Mileuristas estafados
El principal motivo por el que el Estado nos quita nuestro dinero en forma de impuestos es poder devolvernos después una parte de él en forma de dádiva. El político se asegura así el agradecimiento del súbdito desinformado.
La realidad es muy otra. Podemos hacer, como ejemplo, el cálculo del dinero que ingresaría un mileurista si no pagara impuestos:
Los impuestos
En la actualidad, el sueldo bruto de un mileurista es de 17.000 euros. De ahí paga 1.088 euros a la Seguridad Social y 2.044 a Hacienda. Así le quedan 990 euros netos para vivir al mes.
En realidad, el mileurista no es consciente de que su empresa paga a la seguridad social otros 5.440 euros. Si la empresa, en lugar de dar el dinero a la SS se lo diera a él, nuestro mileurista ganaría 22.440 euros. Y si no pagara impuestos, esto significaría que cada mes se embolsaría 1.602 euros. ¿Algo más que esos 990, no?
Pero aún hay más. El mileurista no ha terminado de pagar cuando recibe sus 990 euros. Aún tiene que pagar el IVA y otros impuestos. Dependiendo de a qué dedique ese dinero pagará más o menos: si fuma, bebe y tiene coche será mucho más, si solo compra alimentos mucho menos. Supongamos que una buena aproximación es que paga un 15% de impuestos. Esto quiere decir que en realidad tiene 842 euros disponibles cada mes. Es decir, poco más de la mitad de lo que ingresaría si no pagara impuestos. Repetimos: nuestro pobre mileurista, perceptor de un sueldo que muchos consideran ínfimo, entrega al Estado casi la mitad de sus ingresos.
Al menos el Estado, siempre atento a sus necesidades y dispuesto a proteger a los débiles, le da a cambio de ese dinero protección contra el desempleo, asistencia sanitaria, una pensión de jubilación, seguridad, justicia, infraestructuras… Realmente es una suerte que los ricos y las empresas paguen más impuestos, para que él, aun con su mísero sueldo, pueda disfrutar de tantas ayudas. ¿O no es así?
Seguros privados
Vamos por partes. Supongamos que nuestro mileurista es una mileurista, ya que las mujeres pagan algo más caros los seguros sanitarios. ¿Qué podría conseguir por sí misma con esos 1.602 euros?
Sanidad: en Adeslas podría contratar, por 60 euros al mes, una póliza que le cubra todos sus gastos médicos. Si fuera hipocondríaca, podría contratar seguros más caros. Y si, dado que es joven y con salud, quisiera un seguro con una franquicia de 200 euros/año, pagaría menos de 25 euros.
Seguro de desempleo. En España no existe, ya que el Estado impide que surja una oferta privada, pero en Inglaterra puedes contratar, por 40 euros al mes, un seguro que te cubra el 60% de tus ingresos durante un año. Es decir, nuestra mileurista, pagando 40 euros al mes, recibiría 1.122 euros durante un año. Para comparar, su prestación por desempleo actual sería de 800 euros durante seis meses.
Jubilación. Una mileurista de 25 años, si invierte 150 euros al mes durante 40 años y obtiene un 7% anual por ellos, se encontraría a los 65 años con 393.700 euros. Si a partir de ese momento retirara cada año un 7%, tendría una renta mensual de 2.296 euros. Una cifra claramente superior a los 750 euros de media de las pensiones actuales. Y tendría además un capitalito que dejar a sus herederos.
Descontando estos costes, nuestra amiga tendría cada mes 1.352 euros, frente a los 842 que le deja ahora el Estado. 500 euros más al mes.
Otros servicios
El Estado da otros servicios, dirán algunos. Seguridad, justicia, infraestructuras, solidaridad… La pregunta, algo más difícil de responder que en el caso de los seguros, es cuánto costarían estos servicios si pudiéramos contratarlos a empresas privadas.
La seguridad, incluyendo alarmas y vigilancia presencial y en vehículos, no supondría más de 50 euros al mes, basándonos en lo que sucede en las urbanizaciones privadas que cuentan con este tipo de servicios de seguridad.
Las infraestructuras, en su mayor parte, serían sufragadas por empresas o grupos de empresas que o bien obtendrían beneficios de su explotación, o bien tendrían interés en pagarlas porque su uso les resultaría rentable. Pensad, por ejemplo, que las infraestructuras de telecomunicaciones no las despliega el Estado, sino las operadoras, que cobran por ellas a sus usuarios.
¿La justicia? Legalitas cobra menos de 8 euros al mes por tener asesoría jurídica (un servicio que ahora no presta el Estado) y los jueces podrían ser profesionales independientes (como los médicos o los arquitectos), elegidos (y pagados) por las partes para resolver un conflicto puntual. Sería sin duda más eficaz que la lentísima justicia actual, y sólo la pagarían los que hicieran uso de ella.
¿La defensa de nuestros derechos como consumidores frente a las empresas? A la hora de la verdad, poco garantiza el Estado. Una Asociación de Usuarios y Consumidores tiene un coste anual de entre 25 y 50 euros, y es mucho más eficaz identificando, denunciando y evitando malas prácticas que el Estado.
¿La solidaridad? Nuestra mileurista puede pagar la cantidad que desee a cualquier ONG que atienda a las personas necesitadas que ella considera más merecedoras de su ayuda.
¿Cultura? No faltarían particulares o empresas dispuestas a sufragar los gastos de un museo. sobre todo si ellos tampoco tienen que pagar impuestos. Ahora ya hay numerosas instituciones privadas que mantienen bibliotecas. Tal vez nuestros artistas tuvieran alguna dificultad para seguir haciendo cine español, pero no creo que esto fuera malo en ningún sentido.
