El ecologismo es cosa de ricos
Curioso que entre las medidas que tomará el gobierno para paliar la crisis está “agilizar” las declaraciones de impacto medioambiental para las obras públicas. Parece que eso de comprobar si hay caquitas de gato o de lince antes de hacer una carretera está bien solo cuando no necesitamos desesperadamente construir carreteras para emplear a los que no encuentran trabajo construyendo casas.
Uno de los memes de los ecologistas es que la sociedad capitalista nos lleva a un consumismo desaforado e insostenible que causa daños irreparables en el medio ambiente. En realidad, lo que sucede es más bien lo contrario: el desarrollo económico que produce el capitalismo es lo que nos permite dedicarnos a cuidar el medio ambiente.
Primero, porque el desarrollo económico no nos “obliga” a usar más recursos, sino menos. Aunque parezca sorprendente, nuestros ancestros de Atapuerca necesitaban todos los recursos de la península ibérica para sostener a unas decenas de miles de individuos. La vida natural-natural, la de las tribus cazadoras-recolectoras, ese paraíso original en el que todos éramos felices antes de inventar el dinero, requiere dedicar enormes recursos para alimentar a unos pocos individuos.
Las tecnologías han hecho posible que millones de personas puedan vivir en el mismo espacio sin problemas. Pero además, cuando tienes recursos suficientes como para no dedicar el 100% de tu tiempo a sobrevivir, es cuando puedes dedicar parte de esos recursos a cuidar del medio ambiente.
Las ciudades limpias, con parques y jardines, las reservas naturales, el reciclado de desperdicios… son lujos que solo se dan en los países desarrollados. En el tercer mundo, y en los países que luchan por salir de la miseria, la riqueza que genera una fábrica compensa la contaminación.
1 comentarioNorman Borlaug
No sé si muchos de mis lectores saben quién es Norman Borlaug. Premio Nobel de la Paz en 1970, es probablemente la persona que más vidas humanas ha salvado en toda la historia de la humanidad. Con toda probabilidad, es responsable de haber salvado la vida de más de mil millones de seres humanos.
Borlaug se crió en una granja de Iowa, y al final de la Segunda Guerra Mundial marchó a México, donde trabajó en la selección y mejora de variantes de trigo. Borlaug consiguió variantes de alto rendimiento y resistentes a las enfermedades. Como resultado, México se convirtió en exportador de trigo en 1963, y sus variantes se introdujeron en Pakistán e India, y después en otros países de Asia y África. Sus métodos fueron utilizados para mejorar otros cereales, creándose así lo que se ha llamado la “Revolución Verde“, que ha evitado que centenares de millones de personas en todo el mundo hayan muerto de hambre.
Borlaug es profesor en la universidad A&M de Texas. Ahora está luchando contra un cáncer, y hay un movimiento para concederle la medalla de oro del Congreso, el mayor reconocimiento civil en Estados Unidos.
Cito una frase de Borlaug:
“algunos de los ecologistas de las naciones occidentales son la sal de la tierra, pero muchos son elitistas. Nunca han experimentado la sensación física del hambre. Actúan desde cómodas oficinas en Washington o Bruselas. Si vivieran sólo un mes entre la miseria de los países en desarrollo, como lo he hecho yo durante cincuenta años, gritarían pidiendo tractores y fertilizantes y canales de irrigación y se indignarían con los elitistas que desde sus casas intentaran negarles estas cosas.”
En los años sesenta los ecologistas liderados por Paul Ehrlich profetizaban la muerte de millones de personas por inanición. Su respuesta era reducir la natalidad:
“Debemos tener control de natalidad en casa, esperemos que mediante un sistema de incentivos y castigos, pero también por obligación si los métodos voluntarios fallan”.
Después jugueteó con la idea de poner esterilizantes en el suministro de agua y racionar el antídoto para producir la población óptima. Descartó la idea, observando que todavía no era técnicamente posible.
