Qué puede hacer el gobierno para acabar con la crisis
En Desencadenado:
10 Medidas para ayudar a las PYMES a resolver la crisis
Subvenciones obscenas
A estas alturas, ya todos mis lectores habrán oído hablar del escándalo de las fotografías obscenas de Montoya. En todas las tertulias, a las expresiones sulfuradas del tipo “¡es una cosa repugnante!” le suele seguir algo del tipo “¡y encima pagado con dinero público!”.
Qué quieren que les diga. A mí lo que me parece repugnante es que el Estado pague cualquier libro o exposición de fotos. Aunque sea de monjas de clausura cocinando dulces. Lo que es indignante es que el Estado se dedique a meter la mano en nuestro bolsillo y quitarnos el dinero que tanto nos cuesta ganar con la excusa de que lo va a dedicar al bien común, y después se lo gaste en libros.
Oiga, para eso déjeme a mí mi dinero y ya me compraré yo el libro que quiera. O me lo gastaré en vino y mujeres de moral distraída, que para eso es mi dinero.
Y es que desde el momento en que se crea un ministerio, una consejería o una concejalía de cultura, están puestos los cimientos de la corrupción, del gasto discrecional y del favoritismo. Da igual que el político de turno sea furibundamente ateo y pague un libro que ofende a los católicos o que sea un meapilas y pague una exposición de imágenes sacras. Ambas cosas son igualmente execrables.
Alguno pensará “pero es que financiar una exposición de Zurbarán contribuye a elevar el nivel cultural de los ciudadanos, y una exhibición de cristos empalmados lo degrada, ¿cómo va a ser lo mismo una cosa y otra?”.
Pues lo es, sencillamente, porque cuando aceptas que el Estado financie exposiciones de Zurbarán sabes que lo hace con el dinero de gente que sólo iría a verlas esposado y acompañado por la Guardia Civil. Y entonces admites que ese mismo Estado atienda a otra gente con gustos distintos y que también paga impuestos, y financie una exposición sobre fotografías feministas búlgaras. O, por qué no, fotografías pornográficas.
Una vez que le cedemos al Estado la capacidad para financiar “algo”, es difícil establecer un límite entre lo que es adecuado financiar y lo que no lo es. Si las fotografías de Montoya fueran igual de malas pero no pornográficas ¿podrían ser sufragadas con dinero público? Si un político puede pagar una exposición de pintores renacentistas, ¿no puede pagar una de “jóvenes valores” contemporáneos?
Si el Estado no se metiera a galerista y editor, probablemente Montoya nunca habría expuesto esas fotografías ni se hubiera publicado un libro con ellas. Se las hubiera enseñado a un galerista profesional, que sabe que debe ganar dinero vendiendo arte, y éste le hubiera dicho “verás, chato, si cuelgo eso muchos clientes van a dejar de serlo, así que si quieres exponer la próxima vez trae algo decente y que guste”. Y allí se acabaría la carrera de provocador de Montoya.
O tal vez encontrara un público dispuesto a pagar por sus “obras”, y un galerista dispuesto a hacer dinero con ello. Todos ellos harían uso de su libertad, y no obligarían a nadie a pagar sus excentricidades. Los católicos dedicarían su dinero a financiar exposiciones de “Las Edades del Hombre”, y serían felices.
Incluso es posible que alguien hiciera arte mofándose de Pablo Iglesias, Stalin y el Che Guevara, y encontrara un público dispuesto a pagar por esas obras. Unas obras que, ahora mismo, serían impensables en una comunidad como Extremadura, porque hemos permitido que los que dicten lo que se puede exponer sean los políticos y no los ciudadanos.
12 comentarios5 razones por las que los minipisos son injustos
1. De los destinatarios de la medida, sólo algunos podrán accederán a ella. Esos tendrán el 100% de la ayuda, el resto el 0%. Lo justo sería que todas las personas que necesitan los pisos tuvieran una ayuda igual.
2. Los que no pueden beneficiarse de los pisos, pagan además los pisos de los agraciados. Es decir: antes de la operación Trujillo, todos los estudiantes son iguales. Después, unos han sido premiados con miles de euros, y otros han perdido el dinero de sus impuestos que ha ido a parar a sus colegas afortunados. No solo no tienen piso, sino que tienen menos dinero para conseguir uno en el mercado porque se han visto obligados a subvencionar el de los afortunados.
3. Incluso las personas más desfavorecidas, que viven de pensiones mínimas, pagan impuestos como el IVA. Parte de esos impuestos va a ir a parar a estudiantes que en la inmensa mayoría de los casos no tienen ningún problema económico. Con la medida de Trujillo, los pobres subvencionan la vivienda a los ricos.
4. La condición de estudiante universitario es transitoria y voluntaria, y el que la asume lo hace porque espera, una vez finalizados sus estudios, conseguir un trabajo con mejores condiciones. Es decir, actúa en su propio interés. En otros países existe la sana costumbre de trabajar para pagar los estudios, o de contratar créditos que son devueltos cuando se accede al mercado laboral. Lo justo sería, por tanto, que los beneficiarios de los minipisos devolvieran el importe con el que toda la sociedad les ha ayudado cuando accedan al mercado laboral como universitarios.
5. La asignación de pisos a estudiantes no puede hacerse con criterios justos de ingresos por estudiante. No podemos tener en cuenta la familia de la que proceden, porque precisamente se trata de permitir el acceso a la vivienda a estudiantes que viven independientemente de su familia. Pero entonces, si miramos la declaración de la renta del estudiante, el niño de papá que nunca ha trabajado tendría preferencia sobre el hijo de un trabajador modesto que ha tenido que trabajar para ayudar a su familia a mejorar sus ingresos.