Conclusión
Podemos hacer otros cálculos con otro tipo de perfiles (el matrimonio con hijos que tendría que pagar la educación privada, por ejemplo). Prácticamente siempre que el ciudadano en cuestión tenga un trabajo y no dependa en exclusiva del Estado resultaría beneficiado por la desaparición de los impuestos.
De todas maneras, no pretendo ser radical. Admito que puede haber funciones que obliguen a la existencia de un Estado (diplomacia, defensa), y que éste requiera cobrar algún impuesto para su sostenimiento. Pero allí donde el Estado se dedica a procurar nuestro bienestar, siempre acabamos pagando una factura más cara para obtener peores servicios.
39 comentariosEl economista camuflado
Terminé hace poco de leer El economista camuflado, de Tim Harford, y me gustaría hacer algunos comentarios sobre él.
Antes que nada, debo aclararos que el libro me lo regaló la editorial Temas de Hoy. Han contratado a Ideup para, según me dijeron, “tratar de mejorar su relación con la blogosfera y que algunos bloggers tengan acceso a sus publicaciones”. Fueron educados, no me pidieron que hablara del libro, y me lo enviaron a pesar de que les advertí que lo comentaríaolo “si el libro resulta interesante (para bien o para mal)”,
Otra aclaración, que probablemente no sea necesaria para los que me conocéis, es que ni soy crítico de libros ni soy economista, así que no esperéis que lo que sigue se parezca en nada a lo que pueda decir el crítico de libros de cualquier periódico salmón.
De entrada, creo que el subtítulo “La economía de las pequeñas cosas” está muy mal elegido. El último capítulo, por ejemplo, habla del cambio económico en China. Y no creo que nadie considere a China “una pequeña cosa”. En mi opinión, el libro trata más bien de la economía del sentido común.
Harford es un tipo despierto, que observa cosas interesantes, llega a conclusiones interesantes y las expone con gracia y agilidad. Lástima que la traducción española no le haga justicia. Está escrita en un español correcto, pero se nota que el traductor ha sufrido al tropezarse con la alegría con la que Harford usa el inglés, y ha optado por intentar ser fiel a las palabras y no al espíritu de lo que dice.
Pero yendo al grano, creo que es un libro recomendable. Explica muy clarito, por ejemplo, por qué un café en Starbucks es más caro, cual es el precio justo para un café de comercio justo, o por qué África no sale del subdesarrollo y China lo está haciendo. Dedica un capítulo a las subastas para la concesión de licencias UMTS que es apasionante.
Y habla, por ejemplo, de David Ricardo, unos de los pioneros de la economía liberal, de tal manera que cualquiera puede entender conceptos como la ventaja comparativa o la Ley de rendimientos decrecientes.
Tiene, cómo no, ciertos fallos. Patina, como casi todo el mundo, al dar por hecho el calentamiento global. Y muestra cierta vena socialdemócrata que es además inconsecuente con observaciones que ha hecho previamente.
Pero, como os digo, es fácil de leer para cualquiera que no sea economista o no tenga ni una mínima formación en estos temas, y puede abrirle los ojos a ese familiar o ese amigo progre pero bienintencionado que sigue creyendo sinceramente en el comercio justo, el 0,7% para el Tercer Mundo, el abuso de las multinacionales y mitos de ese pelaje.
[ACTUALIZACIÓN] Me avisa Carlos de Maza que Manchego habló del libro hace tiempo. Aquí podéis leer su crítica. Sinceramente, creo que Manchego, como en otros casos, ve la vida en blanco y negro. Harford no es comunista sino, como he dicho antes inconsecuentemente socialdemócrata a ratos. Pero el conjunto del libro supone una buena dosis de sentido común administrable a personas sin conocimientos previos de economía. Lo que no es poco, en mi modesta opinión.
8 comentariosCapitalismo salvaje
No se puede calificar de otra manera lo sucedido con Endesa. Y es que, contrariamente a lo que afirma la progresía, el capitalismo salvaje no es el que está sujeto a las leyes del mercado.
El tan denostado mercado, al fin y al cabo, no es más que la voluntad de dos personas para acordar un intercambio de bienes o servicios por dinero. Existen ineficacias, evidentemente, que pueden hacer que uno de los dos actores se vea obligado a aceptar el trato porque no tenga otra alternativa. Pero en general, en las sociedades occidentales el sistema funciona muy bien. Y funciona mucho mejor cuanto menos interviene el estado en estos tratos.
Lógicamente, este tipo de relaciones económicas no resulta del agrado de las empresas. Sí, queridos lectores: el libre mercado no perjudica a los trabajadores; perjudica a las empresas. Porque les obliga a ser eficientes, a controlar sus costes y a limitar sus precios, so pena de ser aniquiladas por otro competidor más capaz.
Para cualquier empresa, la situación ideal es el monopolio, o en su defecto el oligopolio. Si el mercado es tuyo y no pueden entrar competidores, puedes poner el precio que quieras. Y si la contrapartida al monopolio es, como sucede en muchos casos, un precio tasado, puedes ahorrar en calidad sabiendo que tus clientes están obligados a comprar cualquier bazofia que ofrezcas.
Ese es el capitalismo salvaje. El que deja a los consumidores a merced de los poderosos. El que garantiza a los niños bien de familia bien que las empresas de sus papás contarán con el favor del gobierno, que no permitirá que un arribista les haga la competencia.
Y ese capitalismo salvaje es el que padecemos en gran medida en España. Basta ver el origen de las grandes fortunas nacionales para darse cuenta de quién en España es rico sin que lo fueran sus padres o sin que mediara el favor político en forma de concesión de suelo o de cualquier otra índole.