Hoy, muchos ecologistas son absolutamente ignorantes de todo lo concerniente a la Biología en general y a la Ecología en particular, pero defienden creencias en virtud de las cuales todos los demás tenemos que cambiar nuestro modo de vida o seremos culpables de catástrofes indescriptibles. Mientras, científicos desconocidos para el gran público como Borlaug investigan, descubren cómo funcionan las cosas y desarrollan tecnologías que salvan cada día la vida de millones de personas en todo el mundo.
7 comentariosBill Gates y las ONG
A través de menéame, he llegado a un texto que escribe un tal Roberto Chimenti “en nombre de la Coordinadora de ONGD de Nafarroa” sobre la concesión del Príncipe de Asturias a Bill y Melinda Gates, que no puedo resistirme a fiskear:
Solidaridad, Bill Gates y cooperación
El pasado 4 de mayo se hizo pública la noticia de la concesión del Premio Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional, premio que se concede anualmente «a la persona, personas o institución cuya labor haya contribuido de forma ejemplar y relevante al mutuo conocimiento, al progreso o a la fraternidad entre los pueblos». Y este año ha sido concedido a la Fundación Bill y Melinda Gates por, según recoge el acta del jurado, «el ejemplo que representan de generosidad y filantropía ante los males que siguen asolando al mundo. Este desprendimiento por parte de Bill y Melinda Gates constituye una aportación valiosa a la cooperación internacional y una referencia ética que debe llamar a la conciencia de cuantos tienen responsabilidad y medios para contribuir a paliar las desigualdades y carencias de tantos millones de personas».
Generosidad y filantropía: esa es la clave. Por una vez, el jurado de los Príncipe de Asturias se ha acordado de la filantropía, el “amor a los seres humanos”. Un concepto que ignora Chimenti.
Las siguientes líneas pretenden explicar las razones por las que esta decisión ha causado reacciones negativas entre personas que trabajamos, de forma voluntaria o remunerada, en Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo (ONGD). Creemos que algo sabemos sobre desigualdades y carencias de cientos de millones de personas, sobre males que asolan al mundo y sobre cómo cooperar entre personas de distintos países para intentar mejorar esta situación, y por ello la Coordinadora de ONGD de Navarra queremos ofrecer a la opinión pública estas líneas que no pretenden juzgar a nadie, sino simplemente aportar otro punto de vista para que cada quien desarrolle su propia opinión.
Que sepan de males, no lo dudo. De cómo intentar mejorar la situación, se lo concederemos. Ahora bien, mejorarla, lo que se dice mejorarla, no puede decirse que lo hayan conseguido. Y es que, como ahora veremos, a ellos lo que les importa es el “intentar”, no el “mejorar”.
Nota ortográfica: la forma correcta es “asuelan”, no “asolan”.
Nota gramatical: “la Coordinadora de ONGD de Navarra quiere“.
La cooperación internacional es una realidad muy amplia. Se puede entender de muchas formas, pero su significado es bastante concreto. El prefijo «co» coeducación, corresponsabilidad, colaboración, cofinanciación… nos avisa de que hay algo que se va a hacer entre, al menos, dos actores. Co-operar quiere decir trabajar juntos. Y para ello es esencial la búsqueda de un trabajar de igual a igual (difícil, sí, pero es la meta).
Así que la meta es trabajar de igual a igual… y yo que creía que la meta era mejorar las condiciones de las personas más desfavorecidas. Pero no. Lo que importa es cómo se trabaja, no el resultado que se consigue.
La cooperación no es, o no debería entenderse así, un mero trasvase de recursos de quien tiene a quien no tiene. En la cooperación, es esencial la figura de la «contraparte», con quien se establece una estrecha relación. La organización del Norte (representante de la sociedad civil del Norte) se sienta a la misma mesa con la organización del Sur (representante de la sociedad civil del Sur), para pensar y decidir juntas qué hacer, cómo, cuándo, dónde, con quién, con qué… La cooperación implica compartir, afrontar conjuntamente lo que sale mal, ilusionarse con lo que puede funcionar, establecer puentes. Estar cerca.
