La familia tradicional y el socialismo
¿Es liberal defender a la familia “tradicional”?
Obviamente, es socialista atacarla. Para muestra, un botón. Desde los años sesenta, toda la progresía ha coincidido en defender que “hay modelos alternativos de familia distintos de la burguesa-patriarcal”.
Fueron a buscar tribus remotas en las que el concepto de matrimonio fuera desconocido, y cuando hizo falta se las inventaron. Animaron a los jóvenes a practicar sexo sin miedo a las consecuencias. Denigraron el papel de la mujer como ama de casa y la animaron a buscar un trabajo “digno”. Fomentaron la liberación sexual entendida como “sexo sin ataduras”. Defendieron la necesidad de “educar sin reprimir”. Apoyaron el aborto, con el pretexto de que la madre es dueña de su propio cuerpo. Promovieron el divorcio como solución a los problemas conyugales.
¿Las consecuencias? El número de madres solteras adolescentes y jóvenes no ha dejado de aumentar. Han dificultado que en el hogar haya alguien para cuidar de niños, viejos o enfermos. Muchas personas vivan solas o cambiando continuamente de pareja, en una especie de adolescencia vitalicia. Los niños se conviertan en pequeños salvajes que no conocen ninguna regla. Muchas mujeres consideran que el aborto es una opción válida cuando la criatura que llevan dentro resulta inoportuna. Crece el número de familias desestructuradas, en las que los niños no tienen una referencia paterna, o tienen dos, o son objeto de presiones por parte de progenitores inmaduros que los utilizan en sus peleas.
Sí, habrá quien defienda que nos hemos librado de la moral represiva que hacía la vida imposible a nuestros padres. Solo que yo no tengo tan claro que la vida de nuestros padres fuera imposible por culpa de su moral represiva. Creo, más bien, que como dicen los americanos hemos dejado que el bebé se fuera por el desagüe al tirar el agua del baño. Y es que, al contrario de lo que sostiene el credo socialista, el ser humano no es una tabula rasa en la que el entorno y una educación adecuada puedan modificar por completo su comportamiento.
No es casualidad que las culturas que han triunfado tengan como base la familia “tradicional”. Hay quien sostiene que hay una base biológica para la pareja monógama y estable de los humanos (diferente de la organización familiar de gorilas, bonobos y chimpancés). Es difícil de decir lo que es biológico y lo que es fruto de la selección cultural, pero en cualquier caso, lo que se ha seleccionado en el transcurso de milenios no puede cambiarse en una generación.
La familia tradicional permite a los seres humanos disfrutar de seguridad, afecto, identidad, solidaridad, cuidados… Los “nuevos modelos de familia” son mucho más ineficientes para proveer estos bienes a sus miembros. Pero precisamente eso es lo que los hace atractivos para los socialistas.
Cuando la familia cambia y ya no puede cuidar de un anciano, el Estado dice “yo cuidaré de él”. Cuando la madre soltera o trabajadora no puede cuidar a su bebé el Estado dice “yo le cuidaré en mi guardería”. La educación de los niños ya no es responsabilidad de los padres, porque tienen “derecho” a que se la de el Estado. Cuando una persona está en paro, ya no es la familia el que le garantiza techo y comida, sino el Estado. Cuando cae enfermo, le cuida el Estado. Cuando una joven soltera queda embarazada, es el Estado el que le subvenciona el cuidado de su bebé.
Por supuesto que cada uno en su vida privada puede hacer lo que le de la gana. No soy partidario de imponer mi moral a los demás en forma de leyes (del mismo modo que no me gusta que otros me impongan la suya). Pero creo que, al menos, es necesario que cada uno sepa qué está cediendo a ese viejo diablo tentador que crece con cada favor que creemos que nos hace.
19 comentariosFamilia y Liberalismo
Interesante el post de Rallo sobre la protección a la familia, el Estado y la postura coherente en un liberal.
Sin embargo, no estoy de acuerdo del todo. Comparto que en un mundo ideal, el Estado no debería opinar sobre la organización familiar de los ciudadanos. Así podríamos tener no sólo matrimonios homosexuales, sino poliandrias o poliginias, incluso comunas o cualquier otra forma de familia que dos o más adultos quisieran crear.
Daniel nos cuenta aquí, entre otras cosas, cómo Heinlein plantea varios tipos de familia en La luna es una cruel amante, adaptados a la particular sociedad lunar, con más hombres que mujeres. La familia del protagonista cuenta con varios padres y madres, que se van agregando al grupo cuando alguno de los miembros invita a alguien ajeno a “casarse” con la familia.
Pero el problema es que si volvemos a la Tierra, y a nuestra menos perfecta sociedad, yo no tengo tan claro que ahora lo mejor sea no oponerse a la extensión de los beneficios del matrimonio a otros modelos de convivencia.
Entre los derechos que supuestamente otorga el estado a las familias, hay algunos que no son tales, como por ejemplo lo relativo a las herencias. Si cada uno fuera libre de dejar todos sus bienes a quien quisiera, como sucede en otros países, no sería necesario para un homosexual estar casado para heredar de su pareja. Así que si dejamos aparte los derechos que el Estado nos ha quitado y que el Estado decide a quién devuelve, nos queda como único aspecto relevante el de las concesiones económicas.
Hay una explicación para conceder ciertas ventajas a las familias numerosas, pongamos por caso, ya que contribuyen a la prosperidad del país asumiendo los costes que supone cada uno de sus hijos. A pesar de que lo ideal sería que el Estado cobrara menos impuestos, a estas familias y a todos los contribuyentes en general, dada la situación actual creo que es bueno que se castigue menos al que más aporta.
Es más difícil justificar que dos personas, sólo por certificar su convivencia ante el Estado, puedan pagar menos impuestos sobre la Renta que si deciden simplemente convivir sin informar de ello a la autoridad. Y es que en este tipo de medidas es en las que la arbitrariedad se impone a la razón.
Yo estoy pensando seriamente divorciarme en cuanto pueda aplicarse la ley que permite el divorcio en tres meses. Bueno, en realidad más bien planeo divorciarme en Junio. Para volver a casarme en Junio del año siguiente.
De este modo, además de quince días de vacaciones extra cada dos años, se consigue una reducción importante en el IRPF, haciendo una declaración conjunta para los seis meses que estamos casados y una individual para los seis meses en los que estamos solteros. Tengo que hacer las cuentas de lo que cuesta el divorcio, pero si es cierto lo que prometen y el trámite es rápido y sencillo probablemente salga a cuenta.
Este es el resultado de la intromisión del Estado en las vidas de sus ciudadanos: al final éstos acaban por encontrar la manera de defenderse, aunque sea por vías extrañas.
Para resumir: aunque en el fondo estoy de acuerdo con Rallo en que en una sociedad ideal el Estado no tendría por qué ocuparse de la organización familiar, sí creo que en nuestra sociedad real es el mal menor proteger a los que producen nuevos miembros (que son en su inmensa mayoría familias tradicionales), aunque no deba extenderse esta protección a los que simplemente deciden que se quieren y que esperan que el Estado bendiga su unión.
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