Diarios de las Estrellas

Política, ciencia, tecnología, la vida, el universo y todo lo demás.

El fallo del Supremo es correcto

La verdad, no se de qué se quejan los que se oponen a la Educación para la Ciudadanía.No es extraño que un tribunal considere que no se puede objetar a una asignatura. Está claro que hay una norma, que ha sido aprobada siguiendo un procedimiento correcto, y mientras esa norma esté vigente hay que cumplirla o asumir las consecuencias del incumplimiento.

Yo viví la época de la objeción de conciencia al servicio militar, y siempre me pareció absurda la situación que se creó cuando el Estado admitió la objeción como una alternativa válida. Conocí a gente que llegó a pasar por la cárcel por ser objetor. Es lo correcto: hay una ley, tú decides que en conciencia no la puedes cumplir, y luchas por cambiarla o sufres las consecuencias de no cumplirla.

Lo que era absurdo es tener a mocetones hechos y derechos dedicados a cuidar ancianitos o vegetar durante unos meses en una oenegé cualquiera. Más absurdo teniendo en cuenta que sus coetáneas no tenía la obligación de cuidar ancianitos, porque no tenían la obligación de hacer la mili y el Servicio Social falangista había prescrito muchos años antes.

Quiero decir: si objetas, suspendes. Y punto. Con un par. Si realmente te importa que tu hijo no curse la asignatura, te enfrentas a ella, pero con todas la consecuencias. Y si no, pues a agachar la cabeza y a cumplir, o a esperar que venga otro gobierno que derogue la ley (¡Ja!).

En realidad, yo creo que deberíamos ser libres no solo para elegir si nuestros hijos estudian EpC, sino si estudian matemáticas. ¿Acaso hay alguna diferencia entre el católico que no quiere que a su hijo le enseñen que el aborto es correcto y el ludita que no quiere que le enseñen nada relacionado con la física o la tecnología?

Cuando cedimos al Estado la autoridad para decidir los planes de estudio de nuestros hijos, admitimos la posibilidad de que aprovechara ese poder para adoctrinarlos. No debería extrañarnos que lo hiciera. ¿No lo hacen los partidos nacionalistas con la historia y la lengua?

Y que nadie espere que otro partido cambie la situación con respecto a la EpC: cambiará tal vez los contenidos, pero no cederá una posibilidad de adoctrinar.

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Libertad para Gorki Águila

La última víctima de la dictadura castrista es un cantante de punk-rock, Gorki Águila, líder del grupo Porno para Ricardo. Su delito es, al parecer, “peligrosidad predelictiva”. En realidad, lo que ha provocado su detención son las letras de sus canciones, que no muestran el debido respeto por la revolución y el tiranosaurio Castro.

Unos apuntes:

- En este blog siguen puntualmente el caso y se les ha ocurrido enviar una carta a algunos músiscos cubanos famosos. Entre ellos, Pablo Milanés, que actúa mañana en un concierto en la “Tribuna Antiimperialista”. ¿Aprovechará Pablo Milanés el concierto para defender públicamente la libertad de Gorki? A él no se atreverían a meterle en la cárcel.

- Hace años, yo creía que Milanés y Silvio eran sinceros en sus letras cuando hablaban de libertad, de compromiso y de revolución. Ahora se que lo suyo es solo hacer negocio con los ingenuos progres de las democracias occidentales y la habilidad para prosperar en una dictadura. De hecho, Milanés y Silvio le deben tanto a la dictadura como la dictadura a ellos. Simbiosis.

- ¿Alguno de los artistas abajofirmantes patrios defenderá a Gorki? ¿Esos que defendían la alegría y denunciaban el fascismo de Aznar, denunciarán al castrismo por encarcelar a un músico por el único delito de cantar inconveniencias?

- ¿Lo harán los artistas estadounidenses como Bruce Springsteen que denunciaron la deriva hacia el fascismo de Bush y su implantación de un “estado policial” y amenazaron con emigrar si volvía a ganar? ¿Alguien recuerda que alguno de ellos fuera detenido por las letras de sus canciones?

