Los intermediarios nos roban
Es uno de los temas recurrentes de la izquierda: el meme de que los intermediarios nos roban (a nosotros y a los agricultores), porque la fruta en la tienda es mucho más cara que en el campo. Para muestra, la viñeta de “El Roto” en El País que reza así:
En origen costaban diez, en destino ciento quince, entremedias nadie los tocó: milagro económico.
Y lo sería, si no fuera mentira. Las comparaciones entre el precio del kilo de fruta en el campo y en la tienda parten de la base de que son lo mismo. Para nada:
- Primero, el kilo de fruta original está en el campo. El Roto podría comprarlo a diez si se tomara la molestia de ir a Lérida a comprar sus melocotones, a Huelva a comprar sus fresas y a Valencia a comprar sus naranjas. Pero aún suponiendo que El Roto tuviera tiempo entre dibujo y dibujo, probablemente el gasto en transporte superaría la diferencia de precio entre origen y destino.
- Segundo, al agricultor no le compran kilos sueltos, sino decenas, cientos o miles de ellos. Si El Roto prueba a decir en su tienda que la semana que viene va a comprar doscientos kilos de melocotones, ya verá como no se los cobran a ciento quince.
- Tercero, los melocotones que compra El Roto no solo están en su ciudad, sino en la tienda que a él le resulta más cómoda. Si El Roto quiere comprar su fruta a ochenta o noventa, en lugar de a ciento quince, no tiene más que levantarse a las cinco de la madrugada, ir a Mercamadrid (o equivalente) y comprarse allí su caja de fruta. Nadie se lo impide.
- Ya en Mercamadrid, puede elegir además el precio de su caja de fruta. Los compradores lo hacen: a primera hora llegan El Corte Inglés y las fruterías “selectas”, se llevan lo mejor y lo pagan caro, porque lo venderán más caro. Poco a poco el precio y la calidad van bajando, y a última hora llegan las monjas a comprar para sus albergues y los gitanos a comprar para sus mercadillos. El Roto puede decidir si quiere fruta perfecta a ciento treinta, fruta normalita a ciento quince o fruta pequeña y un poco picada a noventa.
- Además de los que transportan la fruta hasta la ciudad, los que la venden en mercados centrales y los que las llevan a las tiendas, también la “tocan” los fruteros. Esos que pagan un puesto en el mercado (o construyen un gran centro comercial), y pagan la luz, y el agua, y el sueldo de las personas que trabajan para ellos, y hasta los impuestos. Poner un kilo de fruta en un mostrador para que El Roto la compre también le cuesta lo suyo al frutero, aunque El Roto no sea capaz de verlo.
- Por último: los fruteros también hacen una selección final, tiran las frutas que están dañadas e incluso a veces las empaquetan en cómodas bandejas ya pesadas y etiquetadas. Una bandeja con un kilo de melocotones no es lo mismo que un kilo de melocotones recién salido del árbol, entre otras cosas porque hace falta más de un kilo de melocotones “de árbol” para producir un kilo de melocotones “de bandeja”.
Por otro lado, si en realidad El Roto cree que hay alguien que “gana ciento cinco” por no hacer nada, él puede competir ofreciendo lo mismo por noventa y cinco. Seguro que tiene éxito, y todavía tiene un amplio margen para forrarse. Y si El Roto no quiere mancharse las manos haciendo el juego al maldito sistema capitalista, al menos debería plantearse por qué no hay algún empresario explotador y codicioso que se aproveche de ese margen abusivo para vender un poco más barato y hacerse con el mercado.
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