Diarios de las Estrellas

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Impuestos

No os perdáis esta viñeta de Urf:

Urf Tax

Urf Tax

Traduzco:

Pagar impuestos no es obligatorio para los habitantes de Urf. La oficina de impuestos simplemente te los quita cuando no estás atento. Agentes de impuestos enmascarados, entrenados en el arte del camuflajey expertos en permanecer en tu punto ciego durante horas si es preciso, recaudan los impuestos directamente de urflings desprevenidos, y se llevan prácticamente cualquier cosa de valor. Pero dejan una adorable tarjeta de agradecimiento.

“Gracias por su generosa contribución”.

“¡Dios mío! ¡Han recaudado la urna de la abuelita!”

¿Nos queda mucho para llegar a esto? ¿Sería un sistema peor que el actual?

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Carne o pescado

Supongamos que quedas a cenar con tres amigos. Cuando os sentáis, Jose Luis coge la carta, mientras Marta y Javier charlan alegremente de lo divino y de lo humano. “¿Pedimos algo de picar y luego un segundo cada uno?” dices, siempre original. Todos de acuerdo. Javier sugiere unos huevos rotos con patatas y jamón, y tú propones los chopitos. Se te va haciendo la boca agua pensando en el chuletón con patatas que pedirás de segundo. Javier se inclina por el cochinillo y Marta, que es de menos comer, se conforma con unas chuletitas de cordero.

Cuando llega el camarero, Jose Luis le pide una ensalada de espinacas para compartir, y merluza con guarnición de verduras de segundo. Para todos. Marta y Javier, que siguen charlando, no se han enterado muy bien, pero tú intentas pedir tu chuletón, los chopitos y los huevos.

“¿Estás loco?”, dice Jose Luis. “Los huevos tienen colesterol, y los chopitos están fritos con grasas que se fijarán a tus arterias para siempre. Y no me hagas hablar del chuletón con patatas, o del cochinillo y el cordero. El pescado y la verdura son mucho mejores para vosotros.”

Así que al final se cena pescado y verdura, y para colmo cuando llega la cuenta, que por causa de la merluza es más elevada de lo habitual, Jose Luis os pide que le paguéis la cena entre los tres, porque él no tiene dinero.

¿Resulta inverosímil que alguien se comporte así?

Pues no es muy diferente lo que hace el Estado. No solo nos dice lo que podemos y no podemos hacer, porque él sabe lo que es mejor para nosotros, sino que además nos quita nuestro dinero para pagar la cuenta.

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Mileuristas estafados

El principal motivo por el que el Estado nos quita nuestro dinero en forma de impuestos es poder devolvernos después una parte de él en forma de dádiva. El político se asegura así el agradecimiento del súbdito desinformado.

La realidad es muy otra. Podemos hacer, como ejemplo, el cálculo del dinero que ingresaría un mileurista si no pagara impuestos:

Los impuestos

En la actualidad, el sueldo bruto de un mileurista es de 17.000 euros. De ahí paga 1.088 euros a la Seguridad Social y 2.044 a Hacienda. Así le quedan 990 euros netos para vivir al mes.

En realidad, el mileurista no es consciente de que su empresa paga a la seguridad social otros 5.440 euros. Si la empresa, en lugar de dar el dinero a la SS se lo diera a él, nuestro mileurista ganaría 22.440 euros. Y si no pagara impuestos, esto significaría que cada mes se embolsaría 1.602 euros. ¿Algo más que esos 990, no?

Pero aún hay más. El mileurista no ha terminado de pagar cuando recibe sus 990 euros. Aún tiene que pagar el IVA y otros impuestos. Dependiendo de a qué dedique ese dinero pagará más o menos: si fuma, bebe y tiene coche será mucho más, si solo compra alimentos mucho menos. Supongamos que una buena aproximación es que paga un 15% de impuestos. Esto quiere decir que en realidad tiene 842 euros disponibles cada mes. Es decir, poco más de la mitad de lo que ingresaría si no pagara impuestos. Repetimos: nuestro pobre mileurista, perceptor de un sueldo que muchos consideran ínfimo, entrega al Estado casi la mitad de sus ingresos.