- Han firmado la carta pidiendo la liberación de Gorki Loquillo y Sabino Méndez (ex-guitarrista de Los Trogloditas y autor de sus mejores canciones). ¿Es casual que sean solidarios dos roqueros de esa generación a los que en los 80 se consideraba frívola e incapaz de comprometerse y no los cantautores que pontificaron contra el franquismo cuando ya daba sus últimas boqueadas?

- En menéame la noticia no prospera. Parece que la detención de un músico no interesa a los comentaristas habituales. ¿Os imagináis qué pasaría si Bush detuviera a un cantante americano, o Israel a un israelí?

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La libertad de expresión incluye mentir e insultar

Argumentan los defensores de las sentencias contra Federico Jiménez Losantos que la libertad de expresión no debe usarse para mentir o insultar. No es lo mismo una cosa que otra, pero si queremos tener libertad de expresión debemos admitir ambas.

La libertad de expresión debe amparar la mentira

Verdad o mentira no son absolutos. Lo que hoy es algo comúnmente aceptado mañana puede ser unánimemente rechazado. ¿Qué pasaría si dentro de cinco o diez años se prueba que el calentamiento global no se está produciendo, o no se debe al CO2? ¿Deberían todos los medios que lo defienden hoy ser multados? ¿Debe ser multado hoy un medio que hace veinte años publicara un artículo defendiendo la necesidad de pactar con la URSS porque el comunismo era imposible de derrotar?

Habrá quien sostenga que los medios que publican según la creencia general no mienten, aunque se equivoquen. Pero eso supone que solo es sospechoso el que discrepa. Si seguir la corriente de pensamiento dominante sale gratis, ¿quién se va a atrever a la heterodoxia?

¿Y el que miente impúdicamente, consciente de hacerlo, por su propio interés? ¿el que niega el Holocausto, por ejemplo? Pues debe permitírsele hacerlo. Otra cuestión será el crédito moral que merezca tal persona. Y será tarea de los honestos explicar la verdad, para evitar que la propaganda tenga éxito.

Ese es el juego de la libertad de expresión.

La libertad de expresión debe amparar los insultos

El concepto de insulto también es resbaladizo. ¿Es “bobo solemne” un insulto? ¿Lo es “tahúr del Mississippi”? ¿Podemos decir que tal político es lerdo pero no decir que es tonto del culo? ¿Se puede decir que un periodista es lenguaraz pero no se le puede llamar hijoputa? ¿Es lícito decir que esa actriz es fea pero no lo es decir que es una zorra?

Salvo que la RAE, o el CGPJ elaboren una lista de epítetos admisibles, lo lógico es admitir cualquier cosa. Los más duchos en el arte del insulto serán capaces de irritar a sus contrarios, y los más torpes se tendrán que conformar con las palabras gruesas que por genéricas no hacen tanto daño.

La peor manera de herir a una persona con la palabra no es insultándola, sino acusándola de delitos o actos moralmente reprobables. Para estos casos debería quedar reservado el “derecho al honor”, no para impedir que alguien llame a otro lameculos o mamporrero.

Porque es imposible para un juez decidir objetivamente sobre algo tan subjetivo como la capacidad lesiva para el honor de epítetos como “carcalejos”, “facha” o “talibán de sacristía”, de modo que en esa tesitura otra vez acaba perdiendo el más débil, el que va contra corriente, el que más necesita la protección de la libertad de expresión.

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Libertad Económica y Social

En Cine y Política recopila Santiago frases lúcidas, entre ellas esta con la que no estoy de acuerdo:

No se puede abrir la economía y no abrir la sociedad

Matizo: a largo plazo, la apertura económica termina por imponer la apertura social. Pero a corto no tiene por qué ser así. Tres ejemplos:

- España en los años 60. La prosperidad que crearon los tecnócratas sin duda tuvo mucho que ver con las ansias de democracia de los años 70, pero tuvo que pasar una década (y el cadáver de un dictador) para que la libertad social alcanzara a la económica.

