Diarios de las Estrellas

Política, ciencia, tecnología, la vida, el universo y todo lo demás.

Yihad, terrorismo y guerra

Memetic Warrior ha escrito lo mejor que he leído últimamente sobre el terrorismo, la guerra y la Yihad. No os lo perdáis. Y ya que pasáis por allí, leed también el post sobre los derechos de los anfioxos.

Sin comentarios

Asis Timermans sobre Oriana Fallaci

Hasta ahora, Diarios de las Estrellas ha sido un blog individual. No por nada especial, sólo por la libertad de poder escribir lo que quiero sin pensar en cómo afectaría a unos hipotéticos coautores. Pues bien, a partir de hoy, aunque mantengo la idea de blog individual, lo abro a colaboraciones. De momento es un experimento, y además no pretendo que sean muy frecuentes, porque de lo contrario el blog se convertiría en otra cosa. Pero espero que os resulte interesante.

Y empezamos con una colaboración extraordinaria de Asís Timermans. Asís, aparte de compañero de colegio en COU (¡qué tiempos!) es, entre otras cosas, colaborador de CityFM. Os dejo con él:

Ni un segundo de silencio por Oriana Fallaci

Oriana Fallaci declaró ser una “atea cristiana”. Lo entendimos quienes compartiendo los valores del occidente cristiano no encontramos la fe que conforma al creyente. Estará en el cielo, o no estará si no hay vida después de que el cerebro deje fatalmente de ser regado. Pero no es discutible que las ideas y las palabras sobreviven si hay quien las lea, recuerde, comente.

Las de Fallaci brotaron torrencialmente en los últimos años, azuzadas por la rabia que a la autora le producía el desprecio de Occidente por sus mejores valores. O aceleradas, quizá, por la cercanía de una muerte que, de tan anunciada, nos ha cogido por sorpresa. Si alguien ha sido libre para escribir, esa fue Oriana Fallaci, y por ello fue perseguida personal y judicialmente por los enemigos de la libertad.

No hablaba de oídas: conoció y entrevistó a los poderosos. Aguantó estoica los escupitajos de Arafat, asesino al que tantos líderes occidentales han venerado. Fue herida en México, y conducida por error hacia el mundo de los muertos. Contó centenares de cadáveres en Vietnam. Relató la vulgaridad de Chirac, Schröeder y otras excrecencias políticas. Reconoció a los pocos y auténticos líderes que, como Wojtila y Jomeini, condicionaron la historia para bien o para mal. Contempló en vivo a los miles de asesinados en las Torres Gemelas sabiendo que asistía a una guerra que la Europa en retirada no se atreve a librar. Proclamó que si caen los Estados Unidos caemos todos. Constató que Europa ha olvidado sus valores y principios, y va camino de ser un enorme cadáver que el empuje islamista arrojará al vacío para instaurar la Eurabia en la que millones de musulmanes ya viven.

Oriana Fallaci atacó con fuerza el machismo. No se lo perdonarán las feministas organizadas, esos pesebres subvencionados que callan o justifican la barbarie islamista. Una mujer libre es demasiada mujer para las serviles funcionarias del feminismo oficial, las que jamás movieron un dedo por el fin de la tortura femenina en Afganistán y otras cárceles musulmanas, las que criticaron que los talibanes dinamitaran las estatuas de Buda callando ante el masivo entierro en vida de sus mujeres. Callarán también hoy.

Las palabras de Oriana Fallaci fueron incómodas. Llamó asesinos a los que asesinan. Consideró pertinente defenderse de quien nos quiere matar. Rechazó el complejo de culpa de un Occidente empeñado en suicidarse. Mientras caminaba hacia la muerte, nos gritó su desesperación, y con ello infundió en algunos la esperanza.

No descanse en paz, y tampoco nosotros. El ataque a nuestra libertad solo ha empezado. Nuestros peores enemigos no llevan turbante ni alfanje: visten corbata y hablan de paz. Y de Alianza de Civilizaciones, y de coexistencia y respeto mutuo, y de multiculturalidad y equivalencia moral. Y sonríen, sonríen mucho, sonríen tontamente.

Difundamos la voz de alerta de quien nos quiso alertar. Creamos que hay esperanza. Y no guardemos en su nombre un solo segundo de silencio: gritemos nuestra rabia y nuestro orgullo en el día de la muerte de Oriana Fallaci.

Asís Tímermans

1 comentario

Oriana Fallaci, voz que clama en el desierto

Ha muerto Oriana Fallaci, profetisa. Después del 11-S, Oriana vio el futuro. Y el futuro es Eurabia: una Europa sin valores ni convicciones, rendida a las imposiciones de una religión intolerante, totalitaria y agresiva.

Oriana, como los profetas bíblicos, alzó su voz para despertar al pueblo y denunciar la injusticia. Y, como los profetas bíblicos, fue insultada, atacada y vilipendiada. Cuando apenas era una adolescente se jugó la vida en la resistenca contra los nazis y Mussolini, pero le han llamado fascista los que nunca han arriesgado ni un dedo por nuestra libertad. Ha entrevistado a los principales líderes musulmanes de nuestra época, desde el Ayatolah Jomeini a Arafat, pero se le ha acusado de xenófoba y racista y de ignorar la realidad de los musulmanes.

Y es que la voz de los profetas es muy desagradable. Es mucho más amable oír el mensaje de la Alianza de Civilizaciones, el respeto a la identidad cultural del otro. Pero lo cierto es que hay miles de personas dispuestas a asesinarnos, y millones que creen que su religión les hace superiores a los demás. Millones de personas, además, que están convencidas de que su obligación es extender el Dar al Islam, la tierra del Islam, a todo el mundo. Por las buenas, cuando se puede, y por la Yihad cuando no se puede. Millones de personas que sólo están esperando el momento adecuado para prohibirnos tomar una caña en el aperitivo, o prohibir que las mujeres puedan tener los mismos derechos que un hombre, o prohibir que cualquiera pueda decir libremente lo que piensa.

Oriana conoció de niña la tortura de su padre a manos de los nazis, y volvió a ver ya anciana el huevo de la serpiente incubándose en Europa. Esta vez, la serpiente se llama islamismo, pero no es menos totalitario ni menos cruel que el nazismo. Y vio también a los Chamberlain y a los Pétain de nuestra época explicar que hay que buscar la paz ante todo, y que podemos convivir con el monstruo.

La muerte de esta anciana pequeña, de esta mujer fuerte y valiente, nos deja un poco más débiles e indefensos. Sólo espero que, como sucedía con los profetas de Israel, pronto otro profeta recoja el testigo que ha dejado Oriana y salga a los caminos a denunciar la injusticia y el abandono de los valores que nos han permitido ser ciudadanos dignos y libres.

3 comentarios