Lo ocurrido con Endesa es otra muestra de capitalismo salvaje. Un gobierno que decide que él sabe mejor que los miles de accionistas de la compañía lo que hay que hacer con ella, y maniobra una y otra vez para impedir que los accionistas puedan actuar con libertad según las reglas del mercado. Un capitalismo que supone el concierto entre los “ricos de toda la vida” y el gobierno, entre unos políticos y otros. Un capitalismo que protege al fuerte y deja desvalido al débil. Capitalismo salvaje.
Lo peor, con todo, es que las consecuencias del capitalismo salvaje no las sufren sólo los que directamente ven impedida su capacidad de actuar libremente en el mercado. Las sufrimos todos, porque a partir de ahora, los inversores de todo el mundo saben que en España no opera el libre mercado, sino el capitalismo salvaje.
2 comentariosAgua y libertad
Al parecer, en China andan escandalizados porque los vinos baratos tienen más de agua que de vino. El precio de estos “vinos” baratos ronda los 10-20 céntimos de euro, cuando un vino medio cuesta un euro.
A mí esto me recuerda a una historia que me contaba mi madre. Mi abuela, después de la guerra civil, vendía leche para poder ingresar algo de dinero (mi abuelo perdió su negocio y estuvo a punto de perder la vida por ser socialista). El caso es que, como buena capitalista, para maximizar el beneficio le añadía agua a la leche.
Ella nunca tuvo mala conciencia. Decía: “muchas clientas quieren leche, y no hay. Así les vendo a todas, y gano más. Todas ganamos”.
Y lo cierto es que tenía razón. Por supuesto que sus clientas sabían que la leche que compraban no era como la del pueblo, pero también el café era achicoria, y el pan tenía otros ingredientes además de trigo. El caso es que, en ese momento de necesidad, la calidad pasaba a un segundo plano. Si alguien pretendiera vender hoy leche rebajada con agua, probablemente se quedaría sin clientes en muy poco tiempo.
Con los vinos chinos pasa algo parecido. Hay demanda de vinos baratos, y comerciantes que dan algo que se parece al vino, con un precio que sus clientes pueden pagar. Cuando esos clientes tengan más dinero y más educación, no aceptarán agua coloreada, del mismo modo que en España ya no queremos el vino peleón que tomaban nuestros padres.
Esos empresarios, los chinos y mi abuela, prestan un servicio a sus clientes, que pagan voluntariamente un precio que consideran justo por el producto que reciben a cambio. Cuando nadie quiere pagar barato por tener un producto de mala calidad, éste deja de fabricarse.
Entonces ¿para qué necesitamos a un Estado con una inspección de consumo que limite la libertad de los empresarios para vender productos de mala calidad y la de los cientes de comprarlos?
Jesse Jackson descubre el capitalismo
Jesse Jackson ha descubierto que la mejor vía para que las minorías salgan de la pobreza es… el capitalismo. No las subvenciones, ni los subsidios, ni las rentas vitalicias asignadas por el Estado. No, la solución es la de siempre: trabajar.
Así que, animado por el ejemplo del Nobel Muhammad Yunus, va a crear en Enero el Small Business Institute. Cito de la entrevista en BusinessWeek:
Espero construir sobre el legado histórico de las peluquerías, las ferreterías, las tintorerías, las gasolineras, los taxis. Todas estas son pequeñas empresas. Cuando sumas toda la gente empleada en un ghetto cualquiera en las iglesias, los restaurantes y los bares, todos juntos son más trabajos que cualquier gran empresa en una ciudad.
Pero no pueden crecer. No tienen acceso a capital o a tecnología. Algunos de estos restaurantes podrían convertirse en cadenas si tuvieran el conocimiento y el capital. El Instituto proporcionará formación y buscará fuentes de financiación. Muchos pequeños negocios no tienen conocimientos de contabilidad, o tienen perfiles de crédito bajos. A menudo usan sus tarjetas de crédito para financiarse. Es la economía de la desesperación.
¿Y este es el líder radical de izquierdas? Casi dan ganas de perdonarle su simpatía por Castro. Aquí ni el PP tiene este discurso. Cualquier iniciativa que se les ocurre a los políticos locales tiene que ver con la subvención: quitar dinero a unos para darlo a otros.
Y sin embargo habría mucho por hacer, por ejemplo, con la inmigración. El Ayuntamiento de Madrid publicó un estudio sobre el impacto de la inmigración en la economía de la ciudad [PDF, 3,5 MB] y hay datos sorprendentes. Por ejemplo, había en 2005 más de 14.000 autónomos extracomunitarios (ahora superarán seguramente los 15.000). Esos miles de emprendedores han llegado con una extraordinaria motivación para prosperar, y están suponiendo ya una reactivación de zonas de la ciudad que estaban agonizando. La cuestión es si seguiremos el modelo de facilitar financiación o, como siempre, optaremos por la subvención.
¿Qué hacemos con ellos? De momento, ignorarlos.
2 comentariosHumor y economia
¿Quién dice que la economía es aburrida? En La Fragua, además de imágenes tronchantes sobre la Convención del PP, son capaces de hacernos reír con una parodia de “Economía para quinceañeros buenrollistas”:
Empieza con una colección de enlaces a noticias sobre empresas que ganan mucho dinero (aunque se olvida de Polanco, tal vez porque tiene contratado a su papá). Mezclados con otros enlaces sobre lo mal que va todo para los jóvenes y los trabajadores.
Y después sigue con lo que llama opinión. Mirad:
Esto es lo que la derecha (los neo’liberales’) llama ‘orden espontáneo’. Yo lo llamo ley del más fuerte (o ley de la selva).
