El fallo del Supremo es correcto
La verdad, no se de qué se quejan los que se oponen a la Educación para la Ciudadanía.No es extraño que un tribunal considere que no se puede objetar a una asignatura. Está claro que hay una norma, que ha sido aprobada siguiendo un procedimiento correcto, y mientras esa norma esté vigente hay que cumplirla o asumir las consecuencias del incumplimiento.
Yo viví la época de la objeción de conciencia al servicio militar, y siempre me pareció absurda la situación que se creó cuando el Estado admitió la objeción como una alternativa válida. Conocí a gente que llegó a pasar por la cárcel por ser objetor. Es lo correcto: hay una ley, tú decides que en conciencia no la puedes cumplir, y luchas por cambiarla o sufres las consecuencias de no cumplirla.
Lo que era absurdo es tener a mocetones hechos y derechos dedicados a cuidar ancianitos o vegetar durante unos meses en una oenegé cualquiera. Más absurdo teniendo en cuenta que sus coetáneas no tenía la obligación de cuidar ancianitos, porque no tenían la obligación de hacer la mili y el Servicio Social falangista había prescrito muchos años antes.
Quiero decir: si objetas, suspendes. Y punto. Con un par. Si realmente te importa que tu hijo no curse la asignatura, te enfrentas a ella, pero con todas la consecuencias. Y si no, pues a agachar la cabeza y a cumplir, o a esperar que venga otro gobierno que derogue la ley (¡Ja!).
En realidad, yo creo que deberíamos ser libres no solo para elegir si nuestros hijos estudian EpC, sino si estudian matemáticas. ¿Acaso hay alguna diferencia entre el católico que no quiere que a su hijo le enseñen que el aborto es correcto y el ludita que no quiere que le enseñen nada relacionado con la física o la tecnología?
Cuando cedimos al Estado la autoridad para decidir los planes de estudio de nuestros hijos, admitimos la posibilidad de que aprovechara ese poder para adoctrinarlos. No debería extrañarnos que lo hiciera. ¿No lo hacen los partidos nacionalistas con la historia y la lengua?
Y que nadie espere que otro partido cambie la situación con respecto a la EpC: cambiará tal vez los contenidos, pero no cederá una posibilidad de adoctrinar.
6 comentariosCuando el Estado te impide compartir el coche para ahorrar gasolina
Con el petróleo por las nubes se hace cada vez más atractivo compartir el coche para ir de casa al trabajo. Sobre todo si, como pasa habitualmente en norteamérica, vives lejos del “downtown” y tienes un horario fijo. Detectando una necesidad en el mercado, unos emprendedores crearon en Canadá la web PickupPal.com, en la que facilitan el encuentro entre los que quieren compartir coche.
Ya que los gobiernos se dedican a martirizarnos porque usamos demasiada energía y somos unos inconscientes que nos estamos cargando el planeta, cualquiera pensaría que una iniciativa así tendrá todas las bendiciones del Estado: compartiendo coche reducimos las emisiones de CO2 y evitamos que se destruya la capa de ozono y disminuye nuestra huella ecológica y somos más verdes y…
Pues no. Resulta que una compañía de autobuses, viendo amenazado su negocio, ha demandado a la emrpesa por incumplir la normativa sobre “carpooling“, que es como llaman allí a eso de compartir el coche. Resulta que el Estado, siempre pendiente de regular hasta el último detalle de nuestras vidas, tiene también leyes sobre el carpooling en Canadá, y muy estrictas.
La gente que comparte el coche solo puede ir de casa al trabajo (y vuelta), debe ir siempre con el mismo conductor, y solo puede pagar por semanas, entre otras restricciones. Se supone que todo esto es para evitar que surjan “taxis ilegales”, que no cumplan la normativa de seguridad, que no estén asegurados, etc.
El caso es que otra vez, enfangado en sus propias restricciones, el gobierno gasta el dinero de los ciudadanos en una cosa y la contraria: en promocionar el ahorro en combustible y en combatir el carpooling. Y por supuesto, los que tienen las de ganaar son los que son capaces de organizarse y provocar conflictos para que el Estado se avenga a sus intereses: las compañías de autobuses o de taxis, los sindicatos de las mismas…
Comments are off for this postLa Educación para la Ciudadanía es intrínsecamente perversa
Escribe esto José García Palacios en El rincón de la libertad:
EpC me parece una barbaridad. Pero no por el título, ni por el concepto, sino por el contenido. Perfecto que haya una asignatura que se dedique a educar a los ciudadanos en los valores de la democracia, la tolerancia, la libertad, etc.