La organización del Norte se sienta con la organización del Sur… pues qué quiere que le diga: prefiero el modelo Gates: el ciudadano del Norte hace un bien al ciudadano del Sur. Un bien concreto y tangible. Una vacuna, que le salva la vida.
Es que verá, señor Chimenti, cuando uno tiene a su hijo con malaria, le importa bien poco que haya una organización del Sur representante que esté a la mesa con los del Norte ilusionándose con lo que puede funcionar. Usted quiere compartir, afrontar conjuntamente no sé que cosas… el pobre quiere que no se le muera el hijo.
El mero trasvase de fondos de quien tiene dinero a quien no lo tiene no crea redes solidarias, ni tejido social.
Totalmente de acuerdo. Lo recordaré la próxima vez que salgan ustedes con lo del 0,7%.
La cooperación necesita dinero, pero no es sólo dinero. La cooperación precisa que dos actores se entiendan, se relacionen, se sienten codo a codo y trabajen duro por mejorar las condiciones de vida de la gente, cambiando estructuras y defendiendo los derechos humanos.
La cooperación no sé lo que necesita. Sí se lo que necesita la gente a la que ayuda Gates: una vacuna. Y sé lo que no necesita: que un iluminado del primer mundo le de la brasa con “las estructuras” y demás pajas mentales.
A mí esta gente me recuerda a los misioneros del siglo XIX, más preocupados por la moral y la conversión de los indígenas (es decir, por que los indígenas actúen según el patrón moral del misionero) que por su bienestar material. Chimenti quiere que los indígenas le entiendan, se relacionen, se sienten con él codo a codo y trabajen duro… oiga, ¿y si los indígenas pasan de usted y lo que quieren es hacerse ricos como Bill Gates, o al menos comer todos los días algo más que mijo y batata?
Nos tememos que la solidaridad que a menudo se nos presenta es indolora. No cuesta. Bill Gates, una de las mayores fortunas del planeta da una parte de su dinero. Y ese dinero seguro que rinde buenos frutos. No lo cuestionamos. Pero nos parece que premiar esa forma de entender la cooperación es valorar más el dinero y la riqueza, que el trabajo bien hecho para erradicar la pobreza. Se nos ocurren muchas organizaciones y personas con trayectorias admirables y que co-operando, contribuyen de forma ejemplar y relevante al mutuo conocimiento, al progreso o a la fraternidad entre los pueblos.
No. Esa forma de entender la cooperación es valorar más lo que más benefica al receptor de la cooperación, no lo que mejores sentimientos produce en el benefactor. Y claro que hay mucha más gente que tiene trayectorias admirables. Yo conozco a unos cuantos (de los que se dedican al Tercer Mundo la mayoría son misioneros, por cierto). ¿Y bien? ¿Deja por eso de ser admirable que una persona sea capaz de generar tanta riqueza y regalarla a sus semejantes en esas cantidades?
Se nos hace muy duro que nunca se les reconozca. Y todo premio es un reconocimiento. Por ello, reconocer y premiar a quien tiene por principal mérito tener mucho dinero y dar un parte de él, nos parece grave también desde un punto de vista educativo.
Pero vamos a ver… ¿no llevan ustedes decenios diciéndonos que tenemos que dar una parte de nuestro dinero a los que sufren en el Tercer mundo? Ahora tienen un ejemplo excelente de alguien que da, él solo, más que muchos países enteros, ¿y les parece mal “desde un punto de vista educativo”? ¿Quiere esto decir que ya no quieren mi dinero?
Las ONGD no hacemos sólo proyectos en países empobrecidos. También hacemos educación para el desarrollo. Queremos abrir las mentes de nuestra sociedad del bienestar, para que se reconozca que hay una relación directa entre nuestro enriquecimiento y su empobrecimiento.