No, esto no es orden espontáneo. Lamentablemente, tenemos una economía muy intervenida que provoca, por ejemplo, que el 50% del precio de una vivienda se deba a las leyes que regulan el suelo.
Da la sensación de que estos hechos no le escandalizan a nadie.
A tí sí, pillín. Pero es que tú eres más honrado y más solidario que nadie.
Lo escandaloso es, al parecer, el Estatut y la unidad de España.
No exactamente. Lo escandaloso es que saltarse las leyes quede impune, porque uno de los requisitos para que funcione el capitalismo es que las reglas del juego sean transparentes y se apliquen a todos.
Que la gente no pueda comprarse una casa nos parece normal. Que el despido sea cada vez más fácil, también. Que no podamos formar una familia, lógico.
Tal vez te sorprenda, pero no es requisito imprescindible mostrar el título de propiedad de una vivienda para inscribirte como matrimonio en el registro civil. Y claro que “la gente” puede comprarse una casa. Por eso los precios están como están. O a lo mejor quieres decir que no todo el mundo puede comprar la casa que quiere. Lo cual es cierto, pero provocado en gran medida por las leyes que impiden construir libremente. ¿O acaso nunca te has preguntado por qué en Estados Unidos la gente de clase media normalita vive en chalets individuales de más de 300 m2?
Y en cuanto al despido, tres cuartos de lo mismo. La facilidad de despido es inversamente proporcional al paro. Las leyes de “protección de los trabajadores” en realidad protegen a los trabajadores que ya están contratados, pero impiden que los jóvenes accedan al mercado de trabajo.
Y ya no digamos lo que ocurre en los países empobrecidos. Pero nada: el ‘orden espóntaneo’ del Mercado nos va a salvar, ¿no?
El ‘orden espontáneo’ ha salvado a Corea del Sur ¿no? Corea del Norte es uno de esos países “empobrecidos” donde la gente se muere literalmente de hambre. Corea del Sur tiene un nivel de vida equiparable al nuestro. Y hace poco más de cincuenta años eran el mismo país. ¿La diferencia? Corea del Norte es comunista, y Corea del Sur tiene una economía liberalizada.
Llevo años pensando una ‘locura’: que debería haber un ‘salario máximo’ (igual que hay un salario mínimo).
Efectivamente, es una locura. Y por cierto, tampoco debería haber salario mínimo. Pero esa es otra historia.
Sería un salario máximo más que generoso, pero no inmoral, como ocurre ahora en muchos casos.
¿Y quién dice lo que es inmoral? ¿Tú? ¿Yo? ¿Votamos? A ver, que levanten la mano los que piensan que es inmoral que el padre de Toño gane por hacer un dibujito más que un albañil que se juega la vida en el andamio, o que una dependienta que se pasa el día de pie aguantando clientas impertinentes, o que un taxista que acaba con la espalda hecha un cuatro después de diez o doce horas al volante.
Todas las ganancias de una persona que superen el salario máximo, deberían, por ley, o ser reinvertidas en esa misma empresa (para contratación de personal y expansión de la compañía) o, directamente, pasar a las arcas del Estado como un impuesto más.
¿En esa misma empresa? ¿No puede crear otra, si tiene otra idea? Y una persona que supere el salario máximo y no sea empresario, ¿también tiene que regalarle el exceso a la empresa de su patrono? ¿Ronaldo debe reinvertir su exceso de sueldo en el Real Madrid?
Y eso por no entrar en el ridículo antológico de pensar que lo que gana un empresario es dinero líquido. Hace poco saltó la noticia de que un empresario importante, para evitar la ley anti-tabaco, había hecho que su empresa le alquilara su despacho, que pasaba a ser así un espacio personal y no laboral. ¿Tú crees que a una persona así le cuesta mucho hacer que el coche, la casa, los viajes, incluso la ropa sean propiedad de su empresa, y que él únicamente gane unos miles de euros al mes como “dinero de bolsillo”?
¿Por qué hay que confiar en que el empresario reinvertirá? Hay que obligarle a hacerlo. Tal cual.
Un empresario reinvertirá si cree que va a ganar más dinero. Si no, invertirá en otras empresas. ¿Y si su empresa no da para más? ¿Tú crees de verdad que si un empresario ve que puede ganar más dinero reinvirtiendo no lo va a hacer? ¿Que tienes que venir tú a obligarle, porque él (que ya se jugó una vez su dinero para montar la empresa) no es capaz de saber dónde tiene que invertir?
Escandaloso, ¿verdad?. Que alguien pierda su derecho a forrarse indefinida e ilimitadamente es escandaloso. Que millones de personas no puedan ejercer su derecho a una vivienda digna, nos da igual.
Derecho a forrarnos indefinida e ilimitadamente lo tenemos todos. Cuando ese derecho se respeta, toda la sociedad es más rica, porque muchos intentan conseguirlo, y para ello trabajan más, arriesgan su dinero para crear puestos de trabajo y desarrollan nuevos productos y servicios que hacen la vida más fácil y agradable a los demás. Cuando alguien pretende limitarlo, toda la sociedad es más pobre, porque nadie tiene aliciente para crear riqueza.
Y el derecho a una vivienda digna es un derecho ilusorio: para que tú tengas una vivienda digna alguien debe pagarla. Si no lo haces tú, tienes que quitarle el dinero a otro. Lo puedes hacer con impuestos, como tú propones, o robando. Cuando un empresario se forra indefinida e ilimitadamente en una sociedad libre, lo hace porque satisface a millones de consumidores, que voluntariamente le entregan su dinero a cambio de lo que él ofrece. Y en el momento en el que los consumidores decidan que lo que ofrece ya no les satisface, dejará de forrarse.
