Más ideas para gastar menos energía
Sebastián es un timorato. ¿Qué es eso de promover solo la abolición de la corbata veraniega? Debería tomar ejemplo de la empresa de Dilbert, donde han decidido permitir los pantalones cortos para ahorrar en aire acondicionado:
2 comentarios- La empresa usará menos aire acondicionado para ahorrar gastos.
- Para compensar, relajaremos el código de vestimenta. Los pantalones cortos estarán permitidos.
- No voy a actualizar mi vestuario de pantalones cortos hasta que sepa que esto va a durar.
Complejidad y liberalismo
Una de las claves del éxito de las sociedades que aplican el principio liberal de minimizar la intervención del Estado, es la naturaleza caótica (en el sentido científico del término) inherente a la complejidad de las sociedades humanas.
Desde los últimos treinta años, sabemos que el comportamiento de un sistema complejo es imposible de predecir. Un sistema complejo es el clima, por ejemplo, y por eso no seremos nunca capaces de saber la temperatura o las precipitaciones del mes siguiente con exactitud. Pero también son complejos sistemas aparentemente simples como el goteo de un grifo o los latidos del corazón.
Las sociedades humanas son extraordinariamente más complejas que los sistemas más complejos que los científicos son capaces de modelizar. Incluso si nos limitamos a las interacciones económicas, la multitud de actores con intereses propios y la variedad de decisiones que pueden tomar, que influyen además en cadena en las reacciones de terceros hace imposible un conocimiento preciso de estos sistemas.
Por este motivo, a lo más que pueden llegar los economistas es a observar los sistemas, y describir su comportamiento a posteriori. De ahí la frase de “un economista es alguien capaz de explicar por qué no ha sucedido lo que él mismo había dicho que sucedería”.
Esta reflexión repele a muchos, porque estamos entrenados para identificar causas y efectos y para actuar en función de modelos hipersimplificados de la realidad. Y así la mayor parte de los políticos cree que su misión es recopilar datos y, aplicando su ideología a esos datos, decretar la aplicación de medidas que mejoren la situación.
El último ejemplo es el candidato a alcalde de Madrid, Miguel Sebastián, que dijo ayer que en España caben 200.000 inmigrantes más cada año. ¿Por qué 200.000 y no 150.000 o 250.000? Pues porque el señor Sebastián cree que tiene la información y los modelos y se cree capaz de conocer de antemano el impacto de esos 200.000, 0 250.000, o 150.000 inmigrantes.
La realidad es que nadie predijo hace 10 años la tasa de inmigración que iba a tener España, y nadie es capaz de pronosticar qué ocurrirá dentro de 10 años. Ante esta realidad, prácticamente todas las políticas intervencionistas son malas. Si dejamos a los ciudadanos que actúen libremente, cada uno buscando su propio beneficio, la situación resultante será la menos mala para cada uno de ellos, y por tanto para el conjunto. Si aplicamos medidas que favorezcan a un colectivo necesariamente debemos perjudicar a otras personas, y con un resultado imposible de pronosticar.
Un ejemplo significativo es la gestión del parque Yellowstone. Michael Crichton la explica en esta charla, en la que habla también de sistemas complejos y explica la génesis de “Estado de miedo”.
Si en la gestión de algo relativamente simple como un parque natural suceden desastres como los que describe Crichton, ¿qué pasa cuando tratamos con personas en lugar de alces y osos?. Pues que las ineficacias son también inevitables. Siempre aparecen actores que “aprovechan” la situación y obtienen recursos no por su contribución a la sociedad, sino por su capacidad de influir en el gobierno. Recursos que son arrebatados a otras personas, lo que provoca otros conflictos.
Y por supuesto la situación que originó la primera intervención sigue sin resolverse, lo que anima al político a pensar que sus medidas no se han aplicado con la diligencia suficiente, y que debe “destinar más recursos” a resolver el problema. Pero ahora han surgido nuevos problemas, con lo que también hay que dedicar más recursos a resolver estos nuevos problemas.
Es una situación ideal para el político, que tiene más recursos que gestionar, más poder y más capacidad de intervención en la sociedad, pero poco recomendable para el administrado, cuya capacidad de iniciativa y de gestión de sus propios recursos se ve mermada por decisiones arbitrarias que no puede predecir ni controlar.
Por este motivo intervenir poco siempre es mejor que intervenir demasiado. Y por eso las sociedades más liberales (menos intervencionistas) tienen más éxito que las sociedades dirigidas con mano de hierro.
1 comentarioNo votaré al PSOE
Si es que no hay manera. Cuando ya había casi decidido votar a Trinidad Jiménez para la alcaldía de Madrid, resulta que la retiran para, después de unas semanas de hacer el ridículo, designar a Miguel Sebastián.
Si en el PSOE quieren entregarle Madrid a Ruiz Gallardón al menos podrían disimular un poco, digo yo. Porque no se me ocurre ningún candidato peor que Sebastián. ¿Alguien se imagina a las masas enfervorizadas gritando en un mitin “¡Queremos un hijo tuyo!”, como le hacían a Felipe? Nadie que no sea furibundamente PSOEista va a votar a un empollón sin carisma y sin gracia.
Su primer argumento para que le votemos es ¡que es de Madrid! Como dicen los yankis, WTF??. Aquí casi ninguno somos de Madrid, hombre de Dios. Es más, por no serlo, ni siquiera lo han sido tres de los cinco alcaldes que hemos elegido en democracia. Que no somos unos nacionalistas provincianos cerriles, vaya.
Cuando cambió el gobierno, algunos bloggers de Redliberal eran partidarios de Sebastián como ministro de Economía, porque había hecho alguna declaración poco ortodoxa. Durante este tiempo en la Moncloa, hemos comprobado que de liberal no tiene nada. Es sólo un intervencionista más, variedad intrigante e insidioso.
Así que no, no votaré a Sebastián. Y para colmo de males el partido del Cannabis se ha vuelto ecologista, así que tampoco pienso votarles. Me temo, salvo sorpresas de última hora, sólo voy a poder elegir entre la abstención, el voto en blanco o el voto nulo.
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