Al menos el Estado, siempre atento a sus necesidades y dispuesto a proteger a los débiles, le da a cambio de ese dinero protección contra el desempleo, asistencia sanitaria, una pensión de jubilación, seguridad, justicia, infraestructuras… Realmente es una suerte que los ricos y las empresas paguen más impuestos, para que él, aun con su mísero sueldo, pueda disfrutar de tantas ayudas. ¿O no es así?

Seguros privados

Vamos por partes. Supongamos que nuestro mileurista es una mileurista, ya que las mujeres pagan algo más caros los seguros sanitarios. ¿Qué podría conseguir por sí misma con esos 1.602 euros?

Sanidad: en Adeslas podría contratar, por 60 euros al mes, una póliza que le cubra todos sus gastos médicos. Si fuera hipocondríaca, podría contratar seguros más caros. Y si, dado que es joven y con salud, quisiera un seguro con una franquicia de 200 euros/año, pagaría menos de 25 euros.

Seguro de desempleo. En España no existe, ya que el Estado impide que surja una oferta privada, pero en Inglaterra puedes contratar, por 40 euros al mes, un seguro que te cubra el 60% de tus ingresos durante un año. Es decir, nuestra mileurista, pagando 40 euros al mes, recibiría 1.122 euros durante un año. Para comparar, su prestación por desempleo actual sería de 800 euros durante seis meses.

Jubilación. Una mileurista de 25 años, si invierte 150 euros al mes durante 40 años y obtiene un 7% anual por ellos, se encontraría a los 65 años con 393.700 euros. Si a partir de ese momento retirara cada año un 7%, tendría una renta mensual de 2.296 euros. Una cifra claramente superior a los 750 euros de media de las pensiones actuales. Y tendría además un capitalito que dejar a sus herederos.

Descontando estos costes, nuestra amiga tendría cada mes 1.352 euros, frente a los 842 que le deja ahora el Estado. 500 euros más al mes.

Otros servicios

El Estado da otros servicios, dirán algunos. Seguridad, justicia, infraestructuras, solidaridad… La pregunta, algo más difícil de responder que en el caso de los seguros, es cuánto costarían estos servicios si pudiéramos contratarlos a empresas privadas.

La seguridad, incluyendo alarmas y vigilancia presencial y en vehículos, no supondría más de 50 euros al mes, basándonos en lo que sucede en las urbanizaciones privadas que cuentan con este tipo de servicios de seguridad.

Las infraestructuras, en su mayor parte, serían sufragadas por empresas o grupos de empresas que o bien obtendrían beneficios de su explotación, o bien tendrían interés en pagarlas porque su uso les resultaría rentable. Pensad, por ejemplo, que las infraestructuras de telecomunicaciones no las despliega el Estado, sino las operadoras, que cobran por ellas a sus usuarios.

¿La justicia? Legalitas cobra menos de 8 euros al mes por tener asesoría jurídica (un servicio que ahora no presta el Estado) y los jueces podrían ser profesionales independientes (como los médicos o los arquitectos), elegidos (y pagados) por las partes para resolver un conflicto puntual. Sería sin duda más eficaz que la lentísima justicia actual, y sólo la pagarían los que hicieran uso de ella.

¿La defensa de nuestros derechos como consumidores frente a las empresas? A la hora de la verdad, poco garantiza el Estado. Una Asociación de Usuarios y Consumidores tiene un coste anual de entre 25 y 50 euros, y es mucho más eficaz identificando, denunciando y evitando malas prácticas que el Estado.

¿La solidaridad? Nuestra mileurista puede pagar la cantidad que desee a cualquier ONG que atienda a las personas necesitadas que ella considera más merecedoras de su ayuda.