Hasta en los derechos hay clases.
Efectivamente: están los derechos naturales, como el derecho a la vida o a la libertad, que son individuales y cuyo ejercicio no supone una imposición de ningún tipo al resto de la humanidad, y los falsos derechos sociales, como el derecho a la vivienda o a la educación, que implican necesariamente un perjuicio para otro.
No os perdáis los comentarios. Aunque parezca mentira, los hay que se han creído que la parodia de Toño iba en serio.
18 comentariosManual para Progres. Lección 2. Economía II
En esta segunda parte de la lección de economía, trataremos tres asuntos fundamentales: impuestos, pobreza y Tercer Mundo.
Impuestos
Los impuestos son el mecanismo por el que el Estado recupera parte de lo robado por los empresarios y lo redistribuye entre los trabajadores. Como el sistema capitalista es inherentemente defectuoso, es necesario recaudar también de los trabajadores (incluso de los trabajadores precarios), pero después se les devuelve más de lo que han aportado en forma de carreteras, sanidad, educación para sus hijos…
El reparto de este dinero recuperado de los ricos es una de las funciones básicas del Estado. Mediante este reparto el Estado siempre busca beneficar a los trabajadores, bien directamente o bien a través de los comprometidos. Efectivamente, el mejor destino para nuestros impuestos es fomentar la cultura, apoyar a una ONG o colaborar con un sindicato, y nunca jamás se debe cuestionar si el producto cultural o la acción solidaria justifican y merecen el dinero que se les entrega. El dinero siempre está mejor siendo utilizado por un comprometido que en las manos de un capitalista.
Desde la derecha hay quien critica a los comprometidos que, gracias a su mayor aportación a la cultura y al bien común, disfrutan de unos medios de vida superiores al común de los trabajadores. Dado que esta visión cala a veces entre los más ingenuos, cabe hacer aquí algunas observaciones:
- Primero, la misión fundamental de un artista es denunciar los abusos de la sociedad en la que vive. Por tanto, es mucho más importante una canción de letra solidaria o una película con tema social que un mero reparto de un dinero que debe servir para realizar nuevas obras de denuncia.
- Segundo, no se trata de reparar las grietas del sistema con medidas que en el mejor de los casos son voluntaristas. El capitalismo está agotado, y el artista comprometido debe trabajar activamente para buscar su fin, no para sostenerlo, como sucedería si entregasen su dinero a los trabajadores explotados, aliviando sus condiciones e impidiendo que se generase una conciencia revolucionaria.
- Tercero, no hay que confundir la riqueza obtenida mediante la explotación de trabajadores, la sobreexplotación del medio ambiente y el abuso de países del Tercer Mundo con los medios de vida obtenidos legítimamente por artistas comprometidos que aprovechan las debilidades del sistema capitalista para luchar contra él.
Por tanto, no es reprobable que un comprometido busque la manera de pagar menos impuestos, siempre que dedique su dinero a realizar nuevas obras de denuncia del sistema.
Distribución de la riqueza
Para que alguien tenga más, otro tiene que tener menos. Aunque parezca increíble, todavía hay personas entre la derecha más insolidaria y recalcitrante que no entienden algo tan sencillo como esto. O más bien, que no lo quieren entender. Precisamente por esto son necesarios los impuestos. Y por esto el gran Brassens podía cantar algo así como:
y a la zaga va un ricachón,
zancadilla pongo al señor
y aplastado el perseguidor.
Brassens ya sabía que en realidad el ricachón lo era por haber robado, y el ladrón sólo estaba recuperando parte de ese botín. La visión cristiana (variante teología de la liberación) sostiene que los ricos son pecadores por el hecho de serlo, y por tanto un rico no puede salvarse. Por el contrario, un pobre es bueno por naturaleza y la pobreza le redime de cualquier pecado que pudiera tener. Incluso aunque un rico haya conseguido su fortuna trabajando, también es culpable, porque debería haber dedicado ese tiempo a ayudar a los demás, y no a comportarse como un egoísta, buscando sólo su propio beneficio.
Ahora bien, si aplicamos este principio a toda la población mundial, nos podemos encontrar con que incluso siendo trabajadores explotados tenemos más que la mayoría de la gente. ¿Qué hacemos entonces? ¿Debemos entregar toda la parte de nuestro sueldo que supere el salario mínimo a una ONG? Si se quiere una formulación más concreta: ¿Tener a una trabajadora doméstica inmigrante es compatible con ser solidario? ¿Debe una persona de izquierdas renunciar a ella?
Estas preguntas admiten dos tipos de respuesta. Veamos:
- Si eres un trabajador precario, menor de 25 años, puedes considerar que tus padres son unos burgueses, que la sociedad está podrida, que es injusto que nadie gane más que otro y afirmar categóricamente que tú nunca entrarás en el sistema. Es conveniente combinar esta actitud con una ideología marxista, como se vio en la primera parte de esta lección. Por supuesto, la asistenta de tus padres puede seguir lavando tu ropa, porque tú ya has dejado clara tu firme posición al respecto.
- Si ya estás en la situación de tener un sueldo superior a la media, y pagas a una señora inmigrante para que friegue tu cuarto de baño, puedes hacer lo siguiente:
- Sostener que tu trabajo es tan importante para la sociedad que merece la pena que otro haga las tareas cotidianas del hogar, para que tú puedas aportar más.
- Denunciar la injusticia del sistema, y reconocer que el hecho de que tú entregues parte de tu dinero no va a resolver nada. Lo importante es cambiar las estructuras.