- El Chile de Pinochet. Los Chicago Boys enderezaron una economía destrozada por el socialismo de Allende, pero lo hicieron en medio de una dictadura que no escondía su crueldad. Quince años pasaron desde que se inició el camino de la libertad económica hasta que se alcanzó la libertad social.

- La China de hoy. Hablaba hace unos meses con un chino que me decía que su vía para alcanzar el capitalismo era mucho mejor que la rusa. China ha liberado la economía, pero sigue siendo una dictadura paternalista, parecida a la franquista hasta en la mojigatería respeto a lo sexual. Alcanzar la libertad social en China llevará más tiempo, porque costará mucho más que se desarrolle una clase media suficientemente numerosa, pero antes o después será inevitable. De momento, los chinos en general siguen como los españoles de los 60, encantados de no morirse de hambre, de tener televisión en casa y de que no haya follones (algún tibetano va a la carcél de vez en cuando, como iban los de Comisiones, pero en general la gente vive sin problemas políticos).

De modo que si la historia nos enseña algo, es precisamente que debe abrirse la economía primero para que un país pueda alcanzar la apertura social sin grandes convulsiones.

Por el contrario Rusia, que pasó de la noche a la mañana de la atroz dictadura comunista a una democracia formal pero sin llegar a implantar un sistema de garantías para la actividad económica, cayó de inmediato en el capitalismo salvaje. El de verdad, ese que consiste en ganar dinero no compitiendo en el mercado, sino mediante métodos mafiosos, corrupción y favores del gobierno.

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Orgullo

Hace muchos, muchos años, cuando yo era un niño, era normal avergonzarse de ser español. Sabíamos que éramos más pobres que los europeos, que muchos tenían que emigrar para sobrevivir. Sabíamos que no teníamos libertad ni democracia como en Europa (muchos pensaban que éramos incapaces de vivir en democracia sin matarnos los unos a los otros). Sabíamos que pocos españoles eran ejemplo de nada a nivel mundial, y los que lo eran habían muerto hacía muchos años. Si un deportista destacaba, lo hacía como héroe solitario, contra todas las probabilidades. No era un modelo para nosotros, los niños de entonces, sino un ser extraño dotado de superpoderes, inimitable.

El españolismo era cutre, feo y ridículo. Pretendía que estuviéramos orgullosos del sol, la paella y los toros. Y se promovían eslóganes que sólo los más zafios podían asumir. Nadie se creía que los españolitos bajos, feos y sentimentales ligaran con las suecas en Benidorm. Así que nos limitábamos a envidiar a esos seres altos y rubios que venían a nuestras playas en verano. Los más pudientes o los más osados cruzaban la frontera para ver películas guarras (los más), comprar libros prohibidos (los menos) y comprobar de primera mano qué era eso de la libertad.

Pero, aunque entonces no lo supiéramos, esa España de los 60 y 70 era un país del que podíamos estar orgullosos. Una España que consiguió, en poco más de una década, pasar de África a Europa. Pasar de ser un país de campesinos analfabetos a ser un país industrializado y de servicios. A eso se dedicaron los españolitos bajitos y acomplejados de entonces: a mejorar nuestro nivel de vida de golpe y para mucho tiempo.

Después hubo otro motivo de orgullo, y nosotros apenas empezamos a ser conscientes de ello: conseguimos salir de una dictadura con muy poca sangre, y en ese proceso superamos un enfrentamiento de décadas.

Los gobiernos siguientes, los de González y los de Aznar, consiguieron el milagro de hacernos europeos no solo geográficamente, sino también políticamente. A trancas y barrancas, con luces y sombras, consiguieron que fuera normal para los que ya nos incorporábamos a la vida laboral participar en reuniones con franceses, alemanes o italianos. Las nórdicas ya no venían a España solo a tostarse: venían a hacer negocios con nosotros, y nosotros íbamos con ellas a Bruselas a aburrirnos en comités europeos de estandarización del etiquetado de las conservas de pescado.