Ese es parte del problema. Que la gente les dona dinero para que hagan proyectos “con los pobres de África”, y ustedes, en lugar de vacunar con ese dinero a unos niños, se lo gastan en explicarle a esa señora que les ha dado el dinero que es muy mala y que los de África son pobres por su culpa. Como dijo el jurado del prícipe de Asturias, Bill Gates es un ejemplo de generosidad y filantropía. Ustedes son un ejemplo de sectarismo ideológico. Para ustedes es más importante “cambiar las estructuras” que ayudar a personas concretas. Tienen más amor a sus ideas que a sus semejantes.
Cuando se intenta y se defiende otra forma de vida no basada en el materialismo, el individualismo, el consumismo… es muy traumático recibir el mensaje subliminal de que se premia y se reconoce a quien es extremadamente rico. A quien le va muy bien el funcionamiento actual del mundo, y que por ello, no empuja cambios estructurales. Tener dinero es lo que importa. Cuanto más dinero tengas, más solidario podrás ser. Y te premiarán. Es terrible.
“Cuanto más dinero tengas, más solidario podrás ser”. Esa es la idea. No es terrible, es fantástico. Y un buen mensaje para todos los que son ricos o aspiran a serlo. Si usted no estuviera cegado por sus prejuicios ideológicos, vería que en España podemos pagar una plétora de ONGs porque tenemos dinero. Porque somos más ricos que hace treinta años. Y vería que los pobres ya tienen una forma de vida no basada en el materialismo ni en el consumismo… y es una vida muy perra. Por eso muchos vienen aquí, a ver si ellos también pueden hacerse materialistas y consumistas, y vivir decentemente.
Y decir que Bill Gates no ha empujado cambios estructurales… salvo que usted sólo entienda por cambio estructural la revolución del proletariado, Bill Gates ha empujado más cambios estructurales que ninguna otra persona en las últimas dos décadas. Por eso se ha hecho inmensamente rico.
Para terminar. Si a cualquier escolar por pocos años que tenga le ponemos tres palabras: naranja, peine, manzana, y le pedimos localizar la que es distinta de las otras dos (ni mejor, ni peor, simplemente distinta) lo adivina en seguida. Invitamos a quien está leyendo este artículo, a que relea las tres palabras del título y descubra cuál no encaja muy bien con las otras dos. Y conste que no tenemos nada en contra de los peines. Pero no son frutas. Sirven para peinarse, pero no alimentan.
Las tres palabras del título son cinco, como sabe cualquier escolar por pocos años que tenga. Pero como sí hay tres sustantivos y me gustan los tests de lógica, le diré a Chimenti cual es la diferencia:”Bill Gates” es un sustantivo concreto, y “solidaridad” y “cooperación” son abstractos. Bill Gates existe, y sus vacunas también: miles de niños están vivos gracias a esas vacunas.
Bill Gates gana dinero y lo regala a los pobres. En muchas ONGs, los “solidarios comprometidos” ganan dinero a costa de los pobres. Esa es la diferencia entre las “tres palabras” del título.
9 comentariosEl problema de la inmigración africana
Quedó pendiente de mi post sobre la pobreza en África tratar sobre el problema de la inmigración, así que allá vamos.
Lo primero es constatar que el problema tiene dos caras: por un lado está el punto de vista de los países exportadores de mano de obra, y por otro el nuestro como “acogedores” de estas personas. Evidentemente, lo que sea bueno para unos no tiene por qué serlo para otros.
Para los países que exportan jóvenes, la emigración es un problema. Aunque tenga beneficios económicos a corto plazo, por la entrada de las divisas que envían los emigrados, el hecho es que los que se van son los que tienen más capacidad de iniciativa. Alguien que es capaz de jugarse la vida y de arriesgar todo para alcanzar una vida mejor sería mucho más útil creando empresas en su país de origen. Pero, por lo que explicamos el otro día, mientras en el país no se den las condiciones para prosperar los mejores jóvenes continuarán marchándose.