No. No es perfecto, ni siquiera aceptable, que exista esta asignatura, aun si el formato que propone JGP fuera posible.
El estado no debe educar
Primero, porque no debería ser función del Estado educar. Educar o no a los niños, y en qué materias hacerlo, es asunto de los padres y de nadie más. Las materias que se enseñan son absolutamente arbitrarias, y las deciden unos expertos pedagogos que no sufren ninguna consecuencia negativa en caso de tomar decisiones incorrectas. Por el contrario, los padres sí tienen interés directo en que sus hijos tengan una buena formación, y si se les dejara elegir elegirían los que considerasen mejor para sus hijos.
Probablemente, muchos padres delegarían la decisión sobre asignaturas o temarios al centro de estudios que eligieran, pero cabría la posibilidad de crear colegios en los que se diera gran importancia a las ciencias, o a las artes, o a la formación profesional.
¿Qué pasa con los padres irresponsables, que no escolarizarían a sus hijos si no se les obligara a ello? Pues nada grave. Los niños seguirían siendo unos zotes, como lo son ahora. Con la diferencia de que en lugar de pasar años molestando a profesores y compañeros para acabar siendo analfabetos funcionales, tal vez aprenderían el oficio del padre, como se hacía antes, y podrían llegar a ser hombres de provecho.
El Estado no debe educar en valores
Creer que el Estado puede ser neutral a la hora de decidir qué valores se transmiten a los niños es una ingenuidad. El Estado tiene sus propios intereses, entre los cuales está el convencer a sus súbditos de que es imprescindible. La asignatura de Educación para la Ciudadanía solo puede ser socialdemócrata, porque ningún Estado va a admitir que se enseñe a los niños que pagar impuestos es malo o que la libertad es más importante que la falsa seguridad que proporciona el estado del bienestar.
Y esto suponiendo que el Gobierno no crea que tiene la misión de cambiar la sociedad, como le ocurre al actual. Porque entonces será inevitable que utilice la asignatura como herramienta de adoctrinamiento temprano, de manera que los niños se acostumbren a ver como naturales, buenos y autoevidentes sus postulados sociales.
Es imposible controlar a los profesores
No solo el Estado, sino los centros educativos o los profesores pueden tener agendas propias, diferentes a los de los padres. Y una asignatura “blanda” como la EPC es perfecta para que cualquier iluminado caiga en la tentación de adoctrinar a los niños según sus creencias.
Supongamos que el temario incluye hablar de libertad y democracia, como sugiere JGP. ¿Algo le impide a un profesor explicar a los niños que Cuba es una democracia perfecta? ¿Es responsabilidad de los padres comprobar cada día con sus hijos qué se les ha explicado y cómo?
Como en tantos otros casos, ceder al Estado nuestra libertad para educar a nuestros hijos como mejor nos parezca, conduce inevitablemente a que sea el Estado quien los eduque como mejor le convenga. La Educación para la Ciudadanía es consecuencia inexorable de la educación pública.
2 comentariosCarne o pescado
Supongamos que quedas a cenar con tres amigos. Cuando os sentáis, Jose Luis coge la carta, mientras Marta y Javier charlan alegremente de lo divino y de lo humano. “¿Pedimos algo de picar y luego un segundo cada uno?” dices, siempre original. Todos de acuerdo. Javier sugiere unos huevos rotos con patatas y jamón, y tú propones los chopitos. Se te va haciendo la boca agua pensando en el chuletón con patatas que pedirás de segundo. Javier se inclina por el cochinillo y Marta, que es de menos comer, se conforma con unas chuletitas de cordero.
Cuando llega el camarero, Jose Luis le pide una ensalada de espinacas para compartir, y merluza con guarnición de verduras de segundo. Para todos. Marta y Javier, que siguen charlando, no se han enterado muy bien, pero tú intentas pedir tu chuletón, los chopitos y los huevos.
