Porque fui a Irak
Vía michellemalkin llego a este post en MySpace en el que Mark Daily, un alférez de 23 años, explica por qué se alistó para ir a Irak. Traduzco lo más importante:
Se ha dicho mucho sobre las intenciones de Estados Unidos al derrocar a Saddam Hussein y buscar el establecimiento de un nuevo estado basado en la representación política y los derechos individuales. Muchos han enmarcado el paradigma con el que interpretan el conflicto en explicaciones de una sola palabra como “petróleo” o “terrorismo”, favoreciendo la que sirve mejor a sus convicciones políticas. Yo hice lo mismo, y cualquiera que me conociera antes de alistarme sabe que soy bastante consciente y a veces comparto los argumentos contra la guerra en Irak. Si crees que la única manera de que una persona se preste voluntario para esta guerra es por pura desesperación o por obediencia ciega, entonces considérame l aexcepción (aunque hay muchísimos como yo).
Me uní a la lucha porque pensé que muchos “humanistas” de hoy en día que pretenden tener una preocupación auténtica por los seres humanos de todo el mundo están en la práctica bastante satisfechos de permitir a sus compañeros “ciudadanos globales” sufrir bajo los aparatos de estado y condiciones más siniestros. Sus escusas solían ser mis escusas. Cuando me preguntaban por qué no debíamos enfrentarnos al partido Baath, a los talibanes o a otras tiranías en todo el mundo, mis respuestas aludían a vagas nociones de tolerancia cultural (obligar a las mujeres a llevar velo y permanecer en casa es una tradición cultural pintoresca), la santidad de la sobreanía nacional (¡qué dispuestos están los internacionalistas a levantar fornteras para defender dictaduras!) o incluso una sospecha sigilosa sobre las intenciones de Estados Unidos. Cuando todo lo demás fallaba, me retiraba al frágil ecosistema moral que años de vivir en paz y libertad me habían proporcionado. Rechazaba la guerra porque las víctimas civiles estaban garantizadas, o se establecerían alianzas temporales con fuerzas dudosas, o el combustible era tóxico para el medio ambiente. Mis compañeros “humanistas” y yo nos deleitábamos satisfechos con nuestra recta declaración de oposición a todas las campañas militares contra las dictaduras, felicitándonos mutuamente por rechazar el empañar el antes mencionado frágil ecosistema moral que muchos todavía acunan con toda la revolucionaria tenacidad de los miembros de Rage Against the Machine o Greenday.Otros señalaban al apoyo histórico de Estados Unidos a Saddam Hussein, viendo como hipócrita que ahora le vilipendiemos como a un matón y un tirano. Si nos explicaban que hicimos eso para guardarnos del fieramente islamista Irán, que fue correctamente identificado como la mayor amenaza de la época, girábamos los ojos y denunciábamos la hipocresía. Olvidando que Estados Unidos se alió con Stalin para derrotar a Hitler, aunque se le conforntó rápidamente, una vez que los nazis fueron destruidos. La alianza inicial con Saddam y otros actores regionales se identifica como el argumento definitivo contra la cruzada moral de Estados Unidos.
Y tal vez lo es. Tal vez la realidad de la política hace que toda la acción política sea inherentemente grosera e inmoral. O quizás son estas aventuras en la masturbación filosófica las que evitan que la gente incluso realice cualquier acción efectiva contra hombres como Saddam Hussein. Una cosa es segura, tan controvertida o confusa como mi decisión de alistarme pueda ser, pensad lo que las vigilias pacíficas contra el genocidio han conseguido últimamente. Pensad que hay soldados de 19 años del Medio Oeste que nunca han tocado el campus de una universidad o una manifestación que han hecho más por sostener la legitimidad universal del gobierno representativo y los derechos individuales colocándose ellos mismos entre las colas de votantes iraquíes y los fanáticos religiosos homicidas. Muchas veces no se trata tanto de cómo de limpias son tus acciones sino de cómo de puras son tus intenciones.
Así que por eso es por lo que me alisté. En el tiempo que te ha llevado leer esta explicación, gente inocente de tu edad ha sufrido bajo la aplastante desgracia de la tiranía. Todas las herramientas de avance filosófico y comunicación que usamos para desarrollar nuestras opiniones sobre esta guerra les son negadas a innumerables seres humanos en este planeta, muchos de los cuales viven bajo regímenes que han sido, en mi opinión, legítimamente identificados para su destrucción. Algunos han permitido que su resentimiento hacia el Presidente despertara aplausos para los contratiempos en Irak. Otros han desprestigiado irónicamente la guerra porque ha atado a nuestra fuerzas y les ha impedido confrontar los regímenes criminales de Sudán, Uganda y otros.
Yo simplemente decidí que le tiempo para las discusiones honestas sobre los oprimidos se había acabado, y me alisté.
Al digerir este post, por favor recuerda que el compromiso de Estados Unidos para derrocar a Saddam Hussein y sus hijos existía antes de la administración actual y existiría en las vidas de nuestros futuros hijos si no hubiéramos actuado. Por favor recuerda que los problemas que asolan Irak hoy comenzaron hace siglos y estaban hasta ahora retenidos por la más cruel de las cárceles. No olvides que los seres humanos tienen una responsabilidad hacia los otros y que los norteamericanos siempre tendrán una responsabilidad hacia los oprimidos. No desprecies las razones obvias para oponerse a la guerra pero no rebajes tampoco los aspectos morales. Ayudar a una población antes oprimida a convertir su destrozada sociedad en otra plural y democrática es peligroso y difícil, especialmente cuando estás siendo atacado y saboteado literalmente desde todas las direcciones. Así que si tienes algo que decirme después de leer esto, que al menos incluya “buena suerte”.
Desgraciadamente, Mark no tuvo suerte, y murió en un ataque en Mosul junto a otros tres soldados. Muchos pensarán que es una muerte inútil más que añadir a la cuenta del imperialismo americano. Y sin embargo, los jóvenes como él o Jeffrey Starr, que están entregando la vida ahora en Irak para conseguir que otros seres humanos puedan vivir con libertad y dignidad, y que son plenamente conscientes del riesgo que corren (leed la carta que Jeffrey escribió a su novia), han tenido una vida más llena de sentido que la inmensa mayoría de sus contemporáneos. “Todo el mundo muere pero pocos consiguen hacerlo por algo tan importante como la libertad”, decía Jeffrey en la carta a su novia.
Hubo un tiempo en el que los soldados de países libres morían por defender la democracia y la libertad, y eran considerados héroes. Cincuenta años después, no creo que hayamos ganado en sabiduría ni que hayamos mejorado nuestros criterios morales y éticos.
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