Para nosotros, la inmigración es un bien a corto plazo, pero también puede ser un problema a futuro. De entrada, tenemos mano de obra más o menos formada, que han criado otros a su coste, y que está directamente disponible para trabajar. Todo lo cual está muy bien en un contexto como el actual, de casi pleno empleo. Pero el problema será cuando aparezcan problemas de paro, y tengamos miles de personas con escasa capacidad de competir en el mercado de trabajo y además con problemas de integración.
Y habrá problemas de integración. Con los inmigrantes hispanoamericanos tenemos la ventaja del idioma y unas ciertas bases culturales comunes, entre ellas la religión, que como modeladora de patrones de comportamiento y criterios morales no es poca cosa. Pero con los inmigrantes africanos habrá necesariamente problemas, porque sus patrones culturales y éticos son muy diferentes a los nuestros. Algo de esto está pasando ya en los países europeos con más porcentaje de inmigrantes.
Conclusión: para todos, es mejor evitar en lo posible la inmigración desde África. Y esto significa no dar esperanzas de legalización a los que vienen sin papeles (porque el “efecto llamada” existe) y devolver a los países de origen, o a otros con los que haya establecido acuerdos, a los inmigrantes que sean interceptados.
El consenso, sin embargo, parece ser que lo mejor que podemos hacer con los inmigrantes es acoger a tantos como vengan, y aún facilitarles el viaje desde Canarias a la península.
Es posible que yo esté equivocado, y que tengan razón los que legalizan inmigrantes a tutiplén y les traen en avión a Madrid. Lo malo es que no hay forma de experimentar con esto en un laboratorio, y los resultados de las políticas de inmigración de este gobierno (y del anterior, que no eran muy diferentes) los sufrirán (o disfrutarán) los que anden por aquí dentro de quince o veinte años.
1 comentarioAfrica
Me decía el otro día un amable lector:
Ya sé que este comentario esta fuera de lugar en relación el tema que has tratado. Pero, por favor, escribe algo sobre la emigración desde África a España y Europa, tan dramática, y sobre el despegue económico de los países africanos. Es “cabreante”, ¿se dice así?, lo que vengo leyendo sobre el tema. Abre tu blog a quienes deseamos discutir y reflexionar sobre un asunto tan importante y decisivo para la sociedad actual y futura en un mundo globalizado.
Me parece muy interesante lo que plantea, así que no puedo negarme. Aquí va mi reflexión sobre África, la emigración y la situación económica.
Lo primero que es imprescindible comprender es que el estado natural del ser humano es la miseria. Lo natural es morirse a los veintitantos años, después de haber tenido diez hijos de los que apenas han sobrevivido uno o dos más allá de los cinco años. Lo natural es morirse por una herida infectada, o devorado por un depredador o simplemente de hambre. El buen salvaje roussoniano vivía en realidad en el infierno.
Y no sólo los salvajes: incluso en los imperios más refinados y poderosos, únicamente una pequeña élite vivía en unas condiciones significativamente mejores. Sólo un pequeñísimo porcentaje de la población se podía permitir lujos como dedicarse al estudio, o comer caliente varias veces al día, o no trabajar de sol a sol todos y cada uno de los días de su vida.
Todo esto empezó a cambiar hace quinientos años en Europa por dos causas relacionadas entre sí: se desarrollaron la ciencia y el comercio. No voy a entrar aquí a explicar esto, pero el hecho es que la revolución industrial, y todo lo que vino después, fue un producto inevitable de unas sociedades en las que por primera vez se recompensó al innovador.
Incluso la democracia acaba siendo una consecuencia inevitable de la necesidad de estimular el pensamiento libre para desarrollar nuevas vías para crear riqueza. Hasta ahora, sólo se han encontrado dos fórmulas para escapar de la miseria: sociedades jerárquicas y autoritarias, como los reinos medievales o la Unión Soviética, en los que una élite vive muy bien a costa de la miseria del resto, o sociedades libres en las que el bienestar alcanza a la inmensa mayoría de los ciudadanos.