“¿Estás loco?”, dice Jose Luis. “Los huevos tienen colesterol, y los chopitos están fritos con grasas que se fijarán a tus arterias para siempre. Y no me hagas hablar del chuletón con patatas, o del cochinillo y el cordero. El pescado y la verdura son mucho mejores para vosotros.”
Así que al final se cena pescado y verdura, y para colmo cuando llega la cuenta, que por causa de la merluza es más elevada de lo habitual, Jose Luis os pide que le paguéis la cena entre los tres, porque él no tiene dinero.
¿Resulta inverosímil que alguien se comporte así?
Pues no es muy diferente lo que hace el Estado. No solo nos dice lo que podemos y no podemos hacer, porque él sabe lo que es mejor para nosotros, sino que además nos quita nuestro dinero para pagar la cuenta.
2 comentariosDerechos y deberes
Uno de los logros que destacó Zapatero en el debate sobre el Estado de la Nación es que “se han ampliado los derechos”. Lo cual es sintomático de toda una manera de pensar: el Gobierno es quien concede los derechos.
Pero si realmente creemos esto, dejamos de ser ciudadanos para convertirnos en súbditos. Es evidente: si el Gobierno puede conceder derechos, también puede denegarlos. Luego dependemos de la benevolencia o la magnanimidad del Gobierno para que nos conceda más o menos derechos en función de sus criterios. “¡Votadnos!”, pueden así proclamar, “¡nuestro partido os concederá más derechos que el otro!”.
No crean que en el partido con pulsiones liberales tienen un punto de vista muy diferente: “¡Nosotros os concederemos el derecho a recibir 3.000 euros! ¡Más que ellos!”, es su mensaje. “¡Negaremos el derecho al matrimonio homosexual!”, dicen. En el fondo, sólo difieren en el “catálogo de derechos” que tienen previsto conceder, pero no en el principio de que sean ellos, los gobernantes, los que nos concedan los derechos.
El asunto tiene más miga: ¿qué es un “derecho”? ¿el matrimonio para los homosexuales? ¿recibir 2.500 euros por copular productivamente? ¿ser educado conforme a los “valores ciudadanos y democráticos”?
En puridad, sólo existen dos derechos: el derecho a la vida y el derecho a la libertad. Todos los demás no son sino dejaciones de deberes. No existe el derecho a la educación: existe el deber de educar a los hijos. No existe el derecho a la sanidad: existe el deber de cuidar a los enfermos. No existe el derecho a una vivienda, o al subsidio de desempleo: existe el deber de ser caritativo con los que sufren.
Lo que sucede es que el Estado nos dice: “no te preocupes. No tienes por qué cargar con ese viejo que fue tu padre. No tienes por qué dedicar innumerables horas a que tu hijo aprenda. No tienes que ser generoso con ese mendigo maloliente. Déjamelos a mí. Yo me encargaré de ellos. Mira, les quitaré el dinero a los ricos para hacerlo. Tú pagarás mucho menos de lo que te voy a dar.”
Y así, felices de haber encontrado el Estado del Bienestar, abandonamos nuestras obligaciones con las manos llenas de nuevos derechos.
Pobres ingenuos, que en verdad hemos cedido uno de los dos únicos derechos que había sido genuinamente nuestro: la Libertad.
23 comentariosEducacion para la Ciudadania, Espias y Pioneros
Hace algo más de un año escribí esto:
En este orden de cosas, tengo muchos amigos preocupados por la asignatura de “Educación para la Ciudadanía”, y su posible influencia en la formación de nuestros hijos. A mí, sinceramente, lo que me importa es que quitará horas de otras asignaturas más útiles, pero muy poco su contenido. Es más, espero que sea furiosa, descaradamente progre. Cuanto más radical, mejor.
A mí ya no me tocó lo de la “Formación del Espíritu Nacional”, pero por lo que ví a mis amigos mayores, no parece que resultara muy efectiva. De hecho, creo que enseñar una ideología a un adolescente es la mejor manera de que la aborrezca. Si un profesor te explica lo fantástico que es ser una lesbiana emporrada con conciencia ecológica, tú te conviertes por narices en una pija consumista monógama casada por la iglesia.