- Si a pesar de todo tienes mala conciencia, siempre puedes hacer un donativo a alguna ONG. Por unos eurillos al mes, ya puedes decir: el mundo está fatal, pero al menos yo hago algo…
En cualquier caso, debes recordar que los ricos son de derechas. Los de izquierdas simplemente tienen dinero.
El Tercer Mundo
El Tercer Mundo es la consecuencia de la explotación de los pobres por el sistema capitalista. Antes de la colonización, los indígenas vivían en paz con la Madre Tierra y consigo mismos. Pero los imperialistas occidentales esquilmaron sus recursos, y ahora les han abandonado en la miseria.
Es justo que para compensar tanto robo y tanta explotación los países ricos devuelvan parte del dinero robado a los países pobres. Hay varios organismos de la ONU que han hecho cálculos de lo que cuesta conseguir cosas tan elementales como que todos los niños del Tercer Mundo sean vacunados, o dejen de pasar hambre, o que todos tengan acceso a agua potable. Si no derrocháramos el dinero en un consumismo alocado, o peor aún, en costosísimas armas que sólo producen muerte y destrucción, podríamos resolver fácilmente todos los problemas del Tercer Mundo.
Pero en lugar de hacer esto, los occidentales nos empeñamos en seguir comprando productos que fabrican en el Tercer Mundo multinacionales con el sudor de niños explotados en condiciones infrahumanas. Por ello, es necesario participar en campañas como la del 0,7%, para obligar a los Estados a que dediquen más presupuesto a la solidaridad con los más desfavorecidos.
Para ser coherente, basta con aprender de memoria e interiorizar los tres párrafos anteriores. No es necesario que entregues parte de tu dinero a una ONG, porque lo importante es que lo haga el Estado. Por supuesto, sólo un capitalista feroz y desalmado afirmaría que los ciudadanos o los gobernantes del Tercer Mundo tienen alguna responsabilidad en su situación.
Ejercicio para el alumno
Contrariamente a lo que pudiera parecer, no todos los trabajadores de la cultura son comprometidos. Algunos son verdaderos explotadores empeñados en ganar dinero a toda costa o, lo que es peor, lacayos de los capitalistas que justifican u ocultan sus maniobras. Para demostrar su conocimiento, el alumno debe clasificar (razonando) a las siguientes personas en Explotadores y Comprometidos:
Michael Moore, Jose Luis Moreno, Guillermo Toledo, Lina Morgan, Juan Luis Cebrián, Federico Jiménez Losantos.
4 comentariosManual para Progres. Lección 2. Economia
Saber toda la economía que necesitas es muy fácil, y requiere menos de dos tardes. Ni siquiera es necesario que sepas nada de matemáticas. Basta con seguir esta lección, que dividiremos en dos bloques para no fatigar al alumno.
En realidad, lo único difícil es elegir entre estas dos alternativas: comunismo o economía mixta. Si eliges comunismo ligas más, puedes vestir con la ropa que otros usan para estar cómodos en casa, dejar de afeitarte y/o de depilarte y despreciar al resto del mundo por ser unos vendidos al sistema. Si eliges economía mixta puedes tocar cargo en el PSOE con veintipocos años. Pero tampoco es necesario precipitarse para elegir: puedes ser radical durante unos años y después sentar la cabeza.
Caso práctico
Pepe y Carmen están en una tienda de comercio justo. Llevan un rato mirando bisutería hecha con cuentas de madera, jerseys de alpaca con motivos incas y tabletas de chocolate envueltas en un papel de estraza que cumple la misma función que el hábito en las monjas: disuadirte de pensar que podrás obtener cualquier tipo de placer probando su contenido. Al cabo de un rato, Pepe comenta:
– Este café es un poco caro, ¿no?.
Carmen responde:
– ¿Tienes idea de lo que trabajan los campesinos para recolectarlo? Eres un egoísta insolidario. Seguro que preferirías comprarlo en Carrefour para ahorrarte un euro, sin pensar en que estás ayudando a que los intermediarios se hagan ricos explotando a los trabajadores colombianos.
Pepe agacha la cabeza, pensando en todo lo que tiene que aprender, mientras Carmen paga la lata de café.
Explicación
Pepe sólo se preocupa de comprar lo que quiere al mejor precio, sin analizar las implicaciones éticas que tienen en nuestra sociedad las relaciones económicas. Muchos caen en el mismo error, pero podrían evitarlo con unos conocimientos básicos que veremos en esta lección.
El trabajo
Los seres humanos se dividen en cuatro clases en cuanto a su situación laboral: trabajadores precarios, trabajadores explotados, empresarios y comprometidos.
Los trabajadores precarios son los que tienen un contrato laboral fijo, con indemnizaciones por despido. Son víctimas de la explotación capitalista y el neoliberalismo, su número siempre crece y su situación siempre empeora.
Los trabajadores explotados son todos los que no son precarios. Por definición, un trabajador está explotado, porque siempre podría trabajar cinco horas menos a la semana y cobrar un 5% más al mes.
Los empresarios son seres egoístas y avariciosos, que buscan sólo su propio beneficio. Son empresarios también los directivos de empresas o incluso de la Administración, porque aunque no tengan participación en la propiedad de la empresa colaboran con ella en la explotación de los trabajadores.
Los trabajadores autónomos, como su propio nombre indica, son trabajadores, no empresarios. Un taxista o el dueño de un bar o un comercio es también explotado por el sistema, salvo que se comprueba que tiene trabajadores a su cargo, en cuyo caso sí se le considera empresario.
Los comprometidos forman un grupo variado, pero caracterizado porque su actividad laboral está dedicada a mejorar la vida de los demás. Así, son comprometidos los escritores, periodistas, cantantes o cineastas, pero también los trabajadores de ONGs o los sindicalistas.