¿Cultura? No faltarían particulares o empresas dispuestas a sufragar los gastos de un museo. sobre todo si ellos tampoco tienen que pagar impuestos. Ahora ya hay numerosas instituciones privadas que mantienen bibliotecas. Tal vez nuestros artistas tuvieran alguna dificultad para seguir haciendo cine español, pero no creo que esto fuera malo en ningún sentido.

Conclusión

Podemos hacer otros cálculos con otro tipo de perfiles (el matrimonio con hijos que tendría que pagar la educación privada, por ejemplo). Prácticamente siempre que el ciudadano en cuestión tenga un trabajo y no dependa en exclusiva del Estado resultaría beneficiado por la desaparición de los impuestos.

De todas maneras, no pretendo ser radical. Admito que puede haber funciones que obliguen a la existencia de un Estado (diplomacia, defensa), y que éste requiera cobrar algún impuesto para su sostenimiento. Pero allí donde el Estado se dedica a procurar nuestro bienestar, siempre acabamos pagando una factura más cara para obtener peores servicios.

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La Corporacion y el Estado

El otro día citaba aquí un fragmento de Hija de Marte, la novela de Heinlein. Continúa así:

Tío Tom dice que la mayor parte de las gentes de la Tierra trabajan según un acuerdo muy semejante, solo que allí se hace por años y le llaman impuestos.

Eso de trabajar para la Corporación hasta cubrir un cupo, y después seguir trabajando para ganar un dinero que se parte con la Corporación es lo que hacemos en países como España. Más notoriamente los autónomos, que tienen que pagar una cuota fija al mes, ganen o no ese dinero, y después pagar además por los beneficios obtenidos.

En el post de la semana pasada, en el que comparaba el hurto con los impuestos, hubo quien comentó que la alternativa de “impuesto voluntarios” era inviable. Yo creo que no lo es tanto.

De hecho, sí hay algo parecido a unos “impuestos voluntarios”: la parte destinada al sostenimiento de la Iglesia Católica o a “otros fines de interés social”. ¿Qué impediría una declaración del IRPF en la que hubiera casillas para “Educación pública”, “Defensa”, “Infraestructuras”, “Cultura”, etc.?

Así, yo podría decidir, por ejemplo, que mis impuesto se dedicasen a gastos militares, cosa que me parece mucho más interesante que subvencionar cualquier actividad cultural. Supongo que otros pensarían lo contrario, y tendríamos al menos la posibilidad de controlar, aunque sea con trazo grueso, el destino de nuestros impuestos.

Cualquier cosa menos el sistema que hay ahora, por el cual un taxista se desloma para pagarle su inmenso chalet en una urbanización de lujo a un director de cine, y un chaval que monta una empresa de reparación de ordenadores le subvenciona el I+D a INDRA, Telefónica o Informática El Corte Inglés.

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Trabajar para la corporacion

Para este puente, os copio un fragmento de Hija de Marte, una novela de Robert A. Heinlein. Explica las condiciones laborales de los taxistas en el Venus del futuro:

El chófer es empleado de la Corporación, como casi todo el mundo, pero es un “empleado de empresa”, es decir que no trabaja por un sueldo fijo. Para cumplir con su cupo ha de hacer cada día una determinada cantidad de viajes cuyo valor se lo lleva la Corporación. Cunado ha cumplido ese determinado número de kilómetros que tiene fijado, se parte con la Corporación los ingresos de los demás viajes del resto del día. Así que conduce como un loco para cumplir con el cupo lo antes posible y empezar a ganar dinero para sí mismo… y luego sigue conduciendo a toda prisa porque quiere aumentar sus ganancias mientras el negocio marcha.

Para situaros, en esta novela Venus es una colonia de la Corporación, que domina absolutamente todo en el planeta, y no tiene gobierno ni leyes.

¿Es esto una visión de un futuro ancap? ¿Viviríais en un planeta así?

Os advierto que me guardo un as en la manga: el miércoles pondré la frase que continúa el texto de Heinlein.