Nos creímos que podíamos hacer las cosas tan bien como los extranjeros, y lo hicimos. La Moda de España, la cocina de España, hasta los deportistas de España: empezamos a ganar medallas olímpicas, y por fin un deportista español podía ser campeón del mundo a base de técnica y trabajo, y no de heroísmo.

González nos metió en la OTAN, y nuestro ejército dejó de dedicarse a vigilarnos y preparar golpes de estado. Puso a nuestros soldados a las órdenes de generales americanos, británicos o franceses y se fueron a pegar tiros, en maniobras o contra enemigos reales. Aznar dio un paso más, y colocó a España como aliado preferente de los Estados Unidos y como modelo de eficacia económica ante nuestros colegas europeos. Algo inimaginable cuando éramos niños.

Claro que había problemas. No fue agradable vivir en una dictadura. Hubo crímenes de estado, hubo muchos errores en la construcción de la democracia. Pero íbamos mejorando, y podíamos creer que los problemas se irían resolviendo, que seguiríamos construyendo un país cada día mejor.

Y toda esa historia de 40 años nos permitió por fin estar orgullosos de ser españoles. Por fin mirábamos por encima del hombro a franceses y alemanes, pobrecitos con sus problemas económicos y su anquilosamiento de países caducos.

Pero destruir un país es fácil. Lo hicieron los argentinos, que llevan décadas empeñados en hundir un país que en los años era próspero y moderno, la meca a la que emigraban los italianos y los españoles. Lo hicieron los alemanes en los años treinta.

Y lo estamos haciendo ahora con España. Zapatero, pero no solo Zapatero. Su gobierno de mediocres, incapaces y sectarios, pero no solo ellos. También los nacionalistas que juegan peligrosamente colocando un cuchillo en el cuello de su gallina de los huevos de oro. Los jueces que han aceptado someterse al poder político. Los políticos del PP cuyo primer criterio es la rentabilidad electoral. Los empresarios que aceptan que gana más el que más cerca está del poder. Los periodistas que juran obediencia ciega a las consignas de su grupo mediático y se olvidan de la verdad. Los militares que prefieren defender sus cargos a defender el honor de los que han muerto en acciones de guerra.

Y la estamos destruyendo todos nosotros que aceptamos que los políticos roben, que la justicia no sea igual para todos, que el dinero de nuestros impuestos se lo lleven los que más gritan o los más listos y no los que más lo necesitan. La estamos destruyendo los que aceptamos que haya regiones eternamente subvencionadas donde la gente trabaja “en el paro”. Los que miramos para otro lado cuando sabemos que hay compatriotas que viven amenazados de muerte por sus ideas, y callamos cuando los gobiernos que deberían protegerles les acusan de crispar. Los que aceptamos que se intente censurar al que hace o dice algo que nos parece moral o políticamente improcedente.

La sentencia del 11-M es sólo una muestra más de esa mentalidad acomodaticia, cobarde e interesada. Dicen los jueces: aparentemos que todo está bien, aunque tengamos que decir una cosa y la contraria, demos una mano de cal para que todo reluzca aunque por dentro esté podrido. Dicen los políticos: veamos cómo podemos aprovechar esto para ganar votos o al menos no perderlos. Y no hay diferencia entre partidos: es indigno nuestro gobierno y es indigna nuestra oposición.

No es probable que yo vaya a vivir a Australia o a Estados Unidos. Soy ya demasiado viejo. Pero salvo que seamos, como nuestros padres, capaces de cambiar la tendencia y hacer algo de lo que nos podamos sentir orgullosos, temo que llegará el día en que tendré que ver como mis hijos emigran a un país en el que libertad o justicia no sean conceptos discutidos y discutibles, meros señuelos del poder para mantener domesticados a sus súbditos.