Es evidente que la vocación de todo progresista que se precie es pertenecer a este último grupo. En su defecto, conviene iniciarse como trabajador explotado en el sector público o en una gran empresa, y desde allí comprometerse en un sindicato.
Las relaciones económicas
Desde que el mundo es mundo, el poderoso oprime al débil. En cualquier relación económica, siempre el rico obtiene más beneficio que el pobre. De hecho, el consumismo no es más que una sofisticación del feudalismo, un sistema por el cual los siervos deben entregar un porcentaje del fruto de su trabajo a los señores. Lo que ocurre es que ahora se obliga a los trabajadores a entregar su dinero a los empresarios mediante la publicidad, haciéndo creer a los ingenuos trabajadores que son libres de hacerlo y serán felices con el resultado de la transacción.
La única actividad económica que puede ser legítima es la producción. Siempre que cumpla con unos criterios éticos: no utilizar trabajadores precarios, ser escrupulosa en el respeto al medio ambiente y anunciar su compromiso con alguna causa solidaria. Las actividades de empaquetado, distribución y comercialización las realizan los intermediarios, que son un tipo especialmente perverso de empresario que obtiene dinero simplemente colocándose de estorbo entre el productor y el consumidor.
Dado que el empresario es por naturaleza codicioso y ruin, es necesario que el Estado intervenga para evitar sus abusos. ¿Cómo debe intervenir? Aquí es donde el alumno debe optar entre el marxismo ortodoxo y la economía mixta.
Todo lo que necesitas saber para ser marxista es que Marx se llamaba Carlos (o Karl) y no Groucho, que escribió “El Capital”, que dijo que la religión es el opio del pueblo, que descubrió la lucha de clases (según la cual los empresarios explotarán a los trabajadores hasta que estos hagan la revolución) y que el marxismo es científico. No es necesario que leas “El Capital”, salvo que seas al mismo tiempo profesor universitario y masoquista. Si tienes vocación intelectual, puedes leer de vez en cuando “Le Monde Diplomatique” (no, no hay que saber francés, hay una edición en español) y podrás opinar con autoridad incuestionable.
Si eres marxista, debes mantener la necesidad de que el Estado asuma la producción de bienes y servicios, eliminando a la clase empresarial. Si alguien tiene el mal gusto de mencionar el fracaso de la Unión Soviética, debes asegurar que la Unión Soviética no aplicó correctamente el marxismo, y que de hecho ningún régimen ha sido verdaderamente comunista. Conviene además mencionar los éxitos de la revolución cubana en sanidad y educación para evitar prolongar innecesariamente la discusión.
Si eres partidario de la economía mixta, puedes admitir sin problemas el fracaso del socialismo real (aunque no está de más hacer alguna observación acerca de la vigencia del análisis marxista como método científico). Ahora bien, debes explicar a renglón seguido que el capitalismo también ha fracasado, que el neoliberalismo conduce inexorablemente a la explotación laboral infantil y que la miseria y la pobreza están provocadas directamente por el sistema.
Por tanto, la única solución es que el Estado regule las relaciones económicas para evitar la explotación de los indefensos. Cierto que los empresarios son astutos, y buscan siempre la manera de burlar las reglas del juego. Así, el Estado debe elaborar continuamente nuevas normas que regulen cada detalle que no se haya tenido en cuenta anteriormente.
En la segunda parte de esta lección, hablaremos de los impuestos, la redistribución de la riqueza y el Tercer Mundo.
5 comentariosAcerca de la pena de muerte (I)
Antes que nada, debo agradecer los comentarios positivos acerca de mi post anterior. Yo pensaba que había hecho otros posts más merecedores de elogios, pero pasaron sin pena ni gloria. Una de las ventajas de la blogosfera, supongo, es que te permite conocer de primera mano y casi al instante lo que opinan tus lectores de cada uno de tus textos. Lo difícil es tener la humildad suficiente como para hacerles caso.
Vamos con el tema de hoy: la pena de muerte. En el post anterior no entraba en el asunto, sólo en la hagiografía que hacía El Mundo de quien fue en realidad un feroz asesino. Pero ya que Santiago, Daniel y Jahd han planteado el debate, vamos a ello. Dada la extensión, lo haré en tres entregas, distinguiendo los motivos morales, ideológicos y prácticos para estar a favor o en contra.
Y, por limitar el debate a lo que puede ser más interesante, dejaremos fuera la aplicación de la pena de muerte que es inaceptable para cualquier persona civilizada, como por ejemplo la destinada a castigar ideas o actividades políticas, conductas sexuales, o en general crímenes distintos del asesinato.
Empecemos por los prácticos:
¿Disuade la pena de muerte a los asesinos potenciales? Parece que no. Ahora bien, tampoco está claro que la cadena perpetua, o una pena inferior, sea disuasoria. Probablemente, y esto es opinión mía, cuando alguien decide que tiene motivos para matar a otro ser humano, las posibles consecuencias sobre su persona tienen menos importancia que estos motivos.
¿Evita otras muertes a manos de asesinos convictos? Es decir, ¿podemos salvar vidas matando a asesinos evitando así que vuelvan a actuar? Hay ciertos tipos de asesinos que, si tienen oportunidad de repetir el crimen, lo hacen. Principalmente los que matan por motivos ideológicos, los que obtienen satisfacción del propio acto de asesinar y los que actúan con violencia extrema en crímenes cuya motivación principal es económica.
Las medidas de reeducación con estos delincuentes no siempre funcionan, de manera que siguiendo un criterio estrictamente práctico, para garantizar que un sociópata no pueda volver a matar es preferible la pena de muerte.