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Obiang y los 50000 euros

Se ha destacado mucho el gesto de Obiang de sacar 50.000 euros y repartirlos entre sus seguidores que habían acudido a aplaudirle. El Mundo hoy en su edición de papel hablaba de “colofón esperpéntico a la visita”, en la línea de Esther Esteban.

Yo, la verdad, no sé a qué viene tanto escándalo. No soy capaz de ver la diferencia con lo que hacen nuestras administraciones central, autonómica y local cada día.Una búsqueda en el BOE por el término subvenciones da un resultado de nada menos que 15.908 entradas. No se corresponde exactamente con 15.000 convocatorias de subvención, pero da una idea de lo importante que es para todas las administraciones la tarea de repartir dinero.

Alguno pensará “hombre, es que Obiang mantiene a su pueblo en la miseria, es el dueño de todas las empresas y luego reparte dinero como si fuera suyo”. Pues un tanto a favor de Obiang. Al menos no les quita el dinero a los ecuatorianos. A mí el estado me quita el dinero que he ganado trabajando, para repartirlo según su capricho.

Y no hay ninguna diferencia entre repartir el dinero entre los asistentes a un acto de exaltación del dictador o asignarlo a entes de promoción deportiva. ¿Que el deporte es bueno? Pues que se lo pague el que lo crea así. Si el Estado no nos confiscara una parte del sueldo, el aficionado al fútbol tendría dinero para pagar la equipación de su club y el mantenimiento de sus instalaciones, y el ciclista podría tener una bicicleta mejor. Con el sistema actual, si el club de fútbol del primero es más ágil al presentar la solicitud que la agrupación ciclista del segundo, los ciclistas pagan las equipaciones a los futbolistas. Simplemente, porque le ha dado la gana a un burócrata. Igual que le da la gana a Obiang de premiar a sus admiradores.

Y todo esto, suponiendo que la administración actúe imparcialmente. Pero los miles de funcionarios y políticos que deciden a quién regalan los centenares de millones de euros que reparten cada año no son todos ellos entes seráficos que actúan siempre con justicia y equidad. Es inevitable que las preferencias personales, los criterios ideológicos o el simple amiguismo determinen el destino de la mayor parte de ese dinero.

Pero claro, es más fácil criticar a Obiang que a los repartidores de dinero locales…

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No al boicot

No estoy de acuerdo con boicotear los productos de una empresa sólo porque sea catalana. Ahora bien, creo que es responsabilidad de cada consumidor decidir cómo gasta su dinero.

Si compramos una botella de cava de 10 euros, en realidad estamos comprando dos cosas: cava por valor de 8,4 euros y servicios del Estado por valor de 1,6. Con ese euro y pico, el Estado hace carreteras, mantiene una red sanitaria pública, paga la pensión a los jubilados…

Si sale adelante el estatuto, el Estado le dará ese euro y pico a la Generalidad para que se lo gaste en lo que mejor le parezca, pero en las cuatro provincias catalanas.

De modo que si yo quiero que mi euro y pico se destine a carreteras por las que viajo, a hospitales que utilizo o a la pensión de mi madre, tengo que comprar el cava a una empresa que pague su IVA fuera de Cataluña.

Así que, aunque mi intención no es boicotear a nadie, como no me gusta que un 16% de lo que consumo vaya a parar a manos de Maragall y sus secuaces, y lo disfruten (o lo sufran) sólo los catalanes, prefiero consumir productos de empresas que no paguen su IVA en Cataluña. Ya sean madrileñas, extremeñas, americanas o catalanas.

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Yo no soy tonto

Cada vez que veía en el Metro uno de los anuncios de la campaña del MTAS para que los autónomos paguen más, sabía que me recordaba a algo. Ahora al ver este post de Daniel he caído: la estética es la misma que la campaña de Media Markt de “yo no soy tonto”. Fondo rojo, letras llamativas y la foto de un individuo en el que se puede reconocer el público al que va destinada la campaña.