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Peticion de ayuda del Foro de Ermua

Copio un mensaje del Foro de Ermua:

Estimados amigos;

Desde el Foro Ermua nos tomamos la confianza de dirigirnos, una vez más, a todos los que os interesáis y apoyáis nuestra actividad y nuestra lucha por la libertad, para transmitiros que, desde hace meses, pasamos por una situación económica de endeudamiento por la reducción significativa de las subvenciones y por el número y características de las actividades que estamos realizando.

El Gobierno Vasco nos ha concedido 2.000€ en la convocatoria que financiaba generosamente a todo tipo de organizaciones.

www.euskadi.net Boletín Oficial N.2007166-29/08/07

El Ministerio del Interior ha concedido al Foro Ermua 2.500€ en la convocatoria para subvenciones de asociaciones:

www.boe.es/boe/dias/2007/10/31/pdfs/A44580-44582.pdf

Os recordamos que tenemos pendiente las multas por concentraciones supuestamente ilegales por valor de 12.000€.

Adjuntamos los datos de una cuenta corriente en la que podéis realizar – de forma anónima o no – una aportación, para poder continuar con normalidad nuestra actividad.

Con nuestro agradecimiento, recibid un fuerte abrazo,

Junta Directiva

Foro Ermua

Titular: Foro Ermua (Banco Popular, en Madrid)

Entidad: 0075
Sucursal: 0353
D.C.: 48
Nº Cuenta: 0600389228

Actuad en conciencia: ¿podéis prescindir de una caña, de una cena o de un capricho y dedicar ese dinero a los que se juegan la vida por la libertad de todos nosotros?

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Alternativas

1. Australia. La inmigración es fácil para personas con cualificación, los australianos son mucho más libres que nosotros, las casas son baratas y el país crece y crece. Los problemas son la distancia y el acento, que es endiablado.

2. Estados Unidos. Algo más restrictivos en la inmigración, pero también factible. El respeto a la individualidad es ley, y existen oportunidades reales de prosperar.

3. Irlanda. Está cerquita, los irlandeses son más cercanos que los británicos, es uno de los países con más libertad económica (y por tanto más próspero).

¿Otras sugerencias?

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Dia de la patria

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.

Salíme al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos,
mi báculo más corvo y menos fuerte.

Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

Patriotismo inverso, patriotismo por necesidad. La patria decadente, menguante, pero último refugio frente a los totalitarios. La bandera rojigualda, tantos años desprecida y vergonzante, como arma. Aciertan Blanco y De la Vega: quiero utilizar la bandera contra otros.

Quiero utilizar la bandera de mi patria contra los que usan otras banderas para arrebatarnos nuestra libertad. Quiero usar la bandera, y la patria, contra los que llevan cien años usando banderas rojas para vivir de aquellos a los que dicen defender. Usar una bandera roja y gualda contra los que usan la bandera de su tribu para expulsar al diferente. Usar la bandera que hace treinta años utilizamos para inventar un país de todos contra lo que esgrimen banderas tricolores para resucitar unos muertos y una guerra.

La patria es instrumento. Hoy y aquí es lo que garantiza la poca o mucha libertad que tengo. Pero no es eterna: se puede joder un país. Se jodió Perú, se jodió Argentina, se jodió Alemania, se jode Venezuela. La libertad no se gana para siempre. Para siempre solo es la lucha por la libertad, porque siempre habrá totalitarios.

No es la patria paella, flamenco, toros y olé. Es una patria de locos que fueron al fin del mundo y crearon un imperio en un continente que no existía. La patria de locos que se enfrentaron con palos, piedras y guadañas al ejército de Napoleón. La patria de locos que creyeron que derrotado el francés podían crear un país libre. La patria de miles de locos que prefirieron el martirio antes que la apostasía.

No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimiento de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?
Asturianos de braveza.
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hambre, el sudor y el hacha,
reyes de la manera,
señores de la labranza.
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada. a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habréis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Defendamos la bandera. Defendamos la patria. Defendamos la libertad.