En África, la situación de miseria se debe a que ni tienen comercio libre, ni tienen democracia, ni tienen libertad para pensar y discutir ideas nuevas. No al supuesto “empobrecimiento” por parte de los imperialistas occidentales.
¿Qué pueden hacer los países ricos de Occidente para acabar con la miseria en África?
Pues me temo que nada, o muy poco. Los países occidentales pueden facilitar el comercio con África, en lugar de imponer aranceles, y pueden fomentar el comercio, pero poco más. El que África salga de la miseria depende sólo de que los africanos cambien la sociedad en la que viven. Lo han hecho en Asia países como Corea del Sur, Singapur, Indonesia o incluso Vietnam. Cierto que todavía no son democracias perfectas, pero el cambio es imparable, sopena de retroceder en su espectacular progreso económico.
Ahora bien, otra cosa es la compasión que como individuos podamos tener hacia otros seres humanos que sufren. Ahí sí que podemos, a título individual, colaborar con quien puede ir paliando las situaciones más escandalosas, o con quien puede ir creando pequeños núcleos de educación y de prosperidad. Por lo que yo sé, es preferible que la ayuda vaya dirigida a misioneros que actúan sobre el terreno, o a ONGs de las que tengamos la certeza de lo que los americanos llaman accountability. Esto es, que puedan dar razón del manejo de dinero, del porcentaje que dedican al mantenimiento de la propia organización, a marketing y a las actividades asistenciales.
La ayuda estatal, hasta que no cambie la situación, beneficiará únicamente a la clase dominante, que tendrá además un incentivo para mantener en la miseria a su población.
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Para evitar que el post quede muy largo, corto aquí. Próximamente, habrá una segunda parte dedicada específicamente a la inmigración.
La sabiduría ancestral de los indígenas
Leo en un post de Hispalibertas la siguiente frase de un artículo del ABC sobre la extinción de lenguas en el mundo :
Esto afecta incluso a la transmisión de los conocimientos autóctonos de esas sociedades, que podrían ser de un valor inestimable en ámbitos como la salud y la agricultura, [...]
Vamos a ver, si los indígenas (africanos o de cualquier continente) tuvieran conocimientos en ámbitos como la salud o la agricultura, no se morirían de hambre o de enfermedades que aquí apenas nos suponen un par de días en cama.
Los que tenemos conocimientos de valor inestimable somos los occidentales, entre otras cosas porque desde hace un par de miles de años tenemos la costumbre de utilizar “lenguas francas” como el latín o el inglés. Más aún, tenemos esos conocimientos porque durante los últimos 500 años, todas las naciones-estado que han sido grandes han implantado un idioma común: España, Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia, Rusia pudieron hacerse grandes y poderosas gracias a que uno de los idiomas hablado en su territorio se hizo predominante, permitiendo el intercambio de información.
Lo de ser miembro de una tribu perdida en cualquier selva, que sólo puede comunicarse con un par de centenares de personas porque usa un idioma que no habla nadie más, puede ser emocionante para el antropólogo que lo estudia. Pero dudo que la miseria, la incultura, las enfermedades y el hambre que una existencia así lleva aparejadas formen en su conjunto una experiencia vital enriquecedora.
1 comentarioPobreza infantil
La ventaja de ser un poco dejado con los posts es que muchas veces aparece alguien que escribe la misma tesis pero mejor argumentada que lo que uno hubiera hecho.
Cuando vi la noticia del informe de Unicef sobre la pobreza infantil, en la que se destacaba que USA y México tenían niveles similares, me dije: sobre esto hay que escribir.
Bueno, ya lo ha hecho Wonka, como siempre dando datos frente a la pereza mental de los periodistas que repiten consignas sin ningún razonamiento crítico. Leedlo entero, merece la pena.
1 comentarioTrabajo infantil y explotación
Happy Butcher escribe sobre explotación infantil y posibles medidas para evitarla.
