Diarios de las Estrellas

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Saramago y el ecumenismo

Ayer por la tarde, mientras sufría un pequeño atasco, decidí sintonizar Onda Cero y escuchar un ratito a Gomaespuma. Inmersos en la deriva talantosa en la que llevan desde que pasaron por M80, estaban entrevistando a Saramago. (Por aquí tenéis el audio del programa completo, por si os interesa). En un momento dado, hablan de Islam y terrorismo, y Saramago hace dos observaciones sobre las que me gustaría opinar:

1. Propone que todas las religiones se fijen en lo esencial, que es creer en el mismo Dios, lo llamen Dios o lo llamen Alá, y dejen de fijarse en lo que divide.

En realidad, el Dios de Mahoma no es el mismo que el Dios de Jesucristo. Los cristianos, al menos desde el Concilio Vaticano II, tienen un Dios que es Padre, que ama a sus criaturas, que pide amor y perdón. En el Evangelio se cuenta cómo Jesús se dejó prender para ir a una muerte segura, y aún recriminó a Pedro el que intentara usar la espada para defenderle. Sus primeros seguidores extendieron la fe predicando con la palabra, y dejándose torturar y matar por sus creencias.

El Dios de Mahoma es un Dios caprichoso, al que sus criaturas deben obediencia. Es un Dios al que no se puede entender ni amar, sólo obedecer. Mahoma fue tanto un líder religioso como un conquistador que extendió la fe mediante guerras.

Así que no es cierto que musulmanes y cristianos adoren al mismo Dios con distinto nombre. Por decirlo con un lenguaje cinematográfico, Alá es el reverso tenebroso del Dios de Jesús.

2. El Islam es violento, pero esa misma violencia la practicaba el cristianismo hace siglos.

Esto es frecuentísimo oírlo a cualquier progre cuando se ve obligado a reconocer que el Islam es violento. De entrada, habría que decir que el Islam ha sido violento siempre. El cristianismo se extendió por el Mediterráneo de manera pacífica, incluso sufriendo persecución. Hubo después una época de imposición, pero el hecho es que hoy no hay teocracias católicas, ni nadie que intente implantar una. El Islam fue violento desde su creación, se ha extendido siempre mediante la guerra y la violencia, y pretende seguir haciéndolo así.

Y en cualquier caso, ¿qué importa que nuestros bisabuelos, o los bisabuelos de nuestros bisabuelos usaran la espada para extender la cruz? El hecho es que ahora tenemos un problema con los islamistas, y hablar de lo malos que eran los templarios no nos va a ayudar a resolverlo.

Lo más sangrante es que Saramago y compañía, mientras nos hablan de tolerancia, entendimiento y diálogo, cuando en un país musulmán la gente puede votar por primera vez en su vida, se dedican a apoyar a los fascistas que pretenden la vuelta del dictador anterior o la imposición de una dictadura teocrática.

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