas. Como somos alrededor de 6.000 millones, emitimos 2,4 miles de millones de toneladas de CO2.
Se da como cierta la cifra de 27 miles de millones de toneladas al año debidas a la humanidad, incluyendo la quema de combustibles, la deforestación y la producción de cemento. El problema es que de alguna de estas actividades sí hay un cierto control, y podemos por tanto conocer su magnitud, pero de otras no tanto.
En las naciones desarrolladas, que obtienen su energía del carbón, el petróleo y el gas, podemos saber el CO2 que se produce. Pero la deforestación y la quema de madera y otros materiales que se realiza en el tercer mundo es muy difícil de determinar. La deforestación puede apreciarse mediante imágenes por satélite, pero es difícil trasladar una imagen de una zona quemada o talada a toneladas de carbono.
En cualquier caso, dando como cierta la cifra de 27 gigatoneladas, casi el 10% lo producimos respirando.
1 comentarioHay mas CO2 que nunca
¿Hay más CO2 ahora que nunca?
No. Esta es la gráfica de los niveles de CO2 desde que en la Tierra hay vida:

Como veis, en el Cámbrico, hace 500 millones de años, la concentración de CO2 llegó a alcanzar las 4.000 partes por millón (p.p.m.). Un orden de magnitud más que ahora. Y en ese ambiente cargado de CO2 prosperaron grandes insectos, evolucionaron los anfibios y se desarrollaron las plantas con tallo.
Probablemente estas plantas fueron las responsables de que los niveles de CO2 se redujeran en la Era Primaria hasta niveles inferiores a las 500 p.p.m. (muy similares a los actuales). Pero muchas de esas plantas quedaron enterradas, se convirtieron en carbón, y dejaron de “secuestrar” el CO2 que emiten los volcanes. Así que los niveles volvieron a subir y en el triásico superaron otra vez las 1.000 p.p.m.
Si a un dinosaurio climatólogo le hubieran preguntado qué niveles de CO2 son alarmantes, probablemente hubiera explicado que niveles de CO2 por debajo de 1000 p.p.m. son incompatibles con la vida tal y como se conoce en la Era Secundaria y supondrían la muerte del planeta por congelación.
Los cambios en la concentración de CO2 han sido constantes en la historia de la Tierra, y lo cierto es que los niveles actuales son anormalmente bajos.
5 comentariosEs un contaminante el CO2
¿Es un contaminante el CO2?
En 1.998 la administración norteamericana decidió que el CO2 era un contaminante, pero en 2003 revocó esta decisión. Sin embargo, en Junio de 2007 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha decidido que el CO2 sí es un contaminante. Para los estadounidenses, esto tiene enormes implicaciones económicas, porque la emisión de sustancias contaminantes está regulada por Ley, y obliga a modificaciones en los sistemas que los producen.
Si los jueces del Tribunal Supremo y los partidarios de considerar al CO2 un gas contaminante fueran coherentes, deberían suicidarse inmediatamente. Cada uno de esos jueces emite cada día algo menos de un Kg de CO2 a la atmósfera, simplemente por el hecho de respirar. Como son 9 los jueces, esto supone que cada año emiten tres toneladas de CO2 entre todos. Y eso siendo conservadores, porque si alguno de ellos hace deporte, acelera el intercambio de gases y produce más contaminación.
Aunque suicidarse también tiene problemas a corto plazo: tanto la descomposición de los cadáveres como su cremación emiten CO2. Y es que estamos hechos fundamentalmente de agua y Carbono (la C en el CO2).
Considerar agente contaminante a algo que emitimos simplemente por estar vivos ya es un problema, pero hay más. Resulta que el CO2 es una de las sustancias esenciales para que las plantas elaboren su alimento. Y los seres vivos que no somos capaces de utilizar el CO2 directamente para construir nuestras moléculas, nos vemos obligados a alimentarnos directa o indirectamente de los que sí tienen un metabolismo capaz de hacerlo.
Dicho de otro modo: casi todos los seres vivos (y de ellos todos los seres vivos que puedes ver) estamos hechos de CO2. Considerar contaminante a una sustancia esencial para todos los seres vivos solo es posible si eres un juez sin una mínima formación científica o un ecologista fanático.
[ACTUALIZACIÓN] He corregido el dato del número de jueces del Tribunal Supremo, gracias a Daniel. 17 son los presidentes que ha tenido (debería haber visto que en la última columna del documento que he consultado aparece la fecha en que dejaron el servicio, y el primero lo hizo en 1795).
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