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Todos los tiranos

se abrazan como hermanos.

Tiranos del siglo XXI, tiranos 2.0, que han aprendido que en el nuevo orden mundial las elecciones son un requisito para mantenerse en el poder. Elecciones tan amañadas como las que se celebraban en los países del telón de acero, pero peinadas y vestidas para hacerlas más presentables.

Pero tiranos al fin y al cabo, que no dudan ni un segundo antes de ahorcar a un homosexual o disparar a unos manifestantes. Tiranos que trabajan duro para suministrar dosis diarias de demagogia a unas masas dispuestas a encontrar enemigos que huelen a azufre y son culpables de todos sus males. Tiranos que garantizan que su pueblo será lo suficientemente pobre e inculto como para disfrutar de una masa crítica de apoyo incondicionales.

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Que aprendan creacionismo

Uno de los argumentos que se usan para defender la asignatura de Educación para la Ciudadanía es que los padres no tienen un derecho absoluto sobre la educación de sus hijos. Lo han sostenido, por ejemplo Savater o Marina.

Según ellos, permitir que los padres decidan sobre la educación de sus hijos puede llevarles a educar en “contravalores” como la violencia, el sexismo o el racismo. O puede haber, como en Estados Unidos, padres que quieran que sus hijos aprendan creacionismo en lugar de la teoría de la evolución de Darwin. El Estado, por el contrario, garantizaría una educación en la que solo se aprendieran valores auténticos y solo se enseñara ciencia verdadera.

Yo, modestamente, sostengo lo contrario: los padres (y no el Estado) tienen el deber de educar a sus hijos. Y tienen el derecho de elegir los valores que quieren transmitir a sus hijos. Incluso si eligen el creacionismo, el racismo y la homofobia. Argumentemos:

1. El Estado es ineficaz enseñando
Ejemplo: aunque en teoría en nuestros colegios se enseña la evolución darwinista, lo cierto es que la mayor parte de las personas son lamarquistas. Es decir, lo que los niños aprenden en el colegio es una explicación de la variabilidad de los seres vivos tan equivocada como el creacionismo. Así pues, ya que los niños van a aprender teorías erróneas, ¿por qué no van a poder los padres elegir qué teorías erróneas quieren que aprendan sus hijos?

2. El Estado enseña ideas acientíficas
Por ejemplo, el marxismo, que sigue (camuflado de buenismo) en muchos textos sobre economía. O un ecologismo animista. O una política que consiste en la aceptación (o la exaltación) acrítica de las estructuras de poder actuales.
Sinceramente, prefiero ser yo el que elija qué ideas indemostrables e irracionales deben aprender mis hijos.

3. El Estado quiere menos a mis hijos que yo
No es muy difícil, porque el Estado no tiene sentimientos. Pero también tiene menos interés en su futuro que yo. Yo quiero que tengan éxito en todos los órdenes de la vida, y dedico una buena parte de mis recursos a ello. El Estado se limita a procurar que sean buenos ciudadanos, que paguen sus impuestos y no cuestionen su poder.
Por tanto: ¿quién tiene más interés en que mis hijos tengan la mejor educación posible, el Estado o yo? ¿quién es más fiable, por tanto, como controlador de la calidad de la educación que mis hijos reciben: yo que tengo un interés extremo y directo en ella o un grupo de funcionarios que cobrarán sus sueldos independientemente de lo que hagan mis hijos en el colegio?

4. El Estado educa en contravalores
¿Hay padres que educan en el racismo, el sexismo o el odio? Sin duda. De no ser así no habría antropoides nacionalistas que agredieran a los políticos del PP, por ejemplo. ¿Educar a los niños en un colegio es un antídoto ante esto? Los hechos demuestran que no es así. Es más, incluso hay casos en los que los niños aprenden en el colegio a abusar de sus compañeros, y a hacerlo con impunidad.
Los casos de padres que voluntariamente educan a sus hijos en el odio son extremadamente raros. Los casos de colegios en los que la relajación de la autoridad y la ampliación de la enseñanza obligatoria producen un ambiente en el que se fomenta la violencia son demasiado frecuentes. ¿Debemos cerrar todos los colegios porque hay casos de acoso escolar? No, pero por la misma razón tampoco debemos limitar el derecho a la educación de los padres porque haya casos de educación en contravalores.