Reconozco que me equivoqué. Hay una diferencia entre la Educación para la Ciudadanía y la Formación del Espíritu Nacional del tardofranquismo: la determinación de los adoctrinadores. A finales de los sesenta, pocos creían ya en eso del Imperio, los sempiternos enemigos de la patria o el nacionalcatolicismo. Ahora, los Peces Barba, las Cabrera, los Zerolo están dispuestos a aprovechar la oportunidad de inculcar sus criterios morales a nuestros hijos.
Leed este fragmento de 1984:
De pronto, tanto el niño como la niña empezaron a saltar en torno a él gritando: « ¡Traidor!» « ¡Criminal mental!», imitando la niña todos los movimientos de su hermano. Aquello producía un poco de miedo, algo así como los juegos de los cachorros de los tigres cuando pensamos que pronto se convertirán en devoradores de hombres. Había una especie de ferocidad calculadora en la mirada del pequeño, un deseo evidente de darle un buen golpe a Winston, de hacerle daño de alguna manera, una convicción de ser ya casi lo suficientemente hombre para hacerlo. [...]
Con aquellos niños, pensó Winston, la desgraciada mujer debía de llevar una vida terrorífica. Dentro de uno o dos años sus propios hijos podían descubrir en ella algún indicio de herejía. Casi todos los niños de entonces eran horribles. Lo peor de todo era que esas organizaciones, como la de los Espías, los convertían sistemáticamente en pequeños salvajes ingobernables, y, sin embargo, este salvajismo no les impulsaba a rebelarse contra la disciplina del Partido. Por el contrario, adoraban al Partido y a todo lo que se relacionaba con él. Las canciones, los desfiles, las pancartas, las excursiones colectivas, la instrucción militar infantil con fusiles de juguete, los slogans gritados por doquier, la adoración del Gran Hermano… todo ello era para los niños un estupendo juego. Toda su ferocidad revertía hacia fuera, contra los enemigos del Estado, contra los extranjeros, los traidores, saboteadores y criminales del pensamiento. Era casi normal que personas de más de treinta años les tuvieran un miedo cerval a sus hijos. Y con razón, pues apenas pasaba una semana sin que el Times publicara unas líneas describiendo cómo alguna viborilla —la denominación oficial era «heroico niño»— había denunciado a sus padres a la Policía del Pensamiento contándole a ésta lo que había oído en casa.
¿Imposible? mirad este video (desaparecido ya de Youtube):
Esa niña robot, esos niños que denuncian a sus padres, es lo que buscan los socialistas allí donde gobiernan, sea en Cuba, en Venezuela, en la Alemania de los años 30 o en España. Todo lo que dificulta la operación de adoctrinamiento debe ser, por tanto, anulado. El modelo de familia tradicional, la religión, la idea de libertad y responsabilidad individual, la disciplina en las aulas deben ser ridiculizados, denigrados y despreciados.
Mucha gente, por supuesto, no admite que a sus hijos les conviertan en Espías o en Pioneros. Y muchos niños no se dejan convertir. Muchos adolescentes y jóvenes, como yo apuntaba hace un año, desarrollan fobia a todo lo que les han intentado inculcar. Pero eso no es determinante, siempre que haya un número suficiente de niños-robot perfectamente adiestrados.
Cabrera no quiere convertir a mis hijos en pioneros. Sabe que no lo va a conseguir. Pero sabe también que si hay un número suficiente de niños y jóvenes adoctrinados, será irrelevante que algunos conserven la capacidad de pensar. Los alumnos libres tendrán que disimular, que hacer como si creyeran en la maldad de la Iglesia Católica y las maravillas del colectivismo, tendrán que abjurar de la libertad y proclamar su fe en el feminismo y la religión ecologista.
Sigo creyendo que, con el tiempo, la Educación para la Ciudadanía acabará, como la Formación para el Espíritu Nacional, creando alumnos con ideas contrarias a las que les han inculcado. Pero ahora no tengo duda de que los socialistas españoles pretenden tener el mismo éxito que Castro tiene con sus Pioneros, y van a hacer todo lo posible por conseguirlo. Vivir en un país en el que los niños son espías del Estado, como le pasaba a Winston Smith y pasa en Cuba o Venezuela, va a ser una experiencia muy desagradable.