Aunque las medidas que apunta pueden tener cierta eficacia, no puedo evitar hacer la siguiente reflexión:
Mi abuela materna empezó a trabajar a los 9 años sirviendo en una casa interna. No sabía leer ni escribir. Además de darle comida y cama, no creo que le pagaran mucho más. No sabía lo que eran unas vacaciones, ni muchas otras cosas que damos por supuestas.
Mi padre y mi madre empezaron a trabajar a los 14 años, cuando terminaron el colegio. Mi madre lo dejó al casarse, como era habitual, pero mi padre pudo tener algo de formación especializada en el banco en el que trabajó, y desde un primer puesto de botones pudo llegar a niveles directivos de cierta importancia. Cuando mis padres se casaron fueron de viaje de novios a Alicante, y los fines de semana jugaban al parchís con mis tíos, porque no tenían dinero para ir al cine o a cenar.
Mis hermanas y yo hemos ido a la universidad, hemos tenido profesores particulares de inglés, hemos viajado al extranjero para completar estudios y hemos empezado a trabajar pasados los 20 años. Fui a Yugoslavia de viaje de novios, mis hijos comen o cenan en un restaurante varias veces al mes y están acostumbrados a coger un avión para ir de vacaciones a la playa.
¿Qué quiero decir con este rollo autobiográfico? pues que en mi opinión el trabajo infantil es un indicador del grado de madurez de una sociedad. Ahora nos parecería aberrante que una niña de 9 años entrara interna a servir en una casa, pero para muchas familias hace 80 años era una suerte. Gracias a esas personas que hace 80 años trabajaban como mulas en el campo o sirviendo en una casa, gracias a esas otras personas que hace 40 años trabajaban en las fábricas o en las oficinas en condiciones que ahora nos parecerían de explotación, nosotros podemos disfrutar de un nivel de vida equiparable al resto de los occidentales.
Dudo mucho que si hace 80 años alguien hubiera regalado dinero a espuertas, en España tuviéramos ahora este nivel de vida. Los países del sudeste asiático o Corea han demostrado que lo que hicimos en este país en dos generaciones se puede hacer en una, pero lo que para mí no tiene duda es que la única manera de salir de la pobreza es crear una cultura del esfuerzo y del trabajo.
Una vez que se sobrepasa el nivel de subsistencia, es cuando tiene sentido preocuparse por el trabajo infantil o por las condiciones de los obreros. Ya sé que esto suena duro, pero más duro es saber que no puedes hacer nada por salir de tu situación de miserable, y que para sobrevivir dependes de la limosna de las ONG o de los misioneros.
1 comentarioEl reloj de la malaria
Daniel Rodríguez Herrera, uno de los pioneros de la blogosfera hispana, ha publicado en Red Liberal el reloj de la malaria.
En 1972 se prohibió en Estados Unidos el uso de DDT en agricultura. En los 60 el DDT era el insecticida más popular (¿alguien recuerda el TEBEO del mismo nombre?), pero ya había comenzado la primera campaña ecologista que consiguió un objetivo concreto. Helen Carson publicó en 1962 un libro titulado Primavera Silenciosa, en la que manipulaba datos y estudios científicos para exagerar la influencia del DDT en las poblaciones de aves.
El DDT estaba siendo muy exitoso en la lucha contra la malaria, ya que mata al mosquito Anopheles que es el principal vector del plasmodium. Pero unos ecologistas decidieron que el riesgo potencial para las rapaces es un valor que debe primar sobre la vida de millones de personas que sólo eran chusma de piel oscura. Así que ahora, si accedeis al reloj de la malaria, podeis ver cuánta gente está muriendo innecesariamente para satisfacer la cosmovisión de estos iluminados. Y esto refleja sólo las muertes directas. Pensad el impacto que estas muertes y la insalubridad de las zonas húmedas han tenido en la capacidad de producción de estos países. La próxima vez que un ecologista/progre/bienpensante os hable de nuestra responsabilidad en la situación de miseria del tercer mundo, podeis decirle un par de cosas…