Conclusión: la medida, como tantas otras destinada presuntamente a favorecer a un colectivo con necesidades especiales, supone en la práctica una injusticia que favorece a unas personas determinadas perjudicando a otras con iguales o mayores necesidades de ayuda estatal.
1 comentarioA favor de ETA, en contra de la AVT
No pueden evitarlo. En cuanto tienen un euro para dar una subvención, necesitan utilizarlo para comprar voluntades. Si algún subvencionado no se comporta como ellos exigen, se corta el grifo. Es lo que hizo Matilde Fernández, que consideraba más importante el estudio de genética de las lentejas en Libia o los talleres de masturbación para chicas que el apoyo a los familiares de los que han dado su vida por nuestra libertad. Y no, no son inventos. Es cierto que se subvencionaron estas actividades mientras se negaba cualquier ayuda a las víctimas del terrorismo.
Ahora ya han comunicado a la AVT que no va a recibir ni un céntimo del dinero que todos los españoles, y no sólo Caldera, entregaron al Estado para “otros fines de interés social”.
Cuando tengamos la lista de agraciados con los 96.945.430 euros (más de DIECISEIS MIL MILLONES de las antiguas PESETAS), seguramente veremos casos como los de Matilde, y probablemente no pocas asociaciones en defensa de la cultura vasca, que en realidad serán asociaciones en defensa de ETA más o menos camufladas.
Que conste que yo estoy en contra de que el Estado nos quite dinero para repartirlo entre diversas asociaciones según su criterio. Oiga, para eso déjeme a mí mi dinero, que ya veré yo a qué fines de interés social lo dedico. Pero lo que es inaceptable es que nos quiten el dinero para utilizarlo de manera absolutamente partidista.
Y todo esto mientras se negocia con ETA, se toleran sus actos de provocación y se permite que vuelvan a estar en el parlamento vasco.
En fin, por si alguien considera oportuno ayudar a la AVT con un donativo, aquí tiene la información necesaria.
2 comentariosCine español
El éxito de El Reino de los Cielos, película española que demuestra por qué debe protegerse la excepción cultural, no puede hacernos olvidar otros grandes éxitos del cine español.
Por ejemplo, Shrek 2, gran ejemplo del cine patrio de animación. A pesar del intento de los imperialistas yankis por apropiarse de la película, es innegable que la participación de Antonio Banderas en el papel del Gato con Botas demuestra la españolidad del film.
Y ya puestos, habría que considerar también española cualquier película en la que participe Gwyneth Paltrow, ilustre manchega. O las de Viggo Mortensen, al que le gusta venir a España de vez en cuando y habla nuestro idioma. O las de Michael Douglas, que veranea en Mallorca.
Ahora, lo que no sé es de dónde vamos a sacar para subvencionar todas las películas españolas que se hacen en Hollywood. A lo mejor, ya que Calvo nos ha dado permiso para disfrutar de los efectos especiales y las batallas del Reino de los Cielos sin sentirnos culpables de sumisión al imperio yanki e insolidaridad cultural, podríamos dejar de subvencionar los bodrios que se hacen en la península ibérica y dedicarnos al cine español made in USA.
6 comentariosTrabajo infantil y explotación
Happy Butcher escribe sobre explotación infantil y posibles medidas para evitarla.
Aunque las medidas que apunta pueden tener cierta eficacia, no puedo evitar hacer la siguiente reflexión:
Mi abuela materna empezó a trabajar a los 9 años sirviendo en una casa interna. No sabía leer ni escribir. Además de darle comida y cama, no creo que le pagaran mucho más. No sabía lo que eran unas vacaciones, ni muchas otras cosas que damos por supuestas.
Mi padre y mi madre empezaron a trabajar a los 14 años, cuando terminaron el colegio. Mi madre lo dejó al casarse, como era habitual, pero mi padre pudo tener algo de formación especializada en el banco en el que trabajó, y desde un primer puesto de botones pudo llegar a niveles directivos de cierta importancia. Cuando mis padres se casaron fueron de viaje de novios a Alicante, y los fines de semana jugaban al parchís con mis tíos, porque no tenían dinero para ir al cine o a cenar.
Mis hermanas y yo hemos ido a la universidad, hemos tenido profesores particulares de inglés, hemos viajado al extranjero para completar estudios y hemos empezado a trabajar pasados los 20 años. Fui a Yugoslavia de viaje de novios, mis hijos comen o cenan en un restaurante varias veces al mes y están acostumbrados a coger un avión para ir de vacaciones a la playa.
¿Qué quiero decir con este rollo autobiográfico? pues que en mi opinión el trabajo infantil es un indicador del grado de madurez de una sociedad. Ahora nos parecería aberrante que una niña de 9 años entrara interna a servir en una casa, pero para muchas familias hace 80 años era una suerte. Gracias a esas personas que hace 80 años trabajaban como mulas en el campo o sirviendo en una casa, gracias a esas otras personas que hace 40 años trabajaban en las fábricas o en las oficinas en condiciones que ahora nos parecerían de explotación, nosotros podemos disfrutar de un nivel de vida equiparable al resto de los occidentales.
Dudo mucho que si hace 80 años alguien hubiera regalado dinero a espuertas, en España tuviéramos ahora este nivel de vida. Los países del sudeste asiático o Corea han demostrado que lo que hicimos en este país en dos generaciones se puede hacer en una, pero lo que para mí no tiene duda es que la única manera de salir de la pobreza es crear una cultura del esfuerzo y del trabajo.
Una vez que se sobrepasa el nivel de subsistencia, es cuando tiene sentido preocuparse por el trabajo infantil o por las condiciones de los obreros. Ya sé que esto suena duro, pero más duro es saber que no puedes hacer nada por salir de tu situación de miserable, y que para sobrevivir dependes de la limosna de las ONG o de los misioneros.
1 comentario