Al menos nuestros hijos podrán huir a Francia o Portugal sin correr el riesgo de convertirse en comida para tiburones.
28 comentariosLa Corporacion y el Estado
El otro día citaba aquí un fragmento de Hija de Marte, la novela de Heinlein. Continúa así:
Tío Tom dice que la mayor parte de las gentes de la Tierra trabajan según un acuerdo muy semejante, solo que allí se hace por años y le llaman impuestos.
Eso de trabajar para la Corporación hasta cubrir un cupo, y después seguir trabajando para ganar un dinero que se parte con la Corporación es lo que hacemos en países como España. Más notoriamente los autónomos, que tienen que pagar una cuota fija al mes, ganen o no ese dinero, y después pagar además por los beneficios obtenidos.
En el post de la semana pasada, en el que comparaba el hurto con los impuestos, hubo quien comentó que la alternativa de “impuesto voluntarios” era inviable. Yo creo que no lo es tanto.
De hecho, sí hay algo parecido a unos “impuestos voluntarios”: la parte destinada al sostenimiento de la Iglesia Católica o a “otros fines de interés social”. ¿Qué impediría una declaración del IRPF en la que hubiera casillas para “Educación pública”, “Defensa”, “Infraestructuras”, “Cultura”, etc.?
Así, yo podría decidir, por ejemplo, que mis impuesto se dedicasen a gastos militares, cosa que me parece mucho más interesante que subvencionar cualquier actividad cultural. Supongo que otros pensarían lo contrario, y tendríamos al menos la posibilidad de controlar, aunque sea con trazo grueso, el destino de nuestros impuestos.
Cualquier cosa menos el sistema que hay ahora, por el cual un taxista se desloma para pagarle su inmenso chalet en una urbanización de lujo a un director de cine, y un chaval que monta una empresa de reparación de ordenadores le subvenciona el I+D a INDRA, Telefónica o Informática El Corte Inglés.
3 comentariosTrabajar para la corporacion
Para este puente, os copio un fragmento de Hija de Marte, una novela de Robert A. Heinlein. Explica las condiciones laborales de los taxistas en el Venus del futuro:
El chófer es empleado de la Corporación, como casi todo el mundo, pero es un “empleado de empresa”, es decir que no trabaja por un sueldo fijo. Para cumplir con su cupo ha de hacer cada día una determinada cantidad de viajes cuyo valor se lo lleva la Corporación. Cunado ha cumplido ese determinado número de kilómetros que tiene fijado, se parte con la Corporación los ingresos de los demás viajes del resto del día. Así que conduce como un loco para cumplir con el cupo lo antes posible y empezar a ganar dinero para sí mismo… y luego sigue conduciendo a toda prisa porque quiere aumentar sus ganancias mientras el negocio marcha.
Para situaros, en esta novela Venus es una colonia de la Corporación, que domina absolutamente todo en el planeta, y no tiene gobierno ni leyes.
¿Es esto una visión de un futuro ancap? ¿Viviríais en un planeta así?
Os advierto que me guardo un as en la manga: el miércoles pondré la frase que continúa el texto de Heinlein.
4 comentarios5 razones por las que los minipisos son injustos
1. De los destinatarios de la medida, sólo algunos podrán accederán a ella. Esos tendrán el 100% de la ayuda, el resto el 0%. Lo justo sería que todas las personas que necesitan los pisos tuvieran una ayuda igual.
2. Los que no pueden beneficiarse de los pisos, pagan además los pisos de los agraciados. Es decir: antes de la operación Trujillo, todos los estudiantes son iguales. Después, unos han sido premiados con miles de euros, y otros han perdido el dinero de sus impuestos que ha ido a parar a sus colegas afortunados. No solo no tienen piso, sino que tienen menos dinero para conseguir uno en el mercado porque se han visto obligados a subvencionar el de los afortunados.
3. Incluso las personas más desfavorecidas, que viven de pensiones mínimas, pagan impuestos como el IVA. Parte de esos impuestos va a ir a parar a estudiantes que en la inmensa mayoría de los casos no tienen ningún problema económico. Con la medida de Trujillo, los pobres subvencionan la vivienda a los ricos.