5. El Estado es irresponsable
Savater utiliza el ejemplo de los testigos de Jehová (que no aceptan la donación de sangre) para demostrar que los padres no tienen derecho absoluto a educar a sus hijos en sus creencias, porque pueden causarles un perjuicio objetivo. Sin embargo, si la educación en unos valores determinados determina la supervivencia de un niño, el padre que le ha educado es responsable de ello, y si es preciso responderá por ello ante la justicia. Por tanto, habrá muy pocos padres cuyas creencias sean tan fuertes como para asumir un perjuicio objetivo para el niños y la responsabilidad penal aparejada.
El Estado, por el contrario, puede educar en valores que también sean perjudiciales para el niño, pero jamás será responsable de las consecuencias que esta educación tenga en el niño. Puede, por ejemplo, educar en una moral sexual que relativice el riesgo de contraer enfermedades. Puede, cosa harto frecuente, educar al niño en la dependencia de un Estado-nodriza en lugar de estimular su responsabilidad, lo cual tendrá incidencia en sus posibilidades de éxito profesional y económico. Pero jamás tendrá que responder por una gonorrea, un embarazo adolescente o un oficinista mediocre que podría haber sido un empresario de éxito.

6. La educación en lugares ad-hoc es un constructo de nuestra sociedad
Los niños han aprendido de sus padres desde que el hombre es hombre, y aun antes. Llevarlos a un lugar concreto para que unas personas concretas les transmitan conocimientos es algo que solo a partir del siglo pasado ha sido generalizado, y no en todas las sociedades. Ese derecho del Estado a educar, por tanto, sería un derecho que no habría existido hasta hace apenas cien años. Es más sería un derecho que solo disfrutarían los estados soportados por una sociedad lo suficientemente rica como para prescindir del trabajo de los niños durante años y pagar además a una categoría de profesionales dedicada a la educación. La educación existía antes que los estados, y existirá después si en el futuro las sociedades se organizan sin estados. Difícilmente puede ser, por tanto, un derecho de éstos.

7. Ceder la educación al Estado la hace peor
Educar, en realidad, es algo tan natural como el comer. El niño es educado en casa, sean o no los padres conscientes de ello, lo quieran o no. Pero si creen que el Estado es el que educa a sus hijos, la calidad de la educación que se recibe en casa será sin duda peor.
Si creo que el Estado es el que transmite la cultura a mis hijos, jamás les llevaré a un museo. Si creo que el Estado es el que enseña valores, no me molestaré en explicarles lo que está bien o está mal. Si creo que el Estado es el responsable de transmitirles conocimientos, no me molestaré en comprobar que saben multiplicar, escribir o leer. Sin embargo, también en ese caso los niños aprenderán de nosotros, pero aprenderán contravalores como los que tanto temen Marina y Savater.
Saber que esos pequeñajos nos tienen como modelo nos obliga a comportarnos mejor y a ser mejores para que ellos también lo sean. Pero atribuir la responsabilidad al Estado nos permite relajarnos. Y nuestros hijos aprenderán a “descansar” viendo telebasura, a procurar el mínimo esfuerzo, a evitar responsabilidades…

En resumen, si un padre quiere educar a sus hijos en ideas absurdas como que la Tierra se queja por nuestro mal comportamiento, que en África son pobres porque nosotros somos ricos, o que las estrellas influyen en nuestro destino, tiene todo el derecho a hacerlo (y el deber de asumir las consecuencias). El que no tiene derecho a educar a mis hijos en esas ideas, ni en ninguna otra que yo no apruebe, es el Estado.

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