Pero resulta que se han equivocado los publicistas de Caldera. Como bien dice Daniel, los autónomos no son tontos. Y nadie va a pagar más para tener la posibilidad de que en un futuro le den algo. El que sea previsor, ya tendrá un buen seguro. Y el que no, se lo gastará en cañas o en lo que quiera, sabiendo que en el futuro el Estado le atenderá igual que a los demás (poco, pero suficiente).

Lo que si me gustaría es saber cuánto ha costado la campaña, y cuál es el retorno. Apuesto a que los incrementos de ingresos que se produzcan ni siquiera cubren los gastos de la misma.

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Familia y Liberalismo

Interesante el post de Rallo sobre la protección a la familia, el Estado y la postura coherente en un liberal.

Sin embargo, no estoy de acuerdo del todo. Comparto que en un mundo ideal, el Estado no debería opinar sobre la organización familiar de los ciudadanos. Así podríamos tener no sólo matrimonios homosexuales, sino poliandrias o poliginias, incluso comunas o cualquier otra forma de familia que dos o más adultos quisieran crear.

Daniel nos cuenta aquí, entre otras cosas, cómo Heinlein plantea varios tipos de familia en La luna es una cruel amante, adaptados a la particular sociedad lunar, con más hombres que mujeres. La familia del protagonista cuenta con varios padres y madres, que se van agregando al grupo cuando alguno de los miembros invita a alguien ajeno a “casarse” con la familia.

Pero el problema es que si volvemos a la Tierra, y a nuestra menos perfecta sociedad, yo no tengo tan claro que ahora lo mejor sea no oponerse a la extensión de los beneficios del matrimonio a otros modelos de convivencia.

Entre los derechos que supuestamente otorga el estado a las familias, hay algunos que no son tales, como por ejemplo lo relativo a las herencias. Si cada uno fuera libre de dejar todos sus bienes a quien quisiera, como sucede en otros países, no sería necesario para un homosexual estar casado para heredar de su pareja. Así que si dejamos aparte los derechos que el Estado nos ha quitado y que el Estado decide a quién devuelve, nos queda como único aspecto relevante el de las concesiones económicas.

Hay una explicación para conceder ciertas ventajas a las familias numerosas, pongamos por caso, ya que contribuyen a la prosperidad del país asumiendo los costes que supone cada uno de sus hijos. A pesar de que lo ideal sería que el Estado cobrara menos impuestos, a estas familias y a todos los contribuyentes en general, dada la situación actual creo que es bueno que se castigue menos al que más aporta.

Es más difícil justificar que dos personas, sólo por certificar su convivencia ante el Estado, puedan pagar menos impuestos sobre la Renta que si deciden simplemente convivir sin informar de ello a la autoridad. Y es que en este tipo de medidas es en las que la arbitrariedad se impone a la razón.

Yo estoy pensando seriamente divorciarme en cuanto pueda aplicarse la ley que permite el divorcio en tres meses. Bueno, en realidad más bien planeo divorciarme en Junio. Para volver a casarme en Junio del año siguiente.

De este modo, además de quince días de vacaciones extra cada dos años, se consigue una reducción importante en el IRPF, haciendo una declaración conjunta para los seis meses que estamos casados y una individual para los seis meses en los que estamos solteros. Tengo que hacer las cuentas de lo que cuesta el divorcio, pero si es cierto lo que prometen y el trámite es rápido y sencillo probablemente salga a cuenta.

Este es el resultado de la intromisión del Estado en las vidas de sus ciudadanos: al final éstos acaban por encontrar la manera de defenderse, aunque sea por vías extrañas.

Para resumir: aunque en el fondo estoy de acuerdo con Rallo en que en una sociedad ideal el Estado no tendría por qué ocuparse de la organización familiar, sí creo que en nuestra sociedad real es el mal menor proteger a los que producen nuevos miembros (que son en su inmensa mayoría familias tradicionales), aunque no deba extenderse esta protección a los que simplemente deciden que se quieren y que esperan que el Estado bendiga su unión.

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