4. La condición de estudiante universitario es transitoria y voluntaria, y el que la asume lo hace porque espera, una vez finalizados sus estudios, conseguir un trabajo con mejores condiciones. Es decir, actúa en su propio interés. En otros países existe la sana costumbre de trabajar para pagar los estudios, o de contratar créditos que son devueltos cuando se accede al mercado laboral. Lo justo sería, por tanto, que los beneficiarios de los minipisos devolvieran el importe con el que toda la sociedad les ha ayudado cuando accedan al mercado laboral como universitarios.
5. La asignación de pisos a estudiantes no puede hacerse con criterios justos de ingresos por estudiante. No podemos tener en cuenta la familia de la que proceden, porque precisamente se trata de permitir el acceso a la vivienda a estudiantes que viven independientemente de su familia. Pero entonces, si miramos la declaración de la renta del estudiante, el niño de papá que nunca ha trabajado tendría preferencia sobre el hijo de un trabajador modesto que ha tenido que trabajar para ayudar a su familia a mejorar sus ingresos.
Conclusión: la medida, como tantas otras destinada presuntamente a favorecer a un colectivo con necesidades especiales, supone en la práctica una injusticia que favorece a unas personas determinadas perjudicando a otras con iguales o mayores necesidades de ayuda estatal.
1 comentarioCuando el Estado no garantiza tus derechos
Hace poco saltó a los periódicos el caso de un hombre al que, aprovechando que dejó su casa vacía por unas obras, unos jetas se la “okuparon”. Él llamó a los mozos de escuadra, que de entrada le pidieron que demostrara que el piso es suyo y después pasaron el caso a un juez, que lo está estudiando. El hecho es que lleva mes y medio sin poder entrar en su casa porque ni la policía ni el juez han actuado para desalojar a los ocupadores.
Una situación extrema, pero mucho más frecuente de lo que nos gustaría. El Estado asume el monopolio de la violencia, para garantizar la seguridad y los derechos de todos. Y nos gusta pensar que estamos protegidos, que si tenemos un problema con un delincuente podemos contar con la policía para que le detenga y con la justicia para que le castigue.
Sin embargo, con demasiada frecuencia, lo que comprobamos es que no es así. Las mujeres amenazadas no pueden contar con la protección de la policía, que en el mejor de los casos se limita a apresar al asesino después de que haya cometido su delito. Los propietarios de viviendas que sufren un asalto deben rezar para que sus agresores no sean violentos y se limiten a robarles, porque no hay ninguna esperanza de que la policía llegue a tiempo de detenerles.
Por supuesto, un ciudadano honrado no puede tomarse la justicia por su mano: es delito. Aunque la policía sea ineficaz persiguiendo a delincuentes profesionales, sí actúa con contundencia contra el ciudadano que paga sus impuestos, que tiene un domicilio fijo y que usa su carnet de identidad sin falsificar. Y es que, para el Estado, es mucho más peligroso un ciudadano armado que dispara a un ladrón que un delincuente que asesina a una víctima inocente.
Lo que sucede es que todo tiene un límite, incluso la paciencia de los ciudadanos decentes. Por ejemplo imaginad que, como le sucede al señor del que hablábamos al principio, vivís en Barcelona, donde el jefe de la policía y la tercera teniente de alcalde están a favor de despenalizar el asalto de viviendas y no actúan contra los delincuentes. Imaginad que si alguien se cuela en una vivienda de vuestra propiedad tienes que esperar cinco o diez meses, si todo va bien, hasta que consigues recuperarla. Imaginad que la policía y los jueces se aplican con todo su afán en garantizar los derechos de los asaltadores. ¿Qué puedes hacer?
Pues, como siempre, acudir al mercado y contratar a alguien que sea capaz de echar a los asaltantes. En Barcelona ya hay quien te ofrece el servicio de “reocupar” tu vivienda, poner en la calle las pertenencias de los delincuentes y dejarles claro que van a tener problemas si intentan volver a instalarse allí. Cuesta algo de dinero, pero desalojas tu casa en unas pocas semanas.
Por supuesto, los abogados lo desaconsejan, porque es delito recuperar lo que es tuyo por la fuerza y sin contar con esa policía y esos jueces que tardarán meses o años en hacerlo. Pero, con un Estado que se niega a proteger tus bienes y que defiende al delincuente, ¿qué otra alternativa te queda?
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