Santiago defiende la cadena perpetua como solución para estos sociópatas. Pero tenemos el problema del coste. El presupuesto de Instituciones Penitenciarias para el año 2006 será de 896 millones de euros, para atender a una población reclusa que a fines de 2004 era de poco más de 59.000 personas. Es decir, cada preso nos cuesta al año unos 15.000 euros.
Si un asesino es condenado con 30 años, y la esperanza de vida está en 80 años, mantener a ese individuo en cadena perpetua nos cuesta 750.000 euros.
Luego la alternativa para evitar nuevos crímenes de asesinos con riesgo de reincidencia es la pena de muerte o un gasto importante de todos los ciudadanos, incluidos los familiares de las víctimas del asesino. Podríamos entonces optar por la pena de muerte, atendiendo puramente a un criterio de orden práctico (para un mismo resultado -evitar nuevas víctimas- una de las opciones tiene un coste muy superior), si no fuera por la cuestión que plantea Jahd, esto es, la irreversibilidad de la pena de muerte.
Esto quiere decir que si hay un error, y se ejecuta a un inocente, no hay manera de devolverle a la vida si posteriormente se demuestra su inocencia. Por tanto, sería preferible una condena de cárcel, en la que siempre se puede liberar al condenado injustamente.
Ante esta cuestión, por un lado, basta con limitar el castigo capital para aquellos criminales que hayan sido condenados con pruebas incontrovertibles: los que han confesado, los que han sido capturados cometiendo el delito, los que han dejado una huella inequívoca en el cuerpo de la víctima (ADN, por ejemplo), los que han sido acusados por varios testigos fiables o aquéllos en los que concurren varias o todas estas circunstancias. Y se puede permitir además al condenado a muerte que utilice absolutamente todos los medios de revisión de su caso que no sean completamente disparatados.
Que es lo que hacen, por cierto, en la mayoría de los Estados norteamericanos en los que existe pena de muerte, y la razón de que Tookie se pasara 26 años en la cárcel antes de ser ejecutado.
Pero además, la preferencia por la cadena perpetua sin mirar el coste, se basa en un principio emocional más que racional. Supongamos que la tasa de inocentes condenados es del 1%. Esto quiere decir que si optamos por la cadena perpetua, estaríamos gastando 750.000 x 99 = 74.250.000 euros para salvar la vida de una persona inocente.
Ahora muchos estaréis pensando “pues la vida de una persona vale más de 74 millones de euros…”. Falso.
A todos nos gusta creer eso, pero nadie lo piensa de verdad. Si fuera así, habría helicópteros-UVI en cada pueblo situado a más de media hora en coche de un hospital. Es más, habría hospitales con los últimos adelantos y los equipos más caros en cada aldea. Pondríamos no un escolta, sino un batallón de GEOS para proteger a cada amenazado por ETA. Habría un policía (o un coche patrulla) en cada esquina de cada calle. Pagaríamos mucho más por nuestras casas, porque las medidas de seguridad para evitar cualquier accidente laboral incrementarían desproporcionadamente el coste. Habría autopistas o autovías a cada pueblo, que son más seguras que las carreteras de un único carril por sentido.
La realidad es que la vida humana no tiene un valor económico infinito. De hecho, cambia según las culturas e incluso cambia en el tiempo. Por ejemplo, ahora estamos mucho más dispuestos que hace 30 años a pagar más dinero por nuestras casas a cambio de que los obreros que las construyen tengan arneses, cascos y redes de seguridad.
Así que, desde un punto de vista racional, sería preferible dedicar el millón y medio de euros que nos cuesta cada año de vida del inocente condenado injustamente a inversiones en equipamiento sanitario que permitieran salvar un número mucho mayor de vidas, por ejemplo.
Otro cosa es el punto de vista ético de este asunto, pero eso lo trataremos en la tercera entrega.
17 comentariosRubros comerciales habilitables
En barrapunto leo que la Ciudad de Buenos Aires ha desarrollado un mapa interactivo. En principio, una noticia tecnológica más. Pero esta aplicación permite ver la información de cada parcela.
¿Y qué información aparece? Pues además de la foto, lo que llaman Rubros comerciales habilitables, esto es, los usos comerciales a los que se puede destinar. Cuando uno investiga, encuentra que en una manzana determinada, por ejemplo, puede instalar un comercio con el código 502466: Armado Y/o Reparac. De Calculador. Y Computad. electronic. Analogicas y Digit., pero no puede instalar un comercio de alquiler de ordenadores. También hay un rubro para alquiler de Video-Cassettes, pero no de DVD. ¿Se podrán alquilar DVD en los comercios habilitados para el alquiler de Video-Cassettes? Hay rubro para alquilar coches, pero no para venderlos. Se puede instalar un café-bar, pero no un restaurante.
Por supuesto hay restricciones: en el caso del Armado Y/o Reparac., el local no debe medir más de 150 metros cuadrados. Eres más afortunado si pretendes instalar un “Aditamento Fijo (Quiosco) En Loc. Espec (act. Acc.)”: tu negocio puede entonces ocupar 200 metros cuadrados. Será un bonus por averiguar qué demonios es eso.
Y yo me pregunto: todas estas regulaciones ¿tendrán algo que ver con la crisis argentina? ¿no sería más fácil decir lo que está prohibido, por razones de salud, higiene o ruidos y permitir todo lo demás?
Está claro que cuando el instalar un negocio depende de la interpretación que un funcionario haga de una serie de normas absolutamente arbitrarias, sólo hay dos posibilidades: o pagar una mordida o esperar meses a que tenga a bien resolver a tu favor.
Pero claro, si el país no prospera, uno siempre puede echarle la culpa a la globalización, al capitalismo, a las multinacionales y a